Tras una sequía de un año sin Doctor Who, hace poco pudimos disfrutar del especial de Navidad y, en nada ya, de la nueva temporada, que será la décima de la serie desde su regreso en 2005 y la última de Steven Moffat.

Puede que no conozcáis a Steven Moffat, showrunner multipremiado y aclamado de Doctor Who y Sherlcok, o puede que sí, pero lo dudo, porque como dice él, en lo único en que invertimos el tiempo es en buscar marido (algo que fijo, fijo estáis buscando todas fuertecito), y claro, no tenemos tiempo para invertir viendo series de televisión. Pero que oye, igual os suena. Si además sois bisexuales, con total seguridad no os diga nada el nombre, ni las series a cargo de las que está, estáis tan ocupados pasándooslo bien, que a ver de dónde sacáis cuarenta minutos para ver un capítulo aunque sea.

Como sé que os habéis quedado con las ganas de saber un poquito más de este encantador señor, os diré que para él Rose es la novia dependiente de la que el Doctor trata de librarse dejándola en un planeta con una copia de sí mismo. A Karen Gillan no la contrató para hacer de Amy Pond por sus dotes interpretativas precisamente. Es alta, delgada y guapérrima, va a lucir las minifaldas que le plantan durante la quinta temporada como nadie. ¿Quién se va a fijar en si actúa bien o no con esas piernas? Si es que vamos a ver, el sketch para el Red Nose Day en el que hay dos Amy Ponds que flirtean entre sí, es el sueño de cualquier hombre de sangre caliente, ¿así quién se va a fijar si es buen personaje o no? Moffat desde luego que no. De las companion a Moffat le interesa que sean mujeres jóvenes, abstenerse de llamar al anuncio si ya pasáis de la mediana edad o sois madres, lo que ellas tengan que decir sobre su pasado y su historia, ya no tanto, que nos ponemos a hablar, se nos va de las manos y mira, no, que molestamos. Lo que las companion tengan que decir sobre su pasado y su historia no interesa, que nos ponemos a hablar, se nos va de las manos y mira, no. Estamos mejor calladas, que molestamos menos. Y no se nos olvidemos de estar guapas, que ya tuvo bastante con que durante el embarazo su mujer tuviera el tamaño de un barco. Que poca consideración por parte de su esposa, de verdad. Que además, seguro que le hablaba mucho y le contaba cosas sobre su vida y aún iba a tener que hacerle casito.

Dentro de su larga lista de éxitos al frente de dos de las más exitosas series de la televisión actual, cuenta en su currículum con haber hecho a Irene Adler, la mujer que derrotó a Sherlock Holmes en el universo de Conan Doyle, croqueta. Otra cosa que también hizo fue hacerla olvidadiza, porque como esto del lesbianismo debe de ser sólo una fase que se nos pasará cuando encontremos al hombre adecuado (spoiler: no), a Irene, que nos había dicho textualmente que era lesbiana, se le olvidó cuando vio a Sherlock Holmes, de quien se enamoró cual colegiada quinceañera. Moffat, al menos la próxima vez acuerdate que también puede ser bisexual, y que no pasa nada. Sobre la sexualidad del detective, por cierto, no es asexual, porque es no sería nada divertido, y olvidaos de que lo suyo y John pueda funcionar, eso sería sexualizar su relación de manera raruna y Moffat no está por la labor.

Y por último, no puedo dejar esto sin trasladaros la preocupación de Moffat, que seguro es también la vuestra, por la gran falta de respeto por lo masculino que hay en este mundo en el que vivimos. Ajá. Cuéntame más, Moffat.

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