Si, como yo, tienes la mente calenturienta y llena de prejuicios, tendrás unas ideas preconcebidas sobre lo que es el género pulp lésbico.

Si, por el contrario, ya sabes que fue un género muy leído, con algunos ejemplos de alta calidad literaria y sin necesariamente finales infelices, puedes dejar de leer ya porque poco te va a aportar este texto.

Como dije en Twitter, nunca había subrayado tanto en un libro (que no me tuviera que estudiar, claro), pero Lesbian Pulp Fiction, de Katherine V. Forrest, me ha fascinado.

Resultado de imagen de lesbian pulp fiction

La introducción de este libro hace un repaso a esas ideas preconcebidas que se suelen tener del género pulp, y del pulp lésbico en concreto. Se les denominaba pulp a este tipo de novelas porque se imprimían con papel de baja calidad proveniente de la pulpa de la madera. El material era barato y permitía vender estos libros a un dime (10 centavos). Eran tan baratas que, en palabras de Ann Bannon, una de las autoras más reconocidas de este género, “podías leerlas en el autobús y luego dejarlas en el asiento”. Y se vendían un montón de libros por lo que algunas editoriales hicieron, dime a dime, grandes fortunas con la lesbian pulp fiction, especialmente en su década de oro, entre 1955 y 1965.

Estas novelas fueron tabla de salvación para muchas jóvenes deseosas de leer historias de chicas que se amaban en las que verse reflejadas. Lo que quizá ignoraban cuando se dirigían con la novelita en la mano a la caja de la librería más lejana a su barrio era que buena parte de esas historias eran escritas por hombres con pseudónimos femeninos.

https://giphy.com/gifs/6uGhT1O4sxpi8/html5

via GIPHY

“Women’s Barracks” (1950), de Terska Torres, considerada como la primera novela pulp lésbica, vendió 4 millones de copias. ¡Y ni siquiera tenía un final trágico! Su éxito fue tan rotundo que alertó a la House Select Committee On Current Pornographic Materials, un comité censor de material pornográfico, y la tachó de “degeneración moral”.

A partir de entonces, se marcó muy de cerca este tipo de literatura. Vin Packer confesó que recibió instrucciones de su editor para salvar esta censura: «La única restricción que me dio fue que no podía tener un final feliz … De lo contrario, podrían tomar los libros como obscenos». March Hastings también lo tenía claro. Ella no recibió un mandato tan claro como el de Packer, pero no le hacía falta. Se respiraba en el ambiente. “El afecto entre personas del mismo sexo quedaban fuera de la cultura mainstream, así que tenías que dáselo abiertamente para su diversión (hetero-titillation), y asegurarte de escribir un final de miseria, castigo y tristeza”. En la reescritura de su obra “Three Women” años después logró desquitarse.

Portadas que atraen y repelen

La cosa se podría resumir así: cuanto más honesta y buena era una novela de pulp lésbico, más obscena era su portada y más dramáticas las palabras de sus frases publicitarias: obscenidad, perversión o tormentosa eran algunas de las más repetidas. Extraño (strange, rare, weird, odd) también se repetía mucho. ¿Te imaginas ser una joven que quiere comprar estos libros en una librería? Las portadas cumplían doble función: por un lado, dejaban a la censura moralizante contenta porque dejaban claro lo malo que era el amor lésbico, y por el otro, la vergüenza de comprar en una librería novelas con esas imágenes a simple vista mantenía alejadas a las jóvenes deseosas de leer historias de lesbianas.

No sé si te queda claro que si eres lesbiana estás perdida.
Resultado de imagen de lesbian pulp fiction
«Warped», «Odd» y «tortured». Tenemos un combo.
Resultado de imagen de lesbian pulp fiction
El copy me parece sublime porque nos lo hemos preguntado todas alguna vez.
Resultado de imagen de lesbian pulp fiction in white
¿Te atreverías ir al mostrador de una librería de los 50 con este libro en la mano?

Incluso ahora seguro que has pasado las portadas rápidamente para que no las vea la persona que tienes al lado.

Aunque yo no estoy para hablar, que mi novela más conocida tiene en la portada unas bragas…

Sin embargo, en su interior era (casi) todo algodón de azúcar. Los encuentros sexuales son relatados de manera breve, casi de puntillas a veces y, por lo general, con decenas de metáforas lo cual es un poco decepcionante si, repito, como yo, tienes la mente calenturienta y llena de prejuicios generados por las portadas de estas novelas baratas.

Las feministas de los 70 y 80 repudiaron estas novelas por vergonzosas y “por su descripción de un mundo de auto-odio” y las de los años 90 y 2000 criticaron a estas por su falta de perspectiva.

Con la llegada de la lucha por los derechos civiles LGTB y el aumento de la visibilidad de referentes este tipo de literatura fue decayendo. Las editoriales habían hecho mucho dinero, algunas de ellas fueron adquiridas por grupos más grandes en un nuevo ejemplo de capitalismo gay.

Hoy en día, Monica Nolan, inspirada por aquella literatura, está lanzando su propia colección de novela lésbica pulp dándole una vuelta de tuerca a los tópicos de este tipo de historias.

No sé vosotras, pero yo ya tengo unas cuantas novelas en mi lista de pendientes.

Echa un vistazo también a este artículo.