Emperatriz Cixtitis, Hay una lesbiana en mi sopa

La reina Aglaé ha logrado que su pueblo se reponga de los ultrajes a la vida y a la libertad que el tirano Von Krantz ejerció durante años sobre la región, pero ahora hay otro problema: Cixtitis, emperatriz de Chichinia, ha secuestrado a todos los hombres del reino para castrarlos y convertirlos en esclavos. Aglaé, que en la circunstancia ha perdido a su marido y a su amante, todavía está dispuesta a encarar el conflicto mediante el diálogo, pero si la negociación se demora, no le van a doler prendas en sacar la artillería.

En Emperatriz Cixtitis regresamos a Marylene, un país lleno de personajes de todo pelaje (literalmente) que cuenta con un ejército de patatas fritas (también literalmente) y está gobernado por la oceánida Aglaé. Se trata de una historia que sirve para expandir la mitología que Anne Simon comenzara con El cantar de Aglaé y, aunque no es necesario haber leído esta obra para disfrutar de Cixtitis, es recomendable.

Simon vuelve a abordar el feminismo, la libertad de derechos y la opresión desde el sentido del humor e ingenio fino que la caracterizan y del que me declaro muy fan. No soy tan fan, sin embargo, de que la tiranía desatada y la perversión vengan esta vez de un remedo del Imperio chino contra una suerte de Europa de cuento de hadas. Aunque en este sentido me consuela que Simon retuerce sus fábulas a su antojo y no es especialmente amable con ninguno de sus personajes, todos ellos llenos de múltiples defectos que tienen consecuencias devastadoras para la trama.

Al terminar Cixtitis, por encima de los excesos de la emperatriz y su inexplicable afición a castrar varones se nos planteará una pregunta universal: ¿realmente vale todo a la hora de enfrentarse a un tirano?, porque corremos el riesgo de acabar siendo muy parecidas a aquello que queremos evitar.

Ev8xzvzXYAIS8mz?format=jpg&name=4096x4096, Hay una lesbiana en mi sopa

El dibujo de Simon vuelve a ser sencillo pero efectivo y especialmente bonito en las páginas a color, que son la mayoría. Le sienta como un guante a sus cuentos políticos llenos de comedia con muy mala leche. En cuanto a la edición, La Cúpula vuelve a hacer un trabajo excelente con una rotulación muy cercana al original y una buena traducción; una labor que espero puedan continuar en el futuro con los dos volúmenes que quedan por publicar de Los cuentos de Marylene.

Como curiosidad, os dejo esta promo que hicieron en Francia montando un teatrillo:

Gracias a La Cúpula por el ejemplar para realizar esta reseña.