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Accesorios lésbicos: ¿Sí o no?

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Hay una cosa que el ser humano no ha inventado y que es una pena porque seguramente se haría de oro si lo hiciera. No me refiero en este caso al crecepelo, que, oye, también estaría bien para casos de alopecia extrema como los que vemos en algunos de nuestros queridos compañeros patrios.

neon-lesbico
Esto en la frente, sería de mucha ayuda.

No, qué va, estoy hablando de las luces de neón para las bolleras. Sí, en serio, creo que todas hemos pensado en un momento u otro que nos haría falta un panel luminoso en la frente para reconocernos, porque eso de afinar el gaydar es una tarea muy dura que casi nunca acaba bien porque tampoco se han inventado los talleres mecánicos para detectores de croquetas. Y el mío lleva defectuoso tantos años que ya va necesitando una puesta a punto.

Pero, bueno, a falta de luces de neón, siempre nos quedan los esforzados accesorios lésbicos con estampados arcoiris que no dejarán lugar a dudas si eres de las que juega al despiste.

paraguas
¿El paraguas de Rihanna?

Estos productos del merchandising serán tus grandes aliados si resulta que te ha tocado tener un físico como el mío, que hagas lo que hagas con él seguirás pareciendo heterosexual por mucho que te esfuerces. La naturaleza no ha sido croquetofriendly con muchas de nosotras, de manera que da igual la cantidad de camisas a cuadros que tengas en tu armario o de cuántas maneras te peines el pelo. Bien sea con una cresta o con un rapado, irás a un bar gay y seguirán pensando que eres hetero. Y seguirás escuchando frases del tipo “¡Pero no lo pareces!” que te harán desear contestar con frases del tipo “Tú tampoco pareces cortito y mírate”.

¿Entoncés qué? ¿Qué es lo que te queda? Bueno, siempre puedes esperar a que la naturaleza haga sus estragos con todas nosotras y nos equipare allá por los noventa, cuando ya seamos unas viejecitas caducas con más o menos arrugas y el mismo rubio oxigenado de peluquería. Pero si no quieres esperar a tener la menopausia, la solución es abrazar los gadgeto croqueta o lo que es lo mismo: los accesorios lésbicos, creados por y para que las lesbianas nos identifiquemos. Creados por y para hacer negocio (no nos engañemos) a costa de la necesitad que tenemos de reconocernos unas a otras.

Y hay cientos, en serio. Desde los pendientes más espantosos del planeta a una bandera 4×4 que te si te la anudas al cuello te hará sentir como la superwoman de las nenas, aunque estoy segura de que en las instrucciones de uso no te animan a que pruebes tus dotes de vuelo.

Tenemos gorritos hiper discretos…

Pendientes, pulseras y collares que no dejarán lugar a dudas, salvo a aquellos que sean fans de Mi pequeño Pony y de idílicas puestas de sol tras una tarde lluviosa….

Gafas con las que es imposible ver, cinturones, calcetines, zapatillas deportivas, bragas —sí, bragas— y bufandas que no debes mirar más de diez segundos seguidos si eres propensa a los ataques epilépticos…

Y cientos de mil gadjetocroqueta más que no pondré en este post porque me eternizaría.

El problema de estos accesorios es que no son para todos los gustos. No os negaré que cumplen de manera muy efectiva y rotunda su función de sustituir las anheladas luces de neón, pero estoy casi segura de que si te los pones corres el riesgo de espantar a muchas niñas que al vértelos pensarán que a) si acaban enrolladas contigo vuestras citas consistirán en largas acampadas frente a los Ministerios o b) bonitos, bonitos… no son. Llamativos. Coloridos. Divertidos… son adjetivos que encajan mejor con estos artilugios arcoiris, pero la palabra elegante no marina bien con ninguno de ellos. Aunque, oye, a lo mejor ligas, ¿no? Y si es así, que te quiten lo bailado. Bien sabe Circe que a veces todas necesitamos llevarnos algo a los labios.

Yo recuerdo con cariño una época en la que estuvo muy de moda eso de ponerse un anillo en el dedo pulgar. En teoría significaba que entendías, aunque tengo que reconocer que nunca me quedó del todo claro en qué mano era, así que me lo iba cambiando indistintamente de pulgar, según se terciara. También tenía mis dudas sobre si se trataba de una señal solamente para los gays, no tanto para las mujeres. Pero, bueno, que yo me lo ponía igual, aunque he de decir que en ningún momento me funcionó y hasta yo creo que estaba gafada. Así que acabó sepultado en el fondo de algún joyero, como glorioso signo de una guerra que la tengo perdida desde que mis padres decidieron juntar su ADN.

Las mujeres tenemos la ventaja de las llamadas camisetas de tirantes o tank-tops, que si además las llevas sin sujetador se supone que son lo más en eso de la visibilidad lésbica, pero al final no son más que estereotipos y no se nos puede olvidar que no están hechas para todas. Una lorza extra es la mayor enemiga de este tipo de moda y debes recordar que no son territorio exclusivo de la croquetería mundial, por lo que la confusión está a la orden del día. No vaya a ser que entres a una chica solo porque lleva uno y al final descubras que es la nueva novia de tu hermano… O Lena Headey (¡Error!). O Jodie Foster (¡Acierto!).

Que siempre cabe la posibilidad de calzarte una camiseta con un lema, y de esas hay cientos donde elegir, pero seamos francas, una no va a su trabajo con un estampado que ponga “Nadie sabe que soy lesbiana”. ¿O sí? Me diréis que todo depende del trabajo, y en eso tendré que daros la razón, aunque me repatee hacerlo, claro, pero en líneas generales no se estila demasiado.

También está la opción de decorar tu móvil con alguno de estos accesorios, que últimamente está muy de moda comprarse carcasas que son toda una declaración de intenciones, pero sigo pensando que la solución del neón que se activa cada vez que pasa una croqueta por delante es mucho más fácil, indolora y necesaria.

No sé, podría ser una especie de código de barras que se accionara como cuando pasas los productos por la caja del supermercado. Bip, croqueta, bip, bip, bip, super croqueta, bip, bisexual, bii-i-i-ip…. biiiiip… error en el sistema, error en el sistema: heteroflexible confundida!!!! Algo así, ya me entendéis, cualquier cosa que nos haga la vida un poco más fácil, para que no tengas que vértelas haciendo guiños con los que tú crees que a esa chica de allí le ha quedado claro que te gusta, y resulta que ella está interpretando que tienes un severo tic en el ojo o un jodido retraso.

Pero lamento deciros que mientras la tecnología no se incline hacia el lado femenino —y con el precio al que están los tampones parece que no va a ser así en mucho tiempo—, nos vamos a tener que conformar con estos objetos que en la mayoría de los casos son una apología del terrorismo al buen gusto, aunque hay honrosas excepciones, como la última cena lésbica, creada por lundbergbl y que quedará genial en la pared de tu salón:

lesbian last super

O una postal que no deja lugar a dudas, con la que te podrás declarar a esa niña que te gusta:

tijeras
La puedes encontrar en TwoPenguinsCards.

O las chanclas lesbis. ¿Que no has oído hablar de ellas? Pues ya estás tardando. Las ha creado Eveyhammondd, autora de Vicisitudes de una lesbiana, un blog que, por cierto, os recomendamos, y a su autora todavía más porque es un encanto y con su creación nos ha abierto un mundo de posibilidades en estas lides del merchandising lésbico elegante. Aquí las tenéis:

chanclas-lesbis

Con estas chanclas no solo pisarás fuerte allá donde vayas, sino que podrás jugar a enseñarlas (o no), según cómo pongas los pies. Recuerda descalzarte al menos uno cuando te acerques a una chica que te gusta y deja caer algo al suelo para que ella se agache a recogerlo. Seguro que no falla.

Pero, volviendo a lo que nos ocupa, ¿te gustan los accesorios lésbicos? (Y no estamos hablando de los últimos artículos, pues ya hemos dejado claro que son una excepción a la regla) Hablamos de los otros. Los arcoiris. ¿Los has usado? Bien sabemos que todas atravesamos una etapa de autodeterminación en la que cualquier cosa ayuda y es muy posible que en ese momento de encontrarse a sí misma más de una hayamos comprado alguno de estos productos, pero, al final, fuera de la celebración del Orgullo Gay, seguro que se quedan encerrados en el armario, justo de donde tú decidiste salir hace mucho tiempo.

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