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En 2015, la mujer en la industria del cine representó el 19% del sector en Estados Unidos. En España la cifra se situó en un 26%, siguiendo la “buena dirección” en un arte en el que todavía queda “mucho camino por recorrer” para llegar a la igualdad entre hombres y mujeres. Las estadísticas no son halagüeñas, pero esas cifras no amedrentan a aquellas jóvenes que un día se despertaron con el objetivo de ser cineastas. Porque, detrás de los números, siempre se esconden nombres, caras e historias que ayudan a entender una realidad que parece invisible tras las cifras y las cámaras.

Algunas de estas jóvenes nacieron justo en el centenario del lanzamiento de El hada de las coles, la “escenita” con la que Alice Guy marcó un punto de inflexión en 1896 llevando la ficción a la cámara de cine. Otras nacieron unos años antes, pero todas tienen claro que quieren formar parte de un arte al que le están dedicando horas de estudio en la universidad. Una “futura” directora y una estudiante que quiere especializarse en dirección de fotografía, y otra alumna que, apunto de tener que decidir, se va a decantar por el cine documental aunque no le cierra las puertas al montaje, hablan con HULEMS sobre la masculinizada industria de la que un día esperan romper su techo de cristal.

Y de aquellas que aún llevan la etiqueta de “estudiantes”, pasaremos, también, a cuatro jóvenes que lograron que un trabajo de fin de carrera, Les amigues de l’Àgata (Las amigas de Àagata), se convirtiese en una cinta con una gran aceptación por parte de la crítica. Historias de unas futuras cineastas que tienen mucho que opinar acerca de una industria que tiene la asombrosa capacidad de crear sueños en cada fotograma y en la que, en algunos casos, también es un sueño el mero hecho de entrar.

Alexandra (Valencia, 1991) estudia el máster en Dirección Cinematográfica del Centro Universitario de Artes TAI, en Madrid y el cine es “algo así” como el “amor de su vida”, aunque reconoce que su caso es “un poco extraño”.

“No estudié audiovisuales directamente. Me gradué en la Universidad de Valencia en óptica y optometría y no fue hasta que terminé la carrera que me atreví a hacer lo que realmente me gusta, que es el cine. Así que, una vez finalizada, estudié una diplomatura de dirección cinematográfica en la Escuela de Cine de Valencia –donde, de unos diez alumnos, estudiaban ella y otra chica– y más tarde vine a Madrid a estudiar el máster en esta materia”, según explica a HULEMS.

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En el máster que cursa actualmente, comenta, las cifras están “más igualadas”: de 21 estudiantes hay trece chicos y ocho chicas. Sin embargo, se lamenta de que, en España, el cine “no es una carrera muy común precisamente. Es más difícil dedicarse a ello que a muchas otras profesiones, además, es también un trabajo más inestable e irregular, por eso es algo que a priori por ejemplo a una familia le cuesta más apoyar”.

“Si a esto le sumas que estudios de cine como tal (no audiovisuales sino de cinematografía en sí) no hay muchos –continúa–, y la mayoría no son estudios oficiales y van por vía privada, al menos de momento, no es que el panorama sea muy esperanzador. Supongo que en España aún no se toma el cine muy en serio y esto hace que todo se dificulte, tanto a nivel de estudios como profesional”.

La cineasta valenciana explica que en ese ámbito profesional ha colaborado ya en algunos cortometrajes, y estuvo de meritoria de dirección en All I See Is You, la última película del director Marc Forster (Bavaria, Alemania, 1969), realizador de otros títulos como Descubriendo Nunca Jamás de 2004. All I See Is You ha sido seleccionada para ser proyectada en el Toronto International Film Festival de 2016 y su premier mundial será hoy en el marco de este festival canadiense.

Este curso académico Alexandra lo dedicará a hacer prácticas, aunque todavía “no sabe dónde”. Y paralelamente le gustaría “dirigir un proyecto a nivel profesional y meter la cabeza en otros”, comenta.

Reconoce, sin embargo, que “por desgracia en muchos ámbitos profesionales suele haber desigualdad entre géneros, pero en el sector artístico creo que la diferencia es mucho mayor. Pensemos en este contraste a grandes rasgos en la historia del arte, aunque ahora haya más igualdad, todavía hay un abismo a superar, no tenemos más que ceñirnos a las estadísticas para comprobarlo o pensar qué cantidad de hombres conocemos por cada mujer en este ámbito”.

Y, sin ir más lejos, solo hay que echar un vistazo a los realizadores fetiche de esta estudiante: a Stanley Kubrick, Quentin Tarantino, Martin Scorsese, Billy Wilder, Zhang Yimou o Park Chan-Wook se une Paula Ortiz como su “ejemplo a seguir ahora mismo en el mundo de la dirección”. “Me parece que tiene una forma de dirigir maravillosa y que ha sido capaz de superar dos grandes hándicaps dentro de nuestro país, uno es el hacer cine en sí y el otro es ser mujer y poder dirigir y escribir”, explica Alexandra.

Es consciente de que la mayoría son hombres, pero recalca que “esto es un círculo vicioso. Si la cantidad de mujeres directoras (ya no solo en España sino a nivel mundial) es mínima, es muy difícil que haya visibilidad en este aspecto”.

“Ahora hay más presencia de mujeres en altos cargos y en el mundo del arte, pero subrayo: hay más presencia. Sigue habiendo desigualdad en el sentido en el que los hombres son más numerosos si nos paramos a hacer la comparativa. Tal vez el problema es que la sociedad no es consciente de que exista el problema. Todavía hay mucho por hacer”.

Lucía (Madrid, 1996) coincide con su colega. “Estoy segura de que hay mucha gente que ni si quiera se da cuenta de que hay mujeres en la industria, la misma gente que se piensa que el único cine que existe es el de Hollywood”, explica a HULEMS.

La joven madrileña va a comenzar el tercer curso del grado de Cine y Medios Audiovisuales que estudia en el municipio de Terrassa (Barcelona), en la Escuela de Cine y Medios Audiovisuales de Catalunya (ESCAC). En este nuevo curso Lucía tiene que elegir especialización, y ya lo tiene claro: cursará fotografía, un ámbito “especialmente masculino”, aunque ahora las cosas “están empezado a cambiar” porque las mujeres están teniendo “cada vez más relevancia en la parte más independiente de la industria cinematográfica”.

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A pesar de ello, matiza, no cree que vaya a tener las mismas oportunidades que sus compañeros de clase si las cosas no cambian rápido, “aunque sería lo justo”.

“Los grandes cambios necesitan su tiempo, así que aunque sé que el tema de la desigualdad me puede tocar, lucharé contra él y aunque muchas veces haya desigualdad yo quiero creer que lo que prima es el esfuerzo y la dedicación. Claro, en ocasiones si eres hombre a lo mejor te eligen antes que a una mujer, pero de verdad espero que eso cambie y que en un futuro se elimine definitivamente ese tipo de mentalidad”.

Esta apasionada del séptimo arte –“mi madre cuenta que de pequeña el único sitio donde no lloraba era en una sala de cine”, relata– también es una apasionada de la dirección de fotografía de figuras como el belga Benoît Debie, el americano Newton Thomas Sigel, la parisina Caroline Champetier o la estadounidense Ellen Kuras.

“También sigo a directores como Lars von Trier o de cine más mainstream como Christopher Nolan –explica–, cualquier tipo de cine independiente estadounidense, y una de las películas más recientes en la que destaco la magnífica dirección de fotografía es Carol. Estoy segura de que sin este apartado la película no hubiese sido ni la mitad de buena”, subraya.

Resalta también la figura de la realizadora Jane Campion (Wellington, Nueva Zelanda, 1954) porque “lleva muchos años dentro de una industria muy masculina y ha sabido rodearse bien y hacerse su propio hueco, además de crear una brecha para poder empezar a cambiar las cosas como hizo cuando ganó la Palma de Oro en 1993”, aunque para Lucía “es evidente” que en el sector cinematográfico todavía “hay mucha desigualdad”.

“Siempre ha sido así –continúa–. Desde los comienzos este oficio fue para la gente marginada de la sociedad: artistas, muchos judíos estadounidenses, mujeres (montadoras, montaban la mayoría de películas del cine mudo)… pero cuando los hombres vieron que se convertía en un negocio rentable entraron y, como pasa muchas veces, acapararon los puestos de mayor responsabilidad”.

La estudiante, sin embargo, se muestra optimista, y subraya que “hoy en día parece que las cosas están empezando a cambiar gracias a los movimientos sociales a favor de la igualdad y todo lo que fomenta la gente famosa. La parte más visible de la industria, que son las actrices, hacen cada vez más activismo por la igualdad y fomentan en los grandes premios discursos a favor de los derechos de la mujer”, además de que “cada vez más, grandes actrices piden otro tipo de papeles, papeles que tienen que estar escritos y dirigidos por mujeres”.

“Aunque yo creo –recalca– que va a seguir habiendo desigualdad o que por lo menos si la cosa cambia va a ser muy poco a poco. El tiempo acaba siendo el mejor aliado porque cuando intentas instaurar algo de golpe siempre crea una respuesta negativa por parte de los grupos opositores, al igual que ocurrió con los movimientos feministas”.

Hajar, compañera de Lucía, comenta a HULEMS que “no es la industria la que tiene que ser inclusiva, es la mujer la que tiene que hacerse con la industria y entonces hacerse con el cine”. Porque, como subraya, “no es lo mismo la industria y el cine. Tú haces un negocio o haces cine, o haces las dos cosas. Y viendo cómo está el mundo ahora, primero haces negocio y luego haces cine. Así que la mujer tiene que marcar en el negocio del cine, y luego entrará más dentro del mundo creativo del cine”.

Hajar nació en Marruecos en 1995, cerca de la ciudad de Oujda. Se trasladó de pequeña a España y estudia el mismo grado que Lucía en Terrassa en la ESCAC porque, como explica, en España “cine solo podemos estudiarlo en Terrassa o en Madrid”. “Hay muchos compañeros que vienen a estudiar en la ESCAC desde fuera, ya sean países latinoamericanos, sobre todo, como de dentro de España”, recalca.

La joven “tenía la duda” de si especializarse en montaje o en documental. Aunque al final se ha decantado por el segundo, opina que el montaje “es una especialidad que puede hacer de ti una persona muy productiva, ya que con el montaje reescribes el guion de la película, y creas, en cierta forma, el sentido y las emociones en ella”.

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“Casi todos los montadores –continúa– tienen a Walter Murch (Nueva York, 1943) como el ‘gran montador’, y es verdad, es uno de los más reconocidos. Pero me parece que hay otros nombres de los que no deberíamos olvidarnos. En el mundo del documental hubo una que inauguró el montaje de las imágenes de archivo, Esfir Shub (Surazh, Imperio ruso, 1894 – Moscú, Unión Soviética, 1959), que la deberíamos tener a la misma altura”.

Y es que, como subraya Hajar, el montaje es una especialidad en la que “la mujer ha marcado su presencia”. “A lo largo de la historia las mujeres han destacado en el ámbito del montaje. Supongo que debe ser que las mujeres tenemos más paciencia, porque es una labor que requiere paciencia, unas manos finas y una persona rigurosa”.

Hajar, que cuenta que, después de hacer teatro en el último año de la ESO, decidió hacer arte en primero de bachillerato y, finalmente, se decantó en el segundo curso de ese ciclo por el cine, subraya que, a pesar de que el montaje en concreto ha sido tradicionalmente un bastión para las mujeres, en la industria cinematográfica sigue prevaleciendo la figura masculina.

“Creo que se confía más en las capacidades de un hombre a la hora de hacer un trabajo cinematográfico que en las de las mujeres. No sé por qué, pero desde luego que creo que hay desigualdad. Solo hace falta mirar en las carteleras y ver cuántos nombres de directoras hay en relación a los directores”.

“A la sociedad –continúa–, que somos nosotros, nos gustaría más escuchar y ver nombres femeninos en las listas de nominados a mejor director, director de fotografía, sonidista, etc. Pero creo que todos somos conscientes de que la mujer aún tiene que tomar algunas batallas y ganarlas para lograr estar allí, son pequeñas, creo que porque ya están empezadas, pero que costarán mucho tiempo y esfuerzo. Todos somos conscientes de que el cine está monopolizado por los hombres, porque el cine empezó siendo de ellos y la mujer tardó en entrar”.

Hajar acabó decantándose por la especialización de documental en la Escuela a pesar de su atracción por el mundo del montaje porque, según cuenta, “hubo una vez un escritor que nos dijo que si escribíamos, tendríamos que empezar con lo más cercano a nosotros. Y creo que lo más cercano a nosotros es la realidad”.

Y de la realidad fue precisamente de lo que quisieron hablar las creadoras de Les amigues de l’Àgata, una cinta que comenzó siendo un trabajo de fin de carrera y que, quizá sin comerlo ni beberlo, acabó siendo la ópera prima de sus creadoras y consiguió acaparar la atención de los medios de comunicación y de las salas de cine.

Laia Alabart, Alba Cros, Laura Rius y Marta Verheyen, las cabezas pensantes de esta cinta que la prensa puntuó con un 8’4 en Filmin –en esta misma plataforma, Carol consiguió un 9’2 por parte de los expertos– estudiaron el grado de Comunicación Audiovisual en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

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Laura Rius, Laia Alabart, Alba Cros y Marta Vereheyen (fuente: www.lesamiguesdelagata.com)

 

Las cuatro, que nacieron en diferentes puntos de Cataluña, se conocieron en ese primer año de carrera y en seguida congeniaron “en gustos y motivaciones”, explican a HULEMS. “Desde entonces empezamos a hacer cosas juntas, salir, ir al cine y también muchos trabajos de universidad juntas, aunque nunca habíamos coincidido haciendo un proyecto las cuatro solamente”.

Como trabajo de fin de grado, los amigos y amigas de Laia, Alba, Laura y Marta “ya tenían otros proyectos individuales”, pero ellas cuatro querían hacer algo “práctico y grupal”.

“Laia y Laura –explican las cineastas– estaban de Erasmus en el último año”. De esa manera, cuando las dos estudiantes regresaron, las cuatro tuvieron “un año íntegro para hacer el proyecto y poderle dedicar el tiempo que requiriera, sin tener que combinarlo con las clases de último curso”.

“A partir de ahí empezamos a pensar sobre lo que querríamos contar en ese momento en que estábamos acabando el grado, y salió la idea de tratar sobre la amistad femenina a partir de un viaje que fuera, de alguna forma, el final de una etapa”.

Nació así Les amigues de l’Àgata, una cinta en principio no pensada “más allá del marco académico” en la que las cuatro directoras, guionistas y montadoras quisieron aportar “todas por igual” en base a una realidad como punto de partida: sus experiencias sobre la amistad de infancia.

La película, explican, es “el retrato de la amistad de un grupo de chicas de veinte años, realizado a través de la mirada de Àgata (la actriz Elena Martín) durante su primer año de carrera. El filme trata desde su vida en Barcelona hasta un viaje a la Costa Brava, en el que sentirá cómo se transforma su mundo en común con las amigas de la infancia: Carla (Victòria Serra), Ari (Marta Cañas) y Mar (Carla Linares)”.

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Marta Cañas, Carla Linares, Elena Martín y Victòria Serra (fuente: www.lesamiguesdelagata.com)

“Era muy importante –continúan– poder hablar de algún sentimiento que las cuatro hubiéramos vivido, para que pudiera surgir una historia con una conexión real con cada una. El objetivo era conseguir una especia de verdad emocional a partir del trabajo conjunto de las actrices. Por eso, preferimos hablar de esta vivencia interior, pequeña y cercana, y con un estilo espontáneo, ligero e incluso imperfecto, como un conjunto de fragmentos de la vida de unos personajes de ficción”.

Las cuatro cineastas recalcan que, con ese objetivo, “no escribieron un guion clásico, por así decirlo”, aunque sí que tenían un guion con una estructura de la película con lo que pasaba en cada escena.

“Un arco dramático –explican–, una evolución de los personajes y sobre todo, teníamos muy bien definido el sentimiento que queríamos tratar en cada momento y escena. Así pues, con estos elementos y un profundo trabajo de personaje con las actrices, las dejábamos a ellas confeccionar los diálogos guiándolas en todo momento para que siguieran la estructura y lo que queríamos contar”.

Les amigues de l’Àgata, supervisada por los cineastas Isaki Lacuesta y León Siminiani, consiguió ver la luz gracias a una campaña de crowdfunding en Verkami –una “buena herramienta, sobre todo para proyectos pequeños de estudiantes o en proyectos que se hace imposible que la industria apoye”–, pasar más tarde por festivales y salas comerciales y, todo ello, “sin discriminación de género”, resaltan las creadoras del filme.

Laia, Alba, Laura y Marta matizan, sin embargo, que han experimentado “que la prensa resaltara y enmarcara” su trabajo positivamente “por el hecho de ser mujeres (y muchas) dirigiendo”. “Es algo que desde el principio no éramos tan conscientes de ello y durante el proceso de promoción y distribución hemos visto cómo esto te juega a favor y en contra a la vez, tiene esta dualidad”.

Las realizadoras creen que el cine independiente “alberga un espacio con más libertades y menos imposiciones” por lo que, en consecuencia, tiene “menos impedimentos por cuestiones de género”. A pesar de ello, el problema radica en la “visibilización de todos esos filmes”  y a cuántas cineastas de género independiente o experimental se conocen en relación a los hombres.

“Ahora las mujeres, poco a poco, somos más conscientes de la representación que hemos tenido y tenemos ganas de aportar nuestra visión y granito de arena en el cine. También, si algo está cambiando es este pequeño empoderamiento que sienten las mujeres de generarse su espacio para crear y concebir proyectos desde ellas mismas, sin necesidad de recurrir al hombre. Y esto es algo muy positivo”.

Aunque, subrayan, “debería haber una doble responsabilidad: también los hombres deberían revisarse y pensar en cómo ellos nos están representando a nosotras, las mujeres. Porque al final el cine habla y es de todos y todas y sería una lástima que se dividiera o polarizara como ‘cine hombres’ y ‘cine mujeres’”.

“La realidad solo puede cambiar dando luz a los proyectos dirigidos por mujeres. Los pocos que existen lo hacen en festivales y salas independientes por lo que nunca llegan al gran público. Así que tiene que haber un cambio de actitud general y hacer un esfuerzo entre ‘todxs’ para darles un espacio y que lleguen al gran público. Al menos un mínimo esfuerzo para que la gente pueda acceder a las películas, que a veces ni a esto llegamos”, concluyen.

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AGRADECIMIENTOS: Ahora es cuando me toca reconocer que “La mujer en el cine” I, II y III es mi trabajo de fin de máster y que no habría sido posible si no hubiesen formado parte de él todas las personas que tan amablemente han participado. Y como no está muy de moda dar las gracias públicamente, es aún más necesario recordar que por mucho que una quiera ser el altavoz de una realidad, es imposible si no hay voces que quieran y se ofrezcan para ser escuchadas. Así que, por orden alfabético, muchas gracias a Alex, Bryn, Lucía y Hajar. Y a Laia, Alba, Laura y Marta. Y no solo a ellas, gracias a Sandra, que contigo empezó todo. Y a todas las personas que me han aguantado y me aguantan, desde mis compis de la Agencia, hasta mi familia y amigas y demás unicornios voladores. Y, sobre todo, a Marca, que no solo ha hecho posible que este trabajo se publique aquí sino que, no contenta con eso, siempre ha estado ahí para preguntarme qué tal iba la cosa, para leerse los avances y siempre, siempre ha sacado ratos para ayudarme con cualquier problema técnico de los muchos que siempre se me suelen aparecer. Gracias, jefa, y muchas gracias a todas y a todos los demás. 

 

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