Eley-Grey-cromosomaEste fin de semana se ha celebrado la manifestación del Orgullo en muchas ciudades españolas. Muchas calles se han vestido de diversidad y color. Como cada año, cientos de personas han desfilado por muchas ciudades de nuestro territorio, se han manifestado por la libertad en el amor. Podría decir que ayer fue un día de visibilidad, de orgullo, de libertad. Pero para mí fue más que eso.

 

Ayer se hizo historia en un pequeño pueblo de Valencia, en mi pueblo. Por primera vez la bandera del arco iris se izó en el ayuntamiento de la localidad. Me consta que en muchos otros lugares lleva años haciéndose y no es ninguna novedad, pero yo vivo en un sitio donde todavía se siguen celebrando muchas fiestas exclusivamente en honor a santos, vírgenes y apóstoles.

 

Hace casi treinta años la gente de mi pueblo miraba como a un bicho raro a la primera niña que, por decisión familiar, no cursaba la asignatura de religión en la escuela. Esa niña tenía que salirse del aula cada vez que el profesor de la doctrina llegaba. La pequeña se quedaba sola en un rincón del viejo edificio porque no había profesor, ni recursos, ni herramientas para trabajar con ella algo que, por aquel entonces, se llamaba Ética.

En el pueblo donde he crecido, esa niña estudiaba durante un par de horas a la semana una especie de cuaderno que alguna buena maestra había confeccionado exclusivamente para ella. En aquellas fotocopias la niña leía historias sobre diversidad, respeto y tolerancia, sin embargo, no comprendía por qué el resto de sus compañerXs tenía que perderse todos esos cuentos y aquellas actividades que le hacían pensar y aprender cosas que ningún maestro enseñaba.

En el pueblo donde he crecido, como habréis podido imaginar, aquella primera niña era yo.

 

A pesar de todo, ayer sentí que hay esperanza para mi pueblo, porque algunas personas han decidido que ya está bien, que durante demasiados años se ha ocultado una realidad latente no sólo en mi pueblo, sino en el presente de miles de personas. Ayer sentí que, por primera vez en la historia, mi pueblo ha marchado acorde al resto de la sociedad, a la realidad que hay fuera.

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Habrá quien diga que no es para tanto, que es un simple gesto, un trozo de tela. Para mí, desde luego, es mucho más, porque izar la bandera del arco iris es mostrar a todo el mundo que la diversidad es positiva, que bajo esos colores cabemos todXs, amamos todXs, sentimos todXs, sin discriminación, sin exclusión, sin excepción. Es la bandera de todo el mundo que ama, sin condiciones.

 

Ayer a medio día, esa primera niña que ya es mujer dejó volar sus recuerdos hacia su propio pasado al tiempo que se colgaba la bandera en el ayuntamiento y leía el manifiesto por la diversidad y el orgullo del amor. Cada color de la gran tela arrancó un escalofrío en su espalda, en sus brazos, y provocó una ola en su pecho, obligándola a coger aire profundamente para llenar todo el espacio libre entre las costillas y el corazón. Sintió la alegría brotar a través de sus ojos en forma de agua y se sorprendió porque el sabor de sus lágrimas, pese a lo que hubiera podido esperar, nunca había sido tan dulce.

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