Las mujeres siempre vamos en segundo lugar en relación a los hombres. Es una realidad que estamos en desventaja, especialmente en el deporte, donde las chicas recibimos de escasa a nula atención y tenemos todavía menos repercusión. No hay más que echarle un ojo a cómo fueron las coberturas de las categorías femeninas durante los Juegos Olímpicos para comprobarlo. En fin, de vergüenza. La cosa es que, si hay algo en lo que vamos en cabeza, es en la lucha por la igualdad en el deporte.

Si algo caracteriza al deporte femenino en relación con el masculino, es el grado de normalización y visibilidad de las mujeres LGBT que se ha alcanzado dentro de él. Hace escasos días, Erin Philips, jugadora de la WNBA durante el verano y de la AFL, la liga australiana de football durante el invierno (bueno, verano también en el hemisferio sur), fue galardonada con el premio a la mejor jugadora de la liga y se lo dedicó a su mujer: “Cada parte de esto te lo debo a ti”. Algo impensable si le damos la vuelta a la tortilla y pensásemos en un acto de deportistas masculinos.

Hace un par de años, en la NFL, Michael Sam fue el primer jugador de football en proclamar abiertamente su homosexualidad, causando un revuelo fue considerable. Lo mismo sucedió con Keegan Hirst, estrella del rugby británica. Sin olvidarnos del caso de Jesús Tomillero, el primer árbitro abiertamente gay del fútbol español, bajo protección policial tras ser amenazado de muerte. Las chicas llevan haciendo eso mismo desde hace años y a nadie le sorprende ni se ha inmutado. En 2005, Sheryl Swoopes fue la primera jugadora de la WNBA en declararse abiertamente lesbiana, muchas otras le han seguido desde entonces, como Brittney Griner, jugadora de las Phoenix Mercury, o, hace medio año, Elena Delle Donne, jugadora de las Washington Mystics, justo antes de embarcarse ambas en la aventura olímpica que les daría el oro. En esos mismos juegos pudimos ver a una jugadora de rugby pidiéndole matrimonio a su novia, y en fútbol, por ejemplo, la fotografía de Abby Wambach besando a su mujer tras ganar la Copa del Mundo es una de las imágenes más memorables que nos dejó el torneo. La propia WNBA, una de las ligas femeninas más potentes del mundo, se muestra de lo más cómoda abanderando la diversidad y ha declarado el mes de junio como el Mes del Orgullo.

Los roles de género son los que están detrás de todo esto, ¿quién sino? Mientras la gente asume que no hay deportistas masculinos gays, asume justo lo contrario de las chicas, dice Sally Shipard, jugadora de fútbol retirada. El deporte es una actividad tradicionalmente considerada como masculina, de ahí que, el estereotipo de hombre homosexual juegue en contra de ellos. Justo al revés de lo que sucede en las mujeres.

Con la visibilidad que estamos alcanzado en los últimos tiempos, cabría esperar que, a medida que conseguimos que la normalización sea una realidad cada vez más cercana y los estereotipos se conviertan en algo del pasado, la total igualdad y aceptación en el deporte sea un hecho, tanto en el femenino como en el masculino.

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