Hay domingos en los que una acaba con la sensación de que han pasado pocas cosas y hay otros en los que, sin hacer demasiado ruido, se te juntan tres temas que apetece comentar. Esta semana me he quedado pensando en una película que ya tengo ganas de ver, en un momento televisivo que sigue dando conversación catorce años después y en una noticia que remueve bastante por todo lo que significa.
La primera parada es Tal vez, la ópera prima de Arima León, que ha sido seleccionada en la sección Canarias Cinema del LPA Film Festival y se estrena en cines el 10 de julio. La película parte de la relación entre Pinito del Oro y Natalia Sosa, y la verdad es que no necesito mucho más para estar interesada. Me atrae especialmente que se presente como una historia sobre identidad y libertad, pero también que lo haga desde dos figuras con tanta fuerza y tanta personalidad.
La segunda cosa que me ha hecho gracia esta semana es que Girls cumple catorce años y mucha gente está aprovechando para recordar el beso entre Marnie y Jessa. Y me parece fenomenal. Porque hay escenas que no fueron exactamente el centro de una serie, ni dieron lugar a una gran trama, pero se quedaron ahí, vibrando en algún rincón de internet y de nuestra memoria televisiva. Girls tenía esa capacidad de dejar momentos incómodos, caóticos, a veces hasta un poco irritantes, pero también muy comentables.

Y la tercera noticia es bastante más seria. El Gobierno prepara un acto de reparación para Dolores Vázquez, condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof. Es una de esas noticias que una recibe con una mezcla rara de alivio y rabia. Alivio porque por fin hay un reconocimiento público. Rabia porque llega después de todo lo que tuvo que soportar y después de tantos años en los que quedó claro hasta qué punto la lesbofobia condicionó la forma en que fue mirada, juzgada y convertida en sospechosa ideal. No borra el daño, claro que no. Pero al menos obliga a nombrarlo. Si no sabes de qué va la historia, escribimos en su día sobre ella.
Así que este domingo nos deja eso: una película a la que seguir la pista, un beso televisivo que sigue resistiendo el paso del tiempo y una reparación que llega tarde, pero llega. No está mal para una sola semana. Como bonus, que no sé dónde meterlo, aquí va la decoración del pasillo de Aitana Sánchez Gijón.









