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Tentando a Eve, reseñando la segunda temporada de ‘Killing Eve’

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Promo de la segunda temporada de Killing Eve

Nota: sí, evidentemente, hay spoilers.

Spoiler alert

Killing Eve acababa con un gran momento de suspense o, si lo preferís, con un cliffhanger catedralicio en el que Eve (Sandra Oh) apuñalaba, casi sin querer, a nuestra dicharachera asesina Villanelle (Jodie Comer). Quizá por eso, cuando me aposenté en mi sofá para iniciar esta segunda temporada, esperaba un primer episodio más sosegado, incluso con un pequeño salto temporal. Pero ¡bum! Se abre el telón y seguimos apenas unos segundos post-apuñalamiento después… ¡Déjame respirar, serie!

Tras este frenético inicio la cosa «se relaja» ligeramente, pero esta entrega no pierde un ápice de ritmo ni tensión a lo largo de sus ocho episodios.

Killing Eve, promo Eve y Villanelle

Emerald Fennell ha tomado el control de la sala de guionistas con mano suave aunque firme. Hay un pequeño cambio de enfoque, pero se mantienen los puntos fuertes de Killing Eve: una trama centrada en los personajes, una estética cien por cien al servicio de la historia y un equilibrio perfecto entre lo perturbador y lo humorístico.

A pesar de que algunos críticos han cuestionado la «necesidad» de una segunda temporada (me gustaría también saber cuándo se considera «necesaria» una segunda parte) soy una firme defensora de su existencia. No sólo se produce una evolución de los personajes, especialmente relevante en Eve, sino que no nos alejamos tanto de la trama de espías como parece en un principio. Queda especialmente claro una vez llegamos al 2×08 y todas las piezas están sobre el tablero. Aunque el conflicto del M16 y Los Doce nunca ha sido lo más importante en Killing Eve, no se puede desdeñar el interés de la continuación de esta trama y su impacto en el desarrollo de la historia: Eve y Villanelle pasan de pilla-pilla particular a ser dos peones, dos víctimas en un juego mucho más grande.

Cómo humanizar a tu asesina

Jodie Comer ha encandilado a todo el mundo y su abuela con su interpretación de una asesina completamente despiadada, bastante infantil y francamente divertida. El guión nunca se cansa de recordarnos que estamos ante una ¿psicópata? que disfruta matando, pero es muy difícil no quedar fascinada ante su desparpajo, encanto y su sentido de la moda.

via GIPHY

Una de las formas más inteligentes de hacernos empatizar con Villanelle ha sido enfrentarla a otros monstruos, compararla con seres que a nuestros ojos son claramente «peores». Tenemos un depredador que mantiene presa a su madre y encierra a una joven «inocente», un psicópata frío y obseso con el control incapaz de disfrutar de ningún placer de la vida teniéndolos todos al alcance de la mano y un asesino brutal e idiotizado que vigila todos sus movimientos. Visto así, Villanelle se nos muestra entre luces y sombras más que en una oscuridad absoluta.

¿Su obsesión con Eve Polastri? Sigue muy en firme. ¿Qué mayor prueba de amor hay que un cuchillo clavado en el abdomen? Eve debe estar totalmente pillada. Luego hablamos de ello.

La corrupción de Eve

Uno de los aspectos más destacables de esta temporada es el arco de Eve. Si en la anterior entrega ya mostraba fisuras en su personalidad, en principio honrada y de carácter bondadoso, en esta segunda parte, las grietas han provocado una fractura en el núcleo de la identidad del personaje.

La obsesión de Eve con Villanelle la ha llevado siempre a actuar de forma impulsiva y catastrófica para su vida personal y profesional: problemas en el trabajo, problemas con su marido, la muerte de su mejor amigo… Apuñalar a Villanelle sirve para ir un paso más allá y marcar el inicio de una Eve que coquetea con sus impulsos más oscuros… Tanto sexuales como homicidas, llegando a plantearse que se sentiría al matar a alguien más allá de lo hipotético.

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¿Killer Eve?

La Eve de esta temporada está destrozada y es una gozada asistir a su viaje al fondo del pozo que, creo, culmina con un despertar (vale, y un disparo también) a una mezcla más positiva entre la Eve del inicio y la que hemos visto en esta entrega. Lo que me lleva al siguiente punto.

Villaneve, el romance imposible

Las convenciones de toda película romántica se retuercen deliciosamente, casi todas con una doble lectura. Tenemos celos, «peleas de enamoradas» y mucha, mucha (muchísima, jo) tensión sexual no resuelta. (El «trío» del 2×07 no vale.)

Esto me recuerda nuestra primera cita

La obsesión de Villanelle con Eve y viceversa no hace sino progresar a lo largo de los episodios. Podemos hasta llegar a creer un poco a Villanelle, desde luego en su cabeza y peculiar forma de pensar, su amor por Eve es sincero. Por otro lado, Eve está lo suficientemente perdida para que un romance auténtico parezca posible… durante medio capítulo más o menos.

Pelín posesiva, Villanelle

Cuando llega el final, la ilusión se deshace incluso antes del bang final. El amor que usa la manipulación y está dispuesto a alterar la auténtica personalidad de un individuo, no es amor. Que Eve vuelva en sí y renuncie al «idílico» futuro que Villanelle propone es consecuente con su personaje y con todo el desarrollo de la malsana obsesión que comparten las protagonistas.

Los secundarios

Enriquecen la serie y están tremendos en sus respectivos papeles. En realidad no tengo mucho más que añadir, es que cualquier momento es bueno para mencionar lo que mola Carolyn y la actriz que la interpreta, Fiona Shaw, croqueta extraordinaria. Y es que Carolyn juega con todos los personajes como una gran marionetista y por ahora le está saliendo todo perfecto… ¿seguirá así de bien en la tercera temporada?

Hablemos de Queerbaiting

Las declaraciones de Sandra Oh en la revista Gay Times revolvieron un poco las aguas del agitado mar tuitero cuando declaro:

«Hacéis algo de trampa porque queréis convertirlo en una cosa… que no es. Por eso también creo que la sexualidad y el descubrimiento de la amplitud que puede alcanzar la sexualidad es el tema de la serie; el porqué le interesa a la gente. No se trata de una cosa u otra.»

Sandra Oh en Killing Eve interview: Sandra Oh and Jodie Comer discuss their characters’ sexuality, Gay Times

Una declaraciones que han sido usadas para tachar la relación de Villaneve como queerbaiting. ¿Pero podemos hablar de queerbaiting cuando uno de los personajes principales es abiertamente bisexual? Y no se cortan en dejarlo bien claro en la serie. ¿O cuando el otro personaje principal siente una atracción sexual evidente? Como dice Oh, el «romance» entre Eve y Villanelle es algo que «no es», o algo que no puede ser, por el propio carácter de los personajes en la actualidad. Pero esto no invalida el lado sexual de su obsesión mutua, ni la sexualidad de Villanelle. Quizá debemos diferenciar el lado más shipper del argumento real de la serie.

Dicho esto, shipear Villaneve es una de las cosas más divertidas que puedes hacer y lo recomiendo muy mucho. Como le leí a Noelle Stevenson en un tuit, ¿y si al final Villanelle e Eve son un matrimonio jugando el rol play más elaborado de la historia? Ideaca para fic es, eh.

Este artículo es subjetivo, personal y tienes todo el derecho a no estar de acuerdo =)

Gifs: cuando no proceden de giphy puedes acceder al autor mediante enlace directo pinchando en el gif.

Fuentes: esta muy recomendable entrevista a la showrunner de esta temporada en el New York Times, la polémica entrevista a Sandra Oh en Gay Times. La siempre útil página de imdb.

Domingo lésbico de confianza (VIII)

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Hay domingos en los que una acaba con la sensación de que han pasado pocas cosas y hay otros en los que, sin hacer demasiado ruido, se te juntan tres temas que apetece comentar. Esta semana me he quedado pensando en una película que ya tengo ganas de ver, en un momento televisivo que sigue dando conversación catorce años después y en una noticia que remueve bastante por todo lo que significa.

La primera parada es Tal vez, la ópera prima de Arima León, que ha sido seleccionada en la sección Canarias Cinema del LPA Film Festival y se estrena en cines el 10 de julio. La película parte de la relación entre Pinito del Oro y Natalia Sosa, y la verdad es que no necesito mucho más para estar interesada. Me atrae especialmente que se presente como una historia sobre identidad y libertad, pero también que lo haga desde dos figuras con tanta fuerza y tanta personalidad.

La segunda cosa que me ha hecho gracia esta semana es que Girls cumple catorce años y mucha gente está aprovechando para recordar el beso entre Marnie y Jessa. Y me parece fenomenal. Porque hay escenas que no fueron exactamente el centro de una serie, ni dieron lugar a una gran trama, pero se quedaron ahí, vibrando en algún rincón de internet y de nuestra memoria televisiva. Girls tenía esa capacidad de dejar momentos incómodos, caóticos, a veces hasta un poco irritantes, pero también muy comentables.

Y la tercera noticia es bastante más seria. El Gobierno prepara un acto de reparación para Dolores Vázquez, condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof. Es una de esas noticias que una recibe con una mezcla rara de alivio y rabia. Alivio porque por fin hay un reconocimiento público. Rabia porque llega después de todo lo que tuvo que soportar y después de tantos años en los que quedó claro hasta qué punto la lesbofobia condicionó la forma en que fue mirada, juzgada y convertida en sospechosa ideal. No borra el daño, claro que no. Pero al menos obliga a nombrarlo. Si no sabes de qué va la historia, escribimos en su día sobre ella.

Así que este domingo nos deja eso: una película a la que seguir la pista, un beso televisivo que sigue resistiendo el paso del tiempo y una reparación que llega tarde, pero llega. No está mal para una sola semana. Como bonus, que no sé dónde meterlo, aquí va la decoración del pasillo de Aitana Sánchez Gijón.

‘Happiest Season’ vuelve a dar señales de vida: Aubrey Plaza confirma que la secuela se mueve

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Han pasado aaaaaaños desde que los reyes magos nos trajeran Happiest Season y se convirtiera en una película de Navidad obligatoria para una buena parte de nosotras. Y fuera de Navidad también, porque cuando una ficción lésbica se cuela así en el imaginario colectivo ya no hay calendario que la saque. Ahora vuelve a abrirse esa puerta que llevaba demasiado tiempo entreabierta: la secuela está, al menos, en marcha.

La novedad viene de Aubrey Plaza, que en una entrevista reciente con TheWrap contó que tuvo una conversación creativa con Clea DuVall la semana pasada y que ambas están en ello. Plaza fue bastante directa: le preguntó a DuVall dónde estaba el final feliz de Riley, y la respuesta fue que sí, que vale, que se pone a ello. Cuando el medio insistió para confirmar si había movimiento real, Plaza soltó un sencillo y peligrosísimo «sí, hay algo de movimiento». No hay anuncio oficial, pero ya tampoco estamos hablando de fantasía colectiva en Twitter.

Lo mejor es que Plaza parece ser perfectamente consciente de lo que el fandom lleva años arrastrando. En la entrevista cuenta que coló una broma sobre Happiest Season 2: Riley’s Revenge en su nueva serie Kevin (va de un gato, nos gustará). La idea fue suya. El crear caos, que le pega mucho, también. El personaje de Riley se convirtió en un agravio emocional que media humanidad sáfica sigue cargando desde 2020, y el «justice for Riley» ha resistido mejor que muchos estrenos recientes. Porque todas sabemos que el verdadero final feliz estaba en otro lado.

Para quienes llevamos siguiendo este tema, la noticia no llega de la nada. En 2022 ya recogíamos aquí que Clea DuVall estaba muy por la labor, aunque entonces aclaraba que no había nada planeado todavía. Quería volver a ese universo, la experiencia había sido muy divertida. La intención estaba. Lo que faltaba era pasar del «me encantaría» al «estamos hablando de ello», y eso es precisamente lo que parece haber cambiado.

Dicho esto, nos centramos: no hay calendario, ni reparto nuevo confirmado, ni detalles de trama, ni estudio anunciando nada. Estamos en la fase en la que una frase alimenta a internet durante semanas. Lo que tenemos por ahora ya no es un simple deseo lanzado al aire. Hay conversaciones, hay ganas, y hay una Aubrey Plaza que no ha olvidado que media humanidad sáfica lleva desde 2020 esperando. Nosotras tampoco.

Y un bonus, ¿sabéis qué sería DIVERTIDÍSIMO? Que cierta compañera de Aubrey en una serie de Disney hiciera de contraparte. Mi reino por esta posibilidad.

Vía: The wrap

Domingo lésbico de confianza (VII)

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Hay domingos en los que una no viene con grandes revelaciones ni con la energía de quien acaba de descubrir algo que va a cambiar su vida. Viene simplemente a dejar por aquí tres cosas que esta semana han ocupado espacio en su cabeza y que, por una razón o por otra, merecen su pequeño altar croqueta. Esta vez tenemos un regreso que llevaba demasiado tiempo haciéndose esperar, un libro que todavía no he abierto pero que ya sé que me va a gustar, y un par de cosillas de Twitter que me han hecho gracia.

Empezamos con lo más urgente: ha vuelto Hacks. Ha vuelto a HBO y con eso ya hay motivos suficientes para que la semana tenga otro color. Por si alguien no la conoce todavía, Hacks es una de esas series que entran en el radar sáfico con bastante legitimidad, no porque sea un manifiesto, sino porque sabe exactamente lo que está haciendo. La relación entre Deborah Vance y Ava Daniels lleva temporadas acumulando una tensión que el guion maneja con una precisión… llamativa, de las que te hacen gritar al sofá. Ava es bisexual, eso está ahí desde el principio y la serie no lo trata como un detalle pintoresco sino como parte de quien es el personaje. Y luego están los guiños, los momentos croqueta que aparecen y desaparecen con esa elegancia calculada que hace que una se pregunte si los guionistas están bien o si simplemente disfrutan haciéndonos esto. El caso es que ha vuelto, y eso es una noticia buena en un panorama que no siempre nos da muchas.

La segunda cosa de esta semana es un libro que aún no he leído pero que ya ocupa sitio en mi cabeza, que es una manera bastante honesta de recomendar algo. Se llama Jones, es de Gerri Hill, y la sinopsis habla de seis amigas, una escapada anual a Port Aransas que termina con una de ellas muerta, y una detective llamada Quinn Stewart que acaba siendo mucho más que la persona que investiga el caso. Gerri Hill es de esas autoras en las que una ya sabe lo que va a encontrar antes de abrir la primera página: thrillers con protagonistas femeninas, tensión romántica bien construida y ese equilibrio entre intriga y sentimientos que cuando funciona funciona muy bien. No sé cuándo voy a leerlo, pero sé que voy a leerlo, porque Gerri ME FLIPA, es perfecta escribiendo tensión policial y sus libros caen como pipas.

Y, para terminar, un recordatorio de que Twitter, en ocasiones, sigue siendo lo mejor.

Llega la Final Six de la Euroliga. Llega ‘More than a league’, la docuserie que no te puedes perder.

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La Final Six de la Euroleague Women calienta motores. A menos de una semanita de su inicio, Zaragoza ya se prepara para acoger uno de sus eventos de baloncesto del año y que reúne a varias de las mejores jugadoras, no sólo del ámbito europeo, sino que mundial. A partir del miércoles 15 de abril, por el parqué del pabellón de la ciudad maña se pasarán multitud de jugadoras de la talla de Mariona Ortiz, Leila Lacan, Emma Meesseman, Gabby Williams, Marine Johannès o la mismísima Breanna Stewart (¿pasará su mujer Marta Xargay a hacer una visita por estas tierras ya que está?). Por si eso no fuera poco, este año Españita, además, contará con dos equipos representando, UniGirona y Casademont Zaragoza.

Para ir abriendo boca hasta el miércoles, el canal de YouTube de la Euroliga ha estado subiendo un capítulo al día de More than a league, la docuserie de 5 episodios (ya los tenéis todos disponibles) que nos permite seguir de cerca cómo vivieron la competición los equipos clasificados para la Final Six de la temporada 24/25 (entre los que estaba Valencia Basket). Todo ello contado en primera persona por alguna de las jugadoras o entrenadores protagonistas, como Alba Torrens, ex de Valencia Basket, Gabby Williams (todavía en Fenerbahçe), Kim Mestdagh y su pareja y compañera de equipo, Georgia Sottana (las dos en Schio), o la ex entrenadora de Praga, Natalia Hejkova, vigente campeona hasta que el domingo 19 un nuevo equipo se alce con el título. Aquí os va.

¿Quién creéis que será el nuevo campeón? ¿El todopoderoso Fenerbahçe? ¿O habrá alguna sorpresa como el año pasado? A partir del miércoles el desenlace.

Asesoramos legalmente a Marta de la Reina con el Código Civil de 1958

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Otra cosa no, pero las chorradas con base histórica, legal o histórico-legal nos flipan y nos hacen volar. Después de los acontecimiento del último episodio de Sueños de libertad emitido hoy en A3player, el 542, nos hemos hecho preguntas. Muchas. Y como además en twitter sois las mejores y aún nos dais más coba con nuestras tonterías, hemos cancelado nuestros planes de hoy, consistentes en dar un paseíto por el parque, y nos hemos puesto a leer el BOE. Digo hemos porque de un lado estoy yo, que de derecho lo justo, y de otro mi chica, a la que aparentemente le van las leyes bastante.

El inesperado personaje de 'Sueños de libertad' que le hubiera gustado  encarnar a Marta Belmonte
Pero empieza el post o qué.

Pelayo is dead. Marta llora, la familia llora, todo Toledo 1959 se pregunta si la hija de Damián de la Reina tiene algún tipo de maldición o es que quiere cantar la canción de Massiel, y nosotras queremos saber qué va a pasar con los dineros de los hoteles Olivares, que ahí hay un buen pellizco y le vendría fetén a los perfumeros para recuperar el control de la empresa. Con el Código civil de 1889 y las modificaciones que sufrió en 1958 (las modificaciones de julio, que se hicieron para poner en vigor el concordato con al Santa Sede, así que afecta en su mayoría a movidas de matrimonios, adopciones, etc) en la mano hemos barajado dos supuestos: si no hay testamento, que es algo que, como no nos han mostrado en pantalla, parece plausible, y el de que sí lo hubiera, que ya nos conocemos y también es plausible.

Ya, Marta, nosotras también estamos así.

En el primer caso, 1959, muerte de cónyuge sin herederos y sin testamento, Marta sería la rica heredera de la totalidad del patrimonio de Pelayo (art. 952 CC). En cambio, si hubiera un testamento y, pongamos, que Pelayo instituye como heredera a Doña Clara, su madre, su esposa sólo tendría derecho a la mitad del usufructo de la herencia en concepto de legítima (art. 837). Molaría que Doña Clara le dejase algo a Fina, que se llevan fenomenal, y esta fuera una vez más nuestra heroína.

Pero, ¿y si esto sucediera en 2026 y Pelayo muriera sin testamento? Las variaciones son mínimas, por no decir que nulas porque se sigue el mismo Código Civil de 1889 (sí, habéis leído bien) y estos artículos se han toquineado poco a lo largo de los años. El número del articulo es diferente, nos vamos al 944, pero el contenido es el mismo, así que ¡bling bling! a comprar acciones, Doña Marta, porque vuelve a heredar cositas. Si no hubiera testamento, y fuera su suegra a la que han instituido como heredera, al igual que hace más de 50 años, a Marta le quedaría únicamente la mitad del usufructo de la herencia, que está bien, pero no es lo mismo que adquirirlo absolutamente todo pa’ ti pa’ siempre.

Y un fun fact: ¿hasta qué punto es válido el matrimonio entre Marta y Pelayo? Eclesiásticamente es agua de borrajas porque no ha habido consumación (la del coche no vale), y recordemos que la institución se hace con el objetivo de la descendencia. Pero esto simplemente es una curiosidad que sabemos nosotras y solo nosotras. Si alguien quiere escribir un fanfic con vericuetos legales, que tire del hilo. Ahora, solo queda esperar.

¿Qué calcetín serían estos personajes sáficos?

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Si tengo que seros sinceras, escribir sobre calcetines no estaba en mis planes ni en mis fantasías. Normalmente en esta web hablamos de series, de películas, de libros y de tonterías. Pero, ¿de calcetines? Pues oye, aquí estamos.

La sorpresa es que Cóndor (www.condor.es) da bastante juego. No porque un calcetín vaya a transformarte la existencia, que tampoco hace falta inventarse milagros textiles a estas alturas, sino porque detrás hay una marca con historia, con fabricación en España y con una idea bastante clara de lo que vende. No parece ese tipo de firma que te coloca cuatro colores desmayados y dos frases vagas sobre el confort. Aquí hay variedad de verdad, un cuidado evidente por los acabados y una obsesión bastante respetable por el color, que al final es una de esas cosas que marcan la diferencia entre vestirse y tener un poco de criterio.

Eso se nota enseguida. Entras en la web y no da la impresión de estar ante un catálogo plano de básicos sin alma. Hay canalé, perlé, calados, lazos, modelos más sobrios y otros que tiran hacia lo delicado o hacia lo un poco retro. No todo tiene el mismo aire, y eso se agradece. Los calcetines no están planteados como una pieza de relleno, sino como algo que forma parte del conjunto. Parece una tontería, pero no lo es tanto. A veces lo más pequeño es justo lo que evita que un look se venga abajo.

También hay algo bastante agradecido en encontrarse con una marca que no necesita fingir modernidad a golpes. Lleva más de un siglo haciendo esto, así que la sensación no es la de una empresa que acaba de descubrir que existe el algodón y quiere contártelo en una campaña inspiracional. La base aquí es otra: oficio, continuidad y una cierta confianza en que la calidad sigue importando. Y la verdad, se agradece bastante más eso que cualquier discurso hueco sobre estilo de vida.

Ahora bien, nosotras no hemos venido a convertirnos en expertas en mercería fina más de lo que ya somos. Hemos venido a hacer lo que realmente importa, que es asignar calcetines Cóndor a personajes lésbicos de series y películas. Un ejercicio completamente innecesario y por eso mismo fundamental. Internet está para esto.

A Villanelle no le darías jamás un calcetín discreto. Sería ridículo. Lo suyo pide color, presencia y una pequeña sensación de amenaza estética. Un animal print le encaja muchísimo más que cualquier opción prudente. Tiene ese punto de aparente clasicismo que luego se retuerce un poco, como todo en ella. Parece una elección sencilla hasta que recuerdas que Villanelle convierte cualquier detalle mínimo en una declaración de intenciones. Incluso sin hablar, ya está montando una escena.

Estos, vamos.

Con Carol la cosa cambia por completo. En su caso no imagino nada estridente ni remotamente caprichoso. Más bien un calcetín alto, limpio, impecable, de esos que parecen sencillos pero están mejor pensados que media industria de la moda. Unos sobrios, quizá un tono granate, algo elegante sin necesidad de pedir atención. Carol no necesita adornarse demasiado porque ya tiene esa clase de presencia que vuelve elegante casi cualquier cosa que toque.

Bette Porter, en cambio, sí necesita una cierta intensidad incluso cuando se trata de algo tan aparentemente inocente como un calcetín. Le pega una prenda con estructura, con textura, con un punto sofisticado y un leve riesgo de resultar insufrible. Lo digo con cariño, porque a Bette precisamente la queremos así. Pero claro, también es una TIBURONA, así que estos son ideales: refinados, serios, un poco artísticos, quizá un poco cuadro. Exactamente como ella cuando entra en una habitación convencida de que va a imponer criterio aunque nadie se lo haya pedido.

Nomi, de Sense8, se movería por otro territorio. Ahí no veo delicadezas excesivas ni ganas de performar una feminidad muy estudiada. Lo suyo pide comodidad, sí, pero comodidad con identidad. Unos deportivos retro funcionan porque tienen rollo sin volverse aparatosos. Son prácticos, pero no aburridos. Y esa mezcla le pega muchísimo a alguien que puede estar metida en una trama conspiranoica global y seguir conservando criterio estético. Hay personajes que parecen pedir tacones. Nomi no. Nomi pide algo que permita correr, porque el atractivo lo trae ella de serie.

Ahora: Marta de la Reina necesita otro registro, mucho más frágil en apariencia. Digo en apariencia porque ya sabemos que por debajo de tanta contención pasan bastantes más cosas de las que el envoltorio sugiere. En ella sí imagino (además de los pantys, porque una ha leído mucho fanfic) un perlé calado, quizá beig, quizá con un detalle mínimo como un lazo o una geometría delicada. Algo muy pulcro, muy medido, casi demasiado correcto. Justo por eso funciona. Ese tipo de prenda que parece hecha para alguien incapaz de alterar el orden de nada, cuando en realidad lleva media vida intentando que no se le desborde la grieta.

El calcetín que le presentarías a tus padres.

Y luego está Dani, que no necesita dramatismo añadido porque bastante tiene ya con existir en Bly Manor. A ella no le pondría un calcetín oscuro ni uno intensito, porque sería pasarse de gótico. Me la creo más con algo suave, claro, incluso algo inesperadamente luminoso. Un rosilla pálido, una cosa pequeña y delicada que conserve cierta ternura. Su energía va por ahí. Hay tristeza, sí, pero también una calidez que aparece en los gestos mínimos. Dani no pide artificio. Pide una belleza tranquila, casi doméstica, de la que te pilla desprevenida.

En realidad, ahí está la gracia de una marca como Cóndor. Puedes hablar de calidad, de fabricación y de acabados sin que el texto se convierta en un prospecto con pretensiones. Pero además hay espacio para jugar, para mirar los modelos y pensar que ciertas prendas tienen personalidad suficiente como para asociarlas a alguien concreto.

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Domingo lésbico de confianza (VI)

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Hay domingos en los que una no viene a recomendar grandes obras maestras ni a descubrir el Mediterráneo. Viene simplemente a dejar por aquí tres cosas que le han hecho tilín esta semana y que, por una razón o por otra, merecen su pequeño altar croqueta. Esta vez tenemos una serie que ha escalado puestos de golpe por motivos bastante comprensibles, una fantasía pop espacial que parece escrita por… mi y un aniversario que, sinceramente, debería considerarse patrimonio emocional.

Empezamos con The Pitt, que hasta hace nada era para mí una de esas series que sabes que existen, ves pasar por delante y piensas “ya si eso”. Pues bien, eso cambió en cuanto descubrí, gracias a que los siempre utilísimos tuits de Red me lo recordaron, que por ahí aparece Sepideh Moafi. Y claro, con esa información ya no estamos hablando de una serie más. Estamos hablando de una serie que automáticamente mejora y escala puestos.

Porque Sepideh Moafi tiene ese efecto: sale ella y de pronto te interesa una trama que igual ayer te daba bastante lo mismo. Sale ella y todo adquiere otra categoría. Si además resulta que en The Pitt hay alguna cosilla croqueta rondando por ahí, aunque no sea el eje absoluto del universo, pues apaga y vámonos. No hace falta que una serie se convierta en un manifiesto sáfico para que entre en nuestro radar con bastante dignidad.

La segunda alegría de la semana es una de esas noticias que parecen inventadas por una lesbiana de internet con demasiado buen gusto, pero no: esta mañana los astronautas de la misión Artemisa se han despertado con Pink Pony Club. Y qué quieres que te diga, es una de esas pequeñas alegrías que nos da el 2026 (que son pocas pero escogidas)

Hay algo ya de por sí entrañable en la idea de despertar astronautas con música, pero que la elección haya sido Pink Pony Club eleva el asunto a otro nivel.Imaginar a una tripulación espacial (y, para mi, más, porque ahora estoy viendo For the mankind y estoy obsesionada con el espacio) empezando el día con eso me parece directamente maravilloso. La humanidad avanzando hacia gestas históricas y, al mismo tiempo, metiendo a Chappell Roan en la banda sonora del espacio. Chica, no se me ocurre una manera mejor de hacerlo.

Y cerramos con lo importante de verdad, que este fin de semana hace dos años del primer beso de Marta y Fina. Dos años de aquel “¿responde esto a tu pregunta?” que se dijo una vez pero resonó durante semanas, meses y probablemente seguirá siglos en la memoria croqueta nacional. Porque sí, hay escenas que se recuerdan con cariño y luego está ese beso, que pertenece a la categoría de momento que te recoloca un poco por dentro. La tensión acumulada (qué guay la trama hasta este momento, cuantas veces he visto el video recopilatorio), la frase exacta, la manera de mirarse, el contexto entero y esa sensación tan rara y tan satisfactoria de estar viendo una escena que sabe perfectamente lo que está haciendoparecía un momento de verdad. Y probablemente por eso se quedó tan clavado.

Dos años después sigue haciendo ilusión volver a él, citarlo, recordarlo y hablar de ese beso como lo que fue: uno de esos instantes televisivos que, dentro de nuestro pequeño universo, se convierten enseguida en historia reciente. Marta preguntó si eso respondía a la pregunta. Pues sí. Respondió. Respondió muchísimo. Y aquí seguimos, dos años después, viviendo todavía un poco de las rentas de aquel beso.

Y como bonus track, esta cosa tan graciosa del concierto de ayer de Rosalía.

Kathleen Hanna: Girls to the front!

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Una cosa que me gusta mucho cuando pasa es cuando descubro nuevos grupos/libros/loquesea a través de algún artista que me gusta. El último caso es el de las memorias de Kathleen Hanna, Rebel Girl, recomendadas por Hayley Williams en el podcast de Amy Poeher, Good Hang.

A Kathleen ya la conocía de antes porque soy una persona de bien (y porque quien no ha pasado por una fase de chicas rockeras que tire la primera piedra), pero le había perdido la pista hace tiempo. Y la verdad que la tontería me ha venido de perlas para darle un repaso a su vida y obra. Por aquí os dejo mis cosis favs:

Rebel Girl es un buenísimo punto de partida y no sólo porque Hanna hace un repaso de arriba a abajo de lo que fue su vida, sino porque aún siendo alguien ajeno al icono noventero y feminista que es, puede encontrarlo interesante. El libro abarca desde su dura infancia/adolescencia en una familia que bueno, en fin, su carrera musical como cantante en grupos tan influyentes como Bikini Kill o Le Tigre, los claroscuros de la fama y los múltiples ataques que recibió al mostrarse como abiertamente feminista, hasta los últimos años, donde la enfermedad de Lyme ha limitado su capacidad para dedicarse a la música al 100%. Es un libro muy sincero y emocional en el que Hanna narra los altos y bajos de quien muy a su pesar fue, en los 90, el referente del movimiento Riot Grrrl y un espejo en el que muchas chicas decidieron mirarse.

Seguimos con The Punk Singer. Documental dirigido por Sini Anderson sobre lo que significó Kathleen Hanna para la música y la cultura de los años 90. Cuenta con un montón de entrevistas a excompañeros de grupo como Toby Vail o JD Samon, o artistas que en algún momento se cruzaron con ella por un motivo u otro como Carrie Brownstein, Kim Gordon o Joan Jett. Es… *chef kiss*.

De los tres discos que sacaron Bikini Kill, Pussy Whipped sigue sonando como un tiro a pesar de haber sido publicado ya hace más de 30 años. Puro punk rock para escuchar a todo volumen.

Y cambiando totalmente de registro, This Island. Último disco de estudio de Le Tigre en el que deciden tontear un pelín con el pop y en el que no hay skips. La versión que hacen de I’m so excited de las Pointer Sisters puede que sea una de mis canciones favoritas en este mundo.

El juguete que transforma olas en orgasmo: Tsuki + Aonami de Iroha

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La llegada de la primavera invita a perderse en la ciudad y tomarse algo entre risas y esa brisa suave de finales de marzo. Pero te digo la verdad: nada me parece más placentero que estirar las horas de un domingo que nos debe tiempo, secuestrada por las sábanas y masturbándome bajo la luz dorada del atardecer. Además, con la mejor compañía: Iroha Tsuki+ Aonami de Iroha, el primero de sus vibradores con movimiento vertical.

Y es que los vibradores tipo rabbit han existido desde el inicio de la juguetería erótica, y no son pocas las marcas que han adoptado el patrón de movimiento de estos productos y lo han hecho suyo con otros diseños, otras funcionalidades y otras prestaciones. Una de las prioridades de la marca japonesa Iroha es crear instrumentos de placer perfectos en todos los sentidos: acabados cuidados, motores de última generación, funcionalidades innovadoras y ergonomía total. Por eso, el rabbit de Iroha no se podía quedar atrás, y lo cierto es que Aonami ha llegado pisando (y vibrando) fuerte.

Estamos ante un juguete de diseño orgánico, redondeado y amable. En una sola pieza tenemos la parte insertable con motor y el mango, lo cual resulta manejable y sencillo de sostener. De hecho, Iroha tiene la habilidad de diseñar productos sumamente intuitivos, y lo cierto es que no hay nada más agradecido cuando se trata de implementar un juguete en nuestros momentos de placer. La punta también es redondeada, y se estrecha y se aplana un poco en la punta para garantizar una estimulación más precisa de la zona G, porque su misión es estimularla con dedicación absoluta.

Pero, sin duda alguna, lo que me ha conquistado a primera vista y a primer contacto ha sido el acabado. Como viene siendo habitual en la marca, Tsuki + Aonami también está fabricado en silicona ultrasuave al tacto y repelente al polvo que se vuelve increíblemente blandita en la punta. De esta manera, esa estimulación en la zona G, que puede resultar demasiado directa para algunas personas, se vuelve mucho más gentil y delicada. Lo mismo ocurre en el momento de la inserción del juguete.

Como te contaba más arriba, Tsuki + Aonami es el primer juguete de Iroha con movimiento vertical. Hasta ahora, su catálogo estaba formado por juguetes que combinaban vibración y textura, y este modelo incorpora también ese vaivén adictivo que conquistará a los cuerpos más exigentes. La penetración es mucho más activa y, una vez dentro, el juguete se desliza con precisión y un ángulo cuidado para masajear las terminaciones nerviosas que se reparten en el interior de nuestra vagina.

Sin embargo, Tsuki + Aonami nos regala más que un movimiento serpenteante. Incorpora una funcionalidad independiente: la vibración. Podemos utilizar vibración y movimiento de forma simultánea, o deleitarnos solo con uno de ellos. El movimiento tiene 5 velocidades, mientras que la vibración ofrece 5 intensidades estáticas y 3 patrones. Eso significa que tiene un total de 32 combinaciones para hacernos disfrutar con el tipo de estimulación que más nos guste.

Algunos juguetes de Iroha, sobre todo externos, ofrecen un rango de intensidad de vibración que podría quedarse corto para las personas que buscan mucha potencia. No es el caso de Tsuki + Aonami, que aumenta el nivel de intensidad para adaptarse a quienes prefieren intensidad controlada y también a quienes buscan intensidad alta. Además, sus motores son bastante discretos, y eso es una gran mejora con respecto a otros juguetes del mercado tipo rabbit, que suelen ser muy ruidosos debido al movimiento de vaivén.

La interfaz está formada por dos botones: uno pequeño liso y otro más grande con la flor de Iroha. El pequeño nos permite activar, desactivar y cambiar la velocidad o patrón de vibración, mientras que el grande con la flor sirve para activar, desactivar o cambiar la velocidad del movimiento oscilante. La diferencia en el tamaño y en la textura, así como su ubicación, facilitan muchísimo cambiar el ajuste de vibración y movimiento incluso sin tener que ver los botones. Podemos jugar en múltiples posiciones sin tener que parar el juego para encontrar el botón que buscamos.

Desde que probé Tsuki + Aonami por primera vez me ha envuelto esa calma que caracteriza las olas del mar. Tal vez sea por el color, por el mimo de su diseño o por el oleaje de su motor, pero con este juguete resulta sencillo rendirse al placer con lentitud y muchas ganas de seguir explorando. Por supuesto, es ideal para masturbarse, especialmente te gusta la penetración y la estimulación de la zona G. Y te diré más: también te encantará experimentar las embestidas suaves de otras maneras, como dejando que entre y salga en la entrada de la vulva o permitiendo que tantee tu interior mientras descansas de lado y con las piernas cerradas. Ese movimiento de “ven aquí” es claramente una intención de avance, y me ha resultado seductor y ha encendido mi imaginación de todas las formas posibles.

Aun así, Tsuki + Aonami también tiene posibilidades en pareja. Por ejemplo, puedes usarlo en modo manos libres mientras penetras a tu amante con un arnés universal, de esos que tienen un hueco entre las piernas. También puedes utilizarlo para masajearos, para complementar una buena sesión de sexo oral o para disfrutaros despacio mientras entra despacio en vuestro interior.

Sea como sea, si te ocurre como a mí y como a la mayoría de personas que tenemos vulva, y necesitas algo de estimulación externa para alcanzar el orgasmo, no te cortes. Utiliza tus dedos u otro juguete para acompañar ese camino. Si no sabes cuál es el vibrador perfecto, quédate por aquí, pronto te traigo un complemento perfecto de la misma marca.

Gracias a su diseño, también es resistente al agua y sumergible sin superar los 50 cm. En parte, eso se debe al sistema de carga: una cajita blanca y discreta que funciona como base de carga. Es el complemento perfecto para almacenar, cargar y transportar el juguete cómodamente, y nos ayuda a tenerlo siempre cargado. El cargador magnético se conecta a la caja, y se encenderá una luz parpadeante (alrededor de un par de horas). Una vez cargado, la luz se apagará, y podrás usar el juguete alrededor de una hora. Como curiosidad, esta caja de carga está inspirada en las corrientes marinas, y así lo vemos en sus esquinas redondeadas.

Al igual que con otros productos de silicona, es conveniente recordar que solo se recomienda el uso de lubricantes de base agua. Mi consejo es que aproveches un lubricante de calidad y respetuoso con el cuerpo para que la inserción del juguete sea más agradable y sin fricción. Una vez hayas terminado de jugar, asegúrate de limpiarlo con jabón neutro y agua o con un producto específico y de secarlo bien antes de volver a ponerlo en la base de carga.

En cuanto al packaging, Iroha siempre está a la altura. Es un estuche de cartón con acabados holográficos, algunas instrucciones y una caja también azul donde nos espera nuestro nuevo compañero de orgasmos. En el paquete se incluye un manual del uso y el cable, así como la base de carga.

Y ahora la pregunta del millón: ¿para quién es este juguete? Tsuki + Aonami es el compañero de aventuras perfecto para quien disfruta de la estimulación en la zona G y quiere un juguete que vaya más allá de la clásica vibración. Pero, sobre todo, es perfecto para personas que quieren dedicar más tiempo a su placer, sentir las oleadas de forma profunda y experimentar el contraste entre la amabilidad del juguete y el rugido de sus funcionalidades. Sin duda, un imprescindible para quien prioriza su placer y su disfrute con la mejor calidad y la mejor tecnología.

En definitiva: Iroha nos conquista, una vez más, con un juguete impecable desde todos los ángulos. Su suavidad, gentileza y ergonomía son clave para deleitarnos con la experiencia más delicada, pero sus funcionalidades de vibración y movimiento consiguen que nos rindamos al deseo como los marineros al oír cantar a las sirenas.

Consigue tu Iroha Tsuki + Aonami AQUÍ.

(Aprovecha que la marca está de cumpleaños y ofrece un 10 % de descuento con el código IROHA10)

Domingo lésbico de confianza (V)

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Cultura sáfica para acabar la semana con buen gusto

Todos los domingos intento recomendar un par de cosillas que me hayan alegrado la semana y que, de una forma u otra, tengan algún pequeño toque croqueta. No es una lista muy pensada ni especialmente ambiciosa. A veces es una serie, a veces una canción, a veces un libro que aparece mientras estaba buscando otra cosa. La idea es compartir pequeños descubrimientos o momentos que merecen ser comentados.

La serie de la semana es Para toda la humanidad, de Apple+ He retomado la tercera temporada, justo donde la dejé hace tiempo por motivos que no vienen al caso, y me he llevado una alegría al recordar que esta serie tiene personaje croqueta. Concretamente, la astronauta Ellen Wilson, que desde las primeras temporadas vive su orientación sexual en un contexto político y social complicadísimo, y cuya historia va ganando peso conforme avanza la trama. Es una serie increíble, de esas que hay que ver con calma y prestando mucha atención, porque pasan muchas cosas y todas importan. Si la teníais aparcada, como me pasó a mí, merece muchísimo la pena volver a ella. Yo os la recomiendo encarecidamente.

Otro apunte más que recomendación. Se ha confirmado algo que llevábamos viendo venir desde hace años en el universo de Anatomía de Grey. El romance entre Amelia Shepherd y Kai Bartley parece haber traspasado la pantalla y haberse convertido en algo real fuera de la ficción, y es que han salido por ahi fotillos de Caterina y E.R. de la mano y eso ha vuelto a encender la conversación en el fandom, que llevaba tiempo casi dándolo por hecho. No sabemos en qué quedará todo esto, pero ya sabéis cómo funciona nuestra vena fan: ilusión contenida y ojito puesto en los próximos movimientos. Mientras, a retomar la temporada 19, que es donde hay *cosas*.

La recomendación que tengo ahora mismo en el punto de mira es el libro Violetas de España. Gays y lesbianas en el cine de Franco, de Alejandro Melero. Es un ensayo que analiza cómo aparecían personajes o comportamientos homosexuales en el cine durante el franquismo, muchas veces de forma indirecta, escondida o disfrazada, porque la censura hacía prácticamente imposible cualquier representación explícita. Tiene pinta de ser una lectura muy interesante para quienes disfrutamos rastreando la historia queer en la cultura popular y entendiendo cómo se construían esas narrativas en contextos represivos. Yo todavía no lo he empezado, pero lo tengo claramente en la lista de próximas lecturas, esa torre de libros que, si algún día me cae en la cabeza, me dejará sepultada como al Director Skinner en aquel episodio de los periódicos.

Nos leemos el domingo que viene con más recomendaciones croquetas de confianza.