Si hay una figura misteriosa dentro de la literatura, esa es la de Emily Dickison. Tremendamente privada y reservada, de lo que conocemos sobre su vida privada sólo de una parte podemos poner la mano en el fuego al afirmar que es verdad. Todo lo demás son sólo meras deducciones de sus textos y de los testimonios de quienes la conocieron.

Por desgracia, entra dentro de esta segunda categoría de hechos la relación que Emily mantuvo con su cuñada y amiga del alma, Susan Dickinson. ¿Eran sólo amigas o amigas con derecho a roce? Muchos afirman que lo segundo, y que es la propia Susan la mujer a la que Emily hace alusión en algunos de sus poemas, pero lo que pasó entre ambas es algo que nunca sabremos a ciencia cierta. Eso no quita, sin embargo, que podamos fantasear con que sí que croquetearon, muy mucho y muy fuerte. En esto consiste, justamente, Wild nights with Emily, dirigida y escrita por Madeleine Olnek, cuyo centro gravitatorio se encuentra en la relación de la poeta con Susan, la cual toma como totalmente cierta.

Alejada del tono más oscuro, serio e históricamente fiel de Historia de una pasión, Wild nights with Emily mete el pie en la comedia (Sí, sí, la comedia) para dibujar un retrato de la poeta que quiere alejarse de la imagen ya asentada en el imaginario popular, la de una mujer amante de la soledad que vivía recluida en su casa y renegaba de la compañía de los demás. Molly Shannon es esta nueva Emily Dickinson, ha quien ha definido como una persona que «no tenía miedo a nada y era muy fuerte para la época. Siempre fue fiel a sí misma por ser gay querer ser escritora».

La cinta, estrenada ya en el festival South by Southwest y que esperamos que llegue pronto a nuestras salas de cine, está cosechando críticas bastante notables.