Trumpn, Hay una lesbiana en mi sopaEstados Unidos vivía un día histórico a muchos niveles en junio de 2015. Después de mucho litigio, el Tribunal Supremo declaraba que el matrimonio igualitario er constitucional en los 50 estados que conforman Estados Unidos. Cualquier ciudadano del país era libre de casarse con su pareja, sea esta hombre o mujer, en cualquier punto del país. Este derecho fundamental en una de las economías más potentes del mundo llegaba con varios años de retraso con respecto a otros países. Se había tardado mucho en conseguirlo, y ahora mismo, con la elección como Presidente de Donald Trump, no queda nada claro que esto siga siendo así.

El nuevo presidente se ha distinguido durante toda la campaña por decir una cosa y también la contraria, por inventarse argumentos que podían complacer a su audiencia y por negar realidades más que evidentes. Durante la última parte de la misma ha dedicado algunos gestos a la comunidad LGBT, como ondear una bandera arcoíris, pero eso, como todo en él, no significa nada. En su mano está proponer a jueces para la Corte Suprema, y varios de ellos se distinguen por sus posiciones férreas en contra de las leyes anti discriminación.

De los candidatos que Trump señaló como posibles integrantes destaca Timothy Tymkovich, de Denver. Durante su etapa como segundo de la oficina de fiscal de Colorado, Tymkovich trabajó muy duro por implantación de la enmienda 2 del Estado, con el objetivo de revocar protecciones legales para los ciudadanos LGBT, ya que estas leyes les otorgaban «derechos especiales». Qué cosas.

Pence Cabro%CC%81n, Hay una lesbiana en mi sopaPero no es este el individuo más importante en el puzzle. Esa pieza lleva el nombre de Mike Pence, vicepresidente electo de los Estados Unidos. Pence, a quien muchos definían como «el verdadero peligro», firmó una ley estatal de libertad religiosa en Indiana el año pasado, con la intención de, escudándose en las convicciones morales de cada cual, poder discriminar a personas que no te gustaran *por algo* sin que la ley pudiera actuar contra ti.

Está plenamente convencido de que el matrimonio igualitario traerá el fin del mundo, y así lo dijo en una conferencia, en la que advirtió de que «el colapso de la sociedad siempre lo trae el deterioro del matrimonio y la familia». Cree que ser lgbt es una elección personal, y que todas sus políticas discriminatorias son «ideas de Dios». También firmó en contra de una ley de protección laboral para personas LGBT, en contra de la derogación del Don’t ask, don’t tell, que mantenía a miles de soldados estadounidenses dentro del armario y con peligro de expulsión del cuerpo si se revelaba su orientación sexual, y básicamente todo lo que suene a LGBT le parece mal. Ahora mismo el problema no es su opinión, es que es el vicepresidente del ejecutivo y está en su mano hacer cosas que antes no podía.

En 2001, Pence tuvo la feliz idea de proponer que el Congreso debería reorientar el dinero federal que invertía en organizaciones LGBT («organizaciones que celebran y apoyan el estilo de vida que expande el VIH») hacia otras, más concretamente las que «dan asistencia a aquellos que buscan cambiar su comportamiento sexual». Las terapias reconvertivas son fuente de sufrimiento para miles de adolescentes que llegan ahí obligados por sus padres, y también para adultos que las ven como el único modo de ser felices en su vida, ya que no pueden lidiar con el sufrimiento que les produce ser LGBT. En vez de luchar por una sociedad más abierta que abrace a todos por igual, sea cual sea su orientación sexual, y liberarlos así de la angustia que les produce el qué dirán los demás, o si sus familias los seguirán queriendo, este hombre prefiere pensar que a base de electroshocks se volverán «normales».

Por cierto, toda la prensa española se ha lanzado a llamarlo «sensato», «apaciguador», «experto», etc.

Por otra parte, Trump ha declarado en alguna ocasión que está a favor de la ley HB2 de Carolina del Norte, la ley que obliga a las personas a usar el baño público correspondiente al género que pone en su identificación. Con Cait Jenner suponemos que haría una excepción, pero porque es amiga suya. El resto, a pasarlo mal, a soportar las miradas de los demás, y a cruzar los dedos porque a algún tarado no le de por llamar a la policía, cosa que ya ha ocurrido varias veces.

Así que, por una lado, está Pence, alguien que cree que las personas LGBT no merecen «reconocimientos especiales» (normalmente esto se llama anti-discriminación: el matiz cambia), y por otro, Donald Trump, alguien con una sensibilidad extrema, como demuestran estas declaraciones suyas de 2011.

[El matrimonio igualitario] es como el golf. Mucha gente, y no quiero sonar trivial, mucha gente está cambiando a estos putters (palos de golf) tan largos, muy poco atractivos. Es raro. Tú ves a estos grandes jugadores con estos putters tan largos, que no saben meterla de otra manera. Y lo odio. Soy tradicional. Yo tengo muchos amigos fabulosos que son gays, pero yo soy tradicional.

 

 

 

 

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