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¿No sabías que Geri Halliwell y Mel B habían tenido un algo?

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Estos días estoy muy contenta porque mi Twitter es todo el rato mis cosas favoritas: nostalgia, música pop y salseo. La excusa visible es la cancelación del especial por el 30 aniversario de las Spice Girls que preparaba Netflix, pero lo que realmente ha reventado el timeline es el viejo episodio que une a Mel B y Geri Halliwell: un encuentro íntimo en los inicios del grupo que durante años fue rumor, chascarrillo pop… y que Mel B terminó confirmando. Mi amigo Peibols, probablemente la persona que más sabe de las Spice Girls del mundo, ya me contó esta historia, aderezada con episodios de Geri en las fiestas de San Lorenzo de Huesca y la deriva política que ha tenido la cantante últimamente, hace meses, pero creo que es el momento de contarlo todo bien (y si me dejo algo, me lo dices).

Para entender por qué medio mundo está descubriendo ahora esta historia hay que volver a 2019, cuando Mel B concedió una entrevista en la que, con absoluta naturalidad, confirmó que ella y Geri tuvieron una relación sexual durante los primeros años de la banda. No lo narró como un romance secreto ni como una historia épica, sino como algo espontáneo entre dos veinteañeras que vivían juntas, compartían giras, éxito repentino y una intensidad emocional difícil de explicar si no la viviste. Según explicó, ocurrió en la época en que las Spice convivían estrechamente antes de convertirse en el fenómeno global que fueron después, y tras el casting que hizo que la banda naciera. Fue un momento íntimo puntual, sin continuidad sentimental, que ambas habrían tomado con humor. Mel B incluso comentó que después se rieron y siguieron adelante como si nada.

La historia no fue lo ocurrido en los noventa. La historia fue contarlo décadas después.

Durante años, los tabloides británicos alimentaron rumores sobre la cercanía entre ambas, pero nunca hubo confirmación. Cuando Mel B habló abiertamente sobre su bisexualidad y sobre este episodio concreto, la historia dio la vuelta al mundo. La prensa sensacionalista explotó el titular, reavivando un episodio del pasado que Geri nunca había hecho público ni había mostrado interés en comentar. Geri, que ahroa está casada con un ultra millonario relacionado con el mundo de la fórmula 1, optó por el silencio. Una estrategia que muchas interpretaron como deseo de proteger su vida privada actual, su familia y una identidad pública muy distinta a la de la veinteañera pelirroja que gritaba Girl Power en los noventa.

Ahora imaginemos el contexto actual: un especial aniversario con entrevistas profundas, archivo personal y periodistas deseando preguntar lo que todo el mundo quiere saber. El asunto iba a salir., era inevitable. Y hay quien no está por la labor, así que adiós especial. Treinta años después del fenómeno que cambió la cultura pop (y 14 después de que todas GRITÁRAMOS al verlas salir en taxis en los Juegos Olímpicos de Londres), la conmemoración la vamos a hacer todos en nuestras casas o pidiendo el inevitable Wannabe en un bar, porque otra cosa… difícil.

Deseo, identidad y segundas oportunidades en ‘Montreal, ma belle’

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Montreal, My Beautiful: Joan Chen Luminous (As Usual) Is a Hit in ...

Hay películas que abordan el descubrimiento de la identidad sexual desde la adolescencia o la juventud. Montreal, ma belle (2025), dirigida por Xiaodan He, toma un camino distinto y mucho menos transitado: el despertar emocional y afectivo en la madurez. Este enfoque convierte la historia en una propuesta singular dentro del cine queer contemporáneo, alejándose de los relatos iniciáticos tradicionales para explorar cómo el deseo, la identidad y la libertad pueden emerger cuando la vida parecía ya definida.

La protagonista es Feng Xia, interpretada por Joan Chen, una mujer chino-canadiense de 53 años que vive en Montreal. Madre, esposa y cuidadora responsable, ha construido su vida en torno al deber familiar y las expectativas culturales. Su matrimonio carece de intimidad emocional y su rutina transmite una sensación de estabilidad que esconde una profunda desconexión consigo misma. Todo cambia cuando conoce a Camille, una joven quebequesa espontánea y segura de sí misma, interpretada por Charlotte Aubin. Este encuentro desencadena un proceso íntimo de autodescubrimiento que desafía décadas de silencio emocional.

La cinta, que está siendo toda una sensación en Twitter aunque está pasando un poco desapercibida en medios convencionales, se ha estrenado esta semana en Apple TV Canadá tras pasar por un circuito limitadísimo de festivales. Esperamos/suponemos que tras la primavera, que es cuando hay el boom de festivales LGBT, Apple TV la licencia en el resto del mundo. En todo caso, la esperamos con muchas, muchas ganas.

¿Cómo era ser lesbiana en el franquismo? (I)

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Cuando se habla de homosexualidad en el franquismo casi todo el foco se lo llevan los hombres. Las redadas. Los expedientes policiales. Las cárceles de Badajoz o Huelva. Los artículos de prensa moralizante que convertían el deseo en delito. Y entonces aparece la pregunta incómoda, la que casi siempre llega tarde: ¿y las lesbianas? ¿Dónde estaban las mujeres que deseaban a otras mujeres entre 1936 y 1975?

Pues estaban ahí, claro. Viviendo en el mismo régimen, bajo la misma dictadura, pero atravesadas por una forma de represión distinta, menos visible, más estructural. Durante mucho tiempo se repitió que no habían sido perseguidas. Que no había apenas casos. Que el franquismo no se ocupó de ellas. Sin embargo, la historiografía reciente, apoyada en archivos judiciales, expedientes psiquiátricos, prensa de la época y testimonios orales, ha empezado a matizar esa idea. El trabajo de fin de grado de Elizabeth Hernández López sobre las lesbianas durante el régimen franquista es una de esas investigaciones que obligan a revisar el relato cómodo. No es que no hubiera castigo. Es que el castigo adoptó otras formas. Y, sobre todo, el borrado fue más eficaz.

Para entender cómo vivían las lesbianas en el franquismo hay que empezar por el modelo de mujer que impuso el nacionalcatolicismo. Mary Nash lo ha explicado con claridad en su libro Rojas: el régimen construyó un ideal femenino basado en la domesticidad, la maternidad y la obediencia. La Sección Femenina no era un adorno simbólico del sistema, era una auténtica maquinaria pedagógica. Enseñaba a coser, a cocinar, a servir al marido y a asumir que la realización personal pasaba por el sacrificio.

El Código Civil del momento, con sus reformas correspondientes, reforzaba esa estructura. La mujer casada necesitaba autorización marital para trabajar, abrir una cuenta bancaria o firmar contratos. Jurídicamente era casi una menor de edad permanente. Socialmente, existía siempre en relación con otro: madre de, esposa de, hija de. Rara vez como sujeto autónomo.

En ese marco, el lesbianismo no tenía lugar. Una mujer que no deseaba a un hombre no solo se apartaba de la norma, la cuestionaba desde la raíz. No era una conducta privada sin consecuencias públicas. Era un desafío al orden de género, que se presentaba como natural, incuestionable y perfecto. Si el proyecto franquista descansaba sobre la familia heterosexual y la reproducción, una mujer que amaba a otra mujer quedaba fuera del esquema productivo y simbólico de la patria. Literalmente, no encajaba.

Durante los primeros años de la dictadura, desde la victoria de los sublevados en 1939 hasta finales de los 40, no existió una política explícita y sistemática contra las lesbianas comparable a la desplegada contra los hombres homosexuales. Y esa diferencia se ha interpretado muchas veces como ausencia de persecución. Pero los expedientes judiciales cuentan otra cosa. Hubo mujeres procesadas por conductas consideradas homosexuales, aunque en menor número. Sin embargo, la reforma de la Ley de Vagos y Maleantes en 1954 incorporó la homosexualidad como supuesto de peligrosidad social. Más tarde, la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970 mantuvo esa criminalización. Es cierto que la mayoría de los casos documentados afectaron a hombres, pero eso no significa que las mujeres estuvieran a salvo. Significa que la vigilancia operaba también por otras vías.

Y aquí aparece un problema recurrente en la historia de las mujeres: el lenguaje. El aparato jurídico no tenía una categoría clara y estable para nombrar el lesbianismo. En los expedientes aparecen términos como invertidas o referencias ambiguas a contacto carnal. Esa imprecisión no protegía. Al contrario, dejaba margen a la interpretación moral. Cuando el comportamiento femenino se consideraba escandaloso o desviaba del rol esperado, la sanción podía llegar igualmente.

En algunos casos documentados, mujeres fueron detenidas, sometidas a exámenes médicos y evaluaciones psiquiátricas destinadas a probar una supuesta desviación sexual. El control del cuerpo femenino era literal. Se medía, se examinaba, se clasificaba. La ciencia y el derecho se daban la mano para legitimar la corrección.

El caso de María Helena, detenida a finales de los años sesenta en Barcelona, es ilustrativo. Fue procesada por su apariencia, por su forma de vestir y por una conducta considerada impropia de una mujer. La masculinidad leída en su cuerpo se interpretó como indicio de homosexualidad. El expediente incluyó examen físico y valoración psiquiátrica. El castigo no se limitó a una multa: implicó internamiento, restricciones de residencia y vigilancia posterior. No se castigaba solo un acto. Se castigaba una identidad sospechosa.

La represión adoptó con frecuencia formas que escapaban al ámbito penal. La psiquiatrización fue una herramienta central. En la cultura médica de la época, influida por discursos que consideraban tanto la homosexualidad como el comunismo patologías sociales, la desviación del rol femenino podía justificar internamientos en manicomios o tratamientos correctivos. La frontera entre lesbianismo y disconformidad de género era difusa. Rechazar el matrimonio, vestir de forma considerada masculina o mantener una independencia económica inusual bastaba para activar sospechas. Y cuando se activaban, la maquinaria no era solo judicial, era también social.

Uno de los agentes que jugó un papel esencial en ese control fue la familia. En algunos expedientes aparecen denuncias presentadas por parientes, alarmados por relaciones consideradas inmorales. La represión no siempre descendía directamente del Estado hacia el individuo. A menudo se filtraba a través de la moral familiar, del vecindario, del confesionario. El franquismo funcionaba como una red en la que Iglesia, escuela y parentesco reforzaban el mismo modelo normativo. El qué dirán, en muchos casos, resultaba más eficaz que el código penal.

A todo esto se suma otra forma de violencia menos palpable: la invisibilidad. El régimen partía de una concepción de la sexualidad femenina como pasiva y subordinada al varón. La idea de que dos mujeres pudieran mantener una relación erótica autónoma era, para muchos discursos oficiales, casi impensable. Esa negación actuaba como mecanismo de borrado. Si no se nombra, no existe. Y si no existe, no necesita regulación específica. El problema es que tampoco ofrece referentes, ni espejos donde reconocerse.

Esa invisibilidad tuvo consecuencias historiográficas. Durante décadas, los estudios sobre homosexualidad en el franquismo se centraron en la experiencia masculina. Investigadores como Alberto Mira han señalado cómo el relato público del activismo gay en la Transición dejó en segundo plano las experiencias lesbianas. Incluso dentro de los primeros colectivos surgidos en los años setenta, como el Frente de Liberación Homosexual de Cataluña, las mujeres denunciaron la centralidad masculina y la necesidad de espacios propios. Gracia Trujillo ha analizado cómo el lesbianismo articuló su discurso en diálogo con el feminismo, cuestionando tanto la heteronormatividad del régimen como el androcentrismo del propio movimiento homosexual.

¿Cómo se vivía entonces siendo lesbiana en el franquismo? No hay una única respuesta. Como ocurre con el feminismo o con cualquier experiencia histórica compleja, todo depende del contexto. La clase social, el entorno rural o urbano, la autonomía económica, el acceso a redes de apoyo. En ciudades como Madrid o Barcelona existieron espacios de sociabilidad más o menos clandestinos donde las mujeres podían encontrarse. No eran lugares plenamente seguros, pero ofrecían al menos reconocimiento. En entornos rurales, el margen era más estrecho y la presión comunitaria más intensa.

Muchas recurrieron al disimulo. Amistades intensas que podían interpretarse como afecto femenino aceptable. Convivencias justificadas por necesidad económica. Solterías explicadas por vocación religiosa o por cuidado de familiares. Algunas contrajeron matrimonios heterosexuales para evitar sospechas y proteger su vida privada, a veces funcionando como auténticos matrimonios lavanda para ambas partes. Hablar de lesbianas y franquismo obliga a revisar la idea de que la represión solo existe cuando hay cifras masivas de encarcelamiento. En el caso femenino, el control fue más capilar. Operó a través del derecho, de la medicina, de la moral católica y de la familia. La menor presencia en estadísticas penitenciarias no equivale a ausencia de violencia, sino a una modalidad distinta de disciplinamiento.

Hoy, gracias a estudios académicos, entrevistas y testimonios que empiezan a salir a la luz, podemos reconstruir parte de esa historia. No está completa. Persisten lagunas y silencios. Pero la imagen de unas lesbianas inexistentes durante la dictadura ya no se sostiene. Existieron, desearon, amaron y negociaron su supervivencia dentro de un régimen que intentó reducirlas a anomalía sin nombre. Y comprender eso es imprescindible para entender qué significó realmente vivir siendo lesbiana en el franquismo.

Literatura sáfica con descuento especial: las novedades de Les Editorial

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Si llevas tiempo en esta web sabes que cuando recomendamos una editorial lo hacemos con criterio. Porque publica buenas historias, porque cuida a sus autoras y porque entiende que la representación importa. Y en ese sentido, hablar de Les Editorial es hablar de una de las casas fundamentales para la literatura sáfica en español.

Les Editorial lleva años, muchos, construyendo un catálogo coherente, reconocible y necesario. Nació con una vocación clara: publicar historias de mujeres que aman a mujeres, con personajes complejos, tramas bien trabajadas y géneros diversos que van desde el romance contemporáneo hasta el thriller, la fantasía o la narrativa histórica. En un panorama editorial donde lo lésbico suele quedar relegado a nicho o etiqueta secundaria, Les ha apostado por convertirlo en eje central. Eso se nota en cada colección y en cada lanzamiento. ¿Quieres alguna recomendación? Sigue leyendo.

Amadas y monstruas es una obra que reúne tres relatos centrados en amores que desafían la lógica y la propia muerte, siempre desde una mirada sáfica y profundamente gótica. La autora M. J. Ceruti construye ambientes inquietantes y sugerentes: en la primera historia, Rosemary conversa con Eliza en una mansión en ruinas, donde la ambigüedad entre lo real y lo espectral tensiona cada línea; en la segunda, Victoria, en la España del siglo XIX, se obsesiona con dar vida a un cuerpo fragmentado en un experimento que remite al mito de Frankenstein y al deseo de vencer a la mortalidad; finalmente, sesenta años después de los hechos vinculados a Carmilla, una vampiresa sigue anhelando a su amada Laura, atrapada en una eternidad imposible. Este tríptico explora cómo el amor imposible puede ser tan humano como monstruoso y cómo el deseo puede persistir incluso cuando trasciende la vida tal como la conocemos.

Quién eres y por qué tienes mi número, por su parte, es una comedia romántica distintiva escrita íntegramente en formato de conversaciones de chat que sigue a Claudia, una profesora de historia cuyo mundo tranquilo se pone patas arriba tras una noche de copas. Tras despertar con resaca, un bolso lleno de conchas y un misterioso mensaje de un número desconocido, Claudia inicia un juego de mensajes con Majo, una carismática paisajista cuyo perfil con un león marino promete encuentros tan inesperados como encantadores. La autora (Cristina González, en redes @TomorrowJuana) utiliza este formato para reflejar con frescura y humor cómo puede nacer un vínculo profundo a través de palabras escritas, diálogos ágiles y malentendidos divertidos que terminan convirtiéndose en complicidad. A lo largo de la historia, el contraste entre la vida estructurada de Claudia y la espontaneidad de Majo crea una química irresistible que habla de conexión, sorpresa y deseo en la vida cotidiana

Viajeras reúne trece relatos que convierten el mundo en un escenario de erotismo sáfico, donde cada destino detona una forma distinta de deseo y descubrimiento. Nuestra queridísima y premiada autora Thais Duthie teje historias ambientadas en lugares tan diversos como Oporto, donde una joven tropieza con el placer entre libros prohibidos en una librería, o Laponia, donde una huésped sucumbe a la seducción bajo la aurora boreal en una cabaña apartada, o incluso Acapulco, donde una pareja se lanza al vacío literal y metafórico en una playa. A través de estos viajes, el erotismo no solo es un componente de la trama, sino un motor que transforma a las protagonistas y redefine sus relaciones con el mundo y consigo mismas. El estilo evocador de Thais convierte cada relato en una experiencia sensorial singular en la que el deseo no conoce fronteras ni etiquetas, y donde la exploración del cuerpo y los paisajes se entrelazan íntimamente.

Por si te parece poco, ahora hay un motivo añadido para acercarse a su catálogo. Con motivo de San Valentín, Les Editorial ofrece un cinco por ciento de descuento en todos sus libros, además de un packaging especial en cada pedido realizado a través de su web. La oferta es válida hasta el 28 de febrero, lo que convierte este momento en una oportunidad perfecta para ampliar biblioteca o para iniciarse en su universo si todavía no lo conoces. El detalle del packaging no es menor: en un contexto en el que muchas compras online resultan impersonales, recibir un pedido cuidado, pensado y con identidad propia… pues mola mucho. Qué te vamos a contar.

Los matrimonios bostonianos o ‘convivir juntas para siempre’

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En la historia de las relaciones entre mujeres hay momentos de ruptura, de resistencia y de pura supervivencia. Y luego están las historias que transcurren en los márgenes, sin escándalos, sin pancartas y, hasta ahora, sin nombre. Durante el siglo XIX y principios del XX, muchas mujeres, sobre todo en Estados Unidos, eligieron una forma de vida que no encajaba en la lógica matrimonial tradicional, pero que tampoco podía ser nombrada con claridad en su época. Compartían casa, recursos, afecto, compañía e incluso un proyecto de vida. La historia oficial las etiquetó como compañeras de piso, solteronas elegantes o amistades íntimas. Sin embargo, desde hace décadas, las historiadoras feministas y queer han rescatado un término que nos permite mirarlas con otra perspectiva: matrimonios bostonianos.

El concepto de Boston marriage empezó a utilizarse a finales del siglo XIX en Estados Unidos, especialmente en la región de Nueva Inglaterra, y aludía a la convivencia estable entre dos mujeres independientes que no estaban casadas con hombres y que vivían juntas, a menudo durante décadas. El nombre se popularizó tras la publicación de la novela The Bostonians (1886) de Henry James, que relata la relación intensa entre dos mujeres, Olive Chancellor y Verena Tarrant, envuelta en un triángulo emocional con un hombre. Aunque el libro no menciona explícitamente una relación lésbica, los matices emocionales, la convivencia y la rivalidad romántica han llevado a leerlo como un reflejo de estos vínculos femeninos que desafiaban la norma sin declararlo abiertamente. No está demostrado que el término surgiera por esa novela, pero su influencia fue clave para que el fenómeno se denominara así.

En su mayoría, estas parejas eran mujeres blancas, de clase media o alta, con formación académica y cierta independencia económica. Algunas eran profesoras universitarias, escritoras, activistas o herederas. El Mount Holyoke College, el Wellesley College y otras instituciones femeninas de Nueva Inglaterra se convirtieron en espacios donde florecieron estas relaciones. En un contexto en el que el acceso de las mujeres a la educación y a la autonomía era todavía limitado, muchas optaron por compartir su vida con otra mujer como alternativa real al matrimonio heterosexual, que solía suponer la pérdida de derechos civiles, la subordinación legal y una existencia doméstica definida por la dependencia del marido. Vivir con una compañera se leía, en muchos círculos progresistas, como una forma de respeto mutuo, de afinidad intelectual y de libertad individual. En realidad, lo era todo eso, pero también una forma de amar fuera del marco normativo.

La sexualidad de estas relaciones ha sido debatida extensamente. Historiadoras como Lillian Faderman, pionera en los estudios de lesbianismo histórico, señalan que muchas de estas mujeres probablemente mantuvieron vínculos eróticos, aunque no podamos probarlo con certeza por la falta de documentación explícita. La censura, la autocensura y la moral de la época borraban las huellas más visibles de la sexualidad entre mujeres, pero las cartas que conservamos muestran afectos intensos, promesas de por vida, celos, y declaraciones que hoy difícilmente podríamos clasificar como simples muestras de amistad. Faderman señala que estas relaciones eran tan comunes en determinados contextos que incluso estaban socialmente toleradas, siempre que no se cuestionara abiertamente la heterosexualidad normativa. A esto se le ha llamado, en términos académicos, «heterorromantic friendship» o “amistad romántica heterosexualizada”, un mecanismo que permitía expresar amor entre mujeres sin ser condenadas públicamente por ello.

Algunos ejemplos concretos dan cuerpo a este fenómeno. Sarah Orne Jewett, reconocida escritora de la literatura norteamericana del XIX, mantuvo una relación de más de 25 años con Annie Adams Fields, viuda del editor James T. Fields y figura destacada en los círculos literarios de Boston. Vivieron juntas desde la muerte del marido de Annie y compartieron no solo su residencia sino también una intensa correspondencia, viajes y una vida social común. En sus cartas, Jewett se refiere a Annie como su “querida compañera del alma”. Otro caso emblemático es el de Mary Woolley, presidenta del Mount Holyoke College, y Jeannette Marks, profesora de literatura inglesa en la misma institución. Su relación duró más de 45 años, y compartieron no solo casa, sino ideales feministas, formación de alumnas, vacaciones y un compromiso vital que hoy llamaríamos pareja. También destacaron Edith Lewis y Willa Cather, esta última una autora galardonada con el premio Pulitzer en 1923. Vivieron juntas en Nueva York durante más de 40 años, y aunque siempre se refirieron la una a la otra como amigas, la solidez de su vínculo y la dedicación mutua han llevado a muchas investigadoras a considerarlas parte de este mismo modelo.

Edith Lewis y Willa Cather

Los matrimonios bostonianos no fueron exclusivamente norteamericanos, pero en Estados Unidos encontraron un terreno propicio por el auge de las universidades femeninas, el espíritu reformista del norte, y una clase de mujeres cultas que empezaban a imaginar vidas fuera del modelo patriarcal. Sin embargo, este tipo de relación también puede rastrearse en Europa, especialmente en círculos intelectuales británicos, donde escritoras como Vernon Lee o Radclyffe Hall convivieron con otras mujeres en relaciones de larga duración, aunque con menos permisividad social.

Hoy, releer sus vidas desde otra mirada más contemporánea no implica forzarlas a entrar en nuestras etiquetas actuales, sino entender que sus formas de estar juntas fueron políticas, aunque no se nombraran como tales. Y también reconocer que muchas de ellas eligieron el amor y la libertad, aunque tuvieran que disfrazarlo de amistad educada. En los márgenes de la historia oficial, las mujeres que compartieron techo, cama y corazón abrieron un camino que, aunque sin nombre, sigue siendo profundamente nuestro.

Hayley Kiyoko vuelve a ‘Girls Like Girls’ en forma de película

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Hay canciones que se quedan asociadas a una época concreta y luego está Girls Like Girls. Para muchas no fue solo un videoclip, fue una revelación íntima, algo que se veía en silencio, con auriculares, con esa mezcla de nervios y alivio que llega cuando una entiende que no está sola. Casi diez años después, Hayley Kiyoko regresa a ese mismo universo, pero desde otro lugar. Girls Like Girls deja de ser el videoclip que teníamos en repeat y se convierte en una película.

La película, escrita y dirigida por Kiyoko, plantea una historia nueva, pensada desde el deseo entre mujeres y no desde su traducción para el público heterosexual. Las protagonistas serán Maya da Costa y Myra Molloy, dos actrices jóvenes que encarnan una historia de atracción y vínculo lésbico sin dramatizaciones impostadas ni castigos narrativos de manual. La trama, cortita y al pie: Se trata de una historia de adolescencia ambientada a lo largo de un verano bañado por el sol, en el que Coley, la chica nueva del pueblo, se enamora por primera vez mientras aprende, al mismo tiempo, a aceptarse a sí misma.

Hayley Kiyoko recupera una de las referencias culturales más significativas para toda una generación de chicas queer y la expande en un formato que permite respirar, habitar los cuerpos y dar espacio real al deseo entre mujeres. Que lo haga ahora tampoco es casual, y es que estamos en un momento en el que parece que andamos peor de referentes y visibilidad que cuando se estrenó el clip. El próximo 19 de junio se estrena en Estados Unidos y, la verdad, tenemos bastantes ganas.

El roce entre Amaia Salamanca y Blanca Romero ya se huele desde el tráiler en ‘Pura sangre’

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Pura sangre

Telecinco estrena este próximo miércoles 28 una nueva serie, Pura sangre y, con solo dos minutos de avance, ya ha conseguido lo que muchas series no logran ni en una temporada entera, y es que estemos hablando de miradas, silencios y tensión antes incluso del estreno. Dentro trailer y hablamos.

La trama promete thriller familiar, secretos, poder y conflictos heredados. La trama promete Yellowstone, vamos. Pero también algo mucho más concreto y que tiene que ver con la manera en la que nos han presentado a los personajes de Amaia Salamanca y Blanca Romero. No hace falta forzar demasiado la lectura para notar que saben darnos lo que queremos.

En Pura sangre, Blanca Romero da vida a la teniente Alicia Hermida, una mujer que ha cambiado la intensidad de la UCO por la calma de un pequeño pueblo sin imaginar que lo que buscaba como refugio va a convertirse en un terreno de tensiones y secretos. Hermida llega al SEPRONA con la idea de tener una vida “más tranquila”, pero pronto se ve inmersa en la investigación del envenenamiento de varios caballos de pura raza en la finca de La Galana, lo que destapa conflictos que estaban enterrados bajo la superficie. Más allá de su papel profesional, el personaje se articula como alguien con una historia personal marcada por la determinación de ser madre, y nada más llegar le hace ojitos a Miranda Acuña, una mujer marcada por el peso del apellido, del poder y de una herencia que no es solo económica, sino también emocional. Miranda, interpretada por Amaia Salamanca, pertenece a una familia influyente vinculada al mundo ecuestre y vive rodeada de privilegios, pero también de silencios incómodos, lealtades forzadas y secretos que se han normalizado con el paso del tiempo. La una que le echa un piropo + la otra que tiene secretos= aquí vamos a tener trama.

¿Cómo pinta esto? Pues pese a que el reparto de la serie tiene nombres interesantes como Ángela Molina o Pedro Casablanc, tenemos un total de cero esperanzas puestas en que sea ni remotamente parecido a otras series del mismo tono y completamente adictivas como Gran reserva, por ejemplo. ¿Significa esto que no la veremos? A ver. Somos lesbianas. Veremos los resúmenes en Youtube como se viene haciendo desde tiempos inmemoriales y, además, si tenemos un día tonto igual nos la ponemos de fondo para planchar. De todos modos, seguiremos informando.

Vía: Diez Minutos

Las series españolas más vistas de Netflix tienen toque croqueta

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Hay rankings que se publican como quien enseña una tabla de Excel y hay rankings que, si se miran con un mínimo de intención, cuentan otra historia distinta. El de las series españolas más vistas de Netflix ahora mismo pertenece claramente al segundo grupo. Porque más allá de los millones, que son muchos y muy serios, lo que aparece es un patrón en quñe historias queremos contar.

Estamos hablando de cifras altas, muy altas, y aunque sean en toque Netflix (esto es, dadas a su manera y no con usuarios únicos), la verdad es que impresionan. El refugio atómico suma 28,2 millones de visualizaciones. Olympo se mueve en torno a los 23 millones. Manual para señoritas alcanzó los 18,2 millones antes de ser cancelada. Machos Alfa, ya en su cuarta temporada, rondaba en la pasada los 10,7 millones. Valeria cierra su recorrido con 8,8 millones y Respira mantiene más de 8 millones en su segunda temporada. No estamos hablando de nichos. Estamos hablando de consumo masivo. Y en todas hay croquetas.

El caso de El refugio atómico, con todas sus movidas que son MUCHAS, es especialmente significativo. Con casi treinta millones de visualizaciones, la serie no solo ha funcionado a nivel de suspense y ritmo, sino que lo ha hecho colocando en el centro una relación entre mujeres. Vamos a jugar a taparnos los ojos con el final y demás, y vamos a centrarnos en que exista. Olympo juega a otra cosa, pero no menos reconocible. Más de veinte millones de personas han visto una serie donde Zoe y Jennifer se mueven en ese terreno tan poco inocente de la tensión sostenida, de las escenas que duran un segundo más de lo habitual, de las miradas que no se explican pero se entienden. Netflix sabe perfectamente lo que hace ahí.

Especialmente sangrante es lo de Manual para señoritas, con más de dieciocho millones de visualizaciones. Funcionó, tuvo público y generó conversación. Aun así, fue cancelada. No porque no interesara, que a la vista está que sí, sino por los golpes de timón que a veces desde fuera no tienen explicación. Los datos estaban ahí. La apuesta no continuó.

Machos Alfa resulta casi paradójica. Una comedia sobre hombres desubicados que termina ofreciendo una de las relaciones lésbicas más visibles del audiovisual. Luz y Paz, incorporadas en las últimas temporadas, no aparecen como chiste ni como contraste simpático. Son una pareja con conflictos reales, con recorrido y con presencia constante. Con sus movidas y sus imperfecciones, pero están tratadas como el resto de parejas de la serie. Y oye, en el ranking.

Valeria, con casi nueve millones de personas siguiendo su cuarta temporada, no estña tampoco nada mal. Respira, por su parte, ocho millones de visualizaciones para una serie que se atreve a mostrar una pareja de mujeres enfrentándose a la maternidad sin idealizaciones. Rocío y May discuten, se cansan, se equivocan y chocan con una realidad que no está pensada para ellas, y que hay que leer en el contexto de la serie, esto es, siempre dos puntos por encima de la realidad.

Este ranking no es solo una lista de éxitos. Es una radiografía cultural bastante clara. Las series españolas más vistas de Netflix tienen toque lésbico porque el consumo ha cambiado. Porque nosotras estamos ahí y miramos, comentamos, recomendamos y sostenemos audiencias. Y porque, contra todo pronóstico catastrofista, el resto del mundo no se rompe cuando dos mujeres se quieren en pantalla. Aquí podemos meternos en el debate de si la representación por sí misma es un valor, si es preferible que no haya a que sea mala, y mil cosas más. Pero el caso es que parece que en cada estreno patrio estamos por ahí rondando. Y, no sé, yo creo que está bien.

5 regalos eróticos infalibles

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¿Quieres hacer un regalo original y que deje huella? Pues te propongo que eches un vistazo a las últimas tendencias del sector erótico. Regalar un producto pensado para el placer puede que no sea tu primera opción, pero, sin duda, va más allá del típico regalo, y te voy a dar tres razones:

  • Va más allá de un objeto físico, porque fomenta la experiencia del placer, la curiosidad y el conocerse mejor. Es un regalo que se explora y se vive.
  • Promueve el autocuidado y el bienestar. Esos momentos con nosotres mismes hacen que nos anclemos al presente y disfrutemos de los beneficios del placer.
  • Nos ayuda a conocernos mejor, porque el placer va de escuchar y reconectar con nuestro cuerpo.

A pesar de estas razones de peso, elegir la mejor opción puede ser una tarea desafiante. Y no es para menos, porque cada vez hay más posibilidades y más opciones. Es por eso que hoy te recomiendo 5 regalos eróticos infalibles que he probado (y disfrutado) yo misma y que son garantía de éxito total.

El elixir intensificador del orgasmo de Inty Essentials

Este pequeño bote esconde un elixir maravilloso: un aceite que potencia las sensaciones en las zonas erógenas. Basta con aplicar unas gotas en el clítoris o en el glande para que empecemos a notar un efecto calor intenso y hormigueante que encenderá nuestro placer y nos hará sentir cada caricia o estímulo amplificado.

Se trata de una sinergia de varios aceites esenciales, entre ellos romero y menta piperita, que ayudan a crear esa sensación de calor. El aceite de almendras dulces como base aporta suavidad y nutrición para cuidarnos mientras disfrutamos. Es una fórmula vegana y natural en un 98,7 %, libre de fragancias sintéticas, parabenos, glicerinas, glicoles y siliconas.

Es ideal para… esa persona que quiere explorar nuevas sensaciones y busca productos respetuosos con el cuerpo.

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Evii, el refrescante masajeador de Biird

Este es uno de los superventas de esta marca tan original y creativa, y no es para menos. Es un masajeador externo creado para estimular el clítoris y otras zonas erógenas cuyo diseño se ha llevado ya dos premios. Con esa apariencia fresca y divertida que nos recuerda a un exprimidor, tiene un acabado suave y ergonómico para complacer hasta a las vulvas más exigentes.

Su forma nos permite disfrutar de una estimulación precisa en la punta o más difusa en la parte redondeada. Además, cuenta con dos motores y una tecnología innovadora que ofrece vibraciones de un rango de intensidad que va desde un murmullo suave a un potencia considerable. Así podremos disfrutar de los 8 modos de vibración y sus 6 intensidades y recargarlo en su base de carga para cuando lo necesitemos.

Pero los productos de Biird todavía esconden otro secreto: la experiencia. Desde la caja, la marca nos invita a rendirnos al placer con un storytelling y una estética cuidadísimos.

Es ideal para… quien busca un juguete con encanto, pero con potencia que promete muchas noches de placer.

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Ruri, el masajeador de Iroha que te seduce con el canto de las ballenas

No todos los juguetes eróticos son iguales, y esta marca japonesa lo tenía muy claro cuando diseñó este juguete en colaboración con Kiko Mizuhara. Iroha ha desarrollado un vibrador para estimular la zona G, pero lo hace con un diseño sublime y una tecnología inspirada en los misterios del mar.

Su forma curvada hace que la estimulación sea agradable y fluida, así como su acabado en silicona antipolvo y muy suave. Pero lo más curioso es que funciona con una tecnología llamada HapticWave, que transforma las ondas sonoras en vibraciones. Está basada en una frecuencia de sonido concreta que genera vibraciones más profundas.

Podremos disfrutar de 10 modos de vibración, 5 de ellos relacionados con el mar, como los que simulan el sonido de las olas, las burbujas de las profundidades o las canciones de las ballenas. Podemos graduar la intensidad en tres niveles.

Es ideal para… amantes del mar y de la naturaleza que quieren vivir experiencias trascendentes y profundas.

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Puro lujo con Gigi 3 de LELO

Tras dos versiones anteriores de este juguete que fueron superventas, esta marca sueca vuelve a la carga con una versión todavía mejor: Gigi 3. Es un vibrador para estimular la zona G con una característica punta plana pero redondeada exquisita para acariciar nuestros puntos más sensibles.

Con un tamaño medio, ergonomía, firmeza y suavidad en sus acabados, también cuenta con un motor potente con 8 patrones de intensidad regulable. Es silencioso, sumergible y tiene un as bajo la manga: se puede conectar con la aplicación de la marca.

Una vez sincronizado, se nos abre un mundo de posibilidades. De hecho, podemos desbloquear otros dos modos avanzados, controlar el juguete desde el móvil, leer relatos eróticos del blog en la misma aplicación o cederle el control del vibrador a otra persona esté donde esté.

Es ideal para… quienes quieren la última tecnología, lujo y un diseño elegante y sofisticado que garantice potencia y un placer exquisito.

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El lubricante personal imprescindible de Bijoux Indiscrets

Un buen lubricante es esencial. Más allá de aportar lubricación, hace de la masturbación o el sexo un momento más agradable y con menos fricción. Si, además, utilizamos uno que también nos cuida… entonces estamos ante la fórmula perfecta.

El lubricante de la colección Sex au naturel es una de las fórmulas más naturales y respetuosas con el cuerpo y con la vulva que encontrarás en el mercado. Huye de glicerina, perfumes, colorantes, parabenos y otros componentes innecesarios y nos ofrece algo mucho mejor: una combinación que cuida de la microbiota de nuestra zona íntima. Lo hace gracias a sus 5 ingredientes: ácido hialurónico, pantenol, bioecolia, aloe vera y ácido láctico.

Por un lado, aumenta la lubricación natural sin alterar el pH y, por el otro, aporta hidratación y elasticidad. Su textura fluida y la ausencia de aromas y perfumes lo hace ideal incluso para los cuerpos más sensibles y las personas que prefieren alternativas más saludables.

Es ideal para… cualquier persona. Todo el mundo debe tener un lubricante en la mesita de noche, preferiblemente uno que nos cuide de verdad como este.

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Como ves, hay opciones para todos los gustos y, si necesitas otras ideas, cualquiera de estas marcas es muy recomendable. El secreto está en elegir el vibrador o producto cosmético más adecuado para conquistar el placer de esa persona afortunada y regalarle una experiencia que va más allá de lo mismo de siempre.

¿Higiene íntima? Cuídate con las espumas de Iroha

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Una de las preguntas que más resuenan últimamente en relación al cuidado íntimo es esta: ¿lavarse solo con agua o con agua y jabón? Los estudios más recientes sobre la higiene de la vulva no son concluyentes, porque no hay evidencia suficiente como para recomendar un método óptimo para todas las personas con vulva.

Aun así, sí hay consenso sobre el uso de los productos inapropiados, como gel de ducha, jabones fuertes, duchas vaginales… Este tipo de jabones están diseñados con un pH neutro, perfumes u otros ingredientes agresivos, que son los mayores enemigos de una zona tan delicada como lo es la vulva. Esto puede llevar a un desequilibrio en la microbiota (el ecosistema de la zona) y generar irritación, sequedad, picores o infecciones, que se retroalimentan con el uso frecuente de estos productos convencionales.

En resumen: que es una decisión personal mientras se utilicen los productos adecuados. En mi caso, utilizo jabones específicos para la zona de manera esporádica, que me resultan muy agradables de utilizar sobre todo después de hacer deporte, mantener relaciones sexuales o durante los días de menstruación. Quédate con esto: la vagina (zona interna) en sí misma no necesita ningún tipo de producto, y la zona externa, la vulva, se puede limpiar con agua o un jabón íntimo que cumpla ciertos requisitos. Pero ¿cómo es el jabón íntimo ideal?

  • Con un pH adecuado. El pH nos indica si un líquido es ácido, neutro o alcalino, y su función en el cuerpo es mantener el equilibrio químico de cada zona. La vulva tiene un pH más ácido que el resto del cuerpo, por eso necesitamos un limpiador que también tenga un pH ácido para igualarlo y asegurarnos de que no interferirá con la flora vaginal.
  • Sin perfumes excesivos. Las fórmulas demasiado perfumadas emplean ingredientes que pueden resultar irritantes, por lo que es mejor optar por aromas ligeros.
  • Sin alcohol. El alcohol reseca y puede alterar el equilibrio.
  • Tensioactivos suaves. Estos son los ingredientes que actúan como limpiadores, entre los cuales, podemos encontrar algunos agresivos como sulfatos y otros más gentiles, que son los que debemos priorizar.
  • Ingredientes protectores. Además de la función de limpieza, es interesante que el producto cuente con algún componente que hidrate, como ácido hialurónico, aloe vera o ceramidas.
  • Fórmula hipoalergénica. Cuando un producto es hipoalergénico quiere decir que no utiliza ingredientes que suelen dar alergia, entre ellos algunos que he mencionado más arriba que conviene evitar. Su composición lo hace apto para pieles sensibles.
  • Solo para uso externo y fácil de aclarar. Los formatos demasiado densos pueden hacer que queden restos, por eso es mejor optar por texturas más ligeras y sencillas de aplicar y retirar.

Parecen demasiados requisitos, y es normal que tras leer todo esto sientas que encontrar el jabón íntimo adecuado es casi imposible. La realidad es que los hay de todos los tipos: algunos de baja calidad y otros de alta calidad, en diferentes formatos y texturas, con aroma y sin aroma… A mi modo de ver, es importante evitar los jabones íntimos de baja calidad, como los que solemos ver en el súper, y priorizar fórmulas más naturales que, tal vez, no son las que se recomiendan en las farmacias. En mi búsqueda del jabón íntimo perfecto descubrí esta novedad de Iroha: unas espumas para lavar la zona íntima que cumplen con el listado que acabo de compartirte, por lo que son una opción excelente si decides utilizar un jabón para la vulva.

Estas espumas han sido diseñadas con el mismo mimo que el resto de los productos de esta marca japonesa, y es algo que vamos descubriendo a medida que nos adentramos en su formulación. Lo más importante: cuentan con un pH equilibrado, porque ya hemos visto que para una zona tan delicada como lo es la vulva no sirve un gel corporal u otro destinado al cuidado de otra zona. Según nos cuenta la marca, el pH vaginal normal oscila entre 3,8 y 5, justo donde se ubica el pH de las espumas:

Con un pH adecuado, logramos que la piel siga manteniendo su poder de limpieza natural, las bacterias estén controladas y evitemos picores u olores. No obstante, hay que tener en cuenta que la vulva huele a vulva, así que un olor ligeramente ácido e incluso más fuerte después de practicar ejercicio o sexo y metálico cerca de la menstruación es normal. Sí debemos consultar con alguien profesional cuando existe un olor muy fuerte, desagradable, dulce o químico, ya que puede ser señal, entre otras, de candidiasis, infección o vaginosis bacteriana.

Volviendo a las espumas íntimas de Iroha, su fórmula ligeramente ácida es ideal para el cuidado de la vulva, y es algo que notamos desde el primer uso. En contacto con la zona es gentil, no pica ni escuece, y deja una sensación suave en la piel.

A ello también contribuye su textura: una espuma ligera que hace que la aplicación sea sencilla y también resulte fácil de aclarar. Vienen en un formato de 150 ml y un dosificador que transforma el líquido en espuma. Aunque la marca recomienda dos presiones de producto por lavado, a mí me ha bastado con una.

Además, ninguna de las tres espumas contiene parabenos, siliconas, aceites minerales, colorantes, fragancias sintéticas ni alcohol. De hecho, es una fórmula con ingredientes naturales que contiene aceites esenciales, claves para ese efecto hidratante en la piel. Gracias a la cuidadosa selección de ingredientes, es un producto apto también para pieles sensibles, y doy prueba de ello como alguien que sufre por piel reactiva. En cualquier caso, recuerda que su uso es exclusivamente externo, el producto no debe utilizarse de manera interna.

Las espumas están disponibles en tres variedades diferentes en cuanto al aroma, ingredientes y color del envase:

Verde: bergamota y naranja amarga

Tiene un aroma herbal relajante. Contiene ácido hialurónico y colágeno, y más de quince aceites esenciales. Es ideal para cuidar e hidratar la piel.

Rosa: rosa de damasco y geranio

Si prefieres los aromas florales, esta es tu espuma. Además del ácido hialurónico y el colágeno, también lleva ceramidas (ideal para aportar hidratación y mantener la barrera cutánea) y diferentes aceites esenciales. Por esta razón es algo más hidratante que la espuma verde, y también contribuye al control de olores.

Naranja: cítricos dulces

Huele cítrico y refrescante, y es que contiene varios aceites esenciales cítricos que aportan un olor delicioso. También lleva ácido hialurónico, colágeno y ceramidas, lo que lo hace ideal para hidratar y controlar los olores.

Una de las características que más me han cautivado de estas espumas, además de la suavidad en la aplicación y en cómo dejan la piel, es su aroma. Lo cierto es que más arriba te recomendaba esquivar los productos con aromas fuertes porque suelen reproducirlos con perfumes, pero, en este caso, los aromas de las espumas se han logrado gracias a los aceites esenciales que aportan olor y sus respectivas propiedades. Las tres variedades ofrecen aromas muy bien logrados y naturales. Aunque nunca he sido muy de cítricos, mi favorito ha sido precisamente el de la espuma naranja porque es un aroma sutil y equilibrado.

Me parece especialmente interesante transformar un acto rutinario como puede ser una ducha en un ritual que nos ancle al presente y nos ayude a cuidarnos de forma más consciente, sobre todo en una actualidad consumida por la incertidumbre como en la que nos encontramos. Los estímulos físicos nos ayudan a lograrlo, como la textura de la espuma o los aromas únicos de las tres variedades. Si nos asomamos al mundo de la aromaterapia, descubrimos todavía más propiedades que te aconsejo explorar (y disfrutar) oliendo la espuma en tus manos antes de aplicarla en la vulva:

El aroma de la espuma verde: bergamota y naranja amarga

  • Algunos ingredientes (bergamota, lavanda y mejorana) son relajantes, reducen la tensión y aumentan la tranquilidad
  • Otros como la naranja dulce y amarga, el may chang y el ylang ylang mejoran el estado de ánimo y el equilibrio emocional de manera sutil
  • Las notas herbales (eucalipto, pino, laurel y ciprés japonés) aportan frescor y claridad mental
  • El vetiver y la madera de cedro nos hacen sentir una sensación de estabilidad y ayudan a liberar estrés acumulado

El aroma de la espuma rosa: rosa de damasco y geranio

  • Las flores (rosa de Damasco, geranio e ylang ylang) reducen el estrés y la tensión, generan confort y sensación de bienestar
  • Los aceites de bergamota, ciprés, vetiver y flor de naranjo amargo transmiten serenidad y rebajan la ansiedad
  • Los arbóreos (may chang, pino y árbol del té) le dan un punto de frescor y sensación de purificación

El aroma de la espuma naranja: cítricos dulces

  • Los cítricos (pomelo, mandarina, naranja, lima y limón) son energizantes y ayudan a elevar el ánimo
  • El eucalipto es refrescante, aporta sensación de limpieza
  • El cedro transmite seguridad y calma, rebaja la sobrestimulación que puede aportar la familia cítrica.
  • El jengibre aporta calidez

Como ves, un acto que a menudo hacemos en piloto automático se puede transformar en un gesto muy pensado para nuestro cuidado físico y también emocional. Aprovechar los beneficios de la aromaterapia en unas espumas íntimas me parece una apuesta inteligente y efectiva que puede hacer de un baño al uso un momento tranquilo donde conectar con nosotres mismes al mismo tiempo que protegemos nuestra salud íntima.

En definitiva: las nuevas espumas de Iroha son todo un acierto si eres de quienes prefieren la sensación de limpieza que deja un jabón íntimo. Son productos respetuosos con la zona, con la piel, agradables de utilizar por su formato espuma y con numerosos beneficios en diferentes ámbitos. Sin duda, un básico para el día a día que se ganará un merecido lugar en el estante de la ducha.

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