Hay un ejercicio muy sano para mantener la mente despierta y abierta que consiste en plantearse las cosas del revés.

Nos han dicho toda la vida que la homosexualidad es una enfermedad, que es algo antinatural, pero, ¿y si fuera al revés? No, no me refiero a plantearse si la heterosexualidad no es una enfermedad, eso que quedó descatalogado de la OMS en 1990 (vergonzosamente tarde, dicho sea de paso. En mi caso, viví 7 años siendo una enferma. Si bien es cierto que descubrí mi sexualidad bastante más tarde).

Tengo la (¿loca? ¿estúpida? ¿acertada?) idea de que lo antinatural no es ser homosexual, sino ser heterosexual. Y mi principal (y único argumento) es… vale, quizá sea un poco pobre, pero aquí os lo dejo:

Si no fuera así, si la heterosexualidad fuera tan natural como nos quieren hacer creer, ¿por qué tanto empeño por mantener el heteropatriarcado? ¿Por qué tanta producción cultura, visual, musical… para perpetuar la idea de que una mujer debe sentirse atraída por un hombre, y viceversa?

Pensadlo. Hay millones de libros contando historias de amor entre un hombre y una mujer, billones de películas tratando el mismo tema, trillones de canciones dedicadas al amor romántico heterosexual.

A los heteronormativos se les está viniendo abajo el chiringuito. Por las grietas de la heteropatriarcado se están colando nuevas realidades. Sólo que no eran nuevas. Siempre han estado ahí, siempre han existido los pansexuales, los transexuales o las lesbianas.

Ellen Page asomándose por una grieta.

Ahora que somos prosumidores (mitad productores de contenido, mitad consumidores), que la producción cultural ya no es unidireccional, ni está en manos de unos pocos, creamos nuestros propios contenidos, a nuestra imagen y semejanza porque sabemos que, en algún lugar del planeta, tras una pequeña grieta, hay alguien que se siente como nosotros, o que nos comprende, y nos hace sentir que somos naturales.

De ahí que de la sensación de que está de moda salirse de la norma. No, no es que esté de moda, es que ahora, gracias a Internet tenemos voz.

Aprendamos de Enjuto Mojamuto y disfrutemos de Internet mientras dure.


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