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La Mujer En El Cine II. Portada, Hay una lesbiana en mi sopa

Desde los comienzos del cine, allá por los últimos compases del siglo XIX, la mujer ha jugado un papel activo en este arte, a pesar de que el número de cineastas no sea equiparable al de sus homólogos masculinos. Aunque quizá los historiadores de este portento cultural, generalmente hombres, no hayan puesto en valor el legado histórico que figuras como Alice Guy, Dorothy Arzner, Lois Weber, Helena Cortesina o Elena Jordi han dejado para el devenir de esta industria.

Dejando de lado el pasado y la duda de si la historia ha sido justa con todas aquellas mujeres, y volviendo al presente, la pregunta es otra. ¿Hay paridad en el mundo del cine? ¿La ocupación en la industria se distribuye de forma homogénea entre hombres y mujeres en el siglo XXI?

Para leer este artículo, recomendamos escuchar la siguiente lista de reproducción con canciones ganadoras de un Óscar interpretadas por mujeres. 

“Sin duda hay muchísimos más hombres que trabajan en la industria en comparación a las mujeres. Hollywood ha sido un club de chicos desde hace mucho tiempo”, explica a HULEMS Bryn Woznicki, actriz, productora y directora nacida en Los Ángeles que, a sus 29 años, ha conseguido que su primer largometraje, Her Side of the Bed, llegue a la fase de postproducción después de una campaña de crowdfunding para financiarlo.

Woznicki explica que “ha estado haciendo películas” desde que era una niña, y que en el instituto empezó a grabar sketches cómicos con sus amigos y su hermana pequeña. Cuando empezó la universidad, trató de estudiar diferentes profesiones como moda o psicología –“pensé que sería más inteligente tener un grado ‘práctico’”, reconoce–, aunque acabó decantándose por el séptimo arte. “Me apunté a una clase de cine como materia optativa. Me llenó de tanta alegría que me encantó hacerlo, y sentí que era lo correcto. He estado haciendo películas desde entonces”.

Desde 2009, la cineasta californiana no ha dejado de trabajar en el sector como actriz, directora y productora. Y aunque durante estos años dice no haberse sentido discriminada “exactamente” por ser mujer, sí reconoce que es una cuestión “más difícil de explicar”.

“No es necesariamente ser discriminada sin más, sino más bien ser tratada ‘de manera diferente’ por ser mujer. Es sexismo, más que discriminación, y el sexismo rara vez es evidente. Es ir a un festival de cine, y cuando todos los ganadores se ponen en fila para recibir los premios, hay diez hombres por cada mujer. Es el sentimiento subyacente de no ser tomada en serio”, subraya, y recalca que ese “sexismo cinematográfico” se refleja en cifras y estadísticas objetivas.

En 2015, en Estados Unidos, “las mujeres representaron el 19% de todos los directores, guionistas, productores, productores ejecutivos, montadores y fotógrafos trabajando en las 250 películas domésticas más taquilleras”, según afirma el demoledor informe The Celluloid Ceiling: Behind-the-Scenes Employment of Women on the Top 100, 250 and 500 Films of 2015, un estudio anual que la doctora Martha M. Lauzen elabora desde hace 18 años. Esta tendencia de ocupación no ha variado en exceso desde 1998: desde aquel año, la mujer no ha conseguido representar el 20% de la industria.

Este informe analiza la ocupación de las mujeres en los puestos de “mayor responsabilidad” de los filmes: directoras, guionistas, productoras ejecutivas, productoras, montadoras y fotógrafas. Y, si el cómputo total del análisis del “top 250” de las cintas estadounidenses arroja que de las 2.735 personas empleadas para realizar esas películas, el 19% fueron mujeres, el estudio de cada una de esas profesiones por separado no es más alentador para las cineastas.

The Celluloid Ceiling revela que en 2015 a las mujeres “les fue mejor” como productoras (26%), seguido por montadoras (22%), productoras ejecutivas (20%), guionistas (11%), directoras (9%) y fotógrafas (6%). Unas cifras que, como ocurre con el gráfico que muestra la casi estancada evolución desde 1998 de la ocupación femenina en la industria del cine, no ha crecido de forma significativa desde hace diecisiete años.

Las mujeres tienden a trabajar más en documentales (36%) y en comedias (34%), y su ocupación decae cuando se trata de películas de terror (11%) y de acción (9%), según la investigación de la doctora Lauzen.

Otro dato interesante es la relación de cuántas mujeres fueron contratadas en cada una de las películas: tan solo el 1% de las 250 cintas empleó de 10 a 11 mujeres. De  2 a 3 mujeres suele ser la cifra más común de ocupación femenina (el 36% de las películas), seguida del cómputo de 0 a 1 mujeres cineastas, un mantra que cumplen el 33% de las producciones de 2015. Estas cifras contrastan de manera evidente con la ocupación masculina: el 61% de las películas empleó de 10 a 27 hombres, y tan solo en un 1% de los filmes trabajaron de 0 a 1 hombres.

El informe financiado por el Centro de Estudios de las Mujeres en la Televisión y las Películas de la Universidad de San Diego añade en su edición de 2015, por primera vez, el estudio de las 100 y 500 películas domésticas más taquilleras en Estados Unidos. En la primera muestra de un centenar de cintas –1.337 personas para elaborarlas–, las mujeres solo ocupan el 16% de todos los empleados, y en la muestra de medio millar, de las 4.478 personas empleadas, el 21% fueron mujeres.

En estas dos nuevas secciones del estudio, la tendencia de la ocupación femenina según la especialidad se mantiene con respecto a los resultados de las 250 películas más exitosas. El puesto en el que la mujer destaca más sigue siendo en el de productora tanto en la muestra de 100 películas como en la de 500 (22 y 26%, respectivamente) y las fotógrafas se llevan una vez más la peor parte de la estadística, con un 3 y un 10% de ocupación.

Este estudio, aunque representativo y esclarecedor, no analiza absolutamente todos los “gremios” cinematográficos de los que depende una producción para convertirse en una película, ya sea una de las más vistas –el termómetro que utiliza The Celluloid Ceiling para elaborar su muestra– en las salas de cine o un auténtico fiasco de taquilla.

Otras especialidades del cine como las de maquillaje y peluquería, o la de diseño de vestuario, han sido históricamente “cosa de mujeres”, como recuerda Woznicki, porque están más en la línea de la “feminidad tradicional”.

“Como en los años 50 –apunta Woznicki–, cuando los hombres podían ir al trabajo y ganar dinero para sus familias, mientras las mujeres se quedaban en casa y cocinaban y limpiaban y atendían a los niños. Tradicionalmente, el peinado, el maquillaje y el diseño de vestuario han sido considerados ‘trabajos de mujeres’. Mientras que dirigir un set, como hace un director, podía compararse con dirigir una empresa, que tradicionalmente es algo que podría hacer un hombre”.

Esos trabajos en los que la mujer ha tenido mayor presencia a lo largo de la historia del cine, o que se pueden asociar a la figura más tradicional de “mujer cineasta”, sí son objeto de estudio en otra investigación sobre el sector, esta vez una de la industria española: el Informe anual de Cima, la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales.

Los datos reflejan que vamos en la buena dirección, pero aún queda mucho, mucho camino por andar. Las mujeres apenas representamos un 26% de la industria”, señalan a HULEMS fuentes de Cima sobre los datos de su último informe, el de 2015, en el que la asociación analiza 143 largometrajes que presentaron candidaturas en la 30 edición de los Premios Goya (2016), el baremo en el que se basan para recopilar las películas que van a formar su muestra.

La investigación arroja, en efecto, que de las 1.876 personas que trabajaron en las 143 películas analizadas, 493 fueron mujeres, es decir, “las mujeres representaron el 26% de los puestos de mayor responsabilidad frente al 74% que representan los hombres”.

Para llegar a esa conclusión, el Informe anual, elaborado por Sara Cuenca, toma como referencia catorce de las 28 categorías estipuladas en los premios Goya, que hacen alusión a los “doce cargos demandados por el objetivo de la investigación”. Desde dirección, pasando por maquillaje y peluquería, o efectos especiales, la Cima divide esa docena de categorías en cinco grupos de especialidades: el grupo directivo, el artístico, el ejecutivo, el de especialistas y el técnico.

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Según estos datos, la mujer en la industria de España es empleada sobre todo en el “grupo de especialistas”. Las cineastas españolas lideran en diseño de vestuario (92%) y en maquillaje y peluquería (75%), como señalaba Woznicki sobre estos “trabajos de mujer”, y el podio lo completaría dirección artística (44%), “conocida durante décadas en España como escenografía”.

En contraposición, es en el grupo técnico (efectos especiales y realización de sonido), en el que se encuentra la cifra más baja, un 8% de mujeres. A este le sigue el grupo directivo (dirección, guion, producción) con tan solo un 20% de representación femenina, según especifica Cima en su informe porque la “cualificación requerida suele ser más elevada y pese a que las mujeres también puedan tener dicha cualificación, los puestos específicos de liderazgo se continúan atribuyendo al sexo masculino”.

El Infomre Anual de 2015 también presta atención a los diferentes géneros cinematográficos. Del apartado de largometrajes documentales se desprende que el 23% de los cineastas fueron mujeres. En ficción la cifra desciende a un 29%, y en animación cae hasta el 8%.

Estos dos estudios, aunque elaborados con criterios distintos –mientras que The Celluloid Ceiling analiza las películas según los datos de taquilla, el informe de Cima lo hace con cintas que han presentado candidaturas a los Premios Goya– arrojan, en el fondo, una realidad similar en Estados Unidos y en España: que las mujeres no ocupan el mismo porcentaje de contratación en la industria del cine en comparación a los hombres, aunque sí lideren “oficios tradicionalmente femeninos” del sector como peluquería y maquillaje y diseño de vestuario.

La brecha de ocupación entre hombres y mujeres en la “masculinizada” industria del cine es, según explica Cuenca en la investigación que elabora para Cima, un “eslabón clave en el compromiso de consecución de una sociedad más igualitaria”, porque, como subraya, el cine es un “agente socializador. Con esto, nos referimos a que el cine es transmisor de cultura y el impacto de los valores que este promueva germina en los espectadores”.

Esos números y estadísticas que hay detrás de las cámaras reflejan una realidad social que Woznicki enmarca dentro del sexismo de la sociedad estadounidense, aunque bien podría equiparase a la cultura occidental en general, que según recalca, “enseña” a “las mujeres, las personas de la comunidad LGBTQIA, la gente de color, las minorías en general” que “no tienen voz, que su punto de vista no es válido. Que ellos mismos no son reconocidos ni son capaces de hacer el trabajo que tradicionalmente hacen los hombres blancos”.

“Las ideas con las que hemos sido alimentadas subconscientemente durante toda nuestra vida (sobre todo mediante los medios de comunicación) de que las mujeres están hechas para ser objetos sexuales para los hombres, que somos menos capaces que ellos, menos inteligentes (lo cual está considerado algo malo) no pueden dirigir a un grupo de personas. Por culpa de estos destructivos, insidiosos pensamientos, que nos alimentan desde que nacemos, por eso las mujeres tienen más difícil hacerse un hueco en la industria del cine, o en convertirse en CEO de las compañías”.

Aunque la cineasta deja entrever un haz de optimismo en su discurso, y recalca que, aunque en 2015 los números dejaron un 19 y un 26% de mujeres cineastas en Estados Unidos y en España, ya se está gestando un “cambio” en el “masculinizado” sector cinematográfico.

«Creo que está empezando a cambiar. Internet tiene mucho que ver en ello, porque internet permite crear una red de comunicación como nunca la hemos visto hasta ahora. Las mujeres pueden hablar con otras mujeres alrededor de todo el mundo sobre sus experiencias, y pueden darse cuenta de que no están solas en aquello de sentirse marginadas. Pueden agruparse, crear un diálogo y crear un cambio. La gente marginada siente que no tiene voz. Han sido ninguneados, echados a un lado desde que tienen memoria, y no sienten que tienen la fuerza para combatirlo. Pero juntos pueden, y lo conseguirán», concluye Woznicki.

Continuará…

 

 

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