Patti Sue, Hay una lesbiana en mi sopaPatti Sue Mathis era una joven deportista de Midland City, Alabama. Cuando les dio a sus padres que era lesbiana, estos no lo aceptaron, y esto repercutió en su propia aceptación. Patti Sue se suicidó en 1995, con 23 años.

Desde entonces, su padre ha dedicado su vida a honrar a su hija y contar su historia, la de un padre que actuó mal, que creyó que su hija tenía problemas cuando realmente el problema lo tenía él, y que con su actitud propició que su hija pusiera fin a su vida. Nathan Mathis, un agricultor de cacahuetes retirado, saltó al foco público el pasado 2017, cuando su protesta contra un candidato republicano al senado por Alabama se hizo viral. Mathis acudió a un mitin de Roy Moore, un juez que en ese momento iniciaba su carrera política, con una foto de Patti Sue y una señala que rezaba “El juez Roy Moore ha llamado a mi hija Patti Sue Mathis pervertida porque ella era lesbiana. Cuando él tenía 32 salía con niñas entre 14 y 17 años. Eso le hace a él un pervertido de la peor clase”. Moore perdió su asiento por dos puntos, y por primera vez en 25 años Alabama tuvo representación demócrata.

Nathan Mathis, Hay una lesbiana en mi sopaCuando Patti Sue se suicidó, su padre, roto de culpa, cayó en el alcoholismo. Pero se le ocurrió una tarea para llenar sus días, algo que le alejara del recuerdo y, a la vez, sirviera para que la historia de su hija no se olvidara. Y, así, comenzó la construcción del Lago Patti Sue, una construcción artificial de casi 3 hectáreas que le llevó más de cinco años finalizar, y que ahora cuenta incluso con un barco, y una casa donde pasa los fines de semana junto a su esposa.

Me arrepiento mucho de las cosas feas que le dije a Patti cuando me enteré de que era lesbiana, y me doy cuenta ahora de que no había nada malo con ella. Lo había conmigo.

Ellen lo llevó su programa, en donde contó cómo su hija le pidió ayuda para dejar de ser lesbiana, y cómo él, enrocado en la educación homófoba que había tenido, la llevó a varios médicos. Finalmente, aceptó que su hija era como era, y que no había sentido en cambiar lo que ella sentía, además de ser imposible.

Es super triste que haya tenido que morir una persona para que su propio padre se de cuenta de que no se merecía el trato que le dio. Pero, por otro lado, este hombre es también la prueba de que hasta las mentes más cerradas pueden cambiar y darse cuenta de algo muy sencillo: las personas LGBT existimos, y merecemos exactamente lo mismo que las no LGBT. En todos los ámbitos, desde los más básicos como la legislación, hasta los más íntimos como el amor y el cariño de nuestras personas más próximas.

Vía. Buzzfeed

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