Malta es uno de los países más peculiares de Europa, además del más pequeño de la Unión Europea. En este país de 430 mil habitantes en el que el catolicismo es religión oficial del Estado, el divorcio se autorizó en 2011 y el aborto sigue siendo ilegal. Pero mientras en unos ámbitos la religión tiene una influencia poderosísima que impide que los derechos se equiparen a los de sus socios europeos, en otros aspectos, especialmente en materia de derechos LGBTI, Malta está demostrando estar bastante por delante de otras sociedades. Buena prueba de ello es que ayer el Parlamento aprobó la ley de matrimonio igualitario que permitirá a todos los malteses contraer matrimonio sea cual sea su género y el de su pareja.

Malta aprobó una ley de uniones civiles en 2014. Pero es el primer país de Europa  que cuenta con una ley específica que prohíbe las terapias anti-gay, esos centros y “profesionales” que aducen que pueden cambiar la orientación sexual de una persona, casualmente siempre de homosexual a heterosexual. El primer ministro Joseph Muscat declaró que era “una votación histórica. Esto demuestra que nuestra democracia y nuestra sociedad alcanzaron un cierto grado de madurez y que podemos decir que somos todos iguales”.

Con esta ley se reconocen también las uniones que los ciudadanos malteses hayan contraído en otros países. Curiosamente, se ha aprobado con 66 votos a favor y solamente uno en contra del pequeño parlamento maltés. ¿Y quién ha sido el garbanzo negro? Pues un político del Partido Nacionalista, Edwin Vasallo, que ha aducido que sus convicciones religiosas le impedían votar a favor. La anécdota en una jornada de celebración.

Vía: Dos Manzanas

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