la-pluma-y-la-espumaSé que me has querido por encima de mí misma, de ti misma, y lo que eso te ha hecho. Toda mi vida he intentado ser lo que otros creían que debía ser. (…) He tenido que replantearme en mitad de mi vida lo que tendría que haber tenido claro desde un principio.

Estas palabras pertenecen a uno de los personajes (Elisa, precisamente) de mi novela “Elisa frente al mar” (sí, lo sé. Esto va a ser un poco raro. Cual Paco Umbral de pelo rizado, voy a hablar de mi propio libro. Me tomo la libertad de hacerlo, porque quería decir una cosita y quería hacerlo de forma pública. Ya me perdonarán ustedes el egocentrismo, si eso).

Para quien no la conozca, la novela gira en torno a la historia de amor, pérdida y renuncia que marca la vida de dos mujeres a lo largo de casi 30 años. También habla, finalmente, de reconciliación. Con el pasado y con una misma.

No es ningún secreto que este libro es la niña de mis ojos. Lo supe nada más escribir su última línea (en un proceso que podría calificar casi de febril y que duró poco más de dos semanas). Sin embargo, cuando lo terminé, nunca, en ningún momento, preví el alcance que llegaría a tener. Pensé que solo sería un desahogo, un reventón emocional. No recuerdo exactamente la razón del mismo. Porque, sí, volví a reencontrarme con la Elisa real, tras casi tres décadas sin verla, pero eso ocurrió dos años antes de escribir el libro (no sé, debo de ser mujer de reventones lentos…). Y, por si alguien se lo ha preguntado (que sé que sí), la novela no es autobiográfica. Nunca hubo una Elisa como tal, ni yo fui nunca una Nuria. La historia es inventada en un 90%. Pero sí es personal. Tan personal como lo son las emociones y los sentimientos sobre los que la cimenté.

Sea cual sea la razón, la escribí. Y lo hice desde la nostalgia, el sentimiento de pérdida y, también, un tardío cabreo (marca de la casa). Porque escribirla fue como recibir un bofetón. Como despertar de un largo letargo. Y lo fue porque, al terminarla, me di cuenta, perpleja (madre, qué espesita soy), de que había vivido siempre con una perenne sensación de pérdida, y que esta, realmente, lo había hecho camuflada bajo otra forma más engañosa: la resignación. Toda la vida que no pude vivir. Todos los sentimientos que no pude sentir (o, más bien, compartir). Tal y como dice Nuria en la novela: Nunca cuchicheé al oído con mis amigas sobre la chica de 6º A. Nunca tuve la oportunidad de declararme a ninguna. Nunca paseé de la mano con mi novia al salir de clase. Nunca ningún adulto me tomó el pelo preguntándome si ya tenía novia, si llevaría a mi chica a cenar, si contaban con ella para la cele­bración, cualquier celebración. Nunca pude volar y la niñez terminó y la adolescencia se perdió y esa amputación, esa obligación de espiar desde la sombra lo que a otros se permitía gritar a pleno pulmón, mutiló una parte vital de mí.

elisa-frente-al-mar

Sí, siempre había sido consciente de que había perdido una parte gigantesca de mi experiencia vital (los 15, 17 o 19 años nunca, nunca, vuelven. Porque solo se tiene esa edad una vez en la vida. Esa edad y cómo recibes, vives y experimentas los sentimientos). Pero también, al parecer, había asumido que era lo que había, que había ocurrido así y ya está, que no tenía que darle más vueltas, porque, entre otras cosas, como he dicho, no hay vuelta atrás (Estoy hecha de todos los reproches nacidos de las palabras que nunca pronuncié, de las cosas que nunca hice. Y, finalmente, de las que consentí). Y lo hacía desde la misma justificación de siempre: eran otros tiempos, no había tanta información, ni referentes positivos. La homosexualidad era una de esas cosas que, si salían en una conversación, automáticamente los interlocutores bajaban el tono de voz, relegándolo a incómodos (y censores) susurros (… condenarnos a vivir en voz baja…).

Tuvieron que pasar tres décadas para que todo esto me reventara dentro como tenía que ser (¿he dicho ya que soy algo lenta para las crisis vitales?). Y, cuando lo hizo, lo hizo en forma de novela, bajo el nombre de una mujer, Elisa, que arrastra consigo (se lleva por delante, más bien) a otra, Nuria. Bien, la escribí y pensé: “Vale, te has desahogado. Es tu historia más personal y, probablemente, la única que escribas de ese tipo. Ya está”. Decidí compartir la historia, publicándola, y pensé que solo sería un libro más. No para mí, desde luego (porque desde el primer momento supe que era MI libro), pero, de verdad, nunca pensé que podría llegar a serlo también para otras personas.

Ahí fue donde me equivoqué (soy un zote, sí. Culpable). Porque en el año que ha transcurrido desde que lo saqué he recibido tanto y tan emotivo feedback de sus lectoras (la inmensa mayoría, mujeres y, de estas, prácticamente todas lesbianas) que fui una idiota al pensar que solo yo vería su “valor” (sentimental). Sin embargo, prácticamente desde el mismo momento de su publicación, empezaron a llegarme comentarios y correos privados. Y empecé a entrever el alcance de la historia. El alcance tanto físico como emocional. Físico por la, a veces, gran distancia en kilómetros que me separa de algunas de las mujeres que se han tomado la molestia de escribirme para hablarme del Elisa, contarme cómo les ha llegado y qué les ha ocurrido al hacerlo (mujeres de otras culturas, y que lo han hecho desde lugares tan lejanos como EEUU, México, Argentina, Colombia…). Y emocional porque, a través de esas mismas personas, la mujer que ahora soy se ha reconciliado en parte con la niña de ese Elisa, la que miraba la vida asomada tras una esquina.

Porque si las lectoras me dais a mí las gracias por esta historia, yo os las doy a vosotras mil veces por devolvérmela en forma de experiencias personales, por hacerla de carne y hueso, por poner vuestros nombres delante de ese mar que actúa como metáfora. Porque, por las emociones desnudadas en esos (generosísimos) correos y comentarios, esa niña ha sabido que, realmente, nunca estuvo sola en lo que sentía (ni era tan rara, equi­vocada, tarada, enferma o sucia).

Y a veces siento un vértigo enorme. Lo confieso. Un vértigo inmenso, porque algunas de las que me habéis escrito (mujeres en mi misma, o superior, franja de edad) lo habéis hecho para decirme que la lectura del Elisa os ha despertado sentimientos enterrados. Os ha removido muchas cosas dentro. Os ha hecho reflexionar.

Replantearos vuestra vida.

Tocar de ese modo vidas ajenas (decidme si no es para estar abrumada).

Pero no solo siento vértigo y no es solo por esas mujeres. También siento pena, y rabia, y las siento porque entre las que me han escrito también hay chicas que apenas sobrepasan la veintena. Que me dicen que se sienten como Nuria, o como Elisa. Y eso es terrible. ¿Chicas de apenas veinte años que se sienten identificadas con la historia? ¡¿Por las penas y vaivenes de unas mujeres arrolladas por los convencionalismos y estrechez de miras de treinta años atrás?! ¿Por tanta pérdida, tantos miedos, tantas fuerzas externas que arrinconaron lo que sentían?

Pero, ¿qué hemos hecho? O, peor, ¿qué no hemos hecho para que eso sea así? Yo he asumido mi vida amputada porque la época era la que era. ¡Las pérdidas del Elisa corresponden a una chica de hace casi tres décadas! Era una historia del pasado y, aunque muy consciente de que no todo está conseguido y de que todavía queda mucho camino por delante, quería pensar que, a día de hoy, tanto Nuria como Elisa tendrían las herramientas suficientes, tanto emocionales como legales, para mandar a tomar por saco convencionalismos sociales y miedos, propios y ajenos.

Y, ¿entonces? ¿Por qué una chica del año 2014 le escribe a una de 1984 para decirle cuánto y de qué modo ha llorado leyendo el libro, porque veía parte de su vida reflejada en él? ¿Qué o quién falla? ¿A quién puedo echarle la culpa de estas Nurias y Elisas del siglo XXI? Porque culpables hay. Claro que los hay. Aquí van unos cuantos: ideologías conservadoras, religiones nefastas, deficiente educación en valores, desconocimiento, ignorancia… Los mismos fantasmas de siempre, los mismos espectros que parece que nunca dejarán de acecharnos.

En un momento dado de la novela, Nuria reflexiona sobre la cobardía de Elisa: No puedo reprochárselo, no fue ella la que metió ese miedo en todos nosotros, no nació de ella, de ninguno de los que lo padecimos. Fue siempre un invasor indeseado inoculado por otros. ¡Perder tanto luchando en tantos frentes! Teníamos que crecer, madurar y, al mismo tiempo, batallar. Contra todo lo aprendido, todo lo insinuado, lo callado, lo ocultado, lo reprimido. Contra un conjunto de valores erróneos, indignos, un lodazal de represión trans­mitido de generación en generación. Muchos y muchas hemos llegado agotados hasta aquí, no pueden no enten­derlo, no pueden dejar de comprender que las dudas forma­ran parte también de nosotros, pero no porque nos recha­záramos per se, sino porque nos enseñaron a hacerlo. Y yo me pregunto: ¿sigue esto siendo válido hoy en día? ¿Es esto lo que les pasa a estas chicas del s. XXI? ¡¿Con todo lo que hemos avanzado?! Y, si es así, vuelve a surgir la pregunta: ¿qué podemos hacer?

No estoy muy segura de tener la respuesta. Sí, hemos avanzado mucho, muchísimo. Pero sigue habiendo chicas que sienten el mismo miedo que le rompió la vida a Elisa y, por extensión, a Nuria. Sigue habiendo chicas que pierden como lo hizo Nuria, porque chicas como Elisa tienen tanto miedo, tanto, que prefieren vivir una vida de mentiras a dar un paso al frente. Y del mismo modo que no tengo la respuesta, no creo tener la solución. Sí, he escrito esa historia, pero yo no puedo poner más ejemplo que lo que yo hice: vivir. Como lo que soy. Sacarlo de la oscura zona de cuchicheos para incorporarlo a las conversaciones del día a día. Y, así, lograr que (¡al fin!) me preguntaran si ya tenía novia, o si ella iba a venir al cumpleaños de Fulanita o a la boda de Menganito (y, por cierto, a tomarme eternamente el pelo porque no le gusta la cerveza).

Eso es normalidad. Eso es vida. Eso es lo que tiene que ser. Y lo que yo querría es que esas mujeres en la mitad de su vida pudieran (pudiésemos) volver al principio del camino, ya con todas las cartas ganadoras en la mano (imposible. El pasado no puede volver a vivirse). Lo que yo querría es que esas chicas en el principio de la suya no tuvieran que llegar hasta donde ellas llegaron (llegamos), solo para acabar echando una desoladora mirada atrás. Que mirasen siempre al hoy y al mañana (podéis hacerlo. Tenéis todo el futuro por delante).

Lo que yo quiero es que nadie pierda. Que nadie renuncie.

No soy quién para aconsejar nada a nadie, porque las circunstancias personales de cada una solo las sabe una misma. Pero, por decir, diría: salid al centro de la calle. Porque todo lo que dejéis atrás os va a pesar como una losa el día de mañana. Que solo hay una, y que todo lo que no viváis en esa única vida por miedos impuestos (o autoimpuestos) no servirá nada más que para llenar de puntos oscuros lo que al final se convertirá en un mapa de dolor.

Y que gracias, infinitas, por estar al otro lado de las páginas (y más allá).


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  • Alejandra Carrasco

    Hola Clara,
    Aún no leo el libro pero está en en tope de mi lista de compras de libros.
    Debo decirte que escribo con lágrimas que corren desvergonzadas por mis mejillas después de leer:

    Nunca cuchicheé al oído con mis amigas sobre la chica de 6º A. Nunca tuve la oportunidad de declararme a ninguna. Nunca paseé de la mano con mi novia al salir de clase…

    Debo decirte que ME MATASTE!

    Saludos desde Chile.

    Ale

    Un abrazo

    • Hola Alejandra:
      Muchas gracias (pero, por favor, dime que “me mataste”, en Chile, no tiene connotaciones negativas…) ;O)

      Espero que esas lágrimas sean de limpieza y no de tristeza, que bastante tenemos ya encima, ¿eh? Aun así, me reconforta saber que esto te ha llegado de ese modo. Creo que me ha resultado tan catártico escribir el Elisa como esta columna, te lo juro.

      Venga ese abrazo de regreso para allá (adjunto un par de besos, por las lágrimas).

      • Alejandra Carrasco S.

        Hola Clara,
        Me mataste en chileno significa que llegaste profundamente en alguien, para bien o para mal. En este caso debo confesar que fue en ambos sentidos porque sangró un poco esa vieja herida. Pero ya está! Voy a cumplir 39 y eso fue hace mucho tiempo. Lo positivo es que a través de la lectura y de la web me di cuenta de que no estoy sola en el universo. En palabras de Isabel Allende: Leemos para saber que no estamos solos.

        Un abrazo,

        Ale,

        • Pues eso es lo mejor, ¿no? Uno, que quedó muy atrás y, dos, ¡que no estamos solas! (me incluyo).

          Un abrazo enorme desde acá (y gracias por la explicación),
          Clara

  • marisiver

    A mi me han encantado tus dos libros, y el de Elisa, es bestial, muchas veces me daban ganas de darle de tortas, como en todas las pelis cuando el grupo se separa, o el valiente dice, voy a ver que pasa y se mete por la zona oscura… y acaba muriendo. Con ella era igual, sabia que iba a cagarla muchas veces, y quería decirle, pero así nooo, asi nooo

    El libro me encanto, lo recomiendo sin duda.

    Estas pensando escribir otro libro?

    • Hola Marisiver:
      Yo encantada de que te encanten, pero pobre Elisa, no se lo tengas en cuenta (ni a ella ni a Nuria). Creo que no pudo hacer otra cosa, porque a veces el miedo es muy poderoso.

      Ja, me gusta esa comparación con las escenas típicas de las pelis:¡¡idiota, al sótano no!! ¡¡¿¿No ves que acaba de entrar ahí el payaso asesino, por dios??!! ;O)

      Gracias por recomendar el libro. Y, bueno, yo SIEMPRE estoy pensando en escribir algo. Tengo tantas mujeres dentro de mi cabeza que como para no hacerles caso, ¿sabes? Dices que te han gustado mis dos libros, pero hoy por hoy tengo cuatro publicados, así que no sé muy bien cuál es el otro al que te refieres, aparte del Elisa. Y tampoco sé muy bien si te refieres a escribir otro de este tipo (digamos que soy un poco ecléctica en los géneros que toco) u otra cosa. La verdad es que siempre he pensado (vaya, desde que lo escribí) que el Elisa sería una excepción, y ahora mi cabeza se está tomando un tiempo sabático para ver por dónde tira.

      Gracias por interesarte. Un abrazo.

      • marisiver

        Solo he comprado por amazon los que creo que son los dos primeros, no sabia que habían mas jeje, el de Cate Maynes y el de Elisa frente al mar. Muy mal por mi parte no seguirte mas, pero es que el paro es lo que tiene 🙁

        Y como soy una devoradora de libros cine, juegos, manga y anime, me evito tentaciones jeje, así que no me he mantenido al día este ultimo año en el tema libros, porque los quiero todos. Estoy mas en el tema anime o manga que me sale gratis jeje

        Hay que daño nos esta haciendo la crisis!

        voy a ver cuales son los otros dos ^^

        • Jaja, no te preocupes, mujer, lo decía porque no sabía a cuál te referías exactamente. Los otros dos son “La perfección del silencio” y el más reciente “Los hilos del destino”, la segunda entrega de Cate Maynes.

          Y, sí, la crisis nos está matando a todxs. ¡Tengo unas ganas de hablar de ella usando solo verbos en pasado!

          Anime, manga… Uf, hay cosas de este estilo que me superan (tipo series Dragon Ball, Naruto y compañía. No puedo con ellas, de verdad).
          Pero si por anime te refieres a la animación japonesa,¡ah, qué maravilla!: “Mi vecino Totoro”, “Ponyo en el acantilado”, “El viaje de Chihiro”… ¡Todo lo que hace Miyazaki me encanta! Y el otro día descubrí una peli que se llama “Los niños lobo” y ¡guau!, maravilla al canto. ;O)

          Un beso.

  • krip

    Hola Clara

    Elisa frente al mar me gustó mucho y efectivamente:
    – todas tenemos nuestra Elisa
    – necesitaríamos una catarsis similar
    – me hizo rememorar tiempos pasados y a la vez sentir intensamente junto a Elisa y Nuria
    – el arrepentirse de las cosas que nunca se dijeron y la resignación son unas constantes muy difíciles de romper etc etc…

    Osea que totalmente deacuerdo con todo lo que dices en esta columna y aunque me dejó con los sentimientos a flor de piel debo de decir que sin lugar a dudas prefiero a Cate. Yo que nunca había leído novela lésbica hasta que descubrí HULEMS y sus recomendaciones, me dedicaba a leer a john katzenbach, Matilde Asensi, Kent follet, etc etc y ha sido un descubrimiento más que placentero (como un kinder sorpresa diversion intriga y rollo bollo en un solo libro)

    Prometo comprarme los hilos del destino en cuanto pase por la casa del libro, que ya he visto en internet que lo tienen 😉

    Deseando que pase ese tiempo sabático y descubrir por donde tira, porque te has convertido en una de mis autoras de cabecera.

    Te deseo todo el éxito que mereces. Muuuchos besos

    • ¡Jaja, te comprendo cuando dices preferir a Cate, ay! En la bollovida tiene que caber de todo, como en cualquier otra vida (lo lamentable es que a veces nos toque un extra, precisamente por la parte bollo de esa vida, y que ese extra no sea de azúcar).
      Pero, vamos, que lo que hay que hacer es dejarlo atrás, recuperarse y tirar hacia adelante (para eso unas escribimos libros a modo de catarsis, por ejemplo). ;O)

      Gracias por apostar por mi trabajo. Muy agradecida, de verdad. Y, en fin, pese a ese tiempo sabático que se está tomando mi cabecita, al menos antes de hacerlo me dejó un par de cositas en el cajón, así que trabajaré con ellas hasta que se digne a comunicarme qué quiere que hagamos en el futuro con todas esas mujeres que la pueblan.

      Y gracias también por ser una de las que están al otro lado de las páginas. Cuando me dicen cosas como las que tú me has dicho (¡autora de cabecera, guau!) nunca termino de creerme del todo que sea a mí a quien le dicen esas cosas tan maravillosas.

      ¡Y, bueno, tercer gracias por tus buenos deseos! Espero mantener siempre tus expectativas.

      Mil besos,
      Clara

  • Sra.Topisto

    ¿¿Cómo que será la única historia de este tipo qué escriba??!!; ¡¡ay de nosotr@s Sra.García!!. Tú misma lo has dado a entender, necesitamos libros como este.

    Descansa, recapacita, descansa (y entre tanto así escribes algo de Xena, ja,ja), para que dentro de poco nos llegue otra novela que nos vibre por dentro.

    Entre tanto por aquí seguiremos comprando las aventuras de Cate Maynes o lo que se tercie

    Saludos y Suerte.

    • ¡Topisto! Siempre es una alegría reencontrarte, hija. Qué bien. ;O)
      Ay, ya lo siento, ya, pero ese descanso de mi cabecita también alcanza para los fanfics, lo siento. Me los tomo tan en serio como las novelas y claro…
      Pero bueno, todo se andará. Más tarde o más temprano espero recibir un tuit de mi “azotea” y que nos pongamos en marcha las dos. De todas formas, no sé, creo que me quedé tan vacía con el Elisa que no se si habrá más de esas por “ahí arriba” (aunque, ya sabes, nunca digas nunca jamás, ¿no?).

      Gracias por estar ahí desde el principio del camino.

      Un beso xenite,
      Clara

  • Rosa

    Ya me terminé Elisa… Absolutamente diferente de la detective Cate. Me gusta la diversidad, cada libro es para un momento distinto, pero no me esperaba este revoltijo tan brutal de emociones, pasiones, desamores, y muertes varias y no lo digo en el sentido literal de la palabra.
    Personalmente me toca, no solo porque haya habido una Elisa en mi vida, sino porque hay también mucho de ella en mí.
    Estoy de acuerdo en que el Miedo ha hecho que muchas generaciones como la nuestra haya tenido esa falta de libertad para poder mostrarnos como somos y tener las mismas oportunidades. Pero a las generaciones más jóvenes que viven fuera de las grandes ciudades o en ambientes conservadores les sigue costando lo mismo. A mi no me sorprende. No todo es Madrid o Barcelona donde creo que el ambiente es más abierto y hay mas respeto a la diversidad. En algunos sitios la presión social es muy grande.
    Pienso que hay mucha apariencia de igualdad, pero todavía mucho mucho camino por recorrer.
    Enhorabuena por Elisa, y como lectora ávida, gracias!

    • Sí, creo que “brutal”, “revoltijo” y “emociones” son tres palabras que le vienen muy bien al Elisa. Ni yo misma sabía que tenía metido todo eso dentro, porque al estar enmascarado bajo otras emociones fue como “desviar” la mirada durante mucho tiempo. Creo que no fue hasta que no tuve la suficiente fluidez al escribir que no encontré la herramienta necesaria para hacerlo. Al menos, esa fue mi salida.

      Y muy, muy de acuerdo con lo que dices del miedo. No hace mucho lo hablaba con otra persona: la situación de las chicas en núcleos pequeños de población. El aislamiento al que están sometidas. La necesidad (a veces vital) de la existencia de referentes positivos, sea en forma de personajes mediáticos, organizaciones LGTBQ o webs de información como esta. Quizás esa chica de ese pueblo no pueda asomarse libremente a la ventana de su casa, pero sí lo puede hacer a esta ventana global y virtual que es Internet. Lo malo es que no solo debería asomarse ella, sino todxs lxs que la rodean, para que vean, asuman, que no pasa nada, que es normal, que no hay nada malo en esa chica.

      Y, puf, totalmente de acuerdo también en lo de la apariencia de igualdad. Estoy bastante hartita de lxs que me dicen “Anda, pero si ya lo habéis conseguido todo, ¿no?¡Podéis casaros!”. Sí, claro, majete, con eso hemos alcanzado las más altas cotas de realización personal, no te jode. Que sí, por supuestísimo que sí: mismos derechos para todxs, eso no se discute. Pero pienso como tú: atentxs a la corriente de fondo, la que no se ve y la que, finalmente, te puede arrastrar y ahogar.

      Pero bueno, que hay que mirar con optimismo, también, claro. Yo soy de talante pesimista y tampoco es eso, oye. Muy bien por todo lo que se ha conseguido hasta ahora.

      Gracias a ti por ser una ávida lectora.
      Un beso,
      Clara

  • Siale Benoit

    Faltó Chile…¬¬

    A ver.. como es que explico todo lo que he pensado..las ideas se agolpan en la puerta de mi cerebro queriendo salir diciendo “yo primero, yo primero, yo primero”

    Vamos a ir con las ideas ganadoras

    Primero…es que de verdad eres una sorpresa. Nos tenias acostumbradas a unas historias en este espacio que te mataban de la risa y ahora yo casi lloro de lo emocionante que ha sido esta reseña. Yo eso no me lo esperaba, menos a las 5:30 de la mañana que he terminado de estudiar para mi examen y no pretendía reflexionar sobre nada más. Pero aquí estoy…es que esos vaivenes de emociones solo los puedes provocar tú. Que es una de las razones por las que me he convertido en una de tus seguidoras.

    Segundo… creo que no es para nada egocéntrico hablar de una de tus novelas aquí si es para reflexionar sobre ..muchas cosas que aveces dejamos pasar y las metemos debajo del alfombra, total, ahí no se ve…. pero existe.

    Tercero…sobre lo que citaste sobre Nuria…lo que no pudo hacer…eso de declararse, contarle a sus amigas que le gustaba una chica, etc. Fue una de las cosas que, de forma personal, más me llegó. Ya te había comentado que estuve en un internado católico (no por castigo sino porque vivía en una zona muy alejada y no me quedaba otra opción) ..imagínense…el paraíso en cierto sentido (me despertaba viendo chicas, me dormía viendo chicas) y el infierno a la vez (los ojos de las señoras monjas detrás que te hacían sentir que hasta pensar en tu mascota era pecado) y donde precisamente….no pude hacer todas esas cosas que uno debiera hacer a esa edad. Aún pienso en .. que hubiera pasado si me hubiera declarado a Juanita. Me hubiera rechazado, acusado y posteriormente me hubieran expulsado? O tal vez Juanita correspondía a mis sentimientos y mi primer beso hubiera sido maravilloso en vez de haber sido horrible con un chico que no me gustaba pero como todas lo hacían..no quería quedar en menos??? Que hubiera pasado si esa vez que lloraba en el baño junto a mi amiga Maria que me consolaba, le hubiera dicho que era por Juanita y no por Juanito que ni siquiera existía? Hubiera dejado de ser mi amiga o me hubiera dado fuerzas para luchar por Juanita? Y así un sin fin de interrogantes…. fueron años que pudieron haber sido de otra forma, una infancia…una adolescencia…que pudieron haber sido distintos pero no lo fueron y de cierta forma uno los siente como perdidos…
    Frente a esa pérdida…donde la culpable.. la siempre culpable sociedad que te roba años, tiempo, vida, sensaciones, recuerdos, experiencias….la única forma de doblarle la mano creo que es..primero..viviendo como bien lo has dicho. Y segundo haciendo que las que vienen…no pasen por eso.

    Cómo un libro que pone estos temas sobre la mesa….no nos va a tocar? como no nos va a emocionar? Elisa frente al mar está dentro de mi lista top ten de libros lesbicos.. y ojo que en mi top ten aún quedan muchos espacios libres. Es sentimiento puro y duro que nos identifica.

    Yo, en lo personal, agradezco que hayas podido compartir algo tan personal con el mundo. Por que sin pensarlo, creo que es..no un grano, sino un gran montón de arena que ayuda a combatir con la sociedad que oprime.

    Ya me dieron las 6 y en 2 horas tengo examen xD

    Un gusto como siempre Clara, leerte y poder compartir en cierto grado contigo a pesar de km y km y km.

    Saludos y abrazos.

    • ¡Ay, sí, tienes razón, Siale! CHILE también está en ese listado de países desde los que me han llegado muchas y preciosas palabras. ¡Os debo una cerve por la omisión, chicas chilenas! (paga HULEMS, por cierto…). ;O)

      Uf, pues dices tú por dónde empiezas. ¿Y por dónde lo hago yo, maja? Quizás, precisamente, por la constatación, una vez más, de la universalidad de los sentimientos contenidos en el Elisa: tú eres de Chile, y diría que mucho menor que yo en edad, y fíjate lo que acabas de contar sobre tu particular Juanita: algo que podría haber estado perfectamente en la narración de la Elisa de 1984. Increíble, triste y cierto. Por eso mi rabia por el hecho de que la historia siga teniendo esa vigencia. A mí lo que me habría gustado es que la novela se hubiera catalogado como “histórica”, joder. Como una especie de estudio de lo que tuvimos que pasar. Tuvimos. En pasado. Y, sin embargo, me encuentro Nurias y Elisas en el presente. Desolador, de verdad.

      Una de las cosas más gratificantes para mí, y que me ha dado el Elisa, es esa conexión con tantas chicas/mujeres de tantos lugares, algunos lejanísimos. Tanta gratificación como me proporciona la idea de que el libro, como dices, pueda servir de reflexión. Por eso, desde que lo publiqué estoy luchando por “sacarlo” de la esfera estrictamente lésbica, por ir más allá. Siento una inmensa satisfacción personal por que el libro haya llegado a su público objetivo, y que haya removido interiores o servido como elemento identificador, emocional y muchas cosas más, pero pienso que “los otros” también deberían leerlo (entiéndase, heterosexuales). Es a ellos a los que, finalmente, debería ir dirigido un libro así. Ponérselo delante y decir: “Mirad, esto es lo que nos pasó, esto es lo que nos pasa, esto es lo que sentimos”. Y quizás, así, la próxima vez que alguien cuente un chiste degradante de maricones o bolleras delante suyo sientan incomodidad o se rebelen. O que ya no nos “despachen” con el típico “Eres así porque quieres. Puedes elegir”. Elegir sufrir, qué suprema idiotez. ¿De veras alguien en su sano juicio querría vivir la vida que llevó Elisa? ¿Pasar por lo que pasó Nuria? Por favor…

      No sé, la ambición la tengo y, desde luego, de todo “otro” (hetero) que se ha leído el Elisa no he recibido hasta ahora nada más que positivísimas reacciones, algunas muy emocionantes.

      Y, bueno, lo que dices del cambio de paso en cuanto al tono de la columna. Sí, ¿lo siento? No sé, es lo que toca ahora. Hacía mucho que no escribía y ese descanso sabático de mi cabeza afectaba también a mis columnas en HULEMS. Al fin y al cabo (y esto es un secreto que hemos guardado durante siglos, que lo sepas) las escritoras somos personas como cualquier hija de vecina y (no te lo vas a creer) nos afectan tantas cosas como os pueden afectar a vosotras. La diferencia es que nosotras, una de dos, o reventamos en forma de libro o lo hacemos con la desoladora página en blanco (el famoso bloqueo del escritor, vamos).

      Gracias por seguir ahí, Siale.

      Un beso transoceánico,
      Clara

      P.D.: y, por la virgen del Pototo, ¡dime que has aprobado el examen, ay!

  • Chinchindreita

    Andaba ya con mono de esos artículos tuyos de HULEMS. Tan ocurrentes, tan divertidos, tan disparatados, tan tuyos (y ya tan nuestros), tan bien escritos…Porque sí, da gusto leerte, sea lo que sea, esté en el tono que esté, siempre impecablemente escrito. Y tendré que seguir con mi mono a cuestas porque tu reaparición en HULEMS ha sido por la puerta grande, regalándonos una buena dosis de sensatez, de bondad, de valentía, de agradecimiento, de desnudez, de intimidad y, como siempre, de buena pluma estilográfica.

    Me ha encantado el artículo, llegándome tan hondo y a emocionarme tanto como lo hizo en su día el libro.

    Siento mucho que las Nurias y Elisas del siglo XXI sigan sintiendo la soledad y las dificultades que sentimos las del siglo XX. Pero hay algo que nosotras no tuvimos y ellas sí. Tienen un invento extraordinario que se llama internet y que te abre unas puertas que logran disfrazar muy bien esa soledad aportándote una compañía y un apoyo virtual que las del siglo XXI no tuvimos. Y, sobre todo, tienen la suerte de poder conocer y contactar a través de esas puertas con gente excepcional (como tú, Clara).

    Yo tengo dos niñas de mis ojos, porque para eso tengo dos ojos. Una, evidentemente, es ELISA FRENTE AL MAR. Nos vemos muchas veces retratadas en las historias que leemos, pero como en mis dos niñas, no me he visto reflejada en ninguna otra.

    Gracias, Clara por habernos regalado este artículo. Aunque no tengas demasiada intención de volver a escribir ningún otro libro en esta línea (entiendo las razones que das para no hacerlo), se agradece que alguna vez la retomes de esta manera.

    Te mando un abrazo marvecero.
    Chin

    • ¡Hola Chin!
      Otro reencuentro virtual, qué bien. Yo también había echado de menos darme una vuelta por aquí y tiene muchísimo que ver con eso que dices del apoyo virtual que ofrece, por ejemplo, una página como esta. Porque yo doy tanto como recibo, eso es innegable. Y también conozco a gente excepcional, y a la que he tenido la inmensa suerte de, con el tiempo, llamar amiga. Es algo extraño, pero fascinante por igual. Gente de todos los rincones del mundo que, probablemente, habríamos pasado nuestra vida sin cruzarnos, y aquí estamos, en el “saloncito” común. Una maravilla (habría que ponerle un monumento a la Big Croqueta que ideó esta gran casa). ;O)

      Que sepas que me llegó este comentario anoche, viendo una serie, y seguramente hoy tendré que volver a verme ese mismo episodio, porque a partir de hacerlo ya no pude coordinar mucho más. Porque me pusiste al borde de las lágrimas (malvada). No podéis decirme cosas así, de verdad, porque me cortocircuito, paso a modo OFF, lo juro. No gestiono bien los halagos, no sé qué hacer con ellos, no sé cómo rebatirlos sin que suene a falsa modestia. ¡No me hagáis eso!

      Pero los agradezco muchísimo, por supuesto. Y la forma en que tú, por ejemplo, lo has hecho. Por favor, ¿de verdad, de verdad, la escritora soy yo? No lo creo. Lo digo por ti y por muchas de las que me habéis escrito y dicho cosas así, tanto en público como en privado. No sabéis cuánto aprecio y agradezco gestos así. Cuánto aprecio y agradezco aunque sea una simple línea. Escribo por mí, porque no puedo evitarlo, porque es más agotador negarme que hacerlo, pero después descubro que lo que hago tiene respuesta, eco, y es una de las cosas más, más gratificantes del mundo. Y eso solo es posible si, como siempre digo, hay alguien al otro lado de las páginas que se toma la molestia de tocarme en el hombro para hacerme saber que está.

      Gracias por eso. A mí también me llegan hondo y me emocionan palabras como las tuyas.

      Y no sé cuándo volverá la Clara de las columnas disparatadas, porque me anda la cabeza en tiempo sabático para muchas cosas, pero espero volver a recuperarla yo también. Y tampoco sé si volverá la que escribió el Elisa, por lo que he explicado y porque en eso ando ahora, un poco fase “sentada en mitad de una llanura, esperando”. Pero confío en que cuando se aposente el polvo algo veré. Sea lo que sea ;O)

      Hoy, más que nunca, acepto ese abrazo marvecero y lo devuelvo, quintuplicado. Para ti y para tantas otras.

      Un beso,
      Clara

  • Alejandra Carrasco S.

    Hay querida Clara y contertulias:
    Ha sido un placer leer todos y cada uno de los comentarios de este post. Lo único que me faltó fue el escenario. Nos imagino al rededor de una mesa redonda, con mucha espuma mediante, charlando animadamente sobre todos los temas planteados. Ha sido muy inspirador y tengo que confesarles algo:
    Al rato de leer los comentarios me entró pánico de leer Elisa. No quería volver a tener esa sensación de marginalidad que sentí a los 25 cuando me di cuenta de que no había vuelta atrás. Que tenía que enfrentarme a mi condición. Pero… como la curiosidad mató al gato, lo compré el sábado y… el domingo ya lo había acabado : (
    Sufrí mucho por ellas Clara, pero al llevarlo a mi vida, di gracias por haber pasado por lo que pasé a los 25 y no a los 14. Sentí lo mismo que Nuria pero nunca me di cuenta, nunca asumí lo que era. Nunca le puse palabras. Me enamoré a los 14 pero tuvieron que pasar cerca de 10 años para darme cuenta.
    Este libro es ideal para padres y familiares que se tienen que enfrentar a la homosexualidad de sus hijos, hermanos, nietos. Es genial Clara que estés llevándolo a otros públicos y deberías llevar el libro al cine. Bien dirigida, la peli, te aseguro, que destrona a La Vida de Adele en Cannes.

    Saludos chiquillas desde Chile!

    Ale

    • Tienes razón, Alejandra, como he dicho, HULEMS es como el saloncito común.

      En cuanto al Elisa, bueno, supongo que lo importante es eso que dices: que quedó en el pasado. La clave está en superarlo. En seguir adelante.

      Y, sí, no pararé hasta que ese libro llegue hasta donde creo que debe llegar. En ese momento, y solo entonces, me sentaré a descansar.

      Gracias y un beso desde acá

  • Rosa

    Bueno, acabo de terminarme Los hilos del Destino. Creo que nada que ver con el primer libro de Cate. Como decía la reseña de Emma Mars una fase distinta y más madura de la detective.
    A mí lo que me gusta es: a) la novela policíaca con ambiente un tanto gris (bares, barrios chungos, “inadaptados sociales” etc.); b) el ambiente de Océano, que me recuerda a Gotham pero no me gustaría que fuera tan corrupto que para eso está ya la realidad, y c) la vida amorosa de Cate y la hermosa Micaela.

    No me gusta, sin embargo: el tener que esperar una nueva entrega para continuar con la desestructurada vida amorosa de la prota. Me hubiese gustado una historia con final mas cerrado y ya está, a la caza del nuevo libro. Yo quiero ver consolidada la pareja Cate-Micaela, pero habrá que esperar para conocer a Helena.

    Pero me ha gustado. Enhorabuena por saber escribir tan bien. Espero el próximo con impaciencia.

  • Huy, lo siento, Rosa, ese final ya ha habido quien lo ha definido como “coitus interruptus”. ;O) Pero es que la estructura de la serie está planeada así: el caso a investigar se cierra al final de cada libro, PERO la vida personal de Cate avanza (o se lía, según se mire) a lo largo de cada entrega. Míralo por este lado: cuando dentro de (¿10, 12, 14?) años termine la saga, podrás leértelos de golpe y tener así toda la vida de Cate de corrido.
    No hay mal que por bien no venga, ¿no? ;O)

    Muchas gracias, espero no tardar tanto esta vez en traer de regreso a esa imbécil.