Para que quede claro: Irene Larra es lo mejor que tenemos en la televisión ahora mismo. Y, con toda seguridad, de la historia de la televisión en España. La vuelta de El misterio del tiempo sólo ha que confirmar la suerte que tenemos de poder ver y disfrutar de un personaje tan fantástico y que, además, se ha convertido ya en un icono de la comunidad croqueta.

Llevamos ya tres episodios de la tercera temporada de la serie, y buena parte del nivel de la serie es gracias a Irene. Ella no es agente, no suele hacer misiones, pero como jefa de logísitca tiene un papel fundamental que se desarrolla entre las paredes del ministerio, y que además es lo que va a hacer girar la trama en esta nueva tanda. La llegada de la Lola Mendieta del pasado, algo que además ha generado la Lola del presente, es un elemento perturbador que ha quedado en manos de Larra, quien ha de determinar el peso que Mendieta tendrá en el servicio.

Si algo hemos aprendido en las temporadas anteriores es que Irene siempre es el elemento clave. En la primera temporada, que los agentes disidentes piusieran en peligro a su novia es lo que motivó que Irene se comportara como lo hizo, poniendo en peligro su posición en el Ministerio. En la segunda, en esa tremenda season finale que es uno de los mejores episodios de la ficción española desde que RTVE iniciara su retransmisión en los años 50 (hala, sin exagerar), es la Irene paralela la que motiva que Alonso y Julián remedien la linea temporal, al convencerles de que ella no es feliz entonces, no puede serlo, y que si alguna Irene merece vivir, desde luego ha de ser la que puede ser tal y como es: una mujer libre.

El personaje de Cayetana Guillén Cuervo, a quien ya no podemos imaginarnos con otro rostro, y que ha aupado a la actriz, que está encantada, al nivel de ídolo, es un ejemplo en muchos ámbitos. Ejemplo de cómo un personaje LGBT, y especialmente una mujer lesbiana, siempre tiene algo más que decir en la trama que su drama personal al salir del armario o enamorarse de su amiga heterosexual. Ejemplo de cómo una mujer puede ser algo más que sus relaciones personales. Ejemplo de cómo los secundarios en una serie son igual de importantes a la hora de generar trama y conflicto que los protagonistas. Y la actriz, ejemplo de cómo se puede disfrutar muchísimo de interpretar a alguien, contagiando ese ánimo a los fans, que la adoramos.

Queda todavía mucha temporada, y muchos episodios, cada uno en su estilo, elaborados con mimo y miles de referencias. Esperamos ver a Irene en todos, o al menos en los máximos posibles, porque siempre, siempre, hace subir el nivel de la serie.

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