Más de un millón y medio de personas –salvando el baile de cifras– se reunieron el sábado 2 de julio en Madrid para participar, un año más, en la Manifestación Estatal del Orgullo LGBTI. Un millón y medio de lesbianas, gais, transexuales, bisexuales, heterosexuales, intersexuales, asexuales, drag queens… Personas mayores, adolescentes, treintañeros, gente de mediana edad, familias enteras con niños pequeños… Un millón y medio de seres humanos que salieron a la calle, aplacando el calor con las ya clásicas pistolitas de agua, bajo el lema de “2016 año de la visibilidad bisexual en la diversidad” y que reclamaron también “leyes por la igualdad real, ¡ya!”.

Manifestaci%C3%B3n Orgullo LGTB 2016, Hay una lesbiana en mi sopa

Si las pistolas de agua ya son parte por derecho propio de la celebración del Orgullo madrileño, también lo es el retraso con el que partieron la treintena de carrozas de asociaciones, empresas y partidos políticos que fueron de Atocha a Colón en la Manifestación Estatal. Arrancaron la comitiva sobre las siete de la tarde, con media hora de retraso, al ritmo de A quién le importa porque, ya se sabe, lo bueno se hace de rogar.

La música y el buen rollo –solo interrumpido por las pitidos y abucheos que acompañaron a la carroza de Ciudadanos y a medias a la del PSOE– siguieron su curso hasta llegar a Colón, pasado un buen rato, donde los políticos y los activistas recitaron sus discursos y reivindicaciones con especiales recordatorios a dos denominadores comunes: las víctimas y heridos del atentado homófobo de Orlando y el recuerdo de Pedro Zerolo, sin que por ello Colón dejase de botar al grito de “¡Yo soy bisexual, bisexual, bisexual!”.

Si hay que ponerle un pero –y este es un pero con mayúsculas– a estas fiestas reivindicativas de 2016 es precisamente cuando cae la noche y el concepto fiesta engulle por completo al adjetivo “reivindicativa”. Que este pero sirva como crítica constructiva, y no sólo con la vista puesta en 2017 cuando Madrid sea la capital del World Pride y venga toda la gente que se entiende vendrá, sino de cara a todas las futuras ediciones del Orgullo: la suciedad y el mal olor en las calles y las plazas sedes de las fiestas ha alcanzado cotas increíbles. Ya sea potestad del Ayuntamiento o de todas las asociaciones organizadoras del “MADO”, ha habido una nefasta oferta de alternativas a no ensuciar los espacios públicos, sobre todo escasísima oferta de aseos –contenedores, es cierto, había; de reciclaje menos, pero en cualquier caso, estaban bastante vacíos todos–. Humilde llamamiento desde aquí a que en el futuro se subsane este problema y se faciliten más medios para cuidar la ciudad.

Y humilde llamamiento desde aquí también a todas nosotras y nosotros, los que a fin de cuentas somos el alma de estos días festivos. Divertirse en estas fechas tan señaladas, y en la vida en general, es lo más importante, pero no tenemos por qué dejar de ser cívicos cuando oscurece y empieza la juerga. Bebed y disfrutad y recordad que no cuesta nada acercarse a un contenedor y echar en él todos los desperdicios para que las plazas y las calles no se conviertan en un mar de plástico. No dejemos que las toneladas de suciedad sean un indicador de que el Orgullo ha sido un éxito de afluencia de gente. Utilicemos todos los medios que nos pongan, aunque sean pocos -y exijamos más-, para no arruinar la ciudad, porque este es nuestro Orgullo, no solo el de las siglas de las asociaciones, y tenemos que cuidarlo entre todos y todas. Por lo demás, buen Orgullo, buen ambiente y preparadas, aunque no mentalizadas, para el World Pride del año que viene.