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«En un principio, la idea de escribir este libro no me atraía demasiado. El hecho de publicar una autobiografía a mi edad podía parecer un acto de presunción (…) Cuando decidí a pesar de todo escribirlo, fue porque me lo planteé como una autobiografía política (…) Era posible que, después de leerlo mucha gente comprendiese por qué tantos entre nosotros no tenemos otra alternativa más que ofrecer nuestras vidas, nuestro cuerpo, nuestra inteligencia, nuestra voluntad, a la causa de los oprimidos». Así da comienzo Autobiografía de Angela Davis, publicada por primera vez en 1974, cuando ella tenía sólo 28 años. Pero no juzguemos su contenido por su corta edad porque, a pesar de superar escasamente el cuarto de siglo, son muchas las cosas que esta mujer tiene que contar y que compartir.

Mujer, negra, revolucionaria, comunista, filósofa y lesbiana. Así se podría definir a una de las cabezas más visibles del movimiento por la igualdad racial en los Estados Unidos y del feminismo. Una figura que luchó incansable contra la opresión de una sociedad racista y heteropatriarcal que se caracterizó, desde siempre, por su carisma, una pasmosa facilidad para transmitir y un enorme afro que lleva como seña de identidad.

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Coincidiendo con el 50 aniversario de la creación de los Panteras Negras, una organización nacionalista negra, socialista y revolucionaria que instauró programas en beneficio de la comunidad negra y desafió la brutalidad policial contra sus miembros, se publica en España Autobiografía. Un libro en que Angela Davis narra sus experiencias y vivencias con una voz siempre cercana y amena, y comparte cómo fue el ser mujer y negra en la sociedad americana de los años 50 a 70.

Nacida en 1944 en Alabama, cuando la segregación racial era todavía una realidad, vivió el racismo más extremo de cerca desde su más tierna edad. Militante de los Panteras Negras y del Partido Comunista, dos cosas que le pasaron factura. Como miembro del primero fue perseguida por el FBI como sospechosa de asesinato, secuestro y conspiración, terminando, incluso, en la lista de los más buscados del país, pero sin que en ningún momento esto mermase su fuerza ni su voz para seguir luchando. «Nuestra arma era la palabra» reconoce en Autobiografía. Como militante del Partido Comunista, perdió su puesto de trabajo, aunque posteriormente sería contratada de nuevo, como profesora de filosofía en la Universidad de California al enterarse el decanato de su afiliación. El mccarthismo todavía daba sus últimos coletazos.

Dentro de la organización de los Panteras Negras consiguió llegar a los más altos escalafones, a pesar del imperante machismo existente en sus filas, como ella misma denuncia en Autobiografía. Las mujeres no estaban excluidas de la organización, pero sí existían relaciones de poder y una situación de subordinación a los hombres que impidió a la mayoría llegar a cargos de responsabilidad durante muchos años.

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En 1997, en una entrevista para OUT, Angela Davis salía del armario y reconoció que, si había mantenido esa parte de ella guardada del público, había sido para evitar los estereotipos asociados al hecho de ser lesbiana y ser negra. Una vez su orientación sexual no fue un secreto, se convirtió en una de las cabezas más visibles, sino la que más, del movimiento queer negro.

A sus 73 años, Davis se mantiene luchando por la erradicación del racismo, y también del machismo y la homofobia. Entiende que se trata todo de la misma lucha y no cejará en su empeño de conseguir la igualdad para los colectivos oprimidos y la destrucción del heteropatriarcado.

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