2019 quedará en la memoria de todas por haber traído consigo la resurrección de una de las series más queridas por las croquetas de todo el planeta, The L word. Cuando no había NADA MÁS que nos representara, ahí estaba la serie. Con todos sus defectos, muchísimos, y también sus extraordinarias virtudes, quedó en el imaginario popular. Pero, ¿cómo ha sido la vuelta? Ahora que la serie va por el ecuador de la primera temporada, hacemos un mini análisis de lo que sí nos ha gustado y de lo que, mira, no.

Que sí

Volver a ver a Alice, Bette y Shane

Cuando sigues con fervor casi religioso una serie durante seis temporadas. Cuando vuelves a ver una y otra vez cada uno de los episodios. Cuando, además, eres una adolescente o cuasi adolescente y experimentas por primera vez algo parecido a lo que ahora llaman ‘transmedia’, es decir, que lees todo lo que pillas por internet que tenga relación con la serie… Volver a ver a esas amigas que una vez tuviste es una sensación maravillosa. Y todavía más cuando compruebas que, en general, les ha ido bien. Cómo me alegro, tía, de verte ahí.

No se toma en serio a sí misma

Nunca lo ha hecho, y es estupendo que siga sin hacerlo. Es todo loquísimo y, en ocasiones, con cero sentido. ¿En qué universo invitarías a una desconocida a vivir contigo? (Y, siendo Shane, sin que pase antes por tu cama) En este, al parecer. ¿Cómo es posible que tengan la poca vergüenza de hacernos colar un FOTOGRAMA DEL PILOTO CON SHANE STALKEANDO EN LOS ARBUSTOS como foto de recuerdo en un cumpleaños? Aquí, claro. Y así todo. Como puse en Twitter, a la serie se le ven tanto los hilos que es todavía más disfrutable que si fuera algo que se tomara en serio a sí misma.

Hablo de esto

Que Shane ahora vista mejor

No sabéis el sufrimiento visual que me causaba verla con esos pingajos que le ponían. Ahora, afortunadamente, han optado por vestirla con la luz encendida. Praise the Lord.

Las referencias

Esto es, con toda seguridad, lo que más mola de la serie. A aquellas personas que se enfrenten por primera vez a los personajes y las tramas les dará igual ver que Shane recibe una felicitación de Helena. Pero a nosotras, no. Claro que no, si al final vivimos de nostalgia.

Que no

Las tramas nuevas no funcionan del todo

¡Bodas en 2020! Shocking!

Yo no sé si tiene algo que ver con la placidez y comodidad que me produce el, simplemente, seguir las tramas de Alice, Bette y Shane, que al final son personas que conoces a las que les pasan cosas que te interesan, o que los nuevos personajes están escritos regulinchi, o que me he hecho mayor. No lo sé. Pero hay tramas que no me interesan nada: me da igual el conflicto de clase entre Dani y (voy a tener que mirar el nombre porque no me acuerdo) Sophie. Tampoco me interesa mucho el evidente problema con el alcohol y que es la excusa para camuflar su homofobia interiorizada que tiene Sarah. Nope. Y es una pena, pero me sobran casi todos los minutos de Leo y sus novios. ¿Soy yo? Probablemente sí.

Hemos crecido como espectadoras

Hace casi una década que terminó la serie. En estos diez años hemos visto de todo, cosas mejores y peores, pero, sobre todo, nos hemos acostumbrado a que los conflictos de los personajes LGBT tengan que ver con ser LGBT… y no. Nos hemos visto en pantalla. Hemos crecido. Y hemos visto Vida, que es básicamente The L word con personas con sueldos reales y problemas reales en Los Angeles reales. Y supongo que es por esto por lo que le pedimos más al reboot. Mucho más. Todavía quedan cuatro episodios para finalizar la temporada, así que veremos si consigue emocionarnos o la veremos porque, seamos realistas, la vamos a ver igual suceda lo que suceda.

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