Estamos en plenos Juegos Paralímpicos de Río, competición que durará hasta el próximo día 18, y tras el largo mes de competición de élite que llevamos nos hemos tomado un tiempo para reflexionar sobre algunas de las cosas que nos dejan esta y otros muchos eventos deportivos a lo largo del ciclo olímpico. En este caso me gustaría hablaros del género y el sexo biológico en el deporte, porque es un tema del que en general no se trata mucho y que aunque parezca absurdamente sencillo de primeras puede volverse muy, muy complicado.

transgenero

Para empezar vamos a recordar lo que es cada término: El sexo biológico es lo que en principio determina tus genitales y tu sistema reproductor, el cual no puede cambiar y viene de serie en el ADN. Los cromosomas XX vendrían a identificar una mujer, XY a un hombre y las demás variantes a una persona intersex (por ejemplo XXY o XXX). Los intersex nacen con características tanto del sexo femenino como del masculino y normalmente suelen tomar hormonas que les ayudan a controlar una de esas dos facetas.

El género en cambio es la identidad que cada persona tiene, que en nuestra sociedad es asignado al nacer (por el médico o los padres) y se relaciona con el sexo biológico. La identidad de género puede fluir y hay un gran número de términos además de los dos binarios (hombre y mujer), como pueden ser el agénero o el transgénero, que es un término más global que recoge a todas las personas que tienen un género diferente al asignado al nacer.

Entonces, si no todo es blanco o negro como algunos nos hacen pensar, ¿cómo se clasifican todas estas personas en dos únicos grupos para que puedan competir en unas condiciones similares? ¿Todo el mundo tiene derecho a competir de manera profesional?

 

Empezando por el género, al no ser un factor que varíe el rendimiento físico del deportista, en principio no debería importar si alguien se siente agénero, genderfluid, o cisgénero. Pero, ¿y si una persona transgénero que se está tratando de alguna forma para que su cuerpo coincida con su mente (ya sean hormonas u operaciones) intenta practicar un deporte de manera profesional?

En 2004 el COI publicó en el nuevo reglamento que los transgénero podrían competir en los JJOO si cumplían tres requisitos: Haberse sometido a una operación de reasignación de sexo, tener el reconocimiento legal de su género y llevar un mínimo de 2 años en tratamiento hormonal. Pero durante los últimos años ha habido varias quejas expresando que no todos los transgénero quieren someterse a una operación de reasignación y que esa decisión es perfectamente válida, lo que terminó impulsando que a principios de este año el COI declarara que de ahora en adelante no sería necesario operarse.

Pese a las medidas que se han tomado muchos se han quejado de la posible ventaja que las personas MTF (Male To Female) pueden tener en la categoría femenina, incluso con el límite de las concentraciones de hormonas implantado, y del que hablaremos enseguida.

En cuanto al sexo biológico, durante muchísimos años las atletas tuvieron que soportar humillantes revisiones en las que eran examinadas por médicos y ginecólogos que se aseguraban de la presencia de los genitales correspondientes, todo con la intención de recibir un certificado de feminidad que les dejase competir. Este método se usó hasta los juegos de México en 1968, donde se empezaron a usar pruebas cromosómicas para determinar el sexo de los atletas, pero la biología no es tan simple como a la gente le gustaría y se descubrió que hay un sin fin de alteraciones en los cromosomas que no siempre son reconocibles a simple vista, o que no entran dentro de la clasificación binaria de XX y XY. Entre 1972 y 1985 hubo trece casos conocidos de atletas eliminadas por intersexualidad, y no sabemos a cuántas más se les aconsejó fingir una lesión para retirarse sin polémica.

 

Eso es lo que le aconsejaron a María José Martínez Patiño, ex atleta española que pese a no ser intersexual se vio envuelta en una situación que retorcía más aún el falso orden que el ser humano parece tomar como inamovible. La deportista nació con genitales femeninos, creció como mujer y superó las pruebas de feminidad hasta que en 1985 se sometió al análisis cromosómico y el resultado no fue el esperado. El cariotipo que salió del análisis fue el XY, por lo que María José no pasó la prueba y no pudo competir en los juegos. Le recomendaron fingir una lesión para retirarse de manera discreta pero cuando dos meses después le llegó una certificación reclasificándola como varón se le descalificó por completo. ¿Te imaginas vivir 24 años como mujer y enterarte de golpe de que eres, genéticamente, un hombre? Resulta que María José tiene el Síndrome de Insensibilidad a los andrógenos, que es una condición genética en la cual las hormonas encargadas de desarrollar las características físicas masculinas no son asimiladas, y por eso el aspecto es completamente femenino. Teniendo en cuenta este síndrome, la española fue descalificada por tener una ventaja hormonal que en realidad nunca tuvo.

El año siguiente participó y ganó una de las pruebas del Campeonato de España bajo la amenaza de dar a conocer su caso, lo que llevó a los medios de comunicación a contar su historia y acabar con su reputación y relación sentimental. No fue hasta 1988 cuando un genetista la apoyo y pudo recuperar su licencia.

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María José Martínez Patiño

Entonces, si ni siquiera puedes fiarte de los cromosomas, ¿en qué nos basamos para diferenciar a los deportistas entre una modalidad y otra? La respuesta actual -como he dicho en el caso de las personas transgénero- son las hormonas, que son las que están realmente relacionadas con la fuerza, masa muscular y velocidad que te hacen más o menos competitivo. El COI limitó en 2011, de forma arbitraria, a los 10 nmol/L la concentración de testosterona que se puede tener para competir en la modalidad femenina, que es la que más controversia crea. La media femenina está entre los 3-5 nmol/L, y la masculina entre los 11-35 nmol/L. Cuando un hombre está por debajo de los 10 nmol/L tiene permitido elevar su nivel de testosterona de manera artificial, como lo haría un FTM (female to male), pero si una mujer tiene un nivel superior al límite, entonces saltan las alarmas. Esto es lo que actualmente ocurre con la atleta sudafricana Caster Semenya.

Caster Semenya
Caster Semenya

Caster es una deportista sudafricana que en 2009 se convirtió en la campeona del mundo en 800m con el tiempo más rápido del año. Sus grandes tiempos ese año y su apariencia física hicieron que parte de las corredoras y de la prensa especulara con su sexo biológico, y tras diferentes presiones la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo esta pidió a la corredora que se sometiera a un test de verificación de sexo. Se creó tal escándalo que la federación pidió disculpas y aseguró que no se desvelarían los resultados, fueran los que fueran, pero parte de la información se filtró a la prensa. Se descubrió que Semenya sufre de hiperandrogenismo, lo que hace que su cuerpo produzca una cantidad mayor de testosterona que la mayoría de las mujeres, y por lo tanto tiene una ventaja genética. Caster se vio obligada a seguir un tratamiento hormonal que le ayudaba a reducir el número de hormonas (algunas atletas pasan incluso por una operación de gónadas) y así poder competir en la categoría femenina, pero ¿es eso justo?

El deporte, y junto a él las olimpiadas, es símbolo de unión, de oportunidades y de respeto, pero está claro que las lineas de lo que es correcto y lo que no se vuelven difusas cuando salimos de la teoría escrita en el papel. El hecho de que una mujer con una ventaja genética se vea forzada a consumir hormonas artificiales para mantener una sensación de igualdad entre mujeres es absurdo, sobretodo cuando en los hombres esto no se controla. Nadie ha pedido descalificar a Phelps, Bolt o ningún otro atleta masculino por tener una ventaja asombrosa frente a sus compañeros, y muy posiblemente esa ventaja esté relacionada con su genética y su concentración de hormonas entre otras cosas. Aún así se les admira y vende como a dioses, mientras que las mujeres, personas transgénero e intersex son mirados con lupa y humillados públicamente sin ningún reparo.

 


Para hacer este post he usado algunos artículos:

Las atletas intersexuales y la equidad de genéro: ¿son sexistas las normas del COI?

Atletas que no son ni él ni ella: El problema de los JJOO con la intersexualidad

¿Los atletas transgénero tienen una ventaja injusta?

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  • laura

    Bravo,os felicito por este post 🙂

    • Toast

      Gracias! 😀