pussy galore

James Bond, el famoso agente secreto al servicio de Su Majestad, tiene un padre por todos conocido, el escritor inglés Ian Fleming. Lamentablemente, falleció hace más de medio siglo, hecho que no impidió que siguieran haciéndose adaptaciones al cine que han resultado casi siempre taquillazos y películas inolvidables. Pero a su muerte, Fleming dejó material inédito, que ahora el escritor Anthony Horowitz ha aprovechado para crear nuevas aventuras con Bond como protagonista. La novela, titulada Trigger Mortis, ha visto la luz esta semana, acompañada de la polémica que ha envuelto a Horowitz por unas declaraciones en las que decía que el actor Idris Elba no podría interpretar a James Bond por ser demasiado ‘callejero’, una manera muy elegante de decir que no puede porque es negro. Aham.

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La verdad es que esperábamos este lanzamiento con muchas ganas, aparte de por lo obvio, porque en el libro sabíamos que iba a aparecer Pussy Galore, la malvada espía con la que ya nos habíamos encontrado alguna vez. Para las que no conozcais la historia, os diré que Pussy Galore es una espía que aparece en Goldfinger, y que, al rechazar elegantemente al agente secreto con un “para con tu encanto porque soy inmune”, había levantado más que rumores sobre su orientación sexual.

Horowitz había declarado que Pussy Galore era oficialmente lesbiana, al menos en su novela. Pero lo que no nos esperábamos es lo que estamos leyendo en diferentes medios, que nos cuentan cómo Pussy tiene un trauma debido a una agresión sexual por parte de su padre en la infancia, que es lo que motiva que tenga relaciones con mujeres. ¿Cómo? ¿Perdona? Por si esto fuera poco, en el libro, que tiene lugar dos semanas después de la historia narrada en Goldfinger, y por tanto dos semanas después de que Pussy rechace a Bond, ellos dos viven juntos y tienen una relación. !?. La cuestión es que Pussy, en sus propias palabras “Nunca había conocido antes a un hombre de verdad“. No damos crédito, en serio. Las declaraciones al respecto que hace el autor son para enmarcar.

Uno de los retos a la hora de escribir el libro fue esa actitud de que un hombre heterosexual puede cambiar la vida de na mujer y hacer que le fallen las rodillas. Eso es algo que debe ser desafiado, creo, en el siglo XXI. ¿Cómo haces la cuadratura del círculo? ¿Cómo permaneces fiel al original y al mismo tiempo no ofender a la gente en el siglo XXI?

Así que si os aventuráis a leer Trigger Mortis, ya sabéis lo que podéis encontrar: Hombres arrebatadoramente masculinos que convierten lesbianas, y lesbianas que lo son porque su padre abusaba de ellas, pero que sólo necesitan conocer al hombre correcto. Desde luego, la novela parece estar escrita en la época en la que está ambientada, los años 50. Lo que no sabemos de qué siglo exacto.

2 Comentarios

  1. Bueno… ¿Y le sorprende a alguien? James Bond es lo que es: la fantasía masculina definitiva. Todo el día pegando tiros y salvando el día, haciendo que las tías (y ya sabemos que para los heteros de pelo en pecho el convertir a una lesbiana es como ganar la champions league del ligoteo) pierdan las bragas con sólo arquear una ceja y conduciendo coches potentes. La lógica y los avances del sigo XXI no tienen lugar en el mundo Bond, y si tienes eso en cuenta, lo de Miss Galore es de lo más normal.

    Lo de Idris Elba ya es más difícil de defender. Gensanta! si hasta yo le encuentro un punto a ese señor! Un punto, una coma, punto y coma, asteriscos, signos de interrogación, corchetes y lo que se tercie.

  2. Yo hace menos de un mes, estaban hablando unos de un grupo de WhatsApp y salió el tema del lesbianismo, ante lo cual, y viendo como se metían con una chica usando eso de broma, pues dije que yo lo era y, además de que uno me preguntó en privado que como sabía que lo era (¿hola?) y que como estaba segura si nunca había salido con ninguna chica (en este momento estuve por dejar de contestarle) por el grupo salió un machito diciendo que el había “convertido” a una lesbiana a hetero y que me faltaba un buen rabo…. Por desgracia existe mucha gente que sigue pensando eso de nosotras, como el propio autor demuestra, aunque prefiero pensar que ahora son minoría.

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