la-pluma-y-la-espumaA ver, vaya por delante: soy bollera. ¡Lo juro! De verdad, he pasado todos los controles de calidad exigidos: enamorarme de mi mejor amiga, sufrir por señoras celuloidíticas1 de buen ver (¡eh, MI Leia estaba buena, que conste! Al menos, para el estándar de una niña de nueve años, que lo más sexy que había visto en su corta vida era la osa Nuca), ponerme como un tomate cuando tocaba gimnasia y había que cambiarse en los vestuarios En fin, que tengo el carnet, vamos [lo pone, lo juro de nuevo. Bajo la bandera del arcoíris. Ah, no, esperad, que este es un carnet de coña que nos hicimos unas amigotas y servidora tras una noche de parranda. “The boller’s”, así nos hicimos llamar. Y no queráis saber qué imagen hay en el lugar de la fotografía identificativa. De verdad, no. Y, oigan, pudo ser peor. Ñ (nombre ficticio para preservar su intimidad) acabó con un tatuaje de un pene errante de pulpo argonauta (¡ah, os pillé! ¿A que ahora estáis todas como locas metiendo “pene errante” y “pulpo argonauta” en Google?2). ¡Madre, un pene que se va de juerga sin el resto del cuerpo! Si esto sucediera en la raza humana, os juro que no ganaba para matamoscas. Matapollas, pasarían a llamarlo. Porque, claro, tú imagínate que estás tan campante en una terraza tomándote una cervecita y en eso que ves un pene tomando asiento en la mesa de al lado. Y seguro que llevaría gafas Ray-Ban y todo, así, en plan chuleta. Pues, oye, zascaso que te crio y adiós pilila. Yo es que no puedo, ¿eh? A mí es que las cucarachas y los penes, como que me dan mucha grima. ¡Y más si se toman una cerveza a mi lado!]. Ahm, estooo… Creo que se me ha ido un poco el ovario. ¿Por dónde iba? ¡Ah, sí! La pobre Ñ y su tatuaje de pene errante [obviamente, le dije que era un tribal. A ver, quería vivir un poco más. Pero, oíd, si un día os topáis con una tía que lleva algo así como una filigrana enroscada alrededor del ombligo, ¡es Ñ y su pirula errante! Pero no le digáis nada, ¿eh?, que se pone muy quisquillosa con amigas cabronas que permiten que le tatúen a traición genitales de moluscos cefalópodos. Pero, vamos, que eso fue (y espero que esto también quede entre nosotras y, en fin, las 23.048 bolleras de un chat a las que se lo conté) porque resulta que esa noche yo era la más sobria de todas las que íbamos y, claro, nosotras tenemos un pacto que establece que la menos perjudicada sea la que vele por el resto. Qué pena, yo era la menos tocada, sí, pero no menos cierto que también la más cabrona, así que…].

Pero bueno, ¡que me lío! La cuestión es que yo, hasta hace poco, creía que era lesbiana. ¡De verdad, lo creía! Pues no. Resulta que ahora, para ser bollera, hay que serlo 2.0 (qué manía con las denominaciones punto cero, leñe. Antes se decía primera versión, segunda versión… y como que todo se entendía mejor, ¿no?). ¿Y qué es una bollera dos punto cero, os preguntaréis? Pues, al parecer, y básicamente, lo que yo no soy. Porque es que no entiendo nada. Pero nada de nada, ¿eh? ¿Qué es lo que no entiendo? Pues que el otro día me puse a echar un vistazo al resto de secciones de esta página sopera (no me ha dado tiempo a verlo todo. Piedad, camaradas croquetas) y allá que me pongo a leer y, ¡plaf!, fue como entrar en otro mundo. ¿Gayer? ¿Fangirlear? ¿Stalker? ¿Brenda? ¿Hípster? ¡¿¿Ein??! ¿Mande, a cuálo qué? ¡Pero si yo al único Stalker que conozco es a Luke! Luke Skytalker (sí, acordaos, ese al que el pito se le tuvo que hacer un gurruño cuando se enteró de que había estado a punto de tirarse a su propia hermana y, para más inri, su padre resulta que era el malo de las galaxias. “Yo soy tu padre”. Tengo un amigo que le suelta eso cada dos por tres a su primogénito, voz cavernosa incluida,  y tiene al niño cagao. Literalmente). Y, a ver, ¡¿Hípster no era el nazi ese tan malo del bigotito, rediez?!

clara asuncion garcia

De verdad que no entiendo nada. Y, para colmo de no entender nada, está lo de tener que saber shippingñol. ¿Que qué idioma es el shippingñol? Para resumir, el que debes dominar como una segunda lengua si te quieres enterar qué coño significan términos como Bleighton, Pezberry, Krashlyn, Camren, Swanqueen o Chomione (sí, a mí este último también me suena a lo que me suena, pero, nah, no tiene nada que ver con eso que estáis pensando).

Sí, vale, entiendo aproximadamente el 90% de lo que se dice, pero es que cuando aparecen esos términos como que me entra una especie de cosquilleo en forma de ruido de bisagra oxidada que ni os cuento (¡eh, que tampoco soy tan mayor! Nadie lo es con 23 años recién cumplidos, ¿verdad?3).Y puede que al final todo sea una mera cuestión de “estar puesta” o no. Pero sufro. Mucho. Porque, claro, ¡no soy moderna! (me pasa lo mismo con mi sobrina de 11 años. A ver, nosotrxs a esa edad (ya sabéis, lxs que ahora tenemos 23), pues nos creíamos lo más del mundo mundial cuando nos quedábamos con la peña contando el último chiste del momento (“Era una tía tan, tan guarra, que la echaron de una fábrica de mierda por golosa”). ¡La reina del patio, vamos! Pero es que ahora mi sobrina me viene con nombres de youtubers (primero tuve que buscar en Google qué coño era eso, claro) que resulta que tienen millones (¡millones!) de seguidores, por ¿haber descubierto el remedio contra el cáncer? ¿Ser el primer terrícola en pisar el planeta Marte? ¡No! ¡Por explicar cómo se pasan las pantallas de un juego que consiste en poner ladrillitos! PO-NER LA-DRI-LLI-TOS. Pero, porlavirgen, ¿el mundo se ha vuelto loco o qué?

Y la cuestión no es que el mundo se haya ido de pitorreo, ¡es que resulta que tú no estás en la onda! (claro, esto tampoco se dice ya. ¿Cómo es ahora? ¿Estar “in”?). Total, que me siento fatal, porque imaginaos que un día les dé a las de la Sopa por quedar a tomar unas cervezas. ¿Y qué haré yo, eh, qué haré? Imaginaos, será como una reunión entre un video VHS y un servicio de almacenamiento en la nube (claro, que podría haber sido peor. Podría haber sido un Betacam y entonces, ya sí, apaga y vámonos). Y me lo veo venir, ¡vaya que si me lo veo venir!: ellas dirán “¡Wow!”, y yo “¡Guau!”.  Y, hala, no me querrán. ¡Porque ni siquiera soy dos punto cero en mis exclamaciones! Y es que, encima veo que son todas también como muy anglófilas, tipo soltar “ever” en vez de “siempre” o “the best” en vez de “la mejor”. Y, claro, ¡que yo soy de francés, carajo! (aquí, por favor, un sentido homenaje a los lumbreras de la Dirección de mi colegio cuando eligieron el francés en vez del inglés. ¡Chapeau, majetes! No sabéis lo agradecida que os estoy. Y el rencor de baja intensidad que os profeso por ello, conste).

Así que, Dios mío, ¿qué voy a hacer? (soy apóstata, pero así como que queda más dramático, ¿no?).

Porque, claro, me lío. ¿Soy o no soy una bollera? ¿Lo soy menos por no saber de qué va el bollodrama? ¿Por decir “guay” en vez de “cool”? ¿”Rebeca” en vez de “cardigan”? Porque, en fin, una pensaba que para ser bollera el único requisito indispensable era comerle el coño a una tía. ¿No? A ver, más simple imposible: comecoños, ergo, lesbiana. Pero no, amigas, nada de eso. Resulta que ser bollo en los tiempos que corren conlleva toda una serie de requisitos, que incluye, entre otros, un extenso vocabulario internacional (básicamente anglófono, y sé que esto solo lo han hecho para joderme. Unas brfs#ñ%brr todas ellas), un sexto sentido híper agudizado, presto a captar al vuelo segundas lecturas, y una amplísima variedad de conceptos multirreferenciales que, para hacerse con ellos, ríete tú de la carrera de astrofísica nuclear de quinto grado. Vale, entiendo que algunos de esos conceptos se dan tanto para nosotras, las bolleras, como para lxs de la acera de enfrente, pero… ¡no me consuela!

¡Si es que ni siquiera sabía que había una aplicación para (y cito textualmente) “ligoteo para chicas”! (a la cual llamaré B, también para preservar su intimidad).

Total que, ¿qué, camcroq4? ¿Me apunto a un cursillo acelerado de bollerío 2.0,  o admitís pene errante de pulpo argonauta como animal de compañía?

P.D. I: y, ejem, esperaos a que se enteren de que ni siquiera he visto The L Word. ¡Me van a echar a patadas! Y yo ya estoy muy mayor para sacarme el título de lesbiana, ¿eh? Que los 23 son muy cansinos y tengo la atención un poco errática

P.D. II: ah, pero mira. Me sé el chiste de la maleta y lo que es una croqueta. Algo es algo, ¿no?

P.D. III: por cierto, ¡María Engraciación se ha puesto en contacto conmigo! ¡Estoy más contenta! Claro, que ahora se llama Manolo y tiene un peazo barba que ni os cuento. Y, sí, ahora es todo un señor oso. Y hasta tiene un novio, tipo chaser (¡eh, algo vamos adelantando! Este concepto lo pillo. Vale, no tiene nada que ver con el bollomundo, pero para una cosa que me sé…).

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1 palabro inventado. Porque yo lo valgo

2 esos científicos, tan seriotes ellos, tan trascendentales, con la polla de un pulpo en la mano, venga dándole vueltas, p’arriba, p’abajo, de lado, y meneíto por aquí y meneíto por allá, y qué carajo será esto y no tengo ni idea, por santa probeta. Y, claro, el listo del pene, calladito como un zorrón durante años. ¡No lo iba a estar, con tanto científico metiéndole mano! Ya me veo yo el momento del “¡Eureka!” de aquí los lumbreras. Xactamente, cuando el pene eyaculó. Ahí se acabaría el misterio, vaya que sí.

3 ¡ay, me crujo de risa como os cuele esta!

4 mi primer intento en el proceloso mundo del shippingñol. ¿A que es cool forever and ever yesterday? ¿Qué? ¡¿Que no lo pilláis?! Jo.


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