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Kenny Ortega lo ha hecho todo mal en este remake de The Rocky Horror Picture Show. Todo, todo, todo. Y ha conseguido lo hasta hora impensable, escuchar Time Warp y no sentir ganas de querer dar un salto a la izquierda y un paso a la derecha.

Habíamos oído en entrevistas que esta nueva versión sería una versión modernizada The Rocky Horror Picture Show más acorde a nuestro siglo y no sólo un remake. El fichaje de Laverne Cox para el papel de Frank-N-Furter, el travesti de la Transilvania transexual que crea un hombre para su exclusivo disfrute y retiene a Brad y a Janet en contra de su voluntad en su mansión después de que estos tuvieran un pinchazo y decidieran entrar pidiendo ayuda, indicaba que esta era la dirección que querían tomar. Una mujer como Frank desde luego que es una vuelta de tuerca cuanto menos interesante para hacer del exagerado, trastornado y un poco violento Frank. Pero Laverne Cox en ningún momento hace de una Frank creíble y no llega a explotar todo su potencial ni el de su personaje.

La elección de una mujer para hacer de Frank conlleva problemas y sinsentidos que no se salvan sólo con cambiar los pronombres de masculino a femenino si no se mete mano más en profundidad a la historia. En esta nueva versión, Brad descubre que es gay después de haberse acostado y haber disfrutado con una mujer. Pues ok. Luego, Janet tiene su primera experiencia sexual ever, la cual es de naturaleza lésbica, le lleva a su despertar sexual, pero, como muchas otras veces durante las dos horas de película, se le da menos cero importancia al elemento queer anulada por la que se centra entre ella y Rocky en Toch-a, touch-a, touch me. Pues ok, también.

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Este remake de The Rocky Horror Picture Show es una copia del original, pero no una cualquiera, una mala con ganas, que languidece hasta en comparación con el tributo de Glee al musical. De la quema no se salvan ni las versiones de las canciones, que meh total, y mucho menos el elenco, sobreactuado y sin gracia, del que sólo me convence el lado rockabilly de Adam Lambert en Hot Patooie.

El carácter provocador y su representación de la sexualidad es lo que ha elevado el original a ser considerado película de culto y todo un clásico del cine queer, pero aquí todo eso brilla por su ausencia. Y lo que es todavía peor, han heterosexualizado y hecho la versión de The Rocky Horror Picture Show más casta posible. El horror. EL HORROR. No deja de ser irónico que del salón colgase una bandera LGBT, porque es que igual yo llevaba las gafas sucias ese día, pero he contado un número considerablemente inferior de interacciones entre personas del mismo sexo que en el original y cero de ellas fueron explícitas.

Hacer un remake de una película como esta no es tarea fácil. Tiene ciertos elementos problemáticos los cuales ni se han molestado en cambiar, y eso sin contar con que no toda la comunidad trans estaba muy de acuerdo en elegir a una mujer trans para interpretar a Frank, un personaje negativo para los estereotipos contra los que tratan de luchar. Además de ser una película que exige ser valorada teniendo muy en cuenta el contexto y la época en la que ha sido estrenada, mediados de los 70, y la represión existente todavía. Kenny Ortega ha decidido pasar por alto todo eso y hacer un calco, sobreproducido, recatado y soso, en el que se diluye el mensaje a favor de la libertad sexual que caracteriza a The Rocky Horror Picture Show. Un calco que ni siquiera hubiera escandalizado a la gente de hace 40 años.

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3 Comentarios

  1. Destrozaron the rocky horror picture show, increíble! Creo que si lo hubiesen querido hace peor no hubiesen podido. This sucks!

  2. Destrozaron the rocky horror picture show, increíble! Creo que si lo hubiesen querido hacer peor no hubiesen podido. This sucks!

  3. Destrozaron the rocky horror picture show, increíble! Creo que si lo hubiesen querido hacer peor no hubiesen podido. This sucks!

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