Oh, Jennifer Beals, qué pacto tienes con el diablo.

¿Acaso te roció con el elixir de la eterna juventud cuando te tiraste aquel cubo de agua en Flashdance?

Jennifer Beals y la cisterna del Santo Grial.

Actriz, fotógrafa, triatleta y budista, tu físico y talento te han permitido hacer de italiana, de lesbiana, de afroamericana, de transgénero y hasta de ti misma.

Cuando empezó The L Word pocas apostábamos (apostaron) por ti. Eras estirada, volcada en tu trabajo y empeñada en dotar a tu hijo de unos genes muy concretos.

Pero ha pasado el tiempo (mucho tiempo, aunque no lo parezca al verte a ti) y nos has hecho un zas en toda la cara. Ahora todas somos de Jennifer Beals.

No, en serio, ¿qué pacto tienes con el diablo? ¿Por qué por ti no pasael tiempo?

Llevamos años viéndote en pantalla grande y pequeña desde que a los 20 lo petaras vestida con calentadores y cinta en el pelo. She’s a maniac! Si es que es escuchar los primeros compases de la canción y yo ya me entono. Me da miedo ponerla en el iPod para ir al gym por si me emociono demasiado levantando pesas y luego esté dos semanas sin poder peinarme.

Lo mejor de todo es que no estás sólo para que te miren, sino que también miras. Tienes una mirada especial y la plasmas en tus fotografías. La bollo-esfera conoce de sobras las que hiciste en el set de The L Word durante sus seis temporadas (podrías rebuscar en ellas pistas que nos ayudaran a descubrir quién mató a Jenny Schecter).

Pero, lo mejor de todo, lo más increíble de todo, es que has inventado un sujetador.

Eres una mujer inquieta e inteligente, pero tu corazón quedó destrozado por la muerte de tu padre por un ataque cardíaco. Decidiste hacerte unas pruebas de estrés. Te pusieron los electrodos y te tomaron las constantes. Luego te pidieron que subieras a la cinta y corrieras todo lo rápido que pudieras. “Vale –dijiste–, me pongo el sujetador y voy a ello”. Pero el doctor te paró los pies. “No puedes ponerte sujetador”. La prueba está diseñada por hombres para hombres (dado que se pensaba que eran los que más probabilidades tenían de morir de ataque al corazón). Hiciste la prueba sin sujetador y saliste con la determinación de cambiar aquello.

E inventaste el Heartlanta.

Oh, Jennifer Beals, si no fueras Jennifer Beals, te odiaría.

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