Ay, aquellos maravillosos 90. Cuando las camisas de cuadros eran un must en el armario de cualquiera, no sólo de las lesbianas, los capítulos de Friends eran de estreno y no reposiciones, y las Spice girls estaban a un paso de la dominación mundial. Y es en estos en los que se ambienta una de las últimas series de Netflix, Todo es una mierda.

Poco me faltó para apagar el ordenador y dejar de verla antes siquiera de terminar el primer episodios. Antes de saber de qué iba el percal, durante sus primeros cinco, diez minutos tenemos una retahíla de trucos dispuestos para provocar una reacción nostálgica de manual y vemos a tres de sus personajes, tres chicos adolescentes del instituto Boring. Otra Stranger things, pensé. Pero entonces apareció Kate y mi croqueto corazón sonrió y me quedé hasta el final de ese capítulo, y del siguiente, y del siguiente y así hasta el final.

Noventera en su forma, en los estilismos grunge o a lo Gwen Stefani o a lo grunge, o, por ejemplo, en esa banda sonora con canciones tan emblemáticas como Two princes o Wonderwall, pero tremendamente actual en cuanto al fondo, en los temas que toca y cómo los trata, nos da una buena representación lésbica y bisexual, y porque le da voz a personajes que por aquella época no la hubieran tenido. Los protagonistas son Luke, un chico negro que me hubiera gustado que me cayera bien pero me lo ha puesto tan difícil que ha sido imposible, y Kate, una croqueta recién salida de la sartén con sus dudas y la confusión propia de ese momento a la que le querréis hacer galletitas y abrazar y decirle que todo irá bien. A ellos hay que sumarles un elenco de secundarios en los que, a pesar de algunos pasan sin pena ni gloria, otros resultan entrañables, como los padres, y de otros me hubiera gustado saber más, como es el caso Emeline.

Cuando Todo es una mierda mejor funciona es cuando se centra en Kate (Peyton Kennedy ha sido todo un descubrimiento), en sus problemas con la sexualidad, la identidad y el primer amor. La mejor baza que tiene la serie es la corta duración de sus capítulos, unido a la manera fresca en la que están contados, es la suma perfecta para que estemos todas pegándonos el atracón. Y si no lo habéis hecho aún, no sé a qué esperáis.