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Tentando a Eve, reseñando la segunda temporada de ‘Killing Eve’

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Promo de la segunda temporada de Killing Eve

Nota: sí, evidentemente, hay spoilers.

Spoiler alert

Killing Eve acababa con un gran momento de suspense o, si lo preferís, con un cliffhanger catedralicio en el que Eve (Sandra Oh) apuñalaba, casi sin querer, a nuestra dicharachera asesina Villanelle (Jodie Comer). Quizá por eso, cuando me aposenté en mi sofá para iniciar esta segunda temporada, esperaba un primer episodio más sosegado, incluso con un pequeño salto temporal. Pero ¡bum! Se abre el telón y seguimos apenas unos segundos post-apuñalamiento después… ¡Déjame respirar, serie!

Tras este frenético inicio la cosa «se relaja» ligeramente, pero esta entrega no pierde un ápice de ritmo ni tensión a lo largo de sus ocho episodios.

Killing Eve, promo Eve y Villanelle

Emerald Fennell ha tomado el control de la sala de guionistas con mano suave aunque firme. Hay un pequeño cambio de enfoque, pero se mantienen los puntos fuertes de Killing Eve: una trama centrada en los personajes, una estética cien por cien al servicio de la historia y un equilibrio perfecto entre lo perturbador y lo humorístico.

A pesar de que algunos críticos han cuestionado la «necesidad» de una segunda temporada (me gustaría también saber cuándo se considera «necesaria» una segunda parte) soy una firme defensora de su existencia. No sólo se produce una evolución de los personajes, especialmente relevante en Eve, sino que no nos alejamos tanto de la trama de espías como parece en un principio. Queda especialmente claro una vez llegamos al 2×08 y todas las piezas están sobre el tablero. Aunque el conflicto del M16 y Los Doce nunca ha sido lo más importante en Killing Eve, no se puede desdeñar el interés de la continuación de esta trama y su impacto en el desarrollo de la historia: Eve y Villanelle pasan de pilla-pilla particular a ser dos peones, dos víctimas en un juego mucho más grande.

Cómo humanizar a tu asesina

Jodie Comer ha encandilado a todo el mundo y su abuela con su interpretación de una asesina completamente despiadada, bastante infantil y francamente divertida. El guión nunca se cansa de recordarnos que estamos ante una ¿psicópata? que disfruta matando, pero es muy difícil no quedar fascinada ante su desparpajo, encanto y su sentido de la moda.

via GIPHY

Una de las formas más inteligentes de hacernos empatizar con Villanelle ha sido enfrentarla a otros monstruos, compararla con seres que a nuestros ojos son claramente «peores». Tenemos un depredador que mantiene presa a su madre y encierra a una joven «inocente», un psicópata frío y obseso con el control incapaz de disfrutar de ningún placer de la vida teniéndolos todos al alcance de la mano y un asesino brutal e idiotizado que vigila todos sus movimientos. Visto así, Villanelle se nos muestra entre luces y sombras más que en una oscuridad absoluta.

¿Su obsesión con Eve Polastri? Sigue muy en firme. ¿Qué mayor prueba de amor hay que un cuchillo clavado en el abdomen? Eve debe estar totalmente pillada. Luego hablamos de ello.

La corrupción de Eve

Uno de los aspectos más destacables de esta temporada es el arco de Eve. Si en la anterior entrega ya mostraba fisuras en su personalidad, en principio honrada y de carácter bondadoso, en esta segunda parte, las grietas han provocado una fractura en el núcleo de la identidad del personaje.

La obsesión de Eve con Villanelle la ha llevado siempre a actuar de forma impulsiva y catastrófica para su vida personal y profesional: problemas en el trabajo, problemas con su marido, la muerte de su mejor amigo… Apuñalar a Villanelle sirve para ir un paso más allá y marcar el inicio de una Eve que coquetea con sus impulsos más oscuros… Tanto sexuales como homicidas, llegando a plantearse que se sentiría al matar a alguien más allá de lo hipotético.

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¿Killer Eve?

La Eve de esta temporada está destrozada y es una gozada asistir a su viaje al fondo del pozo que, creo, culmina con un despertar (vale, y un disparo también) a una mezcla más positiva entre la Eve del inicio y la que hemos visto en esta entrega. Lo que me lleva al siguiente punto.

Villaneve, el romance imposible

Las convenciones de toda película romántica se retuercen deliciosamente, casi todas con una doble lectura. Tenemos celos, «peleas de enamoradas» y mucha, mucha (muchísima, jo) tensión sexual no resuelta. (El «trío» del 2×07 no vale.)

Esto me recuerda nuestra primera cita

La obsesión de Villanelle con Eve y viceversa no hace sino progresar a lo largo de los episodios. Podemos hasta llegar a creer un poco a Villanelle, desde luego en su cabeza y peculiar forma de pensar, su amor por Eve es sincero. Por otro lado, Eve está lo suficientemente perdida para que un romance auténtico parezca posible… durante medio capítulo más o menos.

Pelín posesiva, Villanelle

Cuando llega el final, la ilusión se deshace incluso antes del bang final. El amor que usa la manipulación y está dispuesto a alterar la auténtica personalidad de un individuo, no es amor. Que Eve vuelva en sí y renuncie al «idílico» futuro que Villanelle propone es consecuente con su personaje y con todo el desarrollo de la malsana obsesión que comparten las protagonistas.

Los secundarios

Enriquecen la serie y están tremendos en sus respectivos papeles. En realidad no tengo mucho más que añadir, es que cualquier momento es bueno para mencionar lo que mola Carolyn y la actriz que la interpreta, Fiona Shaw, croqueta extraordinaria. Y es que Carolyn juega con todos los personajes como una gran marionetista y por ahora le está saliendo todo perfecto… ¿seguirá así de bien en la tercera temporada?

Hablemos de Queerbaiting

Las declaraciones de Sandra Oh en la revista Gay Times revolvieron un poco las aguas del agitado mar tuitero cuando declaro:

«Hacéis algo de trampa porque queréis convertirlo en una cosa… que no es. Por eso también creo que la sexualidad y el descubrimiento de la amplitud que puede alcanzar la sexualidad es el tema de la serie; el porqué le interesa a la gente. No se trata de una cosa u otra.»

Sandra Oh en Killing Eve interview: Sandra Oh and Jodie Comer discuss their characters’ sexuality, Gay Times

Una declaraciones que han sido usadas para tachar la relación de Villaneve como queerbaiting. ¿Pero podemos hablar de queerbaiting cuando uno de los personajes principales es abiertamente bisexual? Y no se cortan en dejarlo bien claro en la serie. ¿O cuando el otro personaje principal siente una atracción sexual evidente? Como dice Oh, el «romance» entre Eve y Villanelle es algo que «no es», o algo que no puede ser, por el propio carácter de los personajes en la actualidad. Pero esto no invalida el lado sexual de su obsesión mutua, ni la sexualidad de Villanelle. Quizá debemos diferenciar el lado más shipper del argumento real de la serie.

Dicho esto, shipear Villaneve es una de las cosas más divertidas que puedes hacer y lo recomiendo muy mucho. Como le leí a Noelle Stevenson en un tuit, ¿y si al final Villanelle e Eve son un matrimonio jugando el rol play más elaborado de la historia? Ideaca para fic es, eh.

https://www.youtube.com/watch?v=lcTe2Rw0qbI

Este artículo es subjetivo, personal y tienes todo el derecho a no estar de acuerdo =)

Gifs: cuando no proceden de giphy puedes acceder al autor mediante enlace directo pinchando en el gif.

Fuentes: esta muy recomendable entrevista a la showrunner de esta temporada en el New York Times, la polémica entrevista a Sandra Oh en Gay Times. La siempre útil página de imdb.

Las mujeres de la lista Forbes Business Pride Leaders 2026 que mueven la cultura y el audiovisual

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Croquetas, Forbes acaba de sacar su lista Business Pride Leaders 2026, ese reconocimiento con el que la revista señala cada año, al calor del Orgullo, a perfiles del mundo de los negocios que tiran del carro de la diversidad desde sus respectivos sectores. En la selección hay nombres de la banca, de la abogacía, de la hostelería de medio país y de la consultoría más seria, pero ya sabéis que lo nuestro es la cultura y la representación, así que hemos repasado a las mujeres de la lista y nos hemos plantado directamente en las que trabajan en lo artístico y lo audiovisual.

Y os cuento una cosa que viene al pelo: hace años, aquí en la sopa teníamos nuestra propia lista de mujeres de la comunidad que estaban moviendo cosas de verdad, y la fuimos dejando aparcada porque llegó un momento en que no aparecían nombres nuevos con capacidad real de cambiar… nada. Nos daba pereza repetir a las de siempre solo por rellenar. Pues bien, en 2026 hemos decidido retomar la idea, y justo por esto: porque hay mujeres que sí pueden mover el tablero, que de verdad pueden cambiar las cosas, y varias de ellas asoman en esta lista de Forbes. Así que vamos con ellas.

Empiezo por la que más ilusión nos hace, que para algo somos quienes somos. Laura Pedro (Barcelona, 1989) es supervisora de efectos visuales y la primera mujer que ganó un Goya en esa especialidad, abiertamente lesbiana y orgullosa de serlo. Se formó en la ESCAC, lleva años en El Ranchito y firmó los efectos de La sociedad de la nieve, el trabajo que le valió su tercer Goya, además de dos premios Gaudí, un European Film Award y un hueco en la shortlist de los Oscar. En 2024 recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y en la lista de Forbes aparece también como cofundadora de Orlando Films. Que una mujer bollera esté en lo más alto de un oficio tan masculinizado como el de los efectos especiales del cine español es justo el tipo de noticia que nos gusta contar aquí.

Seguimos en lo audiovisual con Alba Barneda, managing partner de CANADA, la productora barcelonesa que se ha convertido en una marca mundial del videoclip y la publicidad. Estudió Comunicación Audiovisual en la Pompeu Fabra y entró en la casa en 2008, casi recién nacida la productora, cuando todavía hacían piezas pequeñas para museos y para grupos indies. Desde ahí ha ido creciendo hasta dirigir la producción de la compañía, con sede en Barcelona y delegaciones en Londres y Los Ángeles. ¿Que de qué os suena CANADA? Pues de los videoclips de Rosalía, Dua Lipa, Bad Bunny o Katy Perry, entre otros muchos, y de mi faovrito en el mundo mundial, que es Invisible Light de Scissor Sisters. Vamos, que cada vez que os habéis quedado pegadas a un vídeo musical con una idea visual brutal, había bastantes papeletas de que detrás estuviera esta gente.

La tercera del bloque audiovisual es María Jesús Espinosa de los Monteros, que en la lista figura como directora de LACOproductora, la productora audiovisual de PRISA Media. Valenciana, licenciada en Comunicación Audiovisual y con un par de premios Ondas en la estantería, fue durante años la cabeza visible de Podium Podcast y directora general de PRISA Audio, así que conoce el sonido y la imagen por igual. Ahora pilota la producción audiovisual del grupo para televisiones y plataformas, en ese terreno donde el audio salta a la pantalla. Si escucháis pódcast en español, buena parte de lo que ha sonado bien estos años pasó por sus manos.

Cambiamos de tercio para irnos a las letras con Carme Riera, que en la lista figura como directora literaria de Alfaguara. Lleva una década en Penguin Random House y en estos años ha sido la editora de algunos de los nombres más potentes de la literatura internacional y en lengua española, desde Sally Rooney o Joan Didion hasta Ottessa Moshfegh, André Aciman, Eva Baltasar (que en esta casa nos tiene robado el corazón), Sabina Urraca, Marta Jiménez Serrano, Manuel Jabois o Paco Cerdà. Antes de dedicarse a la edición fue periodista en TV3 y en Telecinco, pasó por el diario Ara y ejerció de corresponsal en París. Nació en Barcelona y ahora vive en Madrid, y aquí viene lo que más nos pone: es una apasionada del tenis y de la música techno, y en su tiempo libre pincha como DJ y mueve la escena electrónica LGTBIQ+. O sea, que lo mismo te firma a una de las grandes novelistas del momento que te monta la noche en la pista.

Y como en esta casa Filmin nos cae especialmente bien, no podía faltar Pilar Toro, directora de Marketing y Comunicación de la plataforma y que también nos cae especialmente bien. Empezó fangirleando en twitter y dio el salto a Netflix, donde trabajó en las campañas de títulos como Elisa y Marcela, la película de Isabel Coixet sobre el primer matrimonio entre dos mujeres registrado en España, así que el cine con mirada propia lo lleva de serie. En Filmin defiende esa idea de plataforma de cine independiente que recomienda y editorializa, pensada para quien no se siente del todo cómoda en lo mainstream. Justo el tipo de catálogo donde una encuentra media filmografía sáfica sin tener que rebuscar demasiado.

Cierro el bloque cultural con Elizabeth Duval, que en la lista aparece como escritora y analista política y que es, probablemente, la voz más joven de toda la selección. Nació en el año 2000 y estudió Filosofía y Filología francesa en la Sorbona. Con poco más de veinte años ya tenía una obra publicada que iba de la poesía a la novela, con títulos como Reina o Madrid será la tumba (que está bastante bien). Mujer trans y referente mediático desde adolescente, entre 2024 y 2025 fue secretaria de Comunicación de Sumar, que explica lo de analista política. Da un poco de vértigo pensar todo lo que ha hecho ya con la edad que tiene.

Del resto de la lista, que también merece su aplauso aunque hoy nos hayamos centrado en lo cultural, me quedo con un par de proyectos que nos tocan de cerca: Ana Leal y Ana Gordillo, fundadoras de Lesbian Garros, y Eva Pérez Nanclares, abogada y presidenta de Lesworking, esa red profesional de mujeres lesbianas y bisexuales que tantas cosas hacen. Y luego está toda la artillería de los negocios, que repaso rapidito: Cristina Aranda (MujeresTech), la chef con estrella Michelin Nieves Barragán Mohacho, Cristina Bonaga y Yajaira Malavé al frente de La Gildería, Natalia Martos (Legal Army), Cristina Porta (Autocine Madrid), Virginia García y Paula Menéndez (In Wine Veritas), Sara Giménez y Sofía Bustin (Casto), Laura Jones (Save The Children), Susana Sánchez Gil (Fundación Unoentrecienmil), Carolina Sobrino de Montenegro (Montenegro Brokers), Marta Esclapés (Cushman & Wakefield), Violeta Fabé (Kyndryl), Miren Garay (Pluxee), Alicia García-Raboso (BBVA), Beatriz Toribio (Allianz Partners), Jimena Urretavizcaya (A&O Shearman) y Teresa Grana (CBRE Iberia).

La lista completa, aquí.

‘Este sitio me mata’, rosas, puñales y detectives

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Abby disfrutando en el teatro
Cubierta de "Este sitio me mata" de Mariko Tamaki y Nicole Goux.

El instituto. Esa época bella, dorada, en la que brillabas con el esplendor de la juventud. Esa fiesta continua que siempre recuerdas con un cariño inmenso ya que abarca los mejores añ… Espera. No. Rebobinemos un poco. Aunque conozco a un par de personas para las que esos años de instituto fueron los mejores de su existencia (un abrazo, espero que la vida mejore), conozco a muchas más (me incluyo), para las que representaron un pequeño infierno en la tierra. El lugar en el que se fragua la resiliencia, esa habilidad vital con la que se llenan la boca los psicólogos, esa “ventaja” nacida como herramienta de supervivencia en un entorno hostil. Y en un entorno hostil es en el que se mueve Abby Kita.

Corre el final de los años 80 en la academia femenina Wilberton y Abby ha sido transferida a un instituto en el que los grupos de amistades no sólo ya están creados, sino que son herméticos. Ignorada e incomprendida, la encontramos como un pingüíno en mitad del desierto, perdida en la fiesta tras el mayor evento de la academia: la representación del club de teatro. (Sí, han vuelto a representar Romeo y Julieta, es ineludible.) Y como tal, la seguiremos a lo largo de las casi trescientas páginas del cómic, desde el descubrimiento del cadáver de una compañera en el bosque que circunda la academia hasta la resolución del caso. 

Página doble de "Este sitio me mata", Abby en rosas, lleva un plato con un trozo de tarta y un tenedor clavado en ella, se mueve esquivando al resto de alumnas, en azul. En la otra página se potencia aún más lo aislada que está. Mientras Abby queda sola en la esquina superior derecha, el resto de los asistentes se concentran en la esquina inferior izquierda. De nuevo los dos puntos de vista remarcados por tonos de color diferente: Abby = rosas, muchedumbre =azules.

Como habréis adivinado, nos encontramos ante una historia juvenil de misterio con detective adolescente en la que el mayor atractivo es su protagonista, una joven con el mundo en contra y marcada por un pasado traumático, siguiendo algunas de las convenciones populares del género. Y lo digo de forma apreciativa, creo que Tamaki los usa muy a su favor.

La guionista trabaja la historia con solidez, destacando como suele en la construcción de personajes con Abby y Claire, su ambivalente compañera de cuarto. Una lástima que los, digamos, villanos de la historia, queden en esta ocasión algo planos, pero darles más cuerpo estropearía la posible sorpresa para las lectoras.

En cuanto al dibujo, Nicole Goux se mueve con habilidad en esa fusión de cómic independiente con manga que tanto nos hemos acostumbrado a ver en los últimos años y que, a nivel personal, disfruto mucho. Goux tiene un dibujo fluido coloreado con una paleta limitada de azules y rosados que funciona especialmente bien para las escenas nocturnas.

Estamos en el blog que estamos, así que, no os mareo más; sí, hay sáficas y es relevante que las haya. Eso sí, como buena historia en los ochenta que intenta ser realista, el nivel de homofobia se dispara a partir de cierto momento.

Resumiendo, que es gerundio. Este sitio me mata no sorprenderá a las más talluditas, sobre todo si son fans del género de misterio y suspense. Es sencillo averiguar hacia dónde apunta la sangre. Ahora bien, tampoco creo que lo pretenda, y el espacio que crea es uno cómodo de habitar como lectoras sáficas: academia femenina, club de teatro, muertes. Familiar, sí, pero con puntos que aún cuesta encontrar en este tipo de historias, personajes sáficos protagonistas y con peso real en la trama.

Para su público objetivo adolescente, sin embargo, puede ser una puerta de entrada maravillosa al género, con una protagonista queer que sufre pero persiste, alguien por quien no cuesta apostar ni empatizar. Y, en definitiva, una historia a la que volver en esos años difíciles de instituto. Y también mucho tiempo después.

Gracias a La Cúpula por la fantabulosa copia de prensa.

Podéis echarle un vistazo a las primeras páginas en calameo. Al final viene un descuentillo para la web de La Cúpula, en la que podéis comprar Este sitio me mata.

  • Ficha técnica
  • Este sitio me mata
  • 276 páginas, color, 15 x 22,6 cm
  • Rústica con solapas
  • Guion: Mariko Tamaki
  • Dibujo y color: Nicole Gaux
  • Traducción: Marina Borrás
  • Rotulación: Iris Bernárdez
  • Ediciones La Cúpula

Anna Kendrick dirigirá ‘Los siete maridos de Evelyn Hugo’ (y van ya tres directoras)

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Los siete maridos de Evelyn Hugo Netflix - portada del libro

Vale, respira. Si llevas siguiendo este culebrón con nosotras desde 2022, ya sabes que cada anuncio sobre la adaptación de Los siete maridos de Evelyn Hugo hay que cogerlo con pinzas, una tila al lado y el corazón un poco encogido. Pues hoy toca anuncio nuevo, y de los gordos: Anna Kendrick va a dirigir la película para Netflix. Sí, la Anna Kendrick de Pitch Perfect, la que muchas conocimos haciendo de humana entre vampiros en Crepúsculo y que en los últimos años ha demostrado que lo suyo también es ponerse detrás de la cámara.

Esta Anna Kendrick, vamos

Y aquí viene el detalle que conviene no pasar por alto. Kendrick es la tercera persona que se sienta en esa silla. Primero estuvo Leslye Headland (Russian Doll), que se bajó del barco. Después llegó Maggie Betts, la de Novitiate, aquel drama de monjas con tensión de la que no se resuelve, de quien os hablamos cuando parecía que por fin la cosa iba en serio. Pues Betts también ha hecho las maletas, y por motivos que de momento nadie ha aclarado. O sea que, antes de emocionarnos del todo, recordemos que esta película lleva años prometiendo mucho y cumpliendo poco.

Que conste que asumimos nuestra parte. En abril de 2025 publicamos aquí mismo, citando a la cuenta Lesbocine, que el rodaje arrancaba. Spoiler de la vida real: más de un año después seguimos sin reparto confirmado, sin tráiler, sin una mísera foto de claqueta. Netflix compró los derechos en 2022 y desde entonces el proyecto ha avanzado más lento que hablarle a la chica que ves cada sábado en el taller de cerámica. Así que esta vez vamos a celebrar… pero con la ceja levantada.

Por si alguien acaba de aterrizar en el club, recordemos de qué va todo este lío. La novela de Taylor Jenkins Reid, publicada en 2017, cuenta cómo una vieja estrella del Hollywood dorado, retirada y famosa por su carácter de hierro, concede una última entrevista a una periodista desconocida para destapar la verdad sobre sus siete matrimonios. Y la verdad, ya lo sabemos las que lloramos con el libro en la mano, es que el gran amor de Evelyn nunca fue ninguno de esos siete maridos, sino Celia St. James. Esa relación es la columna vertebral de la historia, y es justo lo que nos da pánico que una adaptación decida limar, suavizar o dejar en un segundo plano para no incomodar a nadie.

En lo técnico, al menos, las piezas se van moviendo. El primer guion lo firmó Liz Tigelaar, a quien conocemos por Little Fires Everywhere (obligada, apúntala) y Tiny Beautiful Things, dos trabajos que saben de conflictos emocionales y de relaciones complicadas. Ahora mismo lo están reescribiendo con Francesca Sloane, que viene de Mr. & Mrs. Smith (mola pero no hay croquetas) y de haber pasado por series como Atlanta (meh) y Fargo (yas). Taylor Jenkins Reid sigue como productora ejecutiva, y eso, sinceramente, es lo que más nos tranquiliza de todo: al menos hay alguien en la sala de mandos a quien le importa de verdad el material original y el amor sáfico con glamour, esmeralda y trauma incluido.

No es la primera vez que un libro de Reid llega a una pantalla. Antes lo hizo Daisy Jones & the Six, la serie de Amazon de 2023 inspirada a lo lejos en las grabaciones de Fleetwood Mac. Así que la autora ya sabe lo que es ver cómo manos ajenas toquetean su criatura, con lo bueno y lo regular que eso suele traer. Tenerla cerca de las decisiones, otra vez, juega a favor.

Sobre Kendrick como directora, su carta de presentación es Woman of the Hour, su debut, que Netflix se llevó por una cifra de ocho dígitos en el Festival de Toronto de 2023. Una película sobre un asesino en serie que se cuela en un concurso de citas televisivo, contada desde la mirada de las mujeres y no desde la fascinación por el monstruo de turno. Visto así, no parece la peor elección posible para una historia que también va de una mujer reescribiendo su propio relato en sus propios términos. Habrá que confiar.

¿Y el reparto, que es lo que de verdad nos quita el sueño? Pues seguimos en tierra de nadie. Netflix no ha confirmado a nadie, así que el fancast vuelve a estar abierto y ardiendo, como cada vez que sale el tema. Recordaréis que durante una temporada el sueño colectivo fue Jessica Chastain para Celia St. James, hasta que ella misma se encargó de bajarnos de la nube dejando claro que no iba a pasar. Desde entonces hemos barajado de todo, de Ana de Armas a Eiza González para una posible Evelyn, y una lista interminable de nombres para Celia. Mientras no haya nada firmado, todo vale y nada es real, así que adelante con vuestras teorías en los comentarios.

Y así estamos otra vez, en el mismo punto de siempre: con la esperanza intacta y la paciencia un poco más corta. Ojalá Kendrick sea la definitiva, la que por fin saque adelante una película que llevamos demasiado tiempo imaginando. Y ojalá, sobre todo, que cuando por fin llegue, Evelyn y Celia sigan siendo el huracán con vestido verde esmeralda que nos rompió por dentro en papel. Porque si algo no le vamos a perdonar a esta adaptación es que nos cuenten la vida de Evelyn Hugo y nos escamoteen lo único que de verdad importaba. Os mantenemos informadas, como siempre. Y esta vez, con la tila ya servida.

Vía: Variety

Premios Triángulo 2026: una noche de memoria, visibilidad y orgullo en el 40 aniversario de COGAM

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Esta semana tuve la suerte de asistir a la ceremonia de entrega de los Premios Triángulo 2026, organizados por COGAM, una entidad que además celebra este año su 40 aniversario en la defensa de los derechos, la visibilidad y la igualdad del colectivo LGTBI+.

La gala reunió a activistas, representantes del mundo de la cultura, la comunicación, la educación y la sociedad civil en una noche marcada por la emoción, la memoria y la reivindicación. Porque los Premios Triángulo no son únicamente una celebración. Son también un recordatorio de todo lo que se ha conseguido, de todo lo que queda por defender y de la importancia de seguir plantando cara a los discursos de odio.

Entre las categorías reconocidas estuvieron el Triángulo Aliada, el Triángulo Pedro Zerolo, el Triángulo Rosa, el Premio Visibilidad, Cultura, Comunicación o Educación, entre otros galardones que ponen el foco en distintas formas de compromiso con la comunidad LGTBI+.

Uno de los momentos más especiales de la noche fue el discurso de Alana Portero, reconocida con el Premio Triángulo Cultura. La escritora ofreció una de las intervenciones más profundas y conmovedoras de la ceremonia, con una reivindicación muy necesaria de las personas mayores LGTBI+, tantas veces olvidadas cuando llega la vejez. Sus palabras sirvieron para recordar que la memoria también es una forma de justicia y que ninguna generación debería quedar fuera del relato colectivo.

La gala dejó discursos emocionantes, agradecimientos sinceros y una sensación clara: la visibilidad sigue siendo imprescindible. En un momento en el que los derechos conquistados vuelven a ser cuestionados desde demasiados lugares, espacios como estos ayudan a sostener comunidad, memoria y resistencia.

Gracias, COGAM, por vuestra labor diaria, por vuestra visibilidad, por vuestra lucha contra los discursos de odio y por seguir abriendo camino.

Por 40 años más.

LELO Switch, el vibrador doble para quienes quieren tenerlo todo

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Dicen que la vida va de tomar decisiones. Para algunas personas es un proceso rápido y analítico, y para otras resulta más complejo. Me incluyo en el segundo grupo, porque decidir implica elegir una opción y descartar otra… Y lo reconozco: a veces me gustaría que la decisión fuera quedarme con ambas opciones; ¿por qué elegir si puedes tenerlo todo?

Es la pregunta que resuelve LELO con su nuevo juguete, donde pone el lujo y la tecnología al servicio del placer una vez más. ¿El resultado? El nuevo LELO Switch, un vibrador de dos extremos. Generalmente, los vibradores dobles suelen ser para la penetración en ambos casos, pero Switch nos ofrece un vibrador para la penetración y un cabezal tipo magic wand para una estimulación externa completa.

Como dato curioso, Switch no es la primera magic wand de LELO. De hecho, hace unos años probé su versión grande, con un cabezal generoso que estimulaba la vulva al completo y que sigue estando en mi cajón de favoritos. También existe la versión mediana, que es más parecida en dimensiones y peso a la nueva Switch. En este caso, Switch mide 21,7 cm de largo, de los cuales 8,3 cm son insertables. Eso la convierte en una magic wand mucho más manejable y compacta frente a las clásicas.

El diseño, igual que el resto de los productos de la marca sueca, desprende lujo y sofisticación. Fabricado en silicona respetuosa con el cuerpo y disponible en tres colores, tiene una forma elegante y curva que se adapta a la anatomía de la vagina y hace que la inserción sea agradable. La textura suave y estriada, además, acompaña la penetración y la estimulación externa también desde el cabezal. Tiene un peso que no alcanza los 170 gr, lo cual hace que sea un juguete fácil de sostener y de utilizar.

Así que Switch llega con un concepto muy novedoso: un juguete 2 en 1, mitad vibrador y mitad magic wand, y eso tiene una ventaja evidente que es su versatilidad. Independientemente de si eres más de estimulación interna como externa o ambas Switch puede encajar contigo… y ofrecerte muchas maneras de darte placer.

Ambos extremos están perfectamente diseñados para estimular la zona de la que se van a ocupar. Si usamos el juguete como magic wand acabaremos rendides a una estimulación amplia y potente en la vulva gracias al cabezal redondeado y ancho, y si lo usamos como vibrador podemos dirigirlo a la zona exacta que dispara nuestro deseo con su punta curva y precisa. Sea cual sea el uso que quieras darle, mi consejo es que utilices lubricante de base agua para que la penetración o la estimulación externa sea más agradable y sin fricción, así protegemos una zona tan sensible como es la vulva.

Por si no fuera poco, Switch tiene dos motores, uno en cada extremo, para que la vibración se sienta en ambos lados con intensidad y potencia. Dispone de 10 modos de vibración cuya intensidad se puede regular, y 2 modos adicionales en la aplicación, el as bajo la manga de este vibrador.

Switch nos ofrece la posibilidad de conectarlo con la aplicación de LELO. La conexión con el dispositivo es sencilla, basta con pulsar el botón () durante unos segundos hasta que parpadee y, luego, volver a pulsar una vez para confirmar la conexión. Dentro de la app tenemos varias opciones, pero podemos empezar por elegir el modo de entre los 10 disponibles, y también encontraremos 3 maneras de controlar la intensidad. El modo avanzado esconde los dos modos adicionales: Terminar/Finish me off y Fuera de control/Out of control. Si quieres saber más sobre qué ofrece la aplicación, te lo explico con todo lujo de detalles en la reseña de Gigi 3.

La interfaz Insignia te resultará familiar si ya tienes otros juguetes eróticos de LELO y está formada por tres botones. El botón () sirve para encender el juguete y cambiar de modo, mientras que con + y – graduamos la intensidad. Para apagarlo, hay que pulsar () durante varios segundos. Este juguete, además, tiene modo de viaje, que va fenomenal para bloquearlo durante el transporte al pulsar + y – durante varios segundos.

Por tanto, estamos ante un juguete de estimulación doble, aunque no simultánea: mientras usemos uno de los extremos, el otro funcionará como mango. Si bien es un juguete ergonómico en uso, su función dual tiene un precio, y es cierto que cuando lo sostenemos desde el cabezal no sintamos la misma comodidad que cuando lo sostenemos desde el extremo insertable, sobre todo por falta de costumbre a agarrar una forma redonda. A ello se le suma el detalle de que, aunque tiene motores independientes, la vibración irradia en el extremo que no estamos utilizando, y a la larga puede resultar algo molesto.

Pero, como se suele decir, si la vida te da limones, haz limonada. Y lo cierto es que la aparente desventaja de la vibración que hace el eco en el otro extremo puede convertirse en todo lo contrario. Switch no es, en sí mismo, un juguete diseñado para parejas de dos vulvas, pero si una de las dos personas se introduce el extremo tipo dildo, la otra puede aprovechar la vibración residual desde el cabezal en diferentes posturas.

Y sí, podríamos decir que este es un juguete perfecto para su uso en solitario, pero también tiene muchas posibilidades en pareja. Para masajear, para acariciar o para estimular a tu amante mientras te practica sexo oral gracias a la longitud del mango.

En cualquier caso, este formato de cabezal/vibrador que se puede utilizar como mango requiere una higiene mayor. Con este juguete es más importante, si cabe, tener las manos limpias antes de usarlo, y asegurarnos de que el extremo que queremos usar esté limpio. Para la limpieza se puede lavar con agua y jabón neutro o con un limpiador de juguetes específico.

A pesar de la potencia de sus motores, Switch es un juguete silencioso. Funciona con batería recargable, y tiene el orificio de carga en la parte contraria a la interfaz. Bastarán un par de horas de carga para otras dos de uso. También es sumergible, por lo que es compatible con la bañera y la ducha. Al igual que los juguetes de LELO más recientes, tiene una función de apagado automático cada 20 minutos para proteger el motor y alargar su vida útil.

El packaging es, como en el resto de productos de la marca, igual de elegante y misterioso. Switch viene en una caja negra cuyo interior vemos desde una ventanita transparente, y el juguete está colocado en una superficie de espuma. En la caja se incluye el cable para cargar el juguete, la garantía de 2 años y la garantía de calidad, un pequeño manual de uso, un sobre de lubricante monodosis y una bolsita de satén para facilitar el almacenamiento y el transporte.

En cuanto al precio, si tenemos en cuenta que tenemos un juguete 2 en 1, con 2 motores, la mejor tecnología y los mejores acabados y muchísimas posibilidades de uso… tiene un coste adecuado para un vibrador de lujo como es Switch. Lo bueno, además, es que gracias a su versatilidad la inversión es mucho más segura: estoy convencida de que este juguete tendrá como mínimo una forma de hacerte tocar las estrellas.

En definitiva: LELO Switch es el juguete ideal para quienes no se deciden o para quienes han decidido que lo quieren todo. Con su estimulación externa e interna nos ofrece infinitas posibilidades de juego, a solas y en pareja. Tiene un motor potente, un acabado delicado y lujoso y un rango de modos e intensidades para adaptarse a lo que necesites en cada momento. Como te decía al principio, ¿para qué elegir si puedes tenerlo todo?

Consigue tu LELO Switch AQUÍ (con descuento por tiempo limitado).

Adèle Exarchopoulos vuelve a Cannes con ‘Garance’ y nos recuerda que siempre mereció algo mejor

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Adèle Exarchopoulos en Cannes 2026 presentando Garance

Hay actrices que se quedan pegadas para siempre a una película, aunque esa película no haya sabido estar a su altura. A Adèle Exarchopoulos le pasó con La vida de Adèle, aquel fenómeno de 2013 que Cannes convirtió en leyenda, que parte de la crítica elevó a los altares y que, visto con el tiempo, sigue oliendo bastante mal. No por ella, claro. Tampoco por Léa Seydoux. De hecho, si algo salvaba aquella película era precisamente eso: dos actrices dejándose la piel en una historia que, bajo la excusa del despertar sexual, terminaba filtrada por una mirada masculina tan evidente como incómoda.

Trece años después, Adèle Exarchopoulos vuelve a Cannes con Garance, la nueva película de Jeanne Herry, y parece que el festival ha vuelto a encontrar en ella lo que algunos nunca dejaron de ver: una actriz descomunal. De esas que no necesitan subrayar nada para que se les entienda todo. De esas que llenan la pantalla incluso cuando el personaje está roto, perdido o intentando convencerse de que todavía controla el desastre.

Garance se ha presentado en la competición oficial del Festival de Cannes 2026 y coloca a Exarchopoulos en el centro absoluto de la película. Interpreta a una joven actriz con talento, magnetismo y una vida atravesada por la precariedad emocional, los trabajos inestables, la ansiedad y una adicción al alcohol que va cerrándose poco a poco sobre ella. La película, según la propia sinopsis del festival, recorre ocho años de mudanzas, fiestas, encuentros, trabajos, golpes y pequeñas revoluciones íntimas. Es decir: la vida hecha caos, pero también hecha deseo.

Adèle Exarchopoulos en una escena de Garance, película de Jeanne Herry en Cannes 2026

Y aquí viene lo que nos interesa especialmente: en medio de ese caos aparece Pauline, interpretada por Sara Giraudeau, una figura que funciona como refugio, ternura y posibilidad de amor. Cannes describe esa relación como una de las líneas emocionales de la película, una historia entre dos mujeres construida desde el cuidado, la presencia y el no juicio. En tiempos en los que demasiadas ficciones siguen usando a los personajes lésbicos como adorno, tragedia o excusa estética, que una película de competición oficial ponga en el centro una relación femenina atravesada por la fragilidad sin convertirla automáticamente en espectáculo morboso ya merece que levantemos una ceja con interés.

También merece atención el nombre de Jeanne Herry. La directora ya había trabajado con Exarchopoulos en Je verrai toujours vos visages, película por la que la actriz ganó el César a mejor actriz de reparto. Ese dato importa, porque Adèle Exarchopoulos no es solo “la chica de La vida de Adèle”, aunque durante años se la haya reducido demasiado a esa etiqueta. Es una intérprete con una carrera mucho más amplia, con premios importantes y con una capacidad bastante rara para mezclar crudeza, ternura y una especie de verdad física que no se puede fingir.

Recordemos los premios, porque a veces conviene poner los datos encima de la mesa. En 2013, La vida de Adèle ganó la Palma de Oro en Cannes y, de manera excepcional, el premio se compartió entre el director Abdellatif Kechiche y sus dos protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux. Ella se convirtió así en una de las ganadoras más jóvenes asociadas al máximo premio del festival. Después llegaron reconocimientos como el César a actriz revelación por aquella película y, años más tarde, el César a mejor actriz de reparto por Je verrai toujours vos visages. Una carrera sólida, aunque muchas veces más discreta de lo que su talento merecía.

Y sí, toca volver un momento a La vida de Adèle, porque no podemos hacer como si aquella película no arrastrara una sombra enorme. En su momento se vendió (no teníamos otra, amigas) como gran historia lésbica, como obra definitiva sobre el deseo entre mujeres, como acontecimiento cinematográfico. Pero también fue duramente cuestionada por sus escenas sexuales, por la mirada desde la que estaban construidas y por las declaraciones posteriores de sus actrices sobre un rodaje agotador y desagradable. Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos hablaron de una experiencia muy dura, y la película quedó marcada por una contradicción evidente: el mundo aplaudía una supuesta representación lésbica mientras muchas espectadoras veían, con bastante claridad, que aquello no estaba pensado para ellas.

Por eso el regreso de Exarchopoulos a Cannes con Garance tiene algo de reparación simbólica. No porque una película pueda borrar otra, ni porque todos los males del cine se arreglen con una nueva alfombra roja, sino porque permite volver a mirar a Adèle sin el ruido de Kechiche alrededor. Mirarla como lo que es: una actriz enorme, una presencia magnética y una intérprete que lleva demasiado tiempo demostrando que aquel estallido de 2013 no fue casualidad.

‘La hija pequeña’ llega a Filmin y no tienes excusa para no verla

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Qué ganas teníamos de esto: por fin se estrena en Filmin La hija pequeña. En ella, la directora Hafsia Herzi adapta la novela de Fatima Daas, una autoficción en la que la autora, musulmana practicante y lesbiana criada en los suburbios de París, traza un relato íntimo de su búsqueda personal, sexual y moral. Herzi no es nueva en esto: sus anteriores largometrajes como directora, Mereces un amor y Bonne mère, también fueron seleccionados en Cannes.

La protagonista de la peli es Fátima, diecisiete años y la pequeña de tres hermanas. Vive en los suburbios de París, en una familia franco-argelina feliz y cariñosa. Es buena estudiante y empieza una carrera en una Universidad de París. Al comenzar su vida como mujer adulta, se emancipa de su familia y sus tradiciones, sale con alguien, hace amigos y explora un mundo completamente nuevo, mientras se enfrenta a un dilema desgarrador: cómo mantenerse fiel a una misma cuando reconciliar diferentes aspectos de la propia identidad parece imposible.

Lo que mola es que nos vamos a ver reconocidas en tres personalidades, tres gajos de la misma Fátima. Una, la que mantiene en casa, otra, la que juega al fútbol con los chicos en el instituto, y por último la que empieza a conocer mujeres y a salir del armario a través de citas que cierra por internet. Pero si viniste por el argumento, te quedarás por Nadia Melliti.

A los 23 años, con una sola pelñicula a sus espaldas y viniendo del mundo del fútbol, ya ha conquistado el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes 2025. En el festival, la película se llevó dos premios que importan mucho en esta casa: el galardón a la mejor actriz para la debutante Nadia Melliti y la Queer Palm. Después vinieron los César, donde Melliti ganó el César a la Mejor Actriz Revelación. Y para redondear el año, Herzi recibió el Premio Louis-Delluc, considerado el Goncourt del cine, por esta misma película.

La hija pequeña está disponible desde hoy en Filmin. Si tenéis cuenta, ya sabéis. Si no la tenéis, quizá esta sea la excusa.

La nueva película croqueta de Gillian Anderson y Hannah Einbinder se estrena YA en Cannes

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Hay películas que se anuncian y pasan por delante de nosotras como una noticia más. Y luego están las que juntas varias palabras y de pronto tienes toda nuestra atención: Gillian Anderson, Hannah Einbinder, slasher queer, Jane Schoenbrun y Festival de Cannes. Pues bien, todo eso existe y se llama Teenage Sex and Death at Camp Miasma.

La nueva película de Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow) tendrá su estreno mundial en el Festival de Cannes, donde abrirá la sección Un Certain Regard. Es decir, no estamos hablando de una pequeña rareza escondida en el calendario, sino de uno de los títulos que llegan al festival francés con cartel de acontecimiento dentro del cine independiente y de género.

La premisa, además, es puro caramelo para quienes aman (no es mi caso pero haré el esfuerzo) el terror cuando se pone juguetón, incómodo y un poco pasado de vueltas. La historia gira en torno a la franquicia ficticia Camp Miasma, una saga slasher venida a menos que intenta volver a la vida después de años de secuelas bastante cuestionables. Para dirigir la nueva entrega aparece una joven cineasta entusiasta, interpretada por Hannah Einbinder, que acaba obsesionándose con recuperar a la actriz que fue la “final girl” original. Esa actriz, retirada y rodeada de misterio, está interpretada por Gillian Anderson. Con ese punto de partida ya tenemos cine dentro del cine, nostalgia de videoclub, sangre, deseo, misterio y una Gillian Anderson haciendo de figura casi mítica del terror. Poco más se puede pedir, la verdad.

La película también cuenta con un reparto bastate guay: Sarah Sherman, Eva Victor, Zach Cherry, Jasmin Savoy Brown y Jack Haven. La música corre a cargo de Alex G, colaborador habitual de Schoenbrun, junto a Paul Buchanan, de The Blue Nile. Todo apunta a una propuesta muy de autor, pero con ganas de abrazar el placer del slasher de verano: campamento, trauma, deseo y cuchillos afilados.

Como detalle… interesante, Schoenbrun ha contado que el proyecto no lo tuvo fácil para salir adelante y que prácticamente todos los grandes estudios y distribuidoras lo rechazaron antes de que Mubi apostara por él. Pero aquí la lectura bonita es evidente: la película se ha hecho, llega a Cannes y lo hace en un lugar muy visible. Oooootra victoria.

Vía: Festival de Cannes

Películas lésbicas indies que ver en 2026

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Hay listas de películas lésbicas que parecen hechas en bucle: entras buscando algo nuevo y te devuelven siempre los mismos cinco títulos de siempre, como si el cine sáfico hubiese dejado de moverse hace más o menos una década y no hubiera vida más allá de Carol. Nosotras no reconocemos también en esto. Pero no. Si te sales un poco del carril más evidente y miras el circuito indie, hay bastante vida: películas pequeñas, íntimas, raras, románticas, incómodas, adolescentes, adultas, dulces o directamente inolvidables. Y, sobre todo, películas que no tratan el deseo entre mujeres como una nota al pie, sino como el centro de la historia. Lo que nos va.

Esta selección está hecha justo con esa idea. Menos “las de siempre”, más hallazgos recientes o medio escondidos. Algunas llegaron desde festivales, otras se quedaron injustamente pequeñas, y unas cuantas te van a sonar menos de lo que merecen. Si vienes buscando películas lésbicas indies que ver en 2026, empieza por aquí.

Las más recientes y menos obvias

Lesvia (Lesvia, 2024)

Si lo que te apetece es salir del romance de pareja y mirar comunidad, memoria y roce político, este documental entra muy bien. Se va a una aldea de Lesbos convertida durante décadas en refugio lésbico y, en lugar de venderte una postal, te enseña también las tensiones. Tiene algo muy bonito: recuerda que el cine lésbico también puede ser archivo, territorio y conversación incómoda. Por qué importa: abre la lista desde lo colectivo y no solo desde la pareja.

Love Lies Bleeding (2024)

La más salvaje del lote, y quizá la más conocida. Un romance entre dos mujeres atravesado por culturismo, crimen familiar y calor de carretera, con una energía sucia que te agarra del cuello. No es una peli para ir en modo mantita; es para cuando te apetece algo carnal, desmadrado y un poco enfermizo. Kristen Stewart está estupenda, la verdad. Por qué importa: demuestra que el cine lésbico indie también puede ser pulp, violento y muy sexy sin pedir perdón.

Silver Haze (Silver Haze, 2023)

Heridas, rabia, deseo y una protagonista que no está ahí para caer simpática. La peli sigue a Franky, marcada por un incendio de la infancia, en un trayecto que mezcla trauma, venganza y una historia de amor que no busca endulzarle la vida a nadie. Es áspera, física y bastante más interesante de lo que parece a primera vista. A día de hoy no mostraba streaming activo en España. Por qué importa: da un papel central a un cuerpo cicatrizado sin convertirlo en metáfora facilona.

Polarized (2023)

Enemigas, prejuicio, deseo, granja, religión, raza y esa tensión de “esto no debería pasar y por eso mismo va a pasar”. Tiene el mecanismo clásico del choque frontal entre dos mujeres de mundos enfrentados, pero lo usa para hablar de divisiones muy actuales sin ponerse solemne. En España figura en Filmin y en OUTtv Amazon Channel. Por qué importa: trabaja el romance lésbico desde el conflicto social, no desde la burbuja.

Rookie (2023)

Colegio católico, voleibol, una chica descolocada y otra que lo complica todo. Es de esas películas teen que parecen ligeras y luego dejan una sensación muy concreta: la de haberte acordado de lo rarísimo que era gustarte alguien cuando todavía no sabías ni cómo colocarte el cuerpo. Por qué importa: mete deporte y deseo en una historia adolescente que no se siente ni impostada ni blandita.

Blue Jean (2022)

Una profesora de gimnasia en la Inglaterra de 1988, viviendo partida en dos para que nadie le reviente la vida desde fuera. Hasta que la pillan en un bar de ambiente. Lo mejor de Blue Jean es que no convierte el armario en consigna: lo vuelve agotamiento, gesto contenido, miedo y rabia ordinaria. Y eso duele más. Por qué importa: es una de las mejores películas recientes sobre el coste íntimo de esconderse.

Petit Mal (2022)

Tres mujeres, una relación poliamorosa y el momento exacto en que la intimidad empieza a moverse de sitio. Nada de turismo moral ni exhibicionismo cool: Petit mal es pequeña, doméstica y bastante honesta en cómo observa el desequilibrio cuando una dinámica deja de ser estable. Por qué importa: amplía el mapa del deseo lésbico en pantalla sin ponerse a dar lecciones.

You Can Live Forever (2022)

Una adolescente es enviada a vivir dentro de una comunidad de Testigos de Jehová y allí se enamora de otra chica creyente. Ya con eso sabes que el golpe emocional va a estar servido, pero You can live forever funciona porque juega menos a la tragedia enfática y más a la contención. Es de esas que aprietan bajito y por eso te llegan más. Por qué importa: habla de fe, disciplina y deseo sin simplificar a nadie.

Girl Picture (Tytöt tytöt tytöt, 2022)

Tres chicas, tres viernes y ese caos tan específico de la adolescencia en el que amistad, sexo, amor y ganas de salir corriendo conviven en el mismo minuto. Tiene una energía bastante luminosa y, al mismo tiempo, mucha ternura hacia la confusión emocional. La tienes que ver. Por qué importa: es un coming of age queer que entiende a las chicas sin paternalismo.

So Damn Easy Going (Så jävla easy going, 2022)

Una chica intenta pagar su medicación para el TDAH mientras empieza a pillarse por su compañera de clase. La gracia está en que no romantiza el caos: lo deja estar ahí, pegado al deseo, al dinero y a la cabeza acelerada. En España no mostraba streaming activo a 5 de mayo de 2026. Por qué importa: mete neurodivergencia y romance sáfico en la misma historia con bastante naturalidad.

Looking for Her (2022)

Comedia navideña lésbica de fake dating, sí, pero con un encanto bastante agradecido cuando te apetece bajar revoluciones. No cambia la historia del cine, ni falta que hace: a veces una película funciona precisamente porque entiende su escala y no intenta hacerse importante por la fuerza. Por qué importa: demuestra que una romcom indie y sáfica también puede ser cómoda, amable y funcionar.

Nelly & Nadine (2022)

Aquí tenemos documental, amor e historia queer con mayúsculas: dos mujeres que se enamoraron en Ravensbrück y una relación que permaneció oculta durante años. La película emociona porque no convierte su historia en pieza de museo; la vuelve vida, deseo y tiempo robado. Por qué importa: rescata memoria lésbica real sin quitarle intimidad.

Las que siguen funcionando cuando quieres algo con más poso

My First Summer (2020)

Una chica aislada tras la muerte de su madre y la irrupción de otra que lo cambia todo. Tiene un aire de cuento veraniego, de refugio improvisado, de primer amor que parece llegar justo cuando no sabías ni cómo seguir respirando. Muy delicada, muy de tacto. Por qué importa: pocas películas teen recientes filman la vulnerabilidad con esta suavidad.

Ellie and Abbie (and Ellie’s Dead Aunt) (2020)

Una adolescente quiere invitar a salir a la chica que le gusta y recibe ayuda fantasmal de una tía lesbiana muerta en los años 80. Si escrito así te parece una idea estupenda, es porque lo es. Tiene humor, tono ligero y un punto generacional que le da gracia sin quitarle corazón. Por qué importa: conecta memoria queer y comedia romántica adolescente con bastante desparpajo.

Cocoon (Kokon, 2020)

Nora observa el mundo desde los márgenes: fiestas, piscina, azoteas, móviles, cuerpos ajenos, esa adolescencia que parece un zoo emocional. Y de pronto aparece el deseo. La película es silenciosa, física y muy atenta a cómo alguien cambia por dentro antes de saber explicarse. Por qué importa: retrata el despertar lésbico sin solemnidad ni ruido.

Tove (2020)

Biopic, sí, pero no de esos que te van marcando casillas de Wikipedia. Le interesa la vida creativa de la autora de los Mumins, sus relaciones y esa mezcla de libertad, hambre afectiva y trabajo que a veces acaba siendo la vida entera. Tiene elegancia sin volverse fría. Por qué importa: coloca el deseo entre mujeres dentro de una biografía artística sin convertirlo en nota secundaria.

The World to Come (2020)

Dos vecinas, dos matrimonios, granjas, invierno, aislamiento y una necesidad de ternura que acaba rompiendo el decorado entero. Es una peli lenta, sí, pero de las lentas que saben lo que están haciendo. Si te gustan los romances contenidos, el paisaje y las miradas que dicen mucho más de la cuenta, aquí hay comida. Todo el mundo la recomienda, y no es para menos. Por qué importa: es una historia de amor de época que no parece diseñada para vitrina.

Moonlit Winter (Yunhui-ege, 2019)

Carta, viaje, primer amor, nieve y una madre a la que el pasado le vuelve con una delicadeza tremenda. Tiene una calma muy particular, de película que no te arrastra sino que te acompaña. Y eso, en historias de amor entre mujeres, se agradece muchísimo. Por qué importa: ofrece una historia lésbica adulta y tardía sin castigarla con cinismo.

Two of Us (Deux, 2019)

Dos mujeres mayores enamoradas en secreto durante años y una película que empieza como historia íntima y acaba respirando casi como thriller doméstico. Esa mezcla le sienta de maravilla porque te mete en el miedo a ser desplazada de la vida de quien amas por no tener lugar reconocido. Por qué importa: pone el amor lésbico maduro en primer plano y le da nervio de suspense.

Carmen y Lola (2018)

Se ha citado mucho y aun así sigue mereciendo hueco porque hace algo nada menor: meter una historia de amor entre dos chicas gitanas dentro de un contexto muy concreto sin limarla para que resulte más cómoda. Es frontal, luminosa y con bastante verdad en los cuerpos y en el entorno. Por qué importa: abrió conversación en el cine español donde no había precisamente alfombra roja para ello.

Rafiki (2018)

Nairobi, campaña electoral, dos familias enfrentadas y dos chicas que se gustan en un entorno que les deja poco margen. Tiene color, deseo y una energía joven que hace que todavía entre muy bien. No es una rareza secreta, pero sí una de esas películas que conviene seguir recomendando. Por qué importa: fue clave para visibilizar una historia lésbica africana contemporánea en el circuito internacional.

Wild Nights with Emily (2018)

Esta es para cuando te apetece una biografía queer con mala leche, humor y ganas de desmontar el mito de la poeta recluida y asexual. Molly Shannon está estupenda y la película tiene la inteligencia de no pedir permiso para ser divertida. Por qué importa: rescata una lectura lésbica de Emily Dickinson desde la comedia, no desde el academicismo. Y es taaaaan divertida.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿Dónde puedo yo ver estas joyitas? No te vamos a engañar, la cosa está difícil (pero no imposible). Blue Jean, Polarized y Sangre en los labios están en Filmin. El resto… Polarized está en OUTtv (disponible desde Amazon), y poco más. Pero mientras haya internet, hay esperanza.

Domingo lésbico de confianza (IX)

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Hay domingos en los que una se sienta con el café y resulta que internet ha sido generoso. Esta semana hay una película que recomendar, un reencuentro que ha removido mucho sentimiento colectivo y, como siempre, la sensación de que el universo lésbico no para quieto ni en fin de semana.

La primera parada es Forbidden Fruits, y os la recomiendo porque tiene exactamente la energía que una necesita cuando quiere ver algo que no le exija demasiado pero tampoco la trate como si no tuviera dos dedos de frente. La premisa: una empleada de una tienda de ropa en un centro comercial dirige en secreto una secta de brujas en el sótano después del horario laboral junto a sus compañeras. Todo va bien hasta que aparece la chica nueva del puesto de pretzels y lo desestabiliza todo. Es una comedia de terror, está producida por Diablo Cody (la de Jennifer’s Body, que ya es una garantía de determinado tipo de caos femenino), y tiene a Lola Tung, Victoria Pedretti y Lili Reinhart en el reparto. La crítica la ha comparado con Mean Girls y The Craft mezcladas, que es básicamente decirle a alguien como yo que se siente y la ponga. No es una película perfecta, pero es divertida, tiene estética, y es de esas que funcionan igual de bien en el sofá de casa que en una fiesta de pijamas con alguien que aguante el gore y las bromas malas. Para una tarde de domingo, difícil pedir más.

Y la segunda cosa es este reencuentro. El 1 de mayo, Taylor Schilling, Laura Prepon y Dascha Polanco se reencontraron, y la foto circuló por todas partes con la velocidad que solo tienen las cosas que la gente llevaba tiempo esperando sin saber que las esperaba. Orange Is the New Black terminó en 2019, siete temporadas, y sin embargo hay algo en ver a Piper, Alex (y Taystee) juntas de nuevo que activa una nostalgia muy específica. La de una serie que llegó en 2013 y que, con todos sus defectos, puso en pantalla una relación entre dos mujeres en el centro de la historia, con peso, con historia detrás, con una boda en una capilla improvisada de máxima seguridad que nadie que la vio ha olvidado del todo. Vauseman sigue siendo Vauseman, da igual cuántos años pasen.