croqueta librePodéis enviar los textos que queráis (preferiblemente que no incluyan ninguna imagen) a la dirección de correo que figura en el banner, con el asunto “La croqueta libre”. Los textos se leerán para escoger, pero no se editarán. Es decir, que si tu texto se ajusta a la temática de la web, lo publicaremos, pero sin corregir las posibles faltas. Los textos deben ir firmados con nombre o seudónimo. ¡Ah! ¡Y un título! 

Carla miraba a las chicas que desfilaban por la Rue des Rosiers, arremolinadas en pandillas de tres o más.

El barrio judío –y gay– estaba decorado con banderitas del arco iris por el Orgullo. Los ojos grises y penetrantes de Carla se fijaban en cada chica que pasaba delante de ella. Su impaciencia era visible: se pasaba la lengua por los labios cada dos por tres.

Buscaba a una mujer para saciar su ansia; clavó la mirada en una pelirroja, alta, guapa, con pecas y culo respingón realzado por un vaquero; una piel marmórea en la cual sobresalían unas finas venas azules.

«Quizás ella…», pensó.

Masculló una palabrota cuando vio que su presa le daba un beso de tornillo penetrante a una chica rubia de pelo rapado «Otro chasco -remarcó-, ya van tres con pareja en una hora: primero, la jovencita entrada en carnes; después, la que parecía menor de edad; y para acabar, la pelirroja. Tendré que cambiar de lugar para encontrar a trofeo de caza.»

Carla se marchó, evitando con cuidado los escaparates y sus reflejos traidores.

Las cosas se ponían cada vez más difíciles para una vampira que se alimentaba exclusivamente con chicas lesbianas vírgenes. Tendría que cambiar de dieta o de barrio para no morir de hambre… En Le Marais, ¡no había manera de hincarle el diente a ninguna!

 

.—Stéphanie


Desde Hay una lesbiana en mi sopa nos reservamos el derecho a eliminar cualquier comentario que no favorezca el debate, que incluya insultos hacia cualquiera o que, por otros motivos, contamine el ambiente de la web. Si el comportamiento persiste, se baneará al usuario correspondiente.