Pese a que la Unión Europea tiende a unificar legislaciones en materia de derechos humanos, el matrimonio igualitario parece no entrar en esta categoría, y esto provoca que los diferentes países que componen esta organización supranacional tengan diferentes opiniones y situaciones a este respecto. La mayoría de países de la Unión contemplan el matrimonio igualitario, pero hay todavía algunos, como Rumanía, en el que está todavía por decidir. Esta semana Liviu Dragnea, el líder del partido en el poder, ha adelantado que el gobierno tiene intención de regular esta situación cuanto antes.

Lo que plantean es, por un lado, un referéndum el próximo mes de mayo en el que los ciudadanos rumanos decidan si se cambia la Constitución para expresamente prohibir los matrimonios que no sean entre un hombre y una mujer. La Constitución dice que el matrimonio se produce entre ‘conyuges’, y a esto se están aferrando los grupos por los derechos de las personas LGBT para intentar que se legislen los matrimonios entre personas del mismo género. Pero tienen en contra a muchísima parte de la sociedad rumana, con grupos como Coalición por la familia, que hace un par de años recogió casi 3 millones de firmas para cambiar la Constitución.

Dragnea ha declarado que, a cambio,  tiene intención de debatir la legalización de las uniones civiles, y que ya se ha puesto a trabajar en ello con Victor Negrescu, el Ministro de asuntos europeos, para aprobarlas cuanto antes.

Por otro lado, la Iglesia ortodoxa tiene muchísima fuerza en el país, y no está muy por la labor ni del matrimonio, ni de las uniones civiles. El portavoz de la Iglesia, Vasile Banescu, en unas declaraciones revolucionarias y que nunca habíamos escuchado antes, cree que las uniones civiles «contribuirán a la disminución de la importancia del matrimonio y la familia, y cambiaría el decisivo papel que tiene en la sociedad rumana». Más o menos lo mismo que hemos escuchado por parte de la Iglesia en todos los países en los que el matrimonio igualitario se ha planteado y/o aprobado. 

Una vez más, recordamos: los derechos LGBT son derechos humanos. No se puede tener en ningún país a ciudadanos de primera y de segunda, ciudadanos que no tengan todos los derechos iguales y disponibles. Y, por supuesto, esto tampoco se puede dejar en manos de un referéndum, sino que es obligación del gobierno el poner en marcha estas medidas que igualen a sus ciudadanos. Rumanía está viviendo ahora mismo un momento decisivo, y esperamos de corazón que quiera optar por legislar como la mayoría de países de la Unión Europea, organismo al que pertenece desde 2007.

Vía: Gay star news