Una de las cosas mas comentadas en esta mañana es la gala en la que se escogió la canción que representará a España en el Festival de Eurovisión de 2018. Y, además de hablar de Lo malo, de lo guapas que estaban todas y del traje de Alfred, hay un asunto del que me gustaría hablar: del Love Wins.

Cuando se supo que Tu canción, defendida por Amaia y Alfred era la elegida, la respuesta inmediata de uno de los miembros del jurado asesor fue un mensaje, en un principio, lleno de amor.

Para que nos entiendan los espectadores en otro países, que esta noche lo está viendo mucha gente por toda Europa: Love always wins. El amor siempre gana.

El jurado, redactor de Eurovisión en RTVE, asociaba así a la victoria de la canción de Alfred y Amaia un poso de amor, que era lo que le había hecho triunfar. Allá cada cual con lo que quiera pensar sobre esto. Pero detrás de ese slogan, detrás de Love Wins, hay una historia que poco tiene que ver con lo que representa la canción, y la relación de Alfred y Amaia. Detrás de Love Wins hay una lucha, y una victoria, de los derechos de las personas LGBT.

Durante un breve periodo de 2008 fue legal para las parejas del mismo género el contraer matrimonio en California. Fueron cinco meses en los que muchas personas se casaron, algunas de ellas tan conocidas como Ellen DeGeneres y su esposa, Portia de Rossi. Pero se admitió a trámite la llamada Proposición 8, una modificación de la Constitución del Estado que no sólo prohibía las uniones, sino que dejaba desprotegidas a las parejas que ya se habían casado.

Es entonces cuando comenzó una lucha a brazo partido por la aprobación del matrimonio igualitario no sólo en California, sino en todos los Estados Unidos. Los colectivos LGBT y de derechos civiles se unieron con esta causa, pelearon ley a ley, estado a estado, y finalmente el Presidente Obama anunció en junio de 2015 que cualquier persona podría contraer matrimonio con su pareja dentro de los Estados Unidos, sin importar en qué punto se casaran, ni cual fuera su género, gracias a la aprobación de una ley supraestatal. Y lo acompañó del hashtag que había sido la bandera durante tantos años de esta camino: #LoveWins

Tanto Love Wins como Love is love forman parte de campañas con un mensaje claro: el amor que sienten las parejas formadas por un hombre y una mujer, por dos hombres, o por dos mujeres, es el mismo. Y, por tanto, se asocia indisolublemente a los matrimonios igualitarios, y a los derechos LGBT, esos derechos que en muchas partes del mundo no se nos otorgan por defecto, como a las parejas heterosexuales, sino que hay que pelear.

Por eso, parece inapropiado, o al menos no del todo certero, enarbolar el Love Wins cuando la pareja ganadora ha sido una pareja heterosexual, formada por un chico y una chica.

Habrá gente que nos llame exagerados, nos dirán que nos apropiamos de frases comunes, que siempre estamos buscando la paja en el ojo ajeno, y mil cosas más. Pero, bajo mi punto de vista, y siempre contando con que esta persona sabe el significado de Love Wins, algo que no tengo modo de saber porque ni la conozco ni la sigo, creo que había 859475769 cosas agradables más que decir, y al final se escogió la que menos tocaba.

Eurovisión está muy incrustado dentro de la realidad LGBT. Hay un inusitado interés por el festival por parte, sobre todo, de hombres gays, y es por esto mismo que este tema ha sentado tan mal en la comunidad. Nadie duda de que el amor de Alfred y Amaia sea una cosa muy guay, y que estén disfrutando mucho, y que sea muy bonito. No es eso. Es que ni ellos, ni las personas heterosexuales que han venido antes, han tenido que pelear para que la gente vea bonita su relación, y la puedan llevar en público, y puedan hacer prácticamente lo que les de la gana porque tienen legitimación tanto social como legal.

Es parte de nuestro trabajo como comunidad el reconocer nuestros símbolos y nuestras luchas, y no dejar que se diluyan en la nada, haciendo que nada importe. No da igual ser LGBT o no. De momento, así están las cosas.