Hoy regresa Pretty Little Liars de su parón invernal y me parece una buena oportunidad para lanzar un grito al aire y proclamar que algo no funciona en esta serie. No estoy hablando de las miles de tramas abiertas entremezcladas y supuestamente resueltas. Por el bien de mi salud mental es cierto que agradecería que la espectadora/lectora del blog que se haya enterado de qué ha pasado hasta ahora (aparte del hecho de que Mona fue A en algún momento) viniera y me lo explicara, pero no me refiero a eso. Tampoco estoy hablando del hecho de que a Caleb sea gaycof (Hannah, hija mía, disfrútalo mientras puedas) ni a la mitad inferior de la cara de Tobby ni tampoco del misterioso hecho de que Ezra tenga en realidad 15 años y no 30. Qué va… no me refiero a ninguna de estas cosas. Al final todo esto son nimiedades sin importancia, bagatelas, que algún día debatiremos, pero no será hoy.

Lo que hoy me preocupa es nuestra pareja croqueta, como no podía ser de otra manera. ¿Y por qué? (os estaréis preguntando) pues porque hay amebas que se demuestran más cariño que estas dos.

Una ameba en pleno apogeo sexual.

Algo falla en este sentido en Pretty Little Liars. Algo muy gordo. Que yo ya no hablo de que en la serie se incluyan escenas subiditas de tono, las cuales, por cierto, nos han negado rotundamente cuando se trata de dos mujeres. Spencer se puede llevar a su novio a casa. Y él se ducha y se pasea sólo con una toalla y el torso descubierto, mientras su madre le habla desde la puerta. Aria puede morrearse sin problemas con Ezra en el baño de un bar, en el despacho, en el coche, en la casa de Ezra, en cualquier lugar aleatorio que ahora no recuerdo… Y Hannah puede irse de acampada con Caleb a jugar a los médicos. ¿Pero Emily? Ah, no. No, señor. Emily NO puede hacer ninguna de estas cosas.

La relación de Emily con su lesbianismo es lo que mi madre cree que hago con mi novia. Mi progenitora se ha convencido a sí misma de que tengo una muy buena amiga con la que doy laaargos paseos por la calle, con la que tomo algo, veo películas (con gente, en la mente de mi madre siempre hay más gente, no sea que… eso…), nos cogemos del brazo, nos abrazamos, corremos por el parque, etc, etc. Pero todo de forma cariñosamente no lésbica, en plan amigas que se tienen mucho, mucho, muuuuchísimo cariño.

Lo que tu madre cree que haces con tu novia. Lo que realmente haces con tu novia.

Y esto es lo que ocurre en Pretty Little Liars. Vamos, que hay más subtexto lésbico en la programación de Disney Channel que acción real entre Emily y Paige en PLL.

Sé que ahora estás intentando hacer memoria de algún momento hot de la serie entre ellas que al menos te hiciera fijar la vista en la pantalla pensando ¡¡Bésala, BÉSALA!!! Y es muy probable que hayas llegado a la misma conclusión que una servidora: que no existe. Este es uno de los motivos por los que la relación de Emily con Paige está pasando sin pena ni gloria por delante de nuestros ojos, porque no somos capaces de recordar ningún momento memorable de estas dos, excepto, lo sé, aquella vez en la que Paige intenta ahogar a Em (really??) para desconcierto de todas. Pues sí, yo también es lo único que recuerdo de ellas… y me parece algo triste.

¿Cuál es el motivo de este despropósito? ¿De quién es la culpa? ¿De la sensibilidad del espectador o del pudor de los guionistas? Pues está claro que no es del cha cha cha, aunque el bailecito country de la última temporada merece un post en sí mismo.

Para mí la culpa la tiene, sin duda, Maya St. Germain. De ella y de sus roces comisurales casuales. De Maya y sus miradas de te lo como tó. La culpa es de Maya y su besazo en el fotomatón; de Maya y su te como la boca en el cine tirando las palomitas; de Maya y su ponme la pierna encima que te agarro el muslamen; de Maya y su ahora que estás cerquita aprovecho y te hago la cucharita… podría seguir, pero creo que entendéis lo que quiero decir.

Y es que Maya dejó el listón muy alto, y cuando casi parecía que nos iban a dar chicha de la buena (toda la que te pueden dar en una serie como PLL… no sé, un te quito la camisa, un te desabrocho el pantalón, te bajo el tirante o te doy un beso en el hombro) pues resulta que tocotó y lesbiana muerta que te crió.

Pero yo me pregunto: ¿Qué tenía Maya que no tenga Paige? Y muchas diréis algo un poco superficial: que es más guapa. Que está más buena. Y os daré la razón, porque siento decir que he intentado verle el punto a Paige (y eso que el pelo largo fue un acierto), pero los de vestuario me lo impiden cada dos por tres. No soy yo, son ellos que quieren que le tenga manía. Os prometo que lo intento de verdad, pero es que es imposible.

Soy consciente de que la actriz que interpreta a Paige (Lindsay Shaw) tiene su amplio club de fans, pero a las que hayáis respondido que Maya es más guapa me veo en la obligación subjetiva de daros la razón. Pero os la quitaré también un poquito, porque en esta vida, como decía una amiga mía, no hace falta estar bueno para desprender follabilidad. Sí, amigas, la follabilidad es la clave. He ahí la razón por la que, por mucho que queramos, a algunas nunca nos va a acabar de convencer del todo el personaje de Paige. Y es que la pobre cría, le pone ganas, lo intenta, pero Emily y ella desprenden tanto sex-appeal como Chelo García Cortés y Parada.

Cuando Emily y Maya se besaban, saltaban chispas que amenazaban con incendiar nuestras pantallas de televisión. Pero cuando lo hacen Emily y Paige, lo único que se saltan son tus lágrimas pidiendo que acaben ya, de besarse y de pretender que se gustan porque lo cierto es que no lo parece. Sin duda, tu madre (y la mía) estaría encantada con la relación tan… fraternal que hay entre ellas, pero a nosotras nos sabe a poco.

Reconozco que yo me he intentado desintoxicar en varias ocasiones de la huella que ha dejado Maya. De verdad, me he esforzado en ver el lado bueno de la relación de Emily y Paige, esperando que me dieran algo más que abracitos, bailecitos, fiestas de disfraces y super declaraciones de amor que acaban en… un simple abrazo. Pero las veces que no están enfadadas (que son muchas) ni se tocan, como mucho un pico despistado, que casi no roza labio. Y si ni ellas se lo creen, ¿cómo lo vamos a hacer nosotras? Lo siento, Paige, pero como Emily no se atreve, te lo decimos nosotras: next. Que pase la siguiente.

Y como esto es Pretty Little Liars y estamos en Rosewood, donde ocurre de todo y a la vez nunca ocurre nada, la duda que nos queda a todas ahora es: ¿Podría Maya no estar muerta? Porque hasta donde sabemos, nadie vio su cadáver. ¡Ah, amiga croqueta! No, no estás sola en tus locuras: nosotras también lo hemos pensado y parece ser que no es tan descabellado. Al menos, eso dice Bianca:

Nosotras, desde luego, esperamos que suceda el milagro.

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