La tradicional dicotomía binaria de premios a actrices y actores, es decir, que se distinga entre hombres y mujeres a la hora de valorar una actuación, es un asunto que últimamente se ha discutido en los medios. La principal voz a favor de no distinguir entre géneros ha sido Asia Kate Dillon, persona no binaria que ha reclamado que claro, en una supuesta nominación, ¿en cual iba a competir, si no se identifica ni con uno ni con otro?. Pero ayer noche, en los MTV awards, Emma Watson hizo historia al recibir el primer premio de interpretación de la historia que no distingue entre géneros (y, precisamente, de manos de Asia Kate).
Watson competía, entre otros, con Hugh Jackman (Logan) o James McAvoy (Split), pero ha sido su interpretación de Bella la que finalmente se ha alzado con el premio.
El primer premio a la interpretación en la historia que no separa nominados según sus sexos dice algo de cómo percibimos la experiencia humana. La decisión de MTV de crear un premio sin género para la interpretación significará algo diferente para todos. Pero para mí, indica que la actuación es sobre la habilidad de ponerte en los zapatos de otro. Y eso no es necesario separarlo en dos categorías diferentes. La empatía y la habilidad para usar tu imaginación no deberían tener límites
Teniendo claro que los MTV awards no son precisamente los Oscar, ni los Globos de Oro, y que tienen una relevancia… relativa, ya que premian más la popularidad que la excelencia en la actuación, o que otros parámetros más serios, vaya, resulta interesante ver cómo ha sido una mujer la primera ganadora de este galardón. Algunas voces discordantes alegaban que, en una lucha entre mujeres y hombres en la misma categoría, siempre sería un hombre el que se alzara con el premio. Dejando a un lado cómo estas afirmaciones son injustas para con todas aquellas personas no binarias, a las que las categorías separadas dejan directamente fuera, o las meten en un cajón al que no pertenecen, sí parece cierto que tradicionalmente en los premios en los que hombres y mujeres compiten en igualdad se ve cómo los porcentajes de ganadoras son ridículos. Pero oye, de momento, la historia se escribe en femenino.
Es agotador que te digan cómo debe ser la belleza. Estoy cansada de la sociedad que define la belleza para nosotros. Quítate la ropa, limpiate el maquillaje, cortate el pelo. Despréndete de todas las posesiones materiales. ¿Quienes somos? ¿Cómo definimos la belleza? ¿Qué vemos hermoso?
Hace ya dos años que Cara Delevingne abandonó las pasarelas, harta de la presión a la que la industria y la sociedad tiene sometidas a las modelos. «El mundo de la moda me ha hecho odiar mi cuerpo», decía entonces para asombro de medio mundo, ese que sigue creyendo que la autoestima tiene que ver con cómo te ven y no con cómo te ves tú. Ahora, con un look, por exigencias del guión, radicalmente distinto al que nos tenía acostumbrados, la actriz vuelve a incidir en la idea de la belleza como algo totalmente subjetivo y que, precisamente por eso, debería ser relativizado. Que está harta, vamos.
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Por mucho que la industria siga haciéndonos creer que está cambiando, que ahora se busca en las modelos una belleza no normativa, y que son super rompedores con sus campañas, sigue existiendo sobre las mujeres (y sí, sobre los hombres, pero en una medida infinitamente menor) una presión y un juicio sobre cómo tienen, tenemos, que lucir y parecer que está directamente relacionado con lo que vemos a diario. El otro día hablaba con una amiga y me decía que desde que seguía en Instagram algunas cuentas de chicas que pasaban de depilarse, que no se retocaban la celulitis con photoshop, o que se ponían un bikini porque les apetecía, sin esconder sus michelines, había percibido cómo cada vez le daba menos importancia a estos aspectos. Hacia ahí es a donde, creo, debemos encaminarnos: todas somos diferentes, tenemos cuerpos diversos, y ya está. Stop decirnos cómo tenemos que ir/ser/parecer.
Podéis enviar los textos que queráis (preferiblemente que no incluyan ninguna imagen) a la dirección de correo que figura en el banner, con el asunto “La croqueta libre”. Los textos se leerán para escoger, pero no se editarán. Es decir, que si tu texto se ajusta a la temática de la web, lo publicaremos, pero sin corregir las posibles faltas. Los textos deben ir firmados con nombre o seudónimo. ¡Ah! ¡Y un título!
Buscar algo en la mujer equivocada es como equivocarse de picaporte y de salida.
Como ir a abrir la puerta para correr en busca de libertad y, por error, abrir la ventana y lanzarse al vacío de la inconsciencia.
Como ir a tirarse al vacío sin correr riesgo alguno.
Como hacerle la burla a la propia ignorancia y sobre todo, a la ajena.
Como buscar perpetuidad en la fugacidad.
Como intentar calibrar las agujas de dos relojes que van en sentido contrario y que están programadas para cruzarse en la hora ninguna.
Como hacer el amago de expresar en una melodía más a base de silencios y de notas a pie de página que de notas en pentagramas a todo color.
Como esconder el desnivel de separación rasurando la ilusión y plegando las alas.
Como tragar café con el ansia de que un sabor salado sacie la sed.
Como buscar compasión en un campo de concentración.
Como intentar que un egoísta se concentre en los demás.
Como sufrir un coma de incomprensión.
Como ir a un oasis en busca de aridez.
Como ir a un desierto en busca de humedad.
Como querer sentir sequedad en un mar.
Como ir a una manifestación para estar en silencio.
Como perseguir un imposible o seguridad en un combate.
Como gritar sin hablar.
Como cantar sin voz.
Como intentar buscar sombra si no existen en el paisaje figuras que hagan sombra ni calor en las personas.
Como beberse un bote de dosis de drama.
Como tragarse un infierno encerrado en gotas de aguardiente.
Como atragantarse en un océano de indiferencia.
Como adentrarse muy adentro en un mar hondo de olas furiosas, tocar el fondo con los pies y ver constantemente la superficie.
Como tomar el sol y por falta de protección solar quemarse por dentro.
Como fabricar vaho en un vacua laguna mental.
Como suicidarse en la plenitud de la vida y rendirse de exasperación ante una depresión.
Como exigir lo infinito siendo uno mismo finito.
Como resignarse a trabajar en un banco y exigirle emoción al destino.
Como hablarle a alguien con el corazón y que sólo vea ruido y oiga tinieblas.
Como pretender hacer sustituibles los adjetivos por verbos.
Como guardarse un as en la manga llevando un chaleco antividas.
Como buscar la simpatía en la más profunda apatía.
Como tenerle cariño al rencor. Como estar ciego de sentimiento y parco de emoción.
Como tenerle miedo y parkinson al amor.
Como perderse lo mejor perdiéndose.
Como perderse lo mejor viviendo algo que ni siquiera llega a la categoría de bueno.
Como perderse tratándose de encontrar en las palmas de las propias manos.
Como llorar lágrimas agarrotadas por la contradicción.
Como intentar vivir cien años y ser de cristal.
Como ser el número uno y parecer el número cien.
Como ser el número aureo y parecer un número primo.
Como rodar dando mil vueltas bajo la tesis de que lo ideal es la síntesis. Como numerar los nombres y nombrar los números.
Como reírse a carcajada sucia y sentirse limpia.
Como llamar dialogar a esparcir sin más una inútil palabrería que busca la emisión más que la recepción.
Como intuir con el pensamiento y pensar con la intuición.
Como meter el dedo en la llaga y la llaga en el corazón.
Como estar sin ser y ser sin estar. Como reírse sin ganas.
Como oler sin respirar.
Como besar sin los sentidos, sin sentido y sin perder el sentido.
Como besar por inercia o besar reprimiéndose.
Como sentir un pinchazo de tristeza y decepción por quien nunca te valoró.
Como intentar conciliar el sueño con el cilicio de la inseguridad remilgando empalagosamente al sueño.
Como querer querer sin compartir.
Como querer querer mirando el ombligo del propio ego.
Como empeñarse en alejar al ego de su obcecación por librar una lucha cada día. Como fustigarse porque no ponen empeño en auscultarte el alma.
Como empeñarse en que empeñen su sensibilidad dudosa y tenebrosa por ti.
Como negarse a vivir la propia sensibilidad.
Como tenerle alergia a la vida. Como precipitar esta retahíla a un final.
Como creer al mismo tiempo que eres humano y que no necesitas cariño. Como pensar que nadie te quiere.
Como cometer la aberración de perder el norte por esa persona si resulta que vive en el sur.
Como creer que alguna vez fue transparente, real o tan libre de máscaras como de pensamiento.
El arte del cosplay, o de representar en la vida real a tus personajes favoritos, cada vez está más extendido, y lo que es mejor, cada vez los cosplays son de más calidad. Un buen ejemplo son Carina y Sørine, un matrimonio danés que en sus cuentas de Instagram hacen gala de lo en serio que se toman estar perfectas hasta el último detalle. Para muestra, aquí están Zero y Four de Drakengard 3.
Y la Bae Wars sigue con sus cuartos de final. La elección de favs de hoy pasa por nada más y nada menos que Lucy Lawless y Tatiana Maslany, que nos encantan súper fuerte. Nosotras no sabemos cómo vamos a hacer para votar entre estas dos, ya os lo digo.
De momento vamos a intentarlo viendo unas fotitos suyas, para ver quién nos crea más feels, si se os ocurre una opción mejor me avisáis, porfa.
Cargando…
*Desde dispositivo movil es posible que veas aquí encima algo así como “cargar interactivo”. ¡Ahí se vota, ahí, dale sin miedo! O también podéis pinchar aquí.
La ganadora de la semana pasada entre Ellen DeGeneres y Jamie Clayton, y que pasa a la semifinal contra Lauren Jauregui es… ¡Jamie! ¡Yey! Ahora solo nos queda saber quién entrara en la otra semifinal. ¡Ya no nos queda nada!
Esta primavera, cual florecilla del campo, nace una nueva pequeña editorial: Orange Tree. Una editorial valiente (monetariamente hablando) ya que ha decidido estrenarse ni más ni menos que con un yuri. El título elegido es Lily Love de Ratana Satis, una artista tailandesa a la que podéis seguir y cotillear, entre otros sitios, en su tumblr. De dibujo limpio y agradable, Satis nos narra la historia de un amor predestinado, o eso nos dan a entender en su sinopsis:
¿Crees en el destino, en la suerte, o en algo parecido? ¿Crees que, entre millones de personas en el mundo, hay una sola persona destinada para ti?
Cuando Donut conoce a Mew, su encuentro resulta ser más que una simple coincidencia; con el tiempo, su cercanía se convierte en algo más íntimo… Lily Love es la historia de dos personas totalmente distintas que juntas aprenden el valor de la confianza para proteger el amor que comparten a pesar de las diferencias, la distancia y el sexo. Si encontrar el amor verdadero parece una tarea imposible, ¿cuánto costará conservarlo?
La serie constará de cuatro volúmenes de formato A5 a 8’50€ cada uno que espero sinceramente consigan sacar adelante. Para ayudar a decidiros podéis echar un ojo a un previo de siete páginas en el siguiente enlace.
Desde aquí les deseo mucho éxito y que puedan traer más yuri a un mercado tan escaso en el género como es el nuestro.
Sentirse diferente a los demás es algo más o menos común. Sentirse diferente y casi un extraño para uno mismo, ya no lo es tanto, pero es por lo que ha pasado Jackie Kay. La laureada poeta y novelista escocesa así nos lo cuenta cuenta en un documental que sirve de respuesta a la exhibición del Tate Queer British Art 1861-1967, que explora la vida LGBT a través de los retratos de seis personas.
Leyendo extractos de su primerísima novela, One person, two names, escrita cuando no tenía más que doce añitos, nos habla de qué la llevó a escribir la historia de Lucy, una niña que se vio en la necesidad de cambiar su nombre por el de Emma, cambiar su estilo, su pelo y su apariencia para poder encajar. Lucy se convirtió, de forma inconsciente, en el alter ego de Jackie. Ambas querían escapar de sí mismas, ambas ansiaban poder sentirse como una más entre el resto.
Solemos escribir porque tenemos un yo secreto… otro yo que no articulamos. Solemos escribir para darle una voz a ese yo silencioso.
Jackie, una mujer negra, lesbiana creció en Glasgow con su hermano y sus padres adoptivos. «Con frecuencia te sentías sorprendido cuando te veías en el espejo. Con frecuencia te sentías sorprendido de tu propia cara», dice. Creció sin referentes y sería en la adolescencia, cuando comenzó a cuestionarse qué significaba la identidad para ella, que comenzó a forjarse la suya propia.
Si pudiera volver atrás, me gustaría ir y tener una pequeña conversación conmigo misma y decir «puedes enamorarte de quien quieras. Puedes ser exactamente quien quieras ser, puedes correr hacia ti misma si quieres, porque todo irá bien.
Cuando tu primer papel relevante es de protagonista de Grease 2, es posible que tu carrera termine antes de empezar. Pero Michelle Pfeiffer lo fue todo en el cine, lo fue varias veces, y lo va a seguir siendo. La que quedara sexta finalista en el certamen Miss California 1978 tuvo la enorme suerte y a la vez desgracia de que Brian de Palma se fijara en ella para el papel de Elvira Hancock en Scarface, un papel que la condenaría para siempre, porque a partir de entonces sólo la reconoceríamos como una belleza gélida y hierática, una mujer permanentemente a punto de gritar de desesperación en la pantalla, pero también fuera de ella.
La inseguridad ha sido siempre el factor más condicionante de la vida de Michelle. La artista contaba hace relativamente poco que, al llegar a Hollywood, con escasos veinte años, fue captada en la secta del «respiracionismo», un movimiento que te hace creer que la gente puede vivir sin la ingesta de alimentos ni bebidas, solamente alimentada por la luz del sol. Además, Michelle ha vivido siempre con el «síndrome del impostor» a cuestas. Siempre pensando que estaba a punto de arruinar la película en la que estaba trabajando. Siempre haciéndose de menos. Ella, precisamente, que es una de esas actrices que con su sola presencia levantan cualquier escena, que es capaz de irradiar calor en los espectadores sin mover un sólo músculo. Pero las inseguridades tienen que ver con cómo te ves a ti mismo, no con la percepción de los demás.
Michelle ha sido Lady Halcón, Sukie Ridgemont en Las brujas de Eastwick, esa loca delicia, Madame De Tourvel en la película favorita de mucha gente, Las amistades peligrosas, Susie Diamond en Los fabulosos Baker boys y Selina Kyle en Batman Vuelve. Los ochenta fueron suyos, en la medida de que se convirtió en un icono poderosísimo de la década.
Pero, ay, llegaron los noventa, y llegó esa maldición de Hollywood que te obliga a decidir entre el ostracismo o los papeles asignados a las mujeres que pasan la treintena, esos roles asexuados, porque no eres los suficientemente joven como para seguir siendo el objeto de deseo de la audiencia. Cuando Michelle hizo de Louanne Johnson en Mentes Peligrosas tenía 37 años, y ahí fue cuando inició una serie de papeles protagonistas que la terminaron de encumbrar como una de las mejores actrices de la historia del cine. Personajes maduros, fuertes. Papeles que ella misma decidía como productora. Íntimo y personal de Jon Avnet, junto a Robert Redford, Un día inolvidable, junto a George Clooney, y la maravillosa Heredarás la tierra, acompañada de su amiga Jessica Lange.
Por el camino rechazó algunos de los papeles que encumbraron a otras actrices: Pretty Woman, Thelma y Louise, El silencio de los corderos, Evita, Casino, Instinto Básico…
Lo que la verdad esconde, ese thriller psicológico junto a Harrison Ford, fue la última vez que la crítica y la taquilla acompañaron a la actriz. A partir de entonces, abandonó el trabajo para cuidar a su familia. Cuatro años después, intentó retomar su carrera donde lo había dejado, pero le resultó imposible. El novio de mi madre, junto a Paul Rudd, fue la película escogida para el regreso, una comedia romántica sin más trascendencia que ser su comeback. A partir de ahí, guiones mediocres de películas perfectamente olvidables.
Y Michelle se retiró de nuevo.
«La pérdida de la juventud y la pérdida de la belleza sin duda causan estragos en tu mente. Pasas de escuchar ‘vaya, parece más joven de lo que es’ a ‘está genial para su edad’. Y esa es una diferencia enorme. Ahora mismo estoy en la fase ‘está genial para su edad’. Y me genera cierto sentimiento de duelo», decía la actriz en 2013, justo antes de desaparecer de la vida pública. Y es que las mujeres, pero muy especialmente aquellas que viven de su belleza, estamos condenadas a ser criticadas siempre, a tener que escuchar juicios ajenos que nadie ha pedido. ‘Parece más joven de lo que es’ no es un piropo, es la afirmación velada de que eres vieja; lo mismo que ‘está genial para su edad’. Si se cede a la presión social y se pasa por el quirófano, ahí estarán los dedos acusadores para valorar lo bien o mal que ha quedado el arreglito. Y si no se pasa, las actrices quedan relegadas al papel ya no de madres, sino de abuelas.
Para alegría de todos, Michelle parece haber sacado ganas y fuerza para volver, y lo va a hacer por todo lo grande: el pasado mes de enero nos dejó un aperitivo con Where is Kyra, película indie donde interpreta a una mujer que pierde su trabajo y se ve obligada a vivir en la calle, y tiene pendiente el estreno de tres proyectos fastuosos e interesantísimos. El primero, The wizard of lies, serie de HBO sobre Bernie Madoff, interpretado por Robert De Niro. Después, de la mano de Darren Aronofsky, Mother!, una película de horror. Y, para culminar un 2017 plagado de alegrías, Michelle estará en la nueva adaptación de Asesinato en el Orient Express, interpretando a Mrs. Hubbard. En el clásico de 1974, este papel estuvo reservado para Lauren Bacall. Las comparaciones son innecesarias: las dos son estrellas inmortales del cine.
Jean Holloway es una terapeuta de Nueva York que tiene una vida perfecta. Una carrera con mucho éxito, una casa que haría las delicias de los amantes del architecture porn, y un hijo precioso con su marido, abogado de alto nivel. La envidia de muchas. Pero lo que le pasa a Jean es que se aburre. Mucho. Y es entonces cuando empieza a hacer cosas que, según la ética de su profesión, no debería, y a trazar relaciones con sus pacientes que no le harían ninguna gracia al colegio de psicólogos en el que esté colegiada.
Esta es la premisa de Gipsy, la nueva serie de Netflix, y que cuenta con la dos veces nominada al Oscar Naomi Watts en el papel protagonista. Es la primera vez que vemos a Watts en televisión desde hace nada más y nada menos que veinte años, y la actriz ha hablado con Entertainment Weekly sobre su personaje.
Antes de saberlo, ella está creando otra identidad, y parece que la historia va a tener moraleja. Podemos vivir nuestras fantasías, pero ella está actuando en ellas. Es una cosa muy difícil para vivir cuando las mentiras van creciendo y creciendo.
Jean es una mujer que vive con deseo, y que tiene lujuria por el poder. Esras cosas, con una protagonistas femenina, están consideradas de algún modo feas o locas. Es posible que ella esté en la cuerda floja en lo que se trata de su cordura [risas]. Ella tiene algunos demonios en su pasado, y todavía están con ella. A lo mejor ella los mantiene a raya porque en el papel parece que su vida es perfecta. Vive en los suburbios, en una casa preciosa en Connecticut, tiene una familia genial, un marido que es un abogado sexy, y un niño genial. Ella ha hecho los tics en todos esos puntos, pero hay algo que le falta. A lo mejor es su antigua vida. Sus intenciones eran empezar desde un lugar puro, pero antes de que lo sepa, la curiosidad se apodera de ella y se embarca en un viaje que no había planeado
Lisa Rubin, creadora de la serie, también ha charlado con el medio sobre cómo ha sido la experiencia de escribir esta serie con protagonista femenina.
Es muy interesante escribir un personaje que tiene algunos impulsos oscuros, algo que normalmente vemos que los personajes masculinos tienen, pero también cosas reseñables que vemos en las mujeres. Creo que todas las personas tienen capacidad para lo bueno y lo malo. Incluso cuando lancé el programa, recuerdo que la gente debatía sobre ella… de un modo extraño, eso dice más de la persona que de Jean. hemos visto muchos personajes masculinos, desde Walter White a Tony Soprano y Don Draper, haciendo cosas que son amorales, y lo hemos permitido. ¿Por qué no lo vamos a poder permitir de una mujer?