SANDRA BARNEDA (1)Hay una cosa que me gusta mucho, y es cuando los famosos se comprometen con algo. Las figuras públicas tienen una influencia enorme en la gente, y muchas veces cuando cuentan su experiencia personal en determinados asuntos ayudan a que gente que los admira, que sigue su trabajo o, simplemente, que los conoce porque salen en la tele, sientan que lo que les pasa a ellos no es ni raro ni vergonzoso, o dependiendo de lo que sea, que hay una salida, o, en definitiva, a sentirse un poco menos solos. No es algo que estén obligados a hacer, ni mucho menos, pero me gusta porque de este modo contibuyen a hacer del mundo algo mejor.

Después de este discursito, os cuento: la semana pasada, con motivo del Día del Orgullo LGBT, los periódicos se llenaron de columnas explicando el motivo de que exista este día, de conmemoraciones en todas las ciudad, etc. Pero en El Diario de Ferrol hubo un tipo que, desde su columna en este diario, se dedicó a faltar al respeto y a la dignidad de muchísimas personas: las del colectivo LGBT y cualquiera que tuviera dedo prénsil. Este tipo, del que no me he molestado ni en saber el nombre porque ni se lo merece, indignó a todo aquel que leyó el panfleto, desde sus compañeros de redacción a figuras importantes en el mundo del periodismo como Sandra Barneda.

Sandra, que tiene un blog en telecinco.es, aprovechó este espacio para, con toda la elegancia de la que él carecía, hacerle ver que sus ideas y sus formas son una mierda deplorables, y que afortunadamente la sociedad está cambiando. Pero también contó episodios de su vida que, en fin, constatan la necesidad del Día del Orgullo LGBT.

Ha sido un camino, un proceso de preguntas, respuestas y sufrimiento entendido con sentencias como –“Pasará” “Es un acto de rebeldía” “Eso es porque todavía no te has enamorado de ningún hombre”–  Las he aguantado, no sin rebelarme a ellas y, reconozco, que tantas veces invadida por la rabia no he mostrado lo peor de mí. Como digo ha sido un proceso largo y en privado, como miles de españoles y españolas hacen cuando deciden vivir su vida libremente y asumen su homosexualidad con todas las consecuencias. Lo mismo ha sido en el terreno laboral, donde no niego, sino confieso que he sido a las que se las ha encerrado en un despacho y con autoridad moral me han preguntado -¿A ti te gustan las chicas?-  Me negué a responder, pregunté de donde venía esa pregunta y descubrí que llevaban tiempo hablando sobre mi sexualidad a mis espaldas y que ello era motivo de pregunta laboral. No soy una excepción; por desgracia ha ocurrido a menudo y sigue ocurriendo.

Si a Sandra, que es una persona privilegiada en el sentido de que tiene un puesto de trabajo de cierto nivel, y que se supone que trabaja con personas muy parecidas a ella en educación, ha tenido que tragarse estas situaciones, qué no pasará con aquellas que no estén en su posición.

Es de sobra sabido la persecución que existe; que casi en 80 países la homosexualidad es ilegal y en una decena se castiga las relaciones entre el mismo sexo con la muerte. Este argumento repetido hasta la saciedad no sirve a mentes obtusas, que en su rechazo a la libertad, piensan que porque exista una ley en España, andamos protegidos de comentarios xenófobos, de miradas de desaprobación o sentir como la espada invisible de Damocles recae sobre ti por el hecho de expresarte libremente, de amar libremente sin caer si estás en tu intimidad o en plena calle.

El consabido ‘pero por qué protestais, si ya os podeis casar’ es una constante en las discusiones de internet/bar. Los derechos están sobre el papel, qué menos que un país no tenga dos clases de ciudadanos, pero desde luego que todavía nos queda mucho camino a la hora de la igualdad. El otro día leía a un chico gay en Twitter que decía que él no había dado tranquilo ni uno sólo de los besos que había dado en público. ¿Esto le pasa a algún heterosexual de más de quince años con miedo a que le pillen sus padres? ¿Algún heterosexual se ha llevado miradas o gritos por ir con su pareja de la mano?. El testimonio de Sandra podría ser, perfectamente, el de cualquier persona LGBT, pero que lo diga ella tiene muchísimo más eco. Esta vez sí, gracias, Sandra. Podéis leer el resto de la columna en este enlace. 

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