¿Qué ocurre cuando tenerlo todo no es suficiente?

Una casa preciosa. Un buen cuerpo. Dos hijos. Dinero. Una pareja que te quiere. El coche con el que siempre soñaste. A veces, se apodera de ti un sentimiento de vacío cuando miras a tu alrededor y ves que todo es, simplemente, perfecto. Y lo hace de la manera más insospechada. Te levantas un día como otro cualquiera y descubres que la inquietud se ha adueñado de ti, se retuerce en tu interior como lo haría una culebra.

concussion1

Esto es lo que le ocurre a Abby (Robin Weigert) en Concussion, una película que da una patada al sistema, recordándonos que incluso las parejas de lesbianas con hijos tienen derecho a ser infelices.

Abby es una preciosa e inteligente ama de casa que vive en los suburbios de Nueva York. Con el paso de los años se ha convertido en una madre ejemplar. Nunca se olvida de recoger a los niños. Suda la gota gorda en sus clases de spinning. Tiene la casa como los chorros del oro y la cena está lista cuando su mujer, Kate (Julie Fain Lawrence), una exitosa abogada especializada en divorcios, llega cansada del trabajo por las noches. No obstante, hay algo que no encaja, y cuando Abby recibe un pelotazo en la sien que acaba enviándola al hospital, experimenta una catarsis que hará añicos su inmaculada y perfecta existencia.

Screen Shot 2012-01-25 at 11.53.36 AM | Jan 25 concussion_3

Tras la contusión, la Abby amable y recatada se convierte en una persona ansiosa, que busca a su mujer en la cama pero no la encuentra, que se gira cada vez que ve a una mujer atractiva en la calle. Para controlar esa nueva energía, decide retomar su actividad profesional y empieza a decorar un precioso loft de Manhattan con la ayuda de Justin (Jonathan Tchaikovsky). Pero tampoco esto es suficiente para saciar su ahora más que despierta libido.

Frustrada, Abby decide contratar los servicios de una prostituta, pero la experiencia acaba siendo poco placentera. La muchacha no es lo que estaba buscando, no da la talla, y será Justin quien la ponga en contacto con otra meretriz con más clase y experiencia que la primera. Esto lo cambia todo. Muy pronto, Abby se convertirá ella misma en una escort con base en el loft que están remodelando, iniciando, así, una doble vida que pone patas arriba su hasta entonces perfecta existencia.

Concussion es, en este sentido, una patada al sistema. Nos recuerda que las parejas heterosexuales no son las únicas que atraviesan por momentos agridulces en sus matrimonios. Hasta ahora, habíamos visto multitud de películas que abordan la crisis de mediana edad, los conflictos maritales, la desazón cuando la pasión muere y empieza a fallar la comunicación en las relaciones más estables. Pero, hasta el momento, nadie lo había hecho desde una perspectiva lésbica. Y esa es la gran aportación de esta película dirigida por Stacie Passon.

Vivimos en un mundo en el que las parejas homoparentales se enfrentan a la presión de tener ser mejores que las heterosexuales. Se les obliga a demostrar más, ser más, dar más, porque se pasan la vida en el ojo del huracán, siendo juzgadas injustamente por gente que menosprecia su capacidad para tener una familia normal. Viendo esta película, se me vino a la cabeza una frase que Bette Porter le espeta con rabia a su pareja, Tina, en una escena de The L Word. Le dice que por ser madres lesbianas tienen que ser mejores que ellos. Que los heterosexuales. Porque cualquier fallo que cometas será juzgado ante tribunales de falsa moral. Qué triste verdad. Sin embargo, nos olvidamos de que somos solamente humanos, con nuestros fallos y aciertos, y que sufrimos las mismas dudas, frustraciones, y problemas que cualquier otra pareja. En este sentido, Concussion es un grito por el derecho de lesbianas y gays a no ser juzgados con una escala de valores diferente.

concussion2

Se ha dicho que la película no es más que una exploración del temido “lesbian bed death”, esa leyenda urbana de que las parejas lésbicas estables acaban por convertirse en más amigas que amantes. Yo no creo que vaya de eso. Sí, tiene muchas escenas eróticas, el sexo está presente desde el minuto número uno; el anhelo, también. Pero para mí Concussion es más una película sobre la necesidad que tenemos los seres humanos de SENTIR. Todos buscamos la perfección en nuestras vidas, pero cuando esta llega, nos damos cuenta de que no es suficiente, de que las casas en las que impera el orden inmaculado son de catálogo de revista… pero en ellas no vive nadie. Están muertas.

La película, no obstante, peca de dejar frío al espectador. Robin Weigert está espectacular en el papel de mujer abandonada y  vulnerable. Lo borda. Y aunque el resto de la cinta es formalmente buena, se acusa su ritmo narrativo lento y la frialdad con la que se presentan los hechos. Quizá ese sea el gran fallo, que Concussion es como un paquete de Navidad preciosamente envuelto, sin embargo, cuando lo abrimos, el regalo no llega a entusiasmarnos todo lo que debería. Pasará, por lo tanto, a formar parte de nuestra videoteca lésbica, aunque dudo que se convierta en una de esas cintas que revisionaremos hasta la saciedad, como ha ocurrido con otras películas de género.

A pesar de todo, nos agrada poder decir que no es un mega truñaco lésbico, como tantos otros que nos hemos metido entre pecho y espalda porque deseábamos vernos identificadas con sus personajes. Concussion tiene al menos un mensaje claro y es una de las películas de referencia LGBT que se estrenan este año, aunque tendrá que vivir a la sombra de la galardonada La Vida de Adèle, porque esa sí la estamos esperando como agua de mayo. Próxima parada cinematográfica: 25 de octubre. ¿Preparadas?