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Diez cosas que odiamos del porno lésbico

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El viernes pasado, la revista Curve Magazine compartía en Twitter con todos sus seguidores este GENIAL vídeo creado por Davey Wavey para su canal de YouTube en el que nos muestra la reacción de lesbianas reales a varias escenas de porno lésbico.

Como puedes ver, ninguna de ellas parece estar disfrutando con lo que ve. Más bien, todo lo contrario. A muchas lesbianas el porno entre mujeres nos parece tan alejado de la realidad que lo único que nos provoca es risa. Esto ha hecho que en HULEMS se nos encendiera la bombilla y nos preguntáramos: ¿Por qué, exactamente, no nos gusta? ¿Qué es lo que vemos en él que nos chirría tanto?

Bien, la primera razón que se viene a nuestra mente es que el porno lésbico está hecho a medida de lo que los hombres entienden que es sexy entre dos mujeres. Y esto es como un choque de trenes. Hay veces que las fantasías masculinas encajan con las croquetiles, pero otras… ¡ay, otras!… no podrían estar más alejadas. Es por eso que hoy hemos querido ir un poco más allá y analizar por qué, exactamente, muchas lesbianas piensan que el porno lésbico es lo peor que se ha hecho desde el vídeo de Mr. Policeman de Leticia Sabater.

Tras un exhaustivo estudio, hemos encontrado diez cosas que no nos gustan del porno lésbico. O, bueno, que no acaban de convencernos y por desgracia están presentes en el 99,9 % de este tipo de películas para adultos. Del 10 al 1, son estas:

10. LOS EXTREMOS

Uno de los errores más comunes del porno lésbico es que está lleno de estereotipos. Y la mayoría de ellos no se acercan ni de lejos a la realidad. Los productores de las películas se empeñan en mostrarnos a las actrices o cubiertas de picardías y ropa interior ultra-femenina (escogida para una mente masculina, para que nos entendamos) o directamente las visten con camisas de cuadros. Ni tanto ni tan poco. Un poco de normalidad no estaría mal.

9. SILICONA

fake tits

Sabemos que el mundo del porno es así. Si encuentras una actriz con tetas reales, te regalan los grandes éxitos de Rocco Sifreddi y Nacho Vidal (incluye el día en el que un mosquito picó a Rocco en la punta de su aparato). Lo sabemos, de verdad. Y aquí nadie está diciendo que por ser lesbiana tengas prohido operarte los pechos. No se trata de eso. Es solo que esta superpoblación de neumáticas nos hace sentir un poco incómodas. En las pelis porno la silicona parece la tercera en discordia, la tía a la que no has invitado a tu cama, pero está empeñada en hacer un trío. Culo, tetas, labios… qué se yo! La encuentras en los lugares más inesperados. Y no me hagais hablaros de los rejuvenecimientos vaginales, que no tengo el día.

De nuevo, un poco de normalidad no estaría mal. Esta fiebre por el quirófano no es sexy.

8. TERRIBLES INTERPRETACIONES

Y es que ese es el problema: que están interpretando.

A lo mejor por eso gimen cuando nadie las toca. O parece que se las está follando el viento porque tú sabes que la otra actriz no está haciendo algo ni remotamente erótico para arrancarle esos gemidos. Deduzco que a las actrices porno no las mandan a la escuela de gemidos y que, cuando se ponen a ello, sus interpretaciones se parecen mucho a la mujer que finge orgamos con su novio. Pero deberían hacer algo para solucionarlo. Porque se nota. Y mucho. Hay veces que gimen tan alto que parece que las están matando. Y tú te alarmas, claro. Te dan ganas de preguntarles: ¿¿QUÉ TE PASA, MUJER?? ¿¿QUÉ TE PASA?? ¡Pero no les pasa nada! Es solo que a ellos les gusta así, y a ti no, claro.

Pero, ahora en serio, deberían replanteárselo seriamente. Algo está pasando en el porno cuando incluso Meg Ryan es más convincente en Cuando Harry encontró a Sally (y solo se estaba tomando un café…)

7. MAQUILLAJE

Hablamos de exceso de maquillaje, no de defecto. No sé vosotras, pero yo no me acostaría con algo así. Ni tampoco me imagino en según qué situaciones con los labios pintados de colores. Sobre todo de rojo. Especialmente de rojo. No sé, creo que me estoy liando y ya no sé de qué labios hablo exactamente. Oh, well… lo has entendido, ¿no? Pues eso.

6. TACONES DE AGUJA

Aunque son muchas las mujeres lesbianas que disfrutan con la penetración, definitivamente no lo hacen con zapatos. Me cuesta entender el fetiche que tienen los productores de las pelis porno con los tacones de aguja. Pero me cuesta todavía más entender por qué una actriz gime de PLACER cuando ESO se introduce AHÍ.

Es decir….. NO.

Creo que hablo en nombre de todas las mujeres del mundo cuando digo: ¡No más sexo con tacones de aguja! ¡Paremos esta locura!

Y, por dios, ten cuidado de dónde dejas tus tacones.

5. EL FISTING

Llegamos al ecuador de esta lista con un tema que nos preocupa especialmente: el fisting. De acuerdo, es una práctica sexual que es posible, pero no es para todo el mundo. Sin embargo, los que hacen porno lésbico no parecen verlo así. Ellos deben de estar pensando “si un bebé puede salir de ahí, bien puede entrar un puño”.

Visto así, hasta tendría sentido, pero se olvidan de un pequeño detalle: la vagina no es un paragüero.

paragueroDe verdad, os lo digo en serio. Repite conmigo: no-es-un-paragüero. Ni un zapatero. Ahí no cabe todo. Y si cabe, es en las condiciones adecuadas, el ambiente adecuado, la persona adecuada. En las pelis porno, no. Es sorprendente la facilidad con la que todo entra y sale, como si eso fuese el túnel de una autopista o las actrices fuesen vacas que necesitaran asistencia para dar a luz.

No sé vosotras, pero yo cuando veo estas cosas solo puedo pensar en Super Girl en pleno vuelo, con el puño al aire, lanzada hacia ti como un torpedo a 400 km/hora y me dan ganas de salir corriendo en dirección contraria gritando HELP! HELP! ¡VIENE A POR MÍ!

supergirl

4. LOS STRAP-ON Y CONSOLADORES

strap-onDe nuevo, son muchas las lesbianas que disfrutan con la penetración, y a veces recurren a juguetes eróticos como los strap-on o los consoladores para satisfacer estas necesidades. Pero no son obligatorios. En las películas porno parece que no hay una pareja lésbica que no tenga un churro de estos colgando entre las piernas. Yo entiendo que a los hombres les pone a mil ver estas escenas y que, en ese sentido, el porno cumple con su cometido. Pero no confundamos fantasía con realidad. Ni los strap-on están presentes en todas las relaciones lésbicas ni resultan imprescindibles. Dejémoslo en que son un extra, pero nunca una necesidad.

3. NO HAY ACTRICES MASCULINAS

Como las películas porno están hechas en su 99.9999999 % para hombres, las lesbianas masculinas, simplemente, no existen. Es muy difícil encontrar un vídeo en el que aparezca una butch como dios manda, y esta es una de las razones por las que están alejadas de la realidad.

¡Las butch existen! Y son muchas las mujeres que se sienten atraídas por ellas. A mí me gusta ver a dos lipstick lesbian juntas como a la que más, pero Bound no sería Bound sin una Gina Gershon en su papel de butch. Y The L Word no habría sido lo mismo sin las escenas Carmen/Shane y tantos otros personajes parecidos.

Tomboys y butch son una parte visible de la comunidad LGBT, y por lo tanto, deberían estar presentes en el porno lésbico. O, al menos, algo que se les parezca un poco. Una actriz con pelo corto sería un buen comienzo.

2. LAS UÑAS

¡LAS UÑAS, GENTE, LAS UÑAS!

Oh, dios. Yo le pondría una orden de alejamiento a cualquier mujer que se presentara en mi cama con esas garras. El cuerpo femenino es delicado. Si vas a tocarlo, no puedes hacerlo con cuchillas en los dedos. ¡Corres el riesgo de acabar en urgencias! Simplemente, NO.

eduardo manostijeras
Hmmm, ¿estás segura de esto?

1. LAS ACTRICES NO SON LESBIANAS

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No lesbianas que, a veces, se empeñan en parecerlo.

Lo dicho: la gran mayoría de las actrices porno no son lesbianas. Y este es quizá el motivo de que no disfrutemos con la pornografía lésbica, porque al final todo se ve falso. Los besos, las caricias, los gemidos, todo suena fingido. Vale, el porno heterosexual también cojea de realismo, pero hay otro noséqué, otra dinámica.

En el porno lésbico muchas veces parece que están sufriendo. Te dan ganas de darle un abrazo a las actrices y decirles que paren, por dios, que se nota que no están disfrutando. Y si ellas no disfrutan, tú tampoco lo haces. Este es, quizá, el mayor problema de todos, y lo que resume por qué el porno lésbico está a años luz de conectar con sus teóricas protagonistas: las lesbianas.

¿Qué opinas tú? ¿Te gusta o lo aborreces? ¿Encuentras alguna razón más?

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