beyonce lemonadeCuando Beyoncé lanzó en febrero Formation, lo que iba a ser el single de presentación de su nuevo disco, nos prometió que este sería un disco político, el más político de su carrera. No en vano Así era Formation, una denuncia visual de cómo el huracán Katrina y la dejación de las autoridades había sumido a la comunidad negra de la ciudad en la miseria y el olvido más absolutos. La denuncia social se mezclaba con el feminismo, el racismo, la cultura queer, y la cultura negra. Porque Beyoncé, la mujer más poderosa del mundo, sabe lo que es, y lejos de pedir perdón por ello, se ha sacado de la manga Lemonade.

Presentado con un especial de una hora en la HBO, Lemonade es todo el discurso de la cantante de pop más importante de los últimos tiempos (sin permiso de nadie, ni siquiera de Madonna) convertido en pieza audiovisual. La texana hace de uno de los puntos más bajos de su vida, la infidelidad de su marido, el punto de rebote para conseguir resurgir de sus cenizas con más fuerza que nunca.

Durante todo el disco nos cuenta, con una exactitud tan reconocible que da miedo, todos los estadios de la traición: Angustia, ira, incertidumbre, perdón y, en último estadio, el vuelo del fénix, ilustrado con la canción más potente del disco, Freedom. Lemonade va de lo concreto a lo general: de una infidelidad puntual a los sentimientos más universales, esos en los que cualquier puede verse reflejado.

«¿Qué es peor, parecer celosa o loca?»

El disco no tiene un single claro, una canción que vaya a sonar en la radioformula y se convierta en un icono. No hay un Single ladies, ni un Love on top, ni siquiera uno borroso como Run the world. Y la razón es muy sencilla: Lemonade no es un puñado de canciones puestas juntas, es un todo, una pieza indisoluble.

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Gracias a la película podemos ver cómo la cantante, y ahora también productora y compositora, no deja ni un cabo suelto a la hora de hacer su discurso. Hay parejas gays, parejas de lesbianas, mujeres negras de todas las edades intercaladas con discursos de Malcom X e imágenes familiares de la propia Beyoncé, que se acuerda de quienes vinieron antes que ella haciendo pequeños homenajes como la transición entre Love Drought y Sandcastles, que es una canción de Nina Simone.

Estábamos habituadas a que el feminismo rampante de la artista tuviera pinceladas en sus álbumes, como por ejemplo en la muy queer Flawless, con ese discurso de Marie Shear, Feminism is the radical notion that women are people,  intercalado en la canción, pero Lemonade lo lleva todo a otro nivel. Todo el mundo está hablando del álbum y, una vez más, vamos de lo concreto a lo general: todo el mundo está hablando de feminismo, de racismo, de discriminación.

Beyoncé ha conseguido crear algo que, empoderando complemtanete a la mujer negra, en la película, en los ritmos de las canciones, eminentemente negros, como el reggae en Hold up o el folk más sureño de Daddy Lessons, conjugado con exponer sus sentimientos en primera plana, llega directo al corazón de cualquier oyente. Como bien dice la abuela de Jay-Z en el álbum, le dieron limones e hizo limonada.