Esta semana Twitter ha rescatado un artículo publicado en Cosmopolitan en 2015 al que merece la pena echarle un vistazo y, a lo mejor, reflexionar un poco sobre ciertas cosas.

“Se busca: mejor amiga que adore los brunchs, los maratones de Netflix, e ir “ahí abajo” de la otra”.

El texto entero, que se puede consultar aquí, es una oda a una nueva moda que, al parecer, se ve en las páginas de contactos: mujeres que, aún teniendo novio, o identificándose como heterosexuales, buscan a otras mujeres para hacer “cosas de chicas” como ir de tiendas, a conciertos a los que sus novios no quieren acompañarlas, y también para que les hagan cosas que sus novios no quieren… en la cama.

Hay muchos tíos para divertirse, pero quiero una amiga para hablar de mis problemas de chicos, escuchar los suyos, y después de un concierto de Britney, ir a la cama y comernoslo

“Estas mujeres heteroflexibles dicen que quieren relaciones románticas largas con hombres, se sumergen en otras con mujeres puramente por el sexo, un poco “Amigas con derecho a roce” o una aventura sáfica que esconden de su novio o marido”. También cuenta que alrededor de un 7% de las mujeres de Estados Unidos se identifica como LGBT, pero que el porcentaje de mujeres que han tenido sexo oral con otra sube hasta el 19%.

¿Cómo podemos interpretar todo esto?. Por regla general, si tienes sexo de manera habitual con una persona de tu mismo género, o buscas tenerlo, no sé yo si heterosexual es la palabra que mejor te define. Pero, además, estas mujeres con novio buscan otras mujeres para suplir las carencias que tienen en su relación sexoafectiva con ellos: no sólo es sexo, es algo más. Es, justo, lo que no puedes hacer con él.

Esto, me temo, es más complejo de lo que en un primer momento parece. Resumido, sería un poco buscar fuera de casa lo que no tienes en ella, escudándote en que “con las chicas es mas fácil”, pero sin abandonar la seguridad que de cara a la sociedad te da estar en una relación heterosexual, y lo que es mas importante todavía, sin tener que lidiar con el diálogo interno que todas las personas LGBT tenemos en algún momento, ese que comienza con la pregunta “¿Qué soy?”.

Con las chicas no hay presión

Entiendo la importancia, o más bien la poca importancia, que algunas personas dan a las etiquetas, pero creo que esto no va de etiquetas. Va de autoengaño, de bifobia, y, sobre todo, de creer que una relación con una chica, del tipo que sea, es menos válida que con un hombre. O, si o lo creeis, probad a pensar el artículo en masculino: amigos que se van a ver el fútbol y después follan, pero no son gays. ¿Lo habéis oído alguna vez? Porque yo no.

Tener una relación sexoafectiva con una mujer no es una moda. Es un vínculo igual que el que se establece en una relación heterosexual.  Es igual de complicado que con ellos, existen las mismas presiones, los mismos miedos, y las mismas alegrías. Y, por supuesto, no es para nada lo que se escribe en ese texto.

 


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