OT 2018 no sólo nos está dando entretenimiento en estado puro y una cantera de cantantes que conformarán la radioformula en los próximos años, sino que, además, nos da pinceladas de cómo es la generación más joven de nuestra sociedad. El programa es una muestra perfecta de que, como en botica, hay de todo, pero sobre todo personas concienciadas con las problemáticas más dispares y que, además, se cuestionan ciertas cosas que, hasta hace bien poco, pasaban desapercibidas ante los ojos de cualquiera. La última conversación que ha generado el programa ha sido a raíz de, quién lo iba a decir, una letra de Mecano, una de las bandas más reconocibles de los ochenta, esa década mitificada hasta la extenuación como la más libre y renovadora de la historia de nuestro país.

Una de las concursantes del programa, María, que se identifica como mujer bisexual, manifestó el pasado jueves su incomodidad a la hora de cantar una palabra de la letra de Quédate en Madrid, canción incluida en el álbum Descanso dominical de la banda de Madrid. La letra de la estrofa dice lo siguiente:

Siempre los cariñitos
Me han parecido una mariconez
Y ahora hablo contigo en diminutivo
Con nombres de pastel

¿El problema? Obviamente, mariconez. María dijo que la quería cambiar, y lo siguiente que ella sabe es que José María Cano, autor de la composición, se niega. Lo acepta y sigue con su vida. Pero ella, que está incomunicada, no sabe que esto está suponiendo  la destrucción de la cultura occidental y el albor de la Tercera Guerra Mundial, una guerra que, al parecer, se librará por Twitter.

Ana Torroja, intérprete de las canciones de Mecano, que no compositora, manifestaba que ella no había autorizado ningún cambio en la letra. Esto está fenomenal porque es como si lo digo yo, que una vez la canté en un karaoke y tengo cero derechos sobre las composiciones del grupo. Gusta mucho que Ana, que cantaba todas las canciones en primera persona del masculino singular, dejando bien claro que ella solamente era quien ponía la voz y nada más, se meta en estos berenjenales. Pero lo mejor no es la no autorización fantasma, sino la justificación que da.

NO CONFUNDAMOS insulto homófobo, con expresión coloquial. Cuando la canción dice: “siempre los cariñitos me han parecido una mariconez”, quiere decir que siempre los cariñitos le han parecido una tontería, bobada, estupidez, y hasta cursilería, y en la frase siguiente dice: “y ahora hablo contigo en diminutivo, con nombres de pastel”, es decir, que ahora esa persona se da cuenta de que está enamorada hasta las trancas y que utiliza esas expresiones que antes le parecían una bobada.

Las expresiones coloquiales, por más coloquiales que sean, no son inocuas. Como la canción es de 1988, se entiende perfectamente que los códigos y la sociedad eran otros, y que permitían cosas y comportamientos que ahora chirrían. Pero lo que se entiende menos es que ahora, treinta años después, no se pueda ni siquiera plantear que igual, igual esa expresión se puede dejar a un lado. Maricón es uno de los insultos más recurrentes cuando se pretende herir a los hombres, porque hace alusión a que los chicos homosexuales no son, en realidad, hombres, sino que son entes afeminados. Y todas sabemos que no hay nada peor que una mujer, claro. Detrás de un grito de «maricón» muchas veces viene un puñetazo. Negar que esta palabra se utiliza con sentido peyorativo es estar muy alejados de la realidad, y precisamente que se le quite importancia diciendo que es algo coloquial es, incluso, inquietante.

¿Que muchas personas se dirigen así unas a otras? Pues claro. Igual que a mi mis amigas me pueden decir bollera y no me va a sentar mal. La reapropiación del insulto es un acto de reivindicación política, y al nombrarme a mi misma así, le quito la carga negativa que tiene, que otras personas le dan, y lo hago mío. Yo me digo una media de quince veces al día que soy tonta, pero me lo digo yo, no los demás. Los insultos tienen un significado, están diseñados para ofender, y pese a que haya situaciones y contextos en los que esto se desactive, eso no significa que sean adjetivos neutros, porque no lo son en absoluto.

Por otro lado, un argumento que se ha utilizado de manera recurrente estos días ha sido el de que Mecano no es un grupo homófobo porque Mujer contra mujer se ha convertido en un himno. La segunda parte es innegable, y no hay mujer lesbiana o bisexual que no haya gritado con empuje lo de «¿quién detiene palomas al vuelo?». Pero eso no es una especie de salvoconducto que borra el resto de la historia y nos da permiso para hacer cosas regulinchi, o lo que es lo mismo, que porque una vez compusieran una canción muy bonita y muy liberadora, están exentos de tener actitudes homófobas (que, por otra parte, es algo que tenemos todos y todas, nacidos en una sociedad condicionada, y que es algo bastante diferente de ser homófobo).

Por más que se diga que las canciones son poesía, eso no siempre es verdad. No todas las canciones son arte, del mismo modo que no todos los libros son excelsos, ni todas las películas merecedoras del Oscar. Quitar «mariconez» de la versión de OT de Quédate en Madrid ni iba a cambiar el significado de la canción ni iba a hacerla mejor o peor, y que no iba a hacer que mágicamente cambiara la letra en todos los soportes y formatos, futuros y pasados. Cambiar una palabra de una versión de una canción en un programa que, sistemáticamente, corta las actuaciones por motivos televisivos, cambia géneros para adecuarlos al intérprete, cambia líneas melódicas por comodidad, y un largo etcétera, porque es un programa de versiones, es lo normal. Excepto si es «mariconez», que ya entonces no se puede hacer y es un sacrilegio y los millenial no sé qué y Mecano no se toca (como si fuera el Guernica). Jo, qué ridículo más espantoso.