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Llega la Final Six de la Euroliga. Llega ‘More than a league’, la docuserie que no te puedes perder.

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La Final Six de la Euroleague Women calienta motores. A menos de una semanita de su inicio, Zaragoza ya se prepara para acoger uno de sus eventos de baloncesto del año y que reúne a varias de las mejores jugadoras, no sólo del ámbito europeo, sino que mundial. A partir del miércoles 15 de abril, por el parqué del pabellón de la ciudad maña se pasarán multitud de jugadoras de la talla de Mariona Ortiz, Leila Lacan, Emma Meesseman, Gabby Williams, Marine Johannès o la mismísima Breanna Stewart (¿pasará su mujer Marta Xargay a hacer una visita por estas tierras ya que está?). Por si eso no fuera poco, este año Españita, además, contará con dos equipos representando, UniGirona y Casademont Zaragoza.

Para ir abriendo boca hasta el miércoles, el canal de YouTube de la Euroliga ha estado subiendo un capítulo al día de More than a league, la docuserie de 5 episodios (ya los tenéis todos disponibles) que nos permite seguir de cerca cómo vivieron la competición los equipos clasificados para la Final Six de la temporada 24/25 (entre los que estaba Valencia Basket). Todo ello contado en primera persona por alguna de las jugadoras o entrenadores protagonistas, como Alba Torrens, ex de Valencia Basket, Gabby Williams (todavía en Fenerbahçe), Kim Mestdagh y su pareja y compañera de equipo, Georgia Sottana (las dos en Schio), o la ex entrenadora de Praga, Natalia Hejkova, vigente campeona hasta que el domingo 19 un nuevo equipo se alce con el título. Aquí os va.

¿Quién creéis que será el nuevo campeón? ¿El todopoderoso Fenerbahçe? ¿O habrá alguna sorpresa como el año pasado? A partir del miércoles el desenlace.

Asesoramos legalmente a Marta de la Reina con el Código Civil de 1958

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Otra cosa no, pero las chorradas con base histórica, legal o histórico-legal nos flipan y nos hacen volar. Después de los acontecimiento del último episodio de Sueños de libertad emitido hoy en A3player, el 542, nos hemos hecho preguntas. Muchas. Y como además en twitter sois las mejores y aún nos dais más coba con nuestras tonterías, hemos cancelado nuestros planes de hoy, consistentes en dar un paseíto por el parque, y nos hemos puesto a leer el BOE. Digo hemos porque de un lado estoy yo, que de derecho lo justo, y de otro mi chica, a la que aparentemente le van las leyes bastante.

El inesperado personaje de 'Sueños de libertad' que le hubiera gustado  encarnar a Marta Belmonte
Pero empieza el post o qué.

Pelayo is dead. Marta llora, la familia llora, todo Toledo 1959 se pregunta si la hija de Damián de la Reina tiene algún tipo de maldición o es que quiere cantar la canción de Massiel, y nosotras queremos saber qué va a pasar con los dineros de los hoteles Olivares, que ahí hay un buen pellizco y le vendría fetén a los perfumeros para recuperar el control de la empresa. Con el Código civil de 1889 y las modificaciones que sufrió en 1958 (las modificaciones de julio, que se hicieron para poner en vigor el concordato con al Santa Sede, así que afecta en su mayoría a movidas de matrimonios, adopciones, etc) en la mano hemos barajado dos supuestos: si no hay testamento, que es algo que, como no nos han mostrado en pantalla, parece plausible, y el de que sí lo hubiera, que ya nos conocemos y también es plausible.

Ya, Marta, nosotras también estamos así.

En el primer caso, 1959, muerte de cónyuge sin herederos y sin testamento, Marta sería la rica heredera de la totalidad del patrimonio de Pelayo (art. 952 CC). En cambio, si hubiera un testamento y, pongamos, que Pelayo instituye como heredera a Doña Clara, su madre, su esposa sólo tendría derecho a la mitad del usufructo de la herencia en concepto de legítima (art. 837). Molaría que Doña Clara le dejase algo a Fina, que se llevan fenomenal, y esta fuera una vez más nuestra heroína.

Pero, ¿y si esto sucediera en 2026 y Pelayo muriera sin testamento? Las variaciones son mínimas, por no decir que nulas porque se sigue el mismo Código Civil de 1889 (sí, habéis leído bien) y estos artículos se han toquineado poco a lo largo de los años. El número del articulo es diferente, nos vamos al 944, pero el contenido es el mismo, así que ¡bling bling! a comprar acciones, Doña Marta, porque vuelve a heredar cositas. Si no hubiera testamento, y fuera su suegra a la que han instituido como heredera, al igual que hace más de 50 años, a Marta le quedaría únicamente la mitad del usufructo de la herencia, que está bien, pero no es lo mismo que adquirirlo absolutamente todo pa’ ti pa’ siempre.

Y un fun fact: ¿hasta qué punto es válido el matrimonio entre Marta y Pelayo? Eclesiásticamente es agua de borrajas porque no ha habido consumación (la del coche no vale), y recordemos que la institución se hace con el objetivo de la descendencia. Pero esto simplemente es una curiosidad que sabemos nosotras y solo nosotras. Si alguien quiere escribir un fanfic con vericuetos legales, que tire del hilo. Ahora, solo queda esperar.

¿Qué calcetín serían estos personajes sáficos?

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Si tengo que seros sinceras, escribir sobre calcetines no estaba en mis planes ni en mis fantasías. Normalmente en esta web hablamos de series, de películas, de libros y de tonterías. Pero, ¿de calcetines? Pues oye, aquí estamos.

La sorpresa es que Cóndor (www.condor.es) da bastante juego. No porque un calcetín vaya a transformarte la existencia, que tampoco hace falta inventarse milagros textiles a estas alturas, sino porque detrás hay una marca con historia, con fabricación en España y con una idea bastante clara de lo que vende. No parece ese tipo de firma que te coloca cuatro colores desmayados y dos frases vagas sobre el confort. Aquí hay variedad de verdad, un cuidado evidente por los acabados y una obsesión bastante respetable por el color, que al final es una de esas cosas que marcan la diferencia entre vestirse y tener un poco de criterio.

Eso se nota enseguida. Entras en la web y no da la impresión de estar ante un catálogo plano de básicos sin alma. Hay canalé, perlé, calados, lazos, modelos más sobrios y otros que tiran hacia lo delicado o hacia lo un poco retro. No todo tiene el mismo aire, y eso se agradece. Los calcetines no están planteados como una pieza de relleno, sino como algo que forma parte del conjunto. Parece una tontería, pero no lo es tanto. A veces lo más pequeño es justo lo que evita que un look se venga abajo.

También hay algo bastante agradecido en encontrarse con una marca que no necesita fingir modernidad a golpes. Lleva más de un siglo haciendo esto, así que la sensación no es la de una empresa que acaba de descubrir que existe el algodón y quiere contártelo en una campaña inspiracional. La base aquí es otra: oficio, continuidad y una cierta confianza en que la calidad sigue importando. Y la verdad, se agradece bastante más eso que cualquier discurso hueco sobre estilo de vida.

Ahora bien, nosotras no hemos venido a convertirnos en expertas en mercería fina más de lo que ya somos. Hemos venido a hacer lo que realmente importa, que es asignar calcetines Cóndor a personajes lésbicos de series y películas. Un ejercicio completamente innecesario y por eso mismo fundamental. Internet está para esto.

A Villanelle no le darías jamás un calcetín discreto. Sería ridículo. Lo suyo pide color, presencia y una pequeña sensación de amenaza estética. Un animal print le encaja muchísimo más que cualquier opción prudente. Tiene ese punto de aparente clasicismo que luego se retuerce un poco, como todo en ella. Parece una elección sencilla hasta que recuerdas que Villanelle convierte cualquier detalle mínimo en una declaración de intenciones. Incluso sin hablar, ya está montando una escena.

Estos, vamos.

Con Carol la cosa cambia por completo. En su caso no imagino nada estridente ni remotamente caprichoso. Más bien un calcetín alto, limpio, impecable, de esos que parecen sencillos pero están mejor pensados que media industria de la moda. Unos sobrios, quizá un tono granate, algo elegante sin necesidad de pedir atención. Carol no necesita adornarse demasiado porque ya tiene esa clase de presencia que vuelve elegante casi cualquier cosa que toque.

Bette Porter, en cambio, sí necesita una cierta intensidad incluso cuando se trata de algo tan aparentemente inocente como un calcetín. Le pega una prenda con estructura, con textura, con un punto sofisticado y un leve riesgo de resultar insufrible. Lo digo con cariño, porque a Bette precisamente la queremos así. Pero claro, también es una TIBURONA, así que estos son ideales: refinados, serios, un poco artísticos, quizá un poco cuadro. Exactamente como ella cuando entra en una habitación convencida de que va a imponer criterio aunque nadie se lo haya pedido.

Nomi, de Sense8, se movería por otro territorio. Ahí no veo delicadezas excesivas ni ganas de performar una feminidad muy estudiada. Lo suyo pide comodidad, sí, pero comodidad con identidad. Unos deportivos retro funcionan porque tienen rollo sin volverse aparatosos. Son prácticos, pero no aburridos. Y esa mezcla le pega muchísimo a alguien que puede estar metida en una trama conspiranoica global y seguir conservando criterio estético. Hay personajes que parecen pedir tacones. Nomi no. Nomi pide algo que permita correr, porque el atractivo lo trae ella de serie.

Ahora: Marta de la Reina necesita otro registro, mucho más frágil en apariencia. Digo en apariencia porque ya sabemos que por debajo de tanta contención pasan bastantes más cosas de las que el envoltorio sugiere. En ella sí imagino (además de los pantys, porque una ha leído mucho fanfic) un perlé calado, quizá beig, quizá con un detalle mínimo como un lazo o una geometría delicada. Algo muy pulcro, muy medido, casi demasiado correcto. Justo por eso funciona. Ese tipo de prenda que parece hecha para alguien incapaz de alterar el orden de nada, cuando en realidad lleva media vida intentando que no se le desborde la grieta.

El calcetín que le presentarías a tus padres.

Y luego está Dani, que no necesita dramatismo añadido porque bastante tiene ya con existir en Bly Manor. A ella no le pondría un calcetín oscuro ni uno intensito, porque sería pasarse de gótico. Me la creo más con algo suave, claro, incluso algo inesperadamente luminoso. Un rosilla pálido, una cosa pequeña y delicada que conserve cierta ternura. Su energía va por ahí. Hay tristeza, sí, pero también una calidez que aparece en los gestos mínimos. Dani no pide artificio. Pide una belleza tranquila, casi doméstica, de la que te pilla desprevenida.

En realidad, ahí está la gracia de una marca como Cóndor. Puedes hablar de calidad, de fabricación y de acabados sin que el texto se convierta en un prospecto con pretensiones. Pero además hay espacio para jugar, para mirar los modelos y pensar que ciertas prendas tienen personalidad suficiente como para asociarlas a alguien concreto.

Contenido patrocinado.

Domingo lésbico de confianza (VI)

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Hay domingos en los que una no viene a recomendar grandes obras maestras ni a descubrir el Mediterráneo. Viene simplemente a dejar por aquí tres cosas que le han hecho tilín esta semana y que, por una razón o por otra, merecen su pequeño altar croqueta. Esta vez tenemos una serie que ha escalado puestos de golpe por motivos bastante comprensibles, una fantasía pop espacial que parece escrita por… mi y un aniversario que, sinceramente, debería considerarse patrimonio emocional.

Empezamos con The Pitt, que hasta hace nada era para mí una de esas series que sabes que existen, ves pasar por delante y piensas “ya si eso”. Pues bien, eso cambió en cuanto descubrí, gracias a que los siempre utilísimos tuits de Red me lo recordaron, que por ahí aparece Sepideh Moafi. Y claro, con esa información ya no estamos hablando de una serie más. Estamos hablando de una serie que automáticamente mejora y escala puestos.

Porque Sepideh Moafi tiene ese efecto: sale ella y de pronto te interesa una trama que igual ayer te daba bastante lo mismo. Sale ella y todo adquiere otra categoría. Si además resulta que en The Pitt hay alguna cosilla croqueta rondando por ahí, aunque no sea el eje absoluto del universo, pues apaga y vámonos. No hace falta que una serie se convierta en un manifiesto sáfico para que entre en nuestro radar con bastante dignidad.

La segunda alegría de la semana es una de esas noticias que parecen inventadas por una lesbiana de internet con demasiado buen gusto, pero no: esta mañana los astronautas de la misión Artemisa se han despertado con Pink Pony Club. Y qué quieres que te diga, es una de esas pequeñas alegrías que nos da el 2026 (que son pocas pero escogidas)

Hay algo ya de por sí entrañable en la idea de despertar astronautas con música, pero que la elección haya sido Pink Pony Club eleva el asunto a otro nivel.Imaginar a una tripulación espacial (y, para mi, más, porque ahora estoy viendo For the mankind y estoy obsesionada con el espacio) empezando el día con eso me parece directamente maravilloso. La humanidad avanzando hacia gestas históricas y, al mismo tiempo, metiendo a Chappell Roan en la banda sonora del espacio. Chica, no se me ocurre una manera mejor de hacerlo.

Y cerramos con lo importante de verdad, que este fin de semana hace dos años del primer beso de Marta y Fina. Dos años de aquel “¿responde esto a tu pregunta?” que se dijo una vez pero resonó durante semanas, meses y probablemente seguirá siglos en la memoria croqueta nacional. Porque sí, hay escenas que se recuerdan con cariño y luego está ese beso, que pertenece a la categoría de momento que te recoloca un poco por dentro. La tensión acumulada (qué guay la trama hasta este momento, cuantas veces he visto el video recopilatorio), la frase exacta, la manera de mirarse, el contexto entero y esa sensación tan rara y tan satisfactoria de estar viendo una escena que sabe perfectamente lo que está haciendoparecía un momento de verdad. Y probablemente por eso se quedó tan clavado.

Dos años después sigue haciendo ilusión volver a él, citarlo, recordarlo y hablar de ese beso como lo que fue: uno de esos instantes televisivos que, dentro de nuestro pequeño universo, se convierten enseguida en historia reciente. Marta preguntó si eso respondía a la pregunta. Pues sí. Respondió. Respondió muchísimo. Y aquí seguimos, dos años después, viviendo todavía un poco de las rentas de aquel beso.

Y como bonus track, esta cosa tan graciosa del concierto de ayer de Rosalía.

Kathleen Hanna: Girls to the front!

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Una cosa que me gusta mucho cuando pasa es cuando descubro nuevos grupos/libros/loquesea a través de algún artista que me gusta. El último caso es el de las memorias de Kathleen Hanna, Rebel Girl, recomendadas por Hayley Williams en el podcast de Amy Poeher, Good Hang.

A Kathleen ya la conocía de antes porque soy una persona de bien (y porque quien no ha pasado por una fase de chicas rockeras que tire la primera piedra), pero le había perdido la pista hace tiempo. Y la verdad que la tontería me ha venido de perlas para darle un repaso a su vida y obra. Por aquí os dejo mis cosis favs:

Rebel Girl es un buenísimo punto de partida y no sólo porque Hanna hace un repaso de arriba a abajo de lo que fue su vida, sino porque aún siendo alguien ajeno al icono noventero y feminista que es, puede encontrarlo interesante. El libro abarca desde su dura infancia/adolescencia en una familia que bueno, en fin, su carrera musical como cantante en grupos tan influyentes como Bikini Kill o Le Tigre, los claroscuros de la fama y los múltiples ataques que recibió al mostrarse como abiertamente feminista, hasta los últimos años, donde la enfermedad de Lyme ha limitado su capacidad para dedicarse a la música al 100%. Es un libro muy sincero y emocional en el que Hanna narra los altos y bajos de quien muy a su pesar fue, en los 90, el referente del movimiento Riot Grrrl y un espejo en el que muchas chicas decidieron mirarse.

Seguimos con The Punk Singer. Documental dirigido por Sini Anderson sobre lo que significó Kathleen Hanna para la música y la cultura de los años 90. Cuenta con un montón de entrevistas a excompañeros de grupo como Toby Vail o JD Samon, o artistas que en algún momento se cruzaron con ella por un motivo u otro como Carrie Brownstein, Kim Gordon o Joan Jett. Es… *chef kiss*.

De los tres discos que sacaron Bikini Kill, Pussy Whipped sigue sonando como un tiro a pesar de haber sido publicado ya hace más de 30 años. Puro punk rock para escuchar a todo volumen.

Y cambiando totalmente de registro, This Island. Último disco de estudio de Le Tigre en el que deciden tontear un pelín con el pop y en el que no hay skips. La versión que hacen de I’m so excited de las Pointer Sisters puede que sea una de mis canciones favoritas en este mundo.

El juguete que transforma olas en orgasmo: Tsuki + Aonami de Iroha

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La llegada de la primavera invita a perderse en la ciudad y tomarse algo entre risas y esa brisa suave de finales de marzo. Pero te digo la verdad: nada me parece más placentero que estirar las horas de un domingo que nos debe tiempo, secuestrada por las sábanas y masturbándome bajo la luz dorada del atardecer. Además, con la mejor compañía: Iroha Tsuki+ Aonami de Iroha, el primero de sus vibradores con movimiento vertical.

Y es que los vibradores tipo rabbit han existido desde el inicio de la juguetería erótica, y no son pocas las marcas que han adoptado el patrón de movimiento de estos productos y lo han hecho suyo con otros diseños, otras funcionalidades y otras prestaciones. Una de las prioridades de la marca japonesa Iroha es crear instrumentos de placer perfectos en todos los sentidos: acabados cuidados, motores de última generación, funcionalidades innovadoras y ergonomía total. Por eso, el rabbit de Iroha no se podía quedar atrás, y lo cierto es que Aonami ha llegado pisando (y vibrando) fuerte.

Estamos ante un juguete de diseño orgánico, redondeado y amable. En una sola pieza tenemos la parte insertable con motor y el mango, lo cual resulta manejable y sencillo de sostener. De hecho, Iroha tiene la habilidad de diseñar productos sumamente intuitivos, y lo cierto es que no hay nada más agradecido cuando se trata de implementar un juguete en nuestros momentos de placer. La punta también es redondeada, y se estrecha y se aplana un poco en la punta para garantizar una estimulación más precisa de la zona G, porque su misión es estimularla con dedicación absoluta.

Pero, sin duda alguna, lo que me ha conquistado a primera vista y a primer contacto ha sido el acabado. Como viene siendo habitual en la marca, Tsuki + Aonami también está fabricado en silicona ultrasuave al tacto y repelente al polvo que se vuelve increíblemente blandita en la punta. De esta manera, esa estimulación en la zona G, que puede resultar demasiado directa para algunas personas, se vuelve mucho más gentil y delicada. Lo mismo ocurre en el momento de la inserción del juguete.

Como te contaba más arriba, Tsuki + Aonami es el primer juguete de Iroha con movimiento vertical. Hasta ahora, su catálogo estaba formado por juguetes que combinaban vibración y textura, y este modelo incorpora también ese vaivén adictivo que conquistará a los cuerpos más exigentes. La penetración es mucho más activa y, una vez dentro, el juguete se desliza con precisión y un ángulo cuidado para masajear las terminaciones nerviosas que se reparten en el interior de nuestra vagina.

Sin embargo, Tsuki + Aonami nos regala más que un movimiento serpenteante. Incorpora una funcionalidad independiente: la vibración. Podemos utilizar vibración y movimiento de forma simultánea, o deleitarnos solo con uno de ellos. El movimiento tiene 5 velocidades, mientras que la vibración ofrece 5 intensidades estáticas y 3 patrones. Eso significa que tiene un total de 32 combinaciones para hacernos disfrutar con el tipo de estimulación que más nos guste.

Algunos juguetes de Iroha, sobre todo externos, ofrecen un rango de intensidad de vibración que podría quedarse corto para las personas que buscan mucha potencia. No es el caso de Tsuki + Aonami, que aumenta el nivel de intensidad para adaptarse a quienes prefieren intensidad controlada y también a quienes buscan intensidad alta. Además, sus motores son bastante discretos, y eso es una gran mejora con respecto a otros juguetes del mercado tipo rabbit, que suelen ser muy ruidosos debido al movimiento de vaivén.

La interfaz está formada por dos botones: uno pequeño liso y otro más grande con la flor de Iroha. El pequeño nos permite activar, desactivar y cambiar la velocidad o patrón de vibración, mientras que el grande con la flor sirve para activar, desactivar o cambiar la velocidad del movimiento oscilante. La diferencia en el tamaño y en la textura, así como su ubicación, facilitan muchísimo cambiar el ajuste de vibración y movimiento incluso sin tener que ver los botones. Podemos jugar en múltiples posiciones sin tener que parar el juego para encontrar el botón que buscamos.

Desde que probé Tsuki + Aonami por primera vez me ha envuelto esa calma que caracteriza las olas del mar. Tal vez sea por el color, por el mimo de su diseño o por el oleaje de su motor, pero con este juguete resulta sencillo rendirse al placer con lentitud y muchas ganas de seguir explorando. Por supuesto, es ideal para masturbarse, especialmente te gusta la penetración y la estimulación de la zona G. Y te diré más: también te encantará experimentar las embestidas suaves de otras maneras, como dejando que entre y salga en la entrada de la vulva o permitiendo que tantee tu interior mientras descansas de lado y con las piernas cerradas. Ese movimiento de “ven aquí” es claramente una intención de avance, y me ha resultado seductor y ha encendido mi imaginación de todas las formas posibles.

Aun así, Tsuki + Aonami también tiene posibilidades en pareja. Por ejemplo, puedes usarlo en modo manos libres mientras penetras a tu amante con un arnés universal, de esos que tienen un hueco entre las piernas. También puedes utilizarlo para masajearos, para complementar una buena sesión de sexo oral o para disfrutaros despacio mientras entra despacio en vuestro interior.

Sea como sea, si te ocurre como a mí y como a la mayoría de personas que tenemos vulva, y necesitas algo de estimulación externa para alcanzar el orgasmo, no te cortes. Utiliza tus dedos u otro juguete para acompañar ese camino. Si no sabes cuál es el vibrador perfecto, quédate por aquí, pronto te traigo un complemento perfecto de la misma marca.

Gracias a su diseño, también es resistente al agua y sumergible sin superar los 50 cm. En parte, eso se debe al sistema de carga: una cajita blanca y discreta que funciona como base de carga. Es el complemento perfecto para almacenar, cargar y transportar el juguete cómodamente, y nos ayuda a tenerlo siempre cargado. El cargador magnético se conecta a la caja, y se encenderá una luz parpadeante (alrededor de un par de horas). Una vez cargado, la luz se apagará, y podrás usar el juguete alrededor de una hora. Como curiosidad, esta caja de carga está inspirada en las corrientes marinas, y así lo vemos en sus esquinas redondeadas.

Al igual que con otros productos de silicona, es conveniente recordar que solo se recomienda el uso de lubricantes de base agua. Mi consejo es que aproveches un lubricante de calidad y respetuoso con el cuerpo para que la inserción del juguete sea más agradable y sin fricción. Una vez hayas terminado de jugar, asegúrate de limpiarlo con jabón neutro y agua o con un producto específico y de secarlo bien antes de volver a ponerlo en la base de carga.

En cuanto al packaging, Iroha siempre está a la altura. Es un estuche de cartón con acabados holográficos, algunas instrucciones y una caja también azul donde nos espera nuestro nuevo compañero de orgasmos. En el paquete se incluye un manual del uso y el cable, así como la base de carga.

Y ahora la pregunta del millón: ¿para quién es este juguete? Tsuki + Aonami es el compañero de aventuras perfecto para quien disfruta de la estimulación en la zona G y quiere un juguete que vaya más allá de la clásica vibración. Pero, sobre todo, es perfecto para personas que quieren dedicar más tiempo a su placer, sentir las oleadas de forma profunda y experimentar el contraste entre la amabilidad del juguete y el rugido de sus funcionalidades. Sin duda, un imprescindible para quien prioriza su placer y su disfrute con la mejor calidad y la mejor tecnología.

En definitiva: Iroha nos conquista, una vez más, con un juguete impecable desde todos los ángulos. Su suavidad, gentileza y ergonomía son clave para deleitarnos con la experiencia más delicada, pero sus funcionalidades de vibración y movimiento consiguen que nos rindamos al deseo como los marineros al oír cantar a las sirenas.

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(Aprovecha que la marca está de cumpleaños y ofrece un 10 % de descuento con el código IROHA10)

Domingo lésbico de confianza (V)

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Cultura sáfica para acabar la semana con buen gusto

Todos los domingos intento recomendar un par de cosillas que me hayan alegrado la semana y que, de una forma u otra, tengan algún pequeño toque croqueta. No es una lista muy pensada ni especialmente ambiciosa. A veces es una serie, a veces una canción, a veces un libro que aparece mientras estaba buscando otra cosa. La idea es compartir pequeños descubrimientos o momentos que merecen ser comentados.

La serie de la semana es Para toda la humanidad, de Apple+ He retomado la tercera temporada, justo donde la dejé hace tiempo por motivos que no vienen al caso, y me he llevado una alegría al recordar que esta serie tiene personaje croqueta. Concretamente, la astronauta Ellen Wilson, que desde las primeras temporadas vive su orientación sexual en un contexto político y social complicadísimo, y cuya historia va ganando peso conforme avanza la trama. Es una serie increíble, de esas que hay que ver con calma y prestando mucha atención, porque pasan muchas cosas y todas importan. Si la teníais aparcada, como me pasó a mí, merece muchísimo la pena volver a ella. Yo os la recomiendo encarecidamente.

Otro apunte más que recomendación. Se ha confirmado algo que llevábamos viendo venir desde hace años en el universo de Anatomía de Grey. El romance entre Amelia Shepherd y Kai Bartley parece haber traspasado la pantalla y haberse convertido en algo real fuera de la ficción, y es que han salido por ahi fotillos de Caterina y E.R. de la mano y eso ha vuelto a encender la conversación en el fandom, que llevaba tiempo casi dándolo por hecho. No sabemos en qué quedará todo esto, pero ya sabéis cómo funciona nuestra vena fan: ilusión contenida y ojito puesto en los próximos movimientos. Mientras, a retomar la temporada 19, que es donde hay *cosas*.

La recomendación que tengo ahora mismo en el punto de mira es el libro Violetas de España. Gays y lesbianas en el cine de Franco, de Alejandro Melero. Es un ensayo que analiza cómo aparecían personajes o comportamientos homosexuales en el cine durante el franquismo, muchas veces de forma indirecta, escondida o disfrazada, porque la censura hacía prácticamente imposible cualquier representación explícita. Tiene pinta de ser una lectura muy interesante para quienes disfrutamos rastreando la historia queer en la cultura popular y entendiendo cómo se construían esas narrativas en contextos represivos. Yo todavía no lo he empezado, pero lo tengo claramente en la lista de próximas lecturas, esa torre de libros que, si algún día me cae en la cabeza, me dejará sepultada como al Director Skinner en aquel episodio de los periódicos.

Nos leemos el domingo que viene con más recomendaciones croquetas de confianza.

La quinta temporada de ‘Los Bridgerton’ va a ser lo que llevamos esperando todo este tiempo

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Llevamos temporadas enteras mirando la ficción de Shonda con esperanza, con anhelo, con GANAS, pero resulta que Los Bridgerton guardaban el toque croqueta donde nadie que hubiera leído los libros (yo, que no he leído nada, la verdad que no sabía muy bien) lo esperaba: en Francesca.

Netflix anunció esta semana los primeros detalles de la quinta temporada de la serie y, contra todo pronóstico, no girará en torno a Eloise (que era la apuesta mayoritaria del fandom), sino en torno a Francesca y Michaela. Hannah Dodd y Masali Baduza protagonizarán lo que puede ser la primera temporada abiertamente lésbica de Los Bridgerton. Solo «puede ser» porque, siendo Netflix, una nunca sabe hasta que lo ve, pero la sinopsis oficial y las propias actrices pintan más que bien.

El punto de partida es que Francesca, condesa de Kilmartin, ha enviudado y decide volver al mercado matrimonial dos años después de la muerte de John, por razones puramente prácticas, claro. Entonces reaparece Michaela, la prima del marido fallecido, para hacerse cargo de la finca, y Francesca empieza a cuestionarse si atenerse a sus planes racionales o dejarse llevar. Ya sabéis a dónde lleva eso.

La showrunner Jess Brownell define la temporada por su «big-time yearning», que es exactamente la energía que necesitamos. Y las actrices llevan el peso con mucha conciencia de lo que significa. Hannah Dodd lo dice sin rodeos: este tipo de historias de amor «han sido excluidas tradicionalmente de los dramas de época, y las personas queer existieron, han existido siempre y existirán siempre. Así que merecen una historia de amor como todo el mundo.» Masali Baduza añade que lo que quieren conseguir es «dar una visión realista del amor queer en pantalla», con su correspondiente final feliz.

Lo de que sean primas políticas le añade una capa de drama de época absolutamente innecesaria y por tanto perfecta. Michaela, por su parte, es de esas personas que prefieren viajar sin rumbo a tener conversaciones difíciles, con lo cual la temporada promete tensión de la buena antes de que todo explote (explotará).

El rodaje ya ha empezado a las afueras de Londres y se prevé largo, así que la temporada no llegará antes de 2027. Mucho tiempo para que el fandom construya un universo entero de fanfiction, algo que ya está pasando a toda velocidad: el hilo de @isaiconica con una guía de la serie para amigas lesbianas que quieren ponerse al día lleva 184.000 visualizaciones desde que se publicó el lunes.

Hay que reconocerle a Los Bridgerton que, cuando decide dar el paso, lo da con la protagonista de la temporada entera y no con un personaje secundario al que la cámara apunta de refilón en dos escenas. Que en 2026 eso siga siendo noticia dice mucho del estado de las cosas, pero aquí estamos, hija, pero es morirse.

Vía: Vogue España, Netflix Tudum, @isaiconica

Domingo lésbico de confianza (IV)

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Cultura sáfica para acabar la semana con buen gusto


Todos los domingos procuro recomendar un par de cosas que me hayan hecho la semana un poco mejor y que, de algún modo, tengan ese pequeño toque croqueta que nos gusta. No es una selección muy elaborada ni pretende serlo. A veces se trata de una serie, otras de una canción, otras de un libro que se cruza en el camino cuando estaba buscando algo distinto.

Este domingo estaba yo viendo acurrucada en el sofá con mi novia, por petición suya, Sé lo que hicisteis el último verano, y he caído en que la versión de 2025, que pinta ser igual de horrorosa que la original, tiene toque croqueta. Así, pues, ahí va la primera recomendación de hoy: el remake de Sé lo que hicisteis.

Una de las protagonistas es Sarah Michelle Gellar, y cada vez que la veo mi mente vuela a una de mis pelis noventeras favoritas: Crueles intenciones. No voy a pegar aquí el beso, besazo, con Selma Blair, porque seguro que ya lo has visto, pero ¿sabías que hace pocos años se planteó hacer una serie basada en la película, e incluso se rodó un piloto que no salió?

Para terminar, una recomendación literaria que no es propia sino sugerida por la misma persona que me ha hecho ver hoy la película infame de la que os he hablado antes. Se trata de Rebel Girl, la biografía, autobiografía, de Kathleen Hanna, vocalista de Bikini Kill y Le tigre y croqueta de adopción que no de devoción. Me dicen que anote aquí que le está gustando mucho y que, como fun fact, diga que es la persona que le puso nombre a la canción Smells like teen spirit. Casi nada.

La semana que viene, más y muchísimo mejor.

Domingo lésbico de confianza (III)

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Cultura sáfica para acabar la semana con buen gusto

Todos los domingos intento recomendar un par de cosillas que me hayan alegrado la semana y que, de una forma u otra, tengan algún pequeño toque croqueta. No es una lista muy pensada ni especialmente ambiciosa. A veces es una serie, a veces una canción, a veces un libro que aparece mientras estaba buscando otra cosa. La idea es compartir pequeños descubrimientos o momentos que merecen ser comentados.

La serie de esta semana, en realidad, es más bien un momento muy concreto de una serie que muchas llevamos siguiendo con bastante atención/devoción/inserte aquí lo que se quiera. Sueños de libertad nos ha dejado estos días dos escenones bastante comentados entre el público croqueta. Primero, el picnic entre Marta y Chloe, una de esas escenas que parecía ir hacia un momento de calma y complicidad entre las dos. Y después llegó la ruptura. La historia entre Marta y Chloe ha sido una de las tramas que más han dado que hablar de la serie en este último tramo, precisamente porque siempre ha jugado con esa tensión entre el deseo, las circunstancias y todo lo que las rodea. Ya hablaremos de esto. En cualquier caso, hay algo que no debemos perder de vista: cada vez estamos más cerca de la vuelta de Fina Valero, así que todo apunta a que la historia todavía tiene bastante que decir.

El libro de la semana es La seducción, de Sara Torres. En este caso todavía no puedo contar mucho porque ni siquiera lo he empezado, pero ya lo tengo reservado en eBiblio y estoy esperando a que me llegue el turno.

Sara Torres es una autora que cada vez aparece más en conversaciones sobre literatura contemporánea y sobre escritura del deseo desde perspectivas queer, así que llevaba tiempo con curiosidad. La seducción gira en torno a las relaciones entre mujeres, el deseo y las dinámicas de poder que se generan en ese terreno, un tipo de exploración bastante presente en la obra de la autora. En cuanto lo empiece y vea por dónde va exactamente, seguramente vuelva a aparecer por aquí.

Nos leemos el domingo que viene con más recomendaciones croquetas de confianza. Si Sueños de libertad sigue al ritmo que lleva últimamente, no me extrañaría que volvamos a tener material que comentar muy pronto.