Chlöe Moretz protagonizará la adaptación cinematográfica de The miseducation of Cameron Post, una novela juvenil de Emily M. Danforh publicada en 2012 en la que la autora plasma la realidad de los campamentos de conversión gay. Estas terapias, de reorientación o conversión de la homosexualidad, pueden parecer prácticas arcaicas, pero siguen estando a la orden del día en muchos países, con el beneplácito de leyes estatales o vacíos legales que chocan diametralmente con el muy consensuado criterio de la comunidad médica, que sostiene que son unas pseudoterapias inútiles, y crueles, simplemente porque la homosexualidad o la transexualidad no son enfermedades y por ende no se requieren prácticas cuestionables para curarlas.

Las terapias de reorientación o conversión sexual beben de las primigenias teorías freudianas, y se asientan y nacen en los Estados Unidos en el siglo XX, cuando la “salud mental” iba de la mano del estudio de los diferentes tipos de sexualidades. La castración, la ablación del clítoris, las lobotomías, los tratamientos hormonales o el electrochoque (que según el DLE es un “tratamiento de una perturbación mental provocando el coma mediante la aplicación de una descarga eléctrica”) son algunas de las prácticas de estos tratamientos, una realidad que llegará pronto al cine.

Estas pseudoterapias vivieron su primera desacreditación en la comunidad médica en la era post-Stonewall, aquellas manifestaciones de 1969, que desencadenaron, entre otras cosas, en que la Asociación de Psiquiatría de Estados Unidos (APA) eliminase la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales en 1973. De este hito se cumplieron la semana pasada 43 años, pero, a pesar de ello, las terapias de conversión o reorientación sexual siguen aplicándose a personas LGBT, con un punto de inflexión, el pasado año, que volvió a poner sobre la palestra la crueldad de estas prácticas.

El 3 de enero de 2015, A.W. creó una petición en el apartado “We the People” de la página web de la Casa Blanca por el reciente suicidio, el 27 de diciembre del año anterior, de Leelah Alcorn, una chica transexual de 17 años. La joven publicó su nota de suicidio en Tumblr, explicando cómo sus padres le habían forzado a ir a una terapia de conversión, “la sacaron de la escuela y la aislaron en un intento de cambiar su identidad de género”. “Se ha documentado que las ‘terapias de conversión’ causan grandes daños y en este caso, la muerte de Leelah”, escribió A.W., que instaba al presidente Barack Obama a apoyar a la comunidad para prohibir estas terapias y nombrar el proyecto de ley en honor a Leelah Alcorn. La respuesta presidencial en este portal ciudadano, un párrafo teóricamente firmando por Obama, dice:

 

Esta noche, en algún lugar de América, una persona joven, digamos un chico joven, tendrá problemas para quedarse dormido, luchando solo con un secreto que lleva dentro desde que tiene memoria. Pronto, quizá, él decidirá que es el momento de revelar ese secreto. Lo que pase después depende de él, de su familia, así como de sus amigos y sus profesores y su comunidad. Pero también depende de nosotros, del tipo de sociedad que engendramos, del tipo de futuro que construimos.

El personal de “We the People” completó las palabras del presidente con una serie de puntos como la importancia de la ayuda familiar, el uso de las terapias o un apartado en el que reconoce que una prohibición a nivel estatal “requeriría una acción del Congreso”, y se escudaba en que la Administración apoyaría una política más amplia si el resto de estados se mojaban en el asunto. Nueva Jersey (2013), California (2013), el distrito de Columbia (2015), Oregón (2015), Illinois (2016), Nueva York (2016) y Vermont (2016), además de nueve ciudades estadounidenses, ya han prohibido las terapias de conversión sexual, pero ante la inminente salida del Despacho Oval de Obama, y la entrada del digamos “conservador” equipo de gobierno de Donald Trump, parece muy complicado que a corto plazo la Administración nacional inicie un proyecto de ley en honor Leelah Alcorn.

En España, por otra parte, no hay ninguna ley que prohíba explícitamente este tipo de prácticas. Estas terapias pueden ser perseguidas en el marco español por medio del concepto jurídico de lex artis, que “obliga a todo profesional médico a realizar su trabajo con un estándar mínimo de profesionalidad para evitar la mala praxis”, así que es el propio paciente el que debe iniciar un procedimiento que podría terminar en la “inhabilitación del profesional implicado”.

El marco europeo tampoco es alentador. Malta es el único país de la Unión Europea que ha tomado cartas, y además muy recientemente, en el asunto: a principios de diciembre el Parlamento de Malta aprobó una ley, con el apoyo unánime de todos los partidos, que “contempla multas y penas de cárcel para quienes promuevan terapias de conversión de personas homosexuales”. “Quienes intenten cambiar o reprimir a una persona se enfrentan a multas de entre 1000 y 5000 euros o a una pena de cárcel de cinco meses”, según explica Europa Press. Un pequeño paso para el hombre, pero esperemos que un gran paso para sentar cátedra en las administraciones europeas y mundiales.

 

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  • Nyssa al Ghul

    Un tema bastante espinoso para un camino aun mas espinoso q es el q tendra la comunidad LGBT alla en yankilandia y su nuevo gobierno ultra.