Así es cómo quedé al terminar el libro.

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Que es invierno y en el norte hace frío, pero da igual. Therese e Isabelle han conseguido caldear toda mi casa y hacer que me suba la temperatura. Y de qué forma. Ay. Estas dos hicieron hasta que se acalorara la censura francesa, que se escandalizó y no le dejó a Leduc publicarlo dentro de la novela Ravages en 1955, como estaba previsto, por considerarlo demasiado subidito de tono.

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Violette Leduc, de siempre una escritora controvertida y conocida por ser la protegida de Simone de Beauvoir, escribe en Thérèse e Isabelle, una novela corta pero intensa, de iniciación y descubrimiento sexual, que se sitúa entre las paredes de un internado. Llena de metáforas e imágenes oníricas, está escrita con urgencia, la propia de los 17 años que tienen Thérèse e Isabelle, quienes, con todavía toda la vida por delante, no tienen más tiempo juntas que el que les pueda quedar en el internado del que la madre de Thérèse amenaza con sacarla. Sólo tienen el aquí y el ahora y tienen que aprovecharlo. Y lo aprovechan. Vaya si lo aprovechan.

Supe entonces que había estado privada de ella desde antes de conocerla. Isabelle llegó del país de los meteoros, de las conmociones, de las catástrofes, de los estragos.

Thérèse e Isabelle es un relato que se caracteriza por una escasa caracterización de personajes y desarrollo de la trama, pero que no impide que resulte visceral, trágico e intenso. Gracias a un estilo extremadamente sensual y poético que puede resultar complejo en ocasiones, se va generando una tensión erótico-dramática que se incrementando a medida que nos acercamos al desenlace.

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