Casi 13 millones de australianos, un 80% de la población, han votado en el referéndum que el gobierno australiano planteaba para aprobar la ley de matrimonio igualitario, cuyos resultados se han anunciado hoy, y que para gran alegría y alboroto de las personas de bien, ha salido que sí, que los aussies están a favor de que todo el mundo tenga los mismos derechos.

Con este resultado, es posible que Australia se convierta en el país número 25 en introducir la figura del matrimonio igualitario, algo que supone la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley, un derecho fundamental que no sólo supone una boda muy bonita con las dos novias de blanco y una luna de miel en Nueva York, sino otro tipo de cuestiones como herencias, compras, ayudas sociales, declaraciones de renta, y un montón de historias que, a lo mejor en un primer momento no nos vienen a la cabeza, pero ahí están.

Pero… ¿cómo que es posible? ¿No es una certeza? No, no lo es, porque el referendum no era vinculante, y ahora está en manos del gobierno, y del Primer Ministro Malcolm Turnbull, el redactar la ley, y en manos del parlamento el aprobarla. A partir del lunes se empezarán a presentar modelos de leyes: uno por una coalición de partidarios del Sí, que propone aprobar la medida, y otro por un senador de la derecha que propone matrimonio entre personas del mismo sexo, pero con varias «libertades religiosas», lo que en la práctica supondría que un funcionario público podría negarse a celebrar matrimonios entre personas del mismo género por razones religiosas. 

Nos espera todavía un largo viaje en esto, porque el grupo Liberal, coalición dentro del gobierno, ya ha anunciado que va a votar que no a cualquier ley. También, una vez redactada la propuesta, tiene que debatirse en el parlamento, hacer las correspondientes reformas, blabla, y tal. El Primer Ministro esperaba, si ganaba el Sí, que los primeros matrimonios pudieran celebrarse a finales de este año, pero veremos. Australia sí reconocía los matrimonios celebrados en otros países, por lo que muchos de sus ciudadanos optaban por trasladarse a Nueva Zelanda para celebrar las bodas.

Y ahora, una reflexión: aunque el referéndum no fuera vinculante, ¿qué hubiera pasado si hubiera vencido el No? ¿Por qué tenemos las personas LGBT que confiar en la buena voluntad de la mayoría para tener los mismos derechos?

Vía: Pink news