Al gimnasio con Kylie Minogue

Si hablamos de grandes divas, quizá no sea la primera que nombraras, pero está claro Kylie Minogue formaría parte de la lista. Lleva treinta años llenos de hits, y el último single que ha sacado, que forma parte de su recién estrenado disco Kiss me once, nos ha dejado completamente ojipláticas. La australiana más internacional se enfunda un body y unos tacones y nos deleita con una sesión de bodyfitness que termina siendo… algo más con otra chica.

¿Cómo se os ha quedado el cuerpo? Yo voy a poner una reclamación en mi gimnasio, porque ni es todo tan sugerente ni hay masaje feliz al final de la clase de Zumba. Si tenéis más ganas de fitness, esta vez menos croqueta, tenéis hasta cuatro versiones del videoclip disponibles. La de Hattie Stewart es la que más nos ha gustado. 

 

Al gimnasio con Kylie Minogue
Bounce, bounce…
Al gimnasio con Kylie Minogue
… Y Vertical Bounce

11 Comentarios

  1. Vale, pescado y ensalada to la que quieres, pero con cañita. Y tu corre que te guardo el sitio jajajajaja. Y sobre la kelly, es familia de Jordi Hurtado y de claudia schiffer, y han pactado con el demonio todos, eso es trampa y «carta cartulina» porque yo así no juego

  2. Lo de Jordi Hurtado es de cuarto milenio…Cuando le digo a mi madre este hombre siempre esta igual ella me responde no te creas que esta gente se consumen, como la vecina del 6º2º jajajajajajajajajaajaja

  3. Na, grabaron todos los programas el mismo día, y, en realidad, este hombre se está consumiendo escondido por ahi por algún poder superior, efectivamente, tu madre es por lo menos la fuente secreta de Santiago Camacho jajajaj

  4. «El Método Kylosmin»: sólo pescado y una lordosis de cuatro pares de cojones. Jodida pero contenta.

  5. ahahaha! No, no, claro, al resto de la humanidad le duele, pero a Kaili no. De hecho, lo de que en sus video-clits baila es una puritita ilusión óptica. Si te fijas bien, no son pasos de baile, son variantes hiperlordósicas encadenadas, como asanas, pero en chunga. Lo que ocurre que ella las enlaza con tanta fluidez que a nuestras retinas (ralentizadas por el babeo) les parece que baila.

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