«Si no eres de Lesbos, no eres lesbiana». Surrealista, ¿verdad? Pues, por increíble que parezca, esto ocurrió.

Hace diez años, tras la decisión del alcalde de Tilos de casar a dos parejas gais cuando en Grecia aún no existía ningún tipo de legislación respecto al matrimonio igualitario (las uniones civiles están permitidas desde 2015),  Paul Thymou y Dimitris Lambrou, habitantes de Lesbos, encabezaron un movimiento cuyo objetivo era reclamar el uso de la palabra lesbiana como gentilicio de la isla, así como vetar su utilización en un «contexto sexual». (Inciso: en griego, la palabra «lesbia» hace referencia tanto al término geográfico como a las lesbianas).

«Me siento incómodo, y en especial mis parientes femeninas, cuando responden que son lesbianas, o que tenemos costumbres lesbianas», se lamentaba Lambrou en 2008.

La situación no se limitó a simples protestas y el caso llegó a los tribunales de Grecia, enfrentando a este movimiento isleño con la Comunidad Gay y Lésbica de Grecia (OLKE), que defendía el doble uso de la palabra, tal y como se venía utilizando desde 1911. En el juicio, celebrado el 10 de junio de 2008, uno de los testigos (Iohannis Ahlotas) defendió el uso único de la palabra como gentilicio, alegando que los amores de Safo con sus alumnas eran «únicamente espirituales». Evangelia Vlami, portavoz de OLKE, intentó poner un poco de cordura en el juicio al alegar que «ninguna lesbiana ofende a las mujeres de la isla», que la palabra existe en todos los idiomas (salvo en coreano y árabe), así como señalaba el racismo implícito en estas protestas.

Como era de esperar, las quejas de Thymou y Ambrou no llegaron a ninguna parte, sus protestas se desestimaron y todo siguió exactamente igual, lo cual no gustó nada a estos dos lesbios: «Esta decisión es inaceptable y un insulto a las personas de Lesbos y sus tres mil años de historia», «La identidad histórica y regional (…) se ven insultadas por el uso ilegal del adjetivo y el sustantivo», se lamentaban tras su derrota en los tribunales griegos, llegando a amenazar con llevar el caso al Tribunal Europeo de Derechos Humanos.

Aunque diez años después esta situación pueda parecernos graciosa, no se puede obviar el trasfondo homófobo (y racista) en ella: un afán de defender la propia identidad territorial a toda costa, considerando un insulto todo aquello que se distancie de la «pureza» de esa identidad. ¿Por qué considerar un insulto la confusión de términos, si no es por homofobia pura y dura?

La isla de Lesbos puede presumir de haber sido la cuna de Safo, una de las mujeres más importantes y valoradas de toda la Historia, y cuyos amores (no sólo espirituales) con sus alumnas fueron el origen de la palabra «lesbiana». Los lesbios deberían sentirse orgullosos de que esta figura forme parte esencial de la historia de su isla, en lugar de intentar silenciarla con motivos absurdos.

Vía: Telegraph