Hace unos meses desde esta misma web te recomendaba con toda la fuerza de los mares y todo el ímpetu del viento que vieras The good wife. La serie está dentro de muchas listas de mujeres series de televisión de todos los tiempos, y no es para menos. La factura es impecable, el ambiente es elegante, los diálogos inteligentes, el humor sorprendentemente efectivo, y los personajes… ay, los personajes. No hay ni uno que sea malo. Ni el secundario más secundario sobra, y todos están definidos de tal modo que los haces tuyos. Los quieres.

Pues bien, todo lo que habéis leído hasta ahora puede aplicarse a su spin-off, The good fight. La crítica estaba preocupada por si la marcha de Julianna Margulies, protagonista absoluta de la serie raíz, iba a afectar a las nuevas historias, y el veredicto es rotundo: no nos hace falta Alicia para seguir disfrutando como enanas. La vida sigue en Chicago, y los abogados que nos acompañaron durante siete temporadas no son fáciles de borrar.

El foco en estas nuevas tramas está puesto no sólo sobre una mujer, sino sobre nada más y nada menos que tres. La primera, Diane, es una vieja conocida para todas. Compañera de Alicia durante casi la última década, un problema con su jubilación hará que tenga que seguir trabajando. No sentimos ni un poco de pena, la verdad. Junto a ella otra cara que nos suena, la de Lucca Quinn, socia de Alicia en la última etapa. Una mujer fuerte, que ha ascendido de manera profesional a base de luchar y trabajar desde el último escalón de la abogacía, ese que está tan alejado de las moquetas y los caobas: los abogados de fianzas.

Y junto a ellas, un personaje nuevo, interpretado por Rose Leslie, a quien ya teníamos fichada desde Juego de tronos. Se trata de Maia Rindell, ahijada de Diane y que en la ficción mantiene una relación con otra mujer. Una relación nada tormentosa, nada triste. Su pareja, Amy (Heléne Yorke, a quien vimos en Masters of Sex), funciona como lo haría cualquier otra pareja de cualquier otro personaje protagonista: como apoyo.

En los últimos tiempos cuesta encontrar relaciones entre mujeres en la pequeña pantalla que no estén marcadas bien por la tragedia o bien como cualquier otra cosa que no sea una relación. Me explico: cuando tú tienes un personaje LGBT en una serie, lo que ocurre tantas y tantas veces es que su trama central termina siendo bien su salida del armario, bien su relación. En The good fight no pasa eso. Maia no es la lesbiana de la serie, simplemente sale con una chica. Viven juntas, se consuelan en los malos momentos, y se ayudan cuando a la otra le hace falta. Amor, se llama.

The good fight está llamada a ser una serie tan grande como lo fue su antecesora. Tienes todas las cosas buenas que esta tenía (incluyendo a esos secundarios tan buenísimos), y además está protagonizada por un trío que no es para nada habitual: una mujer madura, una mujer negra y una mujer lesbiana. Es un imprescindible de la televisión actual, y si sólo tienes tiempo de ver una serie estos meses, no te lo pienses más.

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