croqueta librePodéis enviar los textos (preferiblemente que no incluyan ninguna imagen) a la dirección de correo que figura en el banner, con el asunto “La croqueta libre”. Los textos se leerán para escoger, pero no se editarán. Es decir, que si tu texto se ajusta a la temática de la web, lo publicaremos, pero sin corregir las posibles faltas. Los textos deben ir firmados con nombre o seudónimo.

Debería estar prohibido que unos ojos tan bonitos estuvieran tristes.

¿¡Perdona?! – respondió Mar sorprendida.

Me llamo Teresa- y como todos los lusos, arrastró la ese hasta el infinito. Y Mar se quedó allá, en el infinito de esa hilera de dientes blancos como el gato de Chesire que reprimía a Alicia en su País de las Maravillas. Pero descubriendo a otra gata. Y parecía que con otras intenciones.

Rubia. Ojos azules. Nariz aguileña. Pómulos marcados. Cincuenta y largos, sesenta y pocos. Vestía un traje a conjunto con sus ojos, sin mangas, cómodo, de corte sencillo y escote en forma de pico. Sin abalorios, y los pocos que intuyó eran más bien discretos y elegantes. Su muñeca izquierda le chivó un curioso Bilyfer de color cobre.

Vaya, tiene gusto- pensó Mar- ¡Mierda!- se recriminó después por descubrir un parecido que se le hizo más que familiar.

Me llamo Teresa- volvió a repetir- me ha dicho Joao que te quedas por aquí unos días. Y que eres de Barcelona. Yo soy de Oporto.

Dame una sola razón y me quedo para siempre, contestó Mar sin mediar palabra, mientras seguía hojeando los libros de encima del mostrador. Dame una sola razón para enviarlo todo a la mierda y empezar de cero. Te doy cinco segundos: Uno, dos , tres, cuatro… ¡Tiempo!

Hola Teresa, me llamo Mar – y sin levantar la vista del libro le extendió la mano por encima del mostrador para marcar distancias. Era parte de su signo, no le gustaban las confianzas con extraños y menos con las mujeres que se las tomaban con ella.

Me quedo con este de fotografías de la zona- y le entregó el libro para que se lo cobrara- ¿No tienes nada de literatura en español?

Maaaar…- repitió Teresa mientras comprobaba los datos de la tarjeta y alargó la a hasta donde le dejó la respiración. Y el nombre de Mar se expandió por toda la tienda como quien suelta a un genio de una lámpara. Por primera vez, Mar volvió a oír su nombre junto con la misma expresión que Ona utilizó el día en que se conocieron sólo que esta vez en otro tono, en otros labios, en otra boca.

¡ É um nome muito bonito…! – recalcó en un dulce portugués.
Sí, y como ves, también inmenso. Y líquido. Y azul. Y lleno de vida. O de peces muertos. Últimamente ando un poco podrida del alma. Y ahora me vas a perdonar pero para ser la dueña de una librería y con lo culta que pareces, ¿no se te ocurre otra forma más original de coquetear conmigo?
Teresa se quedó helada ante lo que su poco conocimiento del idioma le llevó a entender y donde su escaso español no llegó, llegó el gesto displicente de Mar. Hubo un silencio que duró lo que dura un suspiro aunque a Mar se le hizo eterno. Teresa bajó la mirada y le cobró el libro. Súbitamente, Mar se dio cuenta de lo antipática que estaba siendo con aquella persona que aparte de Joao, era de las pocas que estaban siendo agradables con ella en ese lugar perdido del sur de Portugal.

Disfruta de tu estancia, la necesitas- contestó Teresa mientras le entregaba el libro ya embolsado.

Gracias- contestó Mar- y mientras hacía tiempo guardando el monedero, le contestó en silencio cuarenta y seis veces “perdona”, seguido de un “he sido una estúpida” más un “relájate Mar, ella solo quería ser amable”.
¿Alguna cosa más?- preguntó Teresa viendo que Mar no se movía de delante suyo.

¿Alguna cosa más? – se repitió Mar buscando una respuesta urgente y contestó de nuevo para sí misma- …alguna cosa más, alguna cosa más… ¿Quieres cenar conmigo esta noche?

La telequinesia, como era de esperar, no funcionó así que Teresa la miró esta vez con cara de no tengo todo el día e insistió de nuevo – ¿Algo más? ¿Necesitas algo más?

Y Mar se confesó en tono firme- Amor- y como quien se declara por primera vez inició una retahíla de conceptos – Amor. Abrazos. Besos. Pasión. Vida.- que Teresa finalizó con un contundente- Suerte.

Adiós, Mar.

Verdekakhi.

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