2016 empezó bastante turbio: el nombre de Lexa aparecía como el más reconocible, y el que abriría la veda, en una larga lista de personajes lésbicos y bisexuales que han muerto en las series de televisión de este año. A lo mejor esa prematura despedida de uno de los personajes más queridos de The 100 debería habernos puesto sobre aviso de que 2016 no iba a ser un año especialmente justo con los personajes queer. Pero San Junipero, el aplaudido cuarto episodio de la tercera temporada de la británica Black Mirror, se ha erigido como un oasis de esperanza en el peor año para los personajes LGBT de la ficción.

Las claves del éxito de San Junipero seguramente sean muchas, empezando por esa tendencia nostálgica a ambientar las producciones en épocas gloriosas. La música y la ropa ochentera, una fórmula que Netflix ha explotado este año también con su sorprendente éxito veraniego Stranger Things, tocan la fibra sensible del espectador y le llevan a esa evocadora morriña que tan bien parece funcionar. Si a ello le sumamos el exitoso hilo argumental de la serie antológica Black Mirror, esa a ratos esperanzadora, a ratos aterradora manera en la que la tecnología ha cambiado o puede llegar a cambiar nuestras vidas, el combo parece perfecto. San Junipero nos habla de una manera honesta y agridulce de la muerte, de la eutanasia, de la homofobia, de que no hay dios o dioses que hayan creado el cielo. De que las personas y la tecnología crean un algorítmico más allá idílico, que el miedo a la muerte lleva al ser humano a crear un San Junipero como el miedo a hacerse mayor hizo fantasear con un país de Nunca Jamás.

Y todo ello aderezado, claro, con una de las historias de amor entre mujeres más bonitas del año y puede que de las mejores y más brillantes de la televisión en general. El romance de Yorkie (Mackenzie Davis) y Kelly (Gugu Mbatha-Raw), con sus altibajos y sus inseguridades y miedos, da ese toque de aplastante realidad a una ciudad ficticia en la que los sentimientos parecen estar muertos como sus habitantes. El creador de Black Mirror, Charlie Brooker, ha sabido aunar, además, una pareja de mujeres interracial en una era de la televisión en la que la diversidad muchas veces brilla por su ausencia. Y ha dado un ejemplo de creatividad en medio del movimiento bury your gays, que pone en evidencia las pocas oportunidades televisivas para que los personajes LGTB tengan finales felices. San Junipero nos ha enseñado que la felicidad de los personajes lésbicos es posible, y lo hace además, irónica y magistralmente, en un episodio que gira precisamente en torno a la muerte, ese destino que tantas veces ha ensombrecido a las lesbianas de la televisión.

Por algo San Junipero es uno de los mejores momentos televisivos de 2016 para TIME. Por algo es el segundo episodio más valorado de esta serie que en IMDb roza el sobresaliente (San Junipero alcanza la valoración del 8’9, la misma puntuación que se lleva la serie antológica; tan solo la finale season de la segunda temporada, White Christmas, tiene mejor nota, un 9’1). Porque ha sabido sorprendernos y porque nos ha dado esperanza a muchos niveles.

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