Ser LGBT es un delito en 72 países, y en ocho de ellos se castiga con pena de muerte. Dicho así, con estas cifras asépticas, puede sonar a nada, pero la realidad es que millones de personas en el planeta tienen que vivir su identidad de manera clandestina, o renunciar a ella en pos de no terminar en la prisión, o ejecutados. Pero esto es sólo la cúspide de unas sociedades que repudian cualquier gesto que se pueda interpretar como LGBT, unas realidades donde los hombres tienen que ser muy hombres, y las mujeres muy mujeres, y en las que se torna casi imposible encontrar cualquier atisbo de visibilidad LGBT. Casi.

Esta semana Paris Jackson, hija del Rey del Pop y persona LGBT, ha protagonizado la penúltima polémica en los rincones de internet. Resulta que Paris, que no sé exactamente qué ocupación tiene pero supongo que aunque no sea ninguna concreta su apellido le da la popularidad necesaria para hacerlo, ha protagonizado la portada de la revista Harper’s Bazaar, en su edición de Singapur. ¿Y qué pasa en Singapur? Que la actividad homosexual (fiesta del eufemismo) es ilegal. Muchas voces se han alzado en contra de Paris, tachándola de hipócrita por, más o menos, hacer como que no pasa nada en este país y jugarle el juego a los medios en pos de su popularidad. Incluso en Gay star news han escrito una columna, muy enfadados, por este hecho.

No es la primera vez que una celebrity se enfrenta a este tipo de comentarios. Hace no mucho Nicky Minaj fue protagonista de la portada de la misma revista, solo que en su edición rusa. Muchos de sus fans pertenecen a la comunidad LGBT, y Minaj tuvo que salir al paso de las mismas acusaciones que se le hacen a Paris Jackson. ¿Cómo es posible que una persona comprometida con los derechos LGBT se preste a hacer negocios en países que no respetan tales derechos?

La respuesta es, como en casi todo, complicada. Pero no podemos perder de vista un punto: mientras en estos países las personas LGBT sufren, el resto de la sociedad continúa una dinámica de normalidad. Mientras en Singapur a tu vecino lo encarcelan por tener novio, tú puedes comprar el Harper’s Bazaar y ver qué modelitos llevan las famosas en la fiesta de turno, ajeno no ya a la situación que viven hombres y mujeres homosexuales, sino a su mera existencia. De lo que no se habla, no existe, y nuestra mayor victoria es la visibilidad. Y, por eso mismo, quizá la portada de Paris Jackson sea una pequeña victoria, una trampa al régimen, una pequeña luz.

Pensemos por un momento en una chica, en Singapur o en cualquier otro país en el que se de esta situación, que ve por primera vez que una persona LGBT es portada de una revista de renombre. Siempre ha pensado, porque eso le han enseñado, que ser lesbiana o bisexual era algo antinatural, y que había que evitar. Pero, plantada enfrente del kiosko, mira la revista, esa revista que tiene a una chica bisexual en portada. ¿Será posible que lo que me han contado no sea cierto? ¿Es posible que yo tenga un futuro mejor?