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Tentando a Eve, reseñando la segunda temporada de ‘Killing Eve’

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Promo de la segunda temporada de Killing Eve

Nota: sí, evidentemente, hay spoilers.

Spoiler alert

Killing Eve acababa con un gran momento de suspense o, si lo preferís, con un cliffhanger catedralicio en el que Eve (Sandra Oh) apuñalaba, casi sin querer, a nuestra dicharachera asesina Villanelle (Jodie Comer). Quizá por eso, cuando me aposenté en mi sofá para iniciar esta segunda temporada, esperaba un primer episodio más sosegado, incluso con un pequeño salto temporal. Pero ¡bum! Se abre el telón y seguimos apenas unos segundos post-apuñalamiento después… ¡Déjame respirar, serie!

Tras este frenético inicio la cosa «se relaja» ligeramente, pero esta entrega no pierde un ápice de ritmo ni tensión a lo largo de sus ocho episodios.

Killing Eve, promo Eve y Villanelle

Emerald Fennell ha tomado el control de la sala de guionistas con mano suave aunque firme. Hay un pequeño cambio de enfoque, pero se mantienen los puntos fuertes de Killing Eve: una trama centrada en los personajes, una estética cien por cien al servicio de la historia y un equilibrio perfecto entre lo perturbador y lo humorístico.

A pesar de que algunos críticos han cuestionado la «necesidad» de una segunda temporada (me gustaría también saber cuándo se considera «necesaria» una segunda parte) soy una firme defensora de su existencia. No sólo se produce una evolución de los personajes, especialmente relevante en Eve, sino que no nos alejamos tanto de la trama de espías como parece en un principio. Queda especialmente claro una vez llegamos al 2×08 y todas las piezas están sobre el tablero. Aunque el conflicto del M16 y Los Doce nunca ha sido lo más importante en Killing Eve, no se puede desdeñar el interés de la continuación de esta trama y su impacto en el desarrollo de la historia: Eve y Villanelle pasan de pilla-pilla particular a ser dos peones, dos víctimas en un juego mucho más grande.

Cómo humanizar a tu asesina

Jodie Comer ha encandilado a todo el mundo y su abuela con su interpretación de una asesina completamente despiadada, bastante infantil y francamente divertida. El guión nunca se cansa de recordarnos que estamos ante una ¿psicópata? que disfruta matando, pero es muy difícil no quedar fascinada ante su desparpajo, encanto y su sentido de la moda.

via GIPHY

Una de las formas más inteligentes de hacernos empatizar con Villanelle ha sido enfrentarla a otros monstruos, compararla con seres que a nuestros ojos son claramente «peores». Tenemos un depredador que mantiene presa a su madre y encierra a una joven «inocente», un psicópata frío y obseso con el control incapaz de disfrutar de ningún placer de la vida teniéndolos todos al alcance de la mano y un asesino brutal e idiotizado que vigila todos sus movimientos. Visto así, Villanelle se nos muestra entre luces y sombras más que en una oscuridad absoluta.

¿Su obsesión con Eve Polastri? Sigue muy en firme. ¿Qué mayor prueba de amor hay que un cuchillo clavado en el abdomen? Eve debe estar totalmente pillada. Luego hablamos de ello.

La corrupción de Eve

Uno de los aspectos más destacables de esta temporada es el arco de Eve. Si en la anterior entrega ya mostraba fisuras en su personalidad, en principio honrada y de carácter bondadoso, en esta segunda parte, las grietas han provocado una fractura en el núcleo de la identidad del personaje.

La obsesión de Eve con Villanelle la ha llevado siempre a actuar de forma impulsiva y catastrófica para su vida personal y profesional: problemas en el trabajo, problemas con su marido, la muerte de su mejor amigo… Apuñalar a Villanelle sirve para ir un paso más allá y marcar el inicio de una Eve que coquetea con sus impulsos más oscuros… Tanto sexuales como homicidas, llegando a plantearse que se sentiría al matar a alguien más allá de lo hipotético.

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¿Killer Eve?

La Eve de esta temporada está destrozada y es una gozada asistir a su viaje al fondo del pozo que, creo, culmina con un despertar (vale, y un disparo también) a una mezcla más positiva entre la Eve del inicio y la que hemos visto en esta entrega. Lo que me lleva al siguiente punto.

Villaneve, el romance imposible

Las convenciones de toda película romántica se retuercen deliciosamente, casi todas con una doble lectura. Tenemos celos, «peleas de enamoradas» y mucha, mucha (muchísima, jo) tensión sexual no resuelta. (El «trío» del 2×07 no vale.)

Esto me recuerda nuestra primera cita

La obsesión de Villanelle con Eve y viceversa no hace sino progresar a lo largo de los episodios. Podemos hasta llegar a creer un poco a Villanelle, desde luego en su cabeza y peculiar forma de pensar, su amor por Eve es sincero. Por otro lado, Eve está lo suficientemente perdida para que un romance auténtico parezca posible… durante medio capítulo más o menos.

Pelín posesiva, Villanelle

Cuando llega el final, la ilusión se deshace incluso antes del bang final. El amor que usa la manipulación y está dispuesto a alterar la auténtica personalidad de un individuo, no es amor. Que Eve vuelva en sí y renuncie al «idílico» futuro que Villanelle propone es consecuente con su personaje y con todo el desarrollo de la malsana obsesión que comparten las protagonistas.

Los secundarios

Enriquecen la serie y están tremendos en sus respectivos papeles. En realidad no tengo mucho más que añadir, es que cualquier momento es bueno para mencionar lo que mola Carolyn y la actriz que la interpreta, Fiona Shaw, croqueta extraordinaria. Y es que Carolyn juega con todos los personajes como una gran marionetista y por ahora le está saliendo todo perfecto… ¿seguirá así de bien en la tercera temporada?

Hablemos de Queerbaiting

Las declaraciones de Sandra Oh en la revista Gay Times revolvieron un poco las aguas del agitado mar tuitero cuando declaro:

«Hacéis algo de trampa porque queréis convertirlo en una cosa… que no es. Por eso también creo que la sexualidad y el descubrimiento de la amplitud que puede alcanzar la sexualidad es el tema de la serie; el porqué le interesa a la gente. No se trata de una cosa u otra.»

Sandra Oh en Killing Eve interview: Sandra Oh and Jodie Comer discuss their characters’ sexuality, Gay Times

Una declaraciones que han sido usadas para tachar la relación de Villaneve como queerbaiting. ¿Pero podemos hablar de queerbaiting cuando uno de los personajes principales es abiertamente bisexual? Y no se cortan en dejarlo bien claro en la serie. ¿O cuando el otro personaje principal siente una atracción sexual evidente? Como dice Oh, el «romance» entre Eve y Villanelle es algo que «no es», o algo que no puede ser, por el propio carácter de los personajes en la actualidad. Pero esto no invalida el lado sexual de su obsesión mutua, ni la sexualidad de Villanelle. Quizá debemos diferenciar el lado más shipper del argumento real de la serie.

Dicho esto, shipear Villaneve es una de las cosas más divertidas que puedes hacer y lo recomiendo muy mucho. Como le leí a Noelle Stevenson en un tuit, ¿y si al final Villanelle e Eve son un matrimonio jugando el rol play más elaborado de la historia? Ideaca para fic es, eh.

https://www.youtube.com/watch?v=lcTe2Rw0qbI

Este artículo es subjetivo, personal y tienes todo el derecho a no estar de acuerdo =)

Gifs: cuando no proceden de giphy puedes acceder al autor mediante enlace directo pinchando en el gif.

Fuentes: esta muy recomendable entrevista a la showrunner de esta temporada en el New York Times, la polémica entrevista a Sandra Oh en Gay Times. La siempre útil página de imdb.

Adèle Exarchopoulos vuelve a Cannes con ‘Garance’ y nos recuerda que siempre mereció algo mejor

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Adèle Exarchopoulos en Cannes 2026 presentando Garance

Hay actrices que se quedan pegadas para siempre a una película, aunque esa película no haya sabido estar a su altura. A Adèle Exarchopoulos le pasó con La vida de Adèle, aquel fenómeno de 2013 que Cannes convirtió en leyenda, que parte de la crítica elevó a los altares y que, visto con el tiempo, sigue oliendo bastante mal. No por ella, claro. Tampoco por Léa Seydoux. De hecho, si algo salvaba aquella película era precisamente eso: dos actrices dejándose la piel en una historia que, bajo la excusa del despertar sexual, terminaba filtrada por una mirada masculina tan evidente como incómoda.

Trece años después, Adèle Exarchopoulos vuelve a Cannes con Garance, la nueva película de Jeanne Herry, y parece que el festival ha vuelto a encontrar en ella lo que algunos nunca dejaron de ver: una actriz descomunal. De esas que no necesitan subrayar nada para que se les entienda todo. De esas que llenan la pantalla incluso cuando el personaje está roto, perdido o intentando convencerse de que todavía controla el desastre.

Garance se ha presentado en la competición oficial del Festival de Cannes 2026 y coloca a Exarchopoulos en el centro absoluto de la película. Interpreta a una joven actriz con talento, magnetismo y una vida atravesada por la precariedad emocional, los trabajos inestables, la ansiedad y una adicción al alcohol que va cerrándose poco a poco sobre ella. La película, según la propia sinopsis del festival, recorre ocho años de mudanzas, fiestas, encuentros, trabajos, golpes y pequeñas revoluciones íntimas. Es decir: la vida hecha caos, pero también hecha deseo.

Adèle Exarchopoulos en una escena de Garance, película de Jeanne Herry en Cannes 2026

Y aquí viene lo que nos interesa especialmente: en medio de ese caos aparece Pauline, interpretada por Sara Giraudeau, una figura que funciona como refugio, ternura y posibilidad de amor. Cannes describe esa relación como una de las líneas emocionales de la película, una historia entre dos mujeres construida desde el cuidado, la presencia y el no juicio. En tiempos en los que demasiadas ficciones siguen usando a los personajes lésbicos como adorno, tragedia o excusa estética, que una película de competición oficial ponga en el centro una relación femenina atravesada por la fragilidad sin convertirla automáticamente en espectáculo morboso ya merece que levantemos una ceja con interés.

También merece atención el nombre de Jeanne Herry. La directora ya había trabajado con Exarchopoulos en Je verrai toujours vos visages, película por la que la actriz ganó el César a mejor actriz de reparto. Ese dato importa, porque Adèle Exarchopoulos no es solo “la chica de La vida de Adèle”, aunque durante años se la haya reducido demasiado a esa etiqueta. Es una intérprete con una carrera mucho más amplia, con premios importantes y con una capacidad bastante rara para mezclar crudeza, ternura y una especie de verdad física que no se puede fingir.

Recordemos los premios, porque a veces conviene poner los datos encima de la mesa. En 2013, La vida de Adèle ganó la Palma de Oro en Cannes y, de manera excepcional, el premio se compartió entre el director Abdellatif Kechiche y sus dos protagonistas, Adèle Exarchopoulos y Léa Seydoux. Ella se convirtió así en una de las ganadoras más jóvenes asociadas al máximo premio del festival. Después llegaron reconocimientos como el César a actriz revelación por aquella película y, años más tarde, el César a mejor actriz de reparto por Je verrai toujours vos visages. Una carrera sólida, aunque muchas veces más discreta de lo que su talento merecía.

Y sí, toca volver un momento a La vida de Adèle, porque no podemos hacer como si aquella película no arrastrara una sombra enorme. En su momento se vendió (no teníamos otra, amigas) como gran historia lésbica, como obra definitiva sobre el deseo entre mujeres, como acontecimiento cinematográfico. Pero también fue duramente cuestionada por sus escenas sexuales, por la mirada desde la que estaban construidas y por las declaraciones posteriores de sus actrices sobre un rodaje agotador y desagradable. Léa Seydoux y Adèle Exarchopoulos hablaron de una experiencia muy dura, y la película quedó marcada por una contradicción evidente: el mundo aplaudía una supuesta representación lésbica mientras muchas espectadoras veían, con bastante claridad, que aquello no estaba pensado para ellas.

Por eso el regreso de Exarchopoulos a Cannes con Garance tiene algo de reparación simbólica. No porque una película pueda borrar otra, ni porque todos los males del cine se arreglen con una nueva alfombra roja, sino porque permite volver a mirar a Adèle sin el ruido de Kechiche alrededor. Mirarla como lo que es: una actriz enorme, una presencia magnética y una intérprete que lleva demasiado tiempo demostrando que aquel estallido de 2013 no fue casualidad.

‘La hija pequeña’ llega a Filmin y no tienes excusa para no verla

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Qué ganas teníamos de esto: por fin se estrena en Filmin La hija pequeña. En ella, la directora Hafsia Herzi adapta la novela de Fatima Daas, una autoficción en la que la autora, musulmana practicante y lesbiana criada en los suburbios de París, traza un relato íntimo de su búsqueda personal, sexual y moral. Herzi no es nueva en esto: sus anteriores largometrajes como directora, Mereces un amor y Bonne mère, también fueron seleccionados en Cannes.

La protagonista de la peli es Fátima, diecisiete años y la pequeña de tres hermanas. Vive en los suburbios de París, en una familia franco-argelina feliz y cariñosa. Es buena estudiante y empieza una carrera en una Universidad de París. Al comenzar su vida como mujer adulta, se emancipa de su familia y sus tradiciones, sale con alguien, hace amigos y explora un mundo completamente nuevo, mientras se enfrenta a un dilema desgarrador: cómo mantenerse fiel a una misma cuando reconciliar diferentes aspectos de la propia identidad parece imposible.

Lo que mola es que nos vamos a ver reconocidas en tres personalidades, tres gajos de la misma Fátima. Una, la que mantiene en casa, otra, la que juega al fútbol con los chicos en el instituto, y por último la que empieza a conocer mujeres y a salir del armario a través de citas que cierra por internet. Pero si viniste por el argumento, te quedarás por Nadia Melliti.

A los 23 años, con una sola pelñicula a sus espaldas y viniendo del mundo del fútbol, ya ha conquistado el premio a la Mejor Actriz en el Festival de Cannes 2025. En el festival, la película se llevó dos premios que importan mucho en esta casa: el galardón a la mejor actriz para la debutante Nadia Melliti y la Queer Palm. Después vinieron los César, donde Melliti ganó el César a la Mejor Actriz Revelación. Y para redondear el año, Herzi recibió el Premio Louis-Delluc, considerado el Goncourt del cine, por esta misma película.

La hija pequeña está disponible desde hoy en Filmin. Si tenéis cuenta, ya sabéis. Si no la tenéis, quizá esta sea la excusa.

La nueva película croqueta de Gillian Anderson y Hannah Einbinder se estrena YA en Cannes

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Hay películas que se anuncian y pasan por delante de nosotras como una noticia más. Y luego están las que juntas varias palabras y de pronto tienes toda nuestra atención: Gillian Anderson, Hannah Einbinder, slasher queer, Jane Schoenbrun y Festival de Cannes. Pues bien, todo eso existe y se llama Teenage Sex and Death at Camp Miasma.

La nueva película de Jane Schoenbrun (I Saw the TV Glow) tendrá su estreno mundial en el Festival de Cannes, donde abrirá la sección Un Certain Regard. Es decir, no estamos hablando de una pequeña rareza escondida en el calendario, sino de uno de los títulos que llegan al festival francés con cartel de acontecimiento dentro del cine independiente y de género.

La premisa, además, es puro caramelo para quienes aman (no es mi caso pero haré el esfuerzo) el terror cuando se pone juguetón, incómodo y un poco pasado de vueltas. La historia gira en torno a la franquicia ficticia Camp Miasma, una saga slasher venida a menos que intenta volver a la vida después de años de secuelas bastante cuestionables. Para dirigir la nueva entrega aparece una joven cineasta entusiasta, interpretada por Hannah Einbinder, que acaba obsesionándose con recuperar a la actriz que fue la “final girl” original. Esa actriz, retirada y rodeada de misterio, está interpretada por Gillian Anderson. Con ese punto de partida ya tenemos cine dentro del cine, nostalgia de videoclub, sangre, deseo, misterio y una Gillian Anderson haciendo de figura casi mítica del terror. Poco más se puede pedir, la verdad.

La película también cuenta con un reparto bastate guay: Sarah Sherman, Eva Victor, Zach Cherry, Jasmin Savoy Brown y Jack Haven. La música corre a cargo de Alex G, colaborador habitual de Schoenbrun, junto a Paul Buchanan, de The Blue Nile. Todo apunta a una propuesta muy de autor, pero con ganas de abrazar el placer del slasher de verano: campamento, trauma, deseo y cuchillos afilados.

Como detalle… interesante, Schoenbrun ha contado que el proyecto no lo tuvo fácil para salir adelante y que prácticamente todos los grandes estudios y distribuidoras lo rechazaron antes de que Mubi apostara por él. Pero aquí la lectura bonita es evidente: la película se ha hecho, llega a Cannes y lo hace en un lugar muy visible. Oooootra victoria.

Vía: Festival de Cannes

Películas lésbicas indies que ver en 2026

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Hay listas de películas lésbicas que parecen hechas en bucle: entras buscando algo nuevo y te devuelven siempre los mismos cinco títulos de siempre, como si el cine sáfico hubiese dejado de moverse hace más o menos una década y no hubiera vida más allá de Carol. Nosotras no reconocemos también en esto. Pero no. Si te sales un poco del carril más evidente y miras el circuito indie, hay bastante vida: películas pequeñas, íntimas, raras, románticas, incómodas, adolescentes, adultas, dulces o directamente inolvidables. Y, sobre todo, películas que no tratan el deseo entre mujeres como una nota al pie, sino como el centro de la historia. Lo que nos va.

Esta selección está hecha justo con esa idea. Menos “las de siempre”, más hallazgos recientes o medio escondidos. Algunas llegaron desde festivales, otras se quedaron injustamente pequeñas, y unas cuantas te van a sonar menos de lo que merecen. Si vienes buscando películas lésbicas indies que ver en 2026, empieza por aquí.

Las más recientes y menos obvias

Lesvia (Lesvia, 2024)

Si lo que te apetece es salir del romance de pareja y mirar comunidad, memoria y roce político, este documental entra muy bien. Se va a una aldea de Lesbos convertida durante décadas en refugio lésbico y, en lugar de venderte una postal, te enseña también las tensiones. Tiene algo muy bonito: recuerda que el cine lésbico también puede ser archivo, territorio y conversación incómoda. Por qué importa: abre la lista desde lo colectivo y no solo desde la pareja.

Love Lies Bleeding (2024)

La más salvaje del lote, y quizá la más conocida. Un romance entre dos mujeres atravesado por culturismo, crimen familiar y calor de carretera, con una energía sucia que te agarra del cuello. No es una peli para ir en modo mantita; es para cuando te apetece algo carnal, desmadrado y un poco enfermizo. Kristen Stewart está estupenda, la verdad. Por qué importa: demuestra que el cine lésbico indie también puede ser pulp, violento y muy sexy sin pedir perdón.

Silver Haze (Silver Haze, 2023)

Heridas, rabia, deseo y una protagonista que no está ahí para caer simpática. La peli sigue a Franky, marcada por un incendio de la infancia, en un trayecto que mezcla trauma, venganza y una historia de amor que no busca endulzarle la vida a nadie. Es áspera, física y bastante más interesante de lo que parece a primera vista. A día de hoy no mostraba streaming activo en España. Por qué importa: da un papel central a un cuerpo cicatrizado sin convertirlo en metáfora facilona.

Polarized (2023)

Enemigas, prejuicio, deseo, granja, religión, raza y esa tensión de “esto no debería pasar y por eso mismo va a pasar”. Tiene el mecanismo clásico del choque frontal entre dos mujeres de mundos enfrentados, pero lo usa para hablar de divisiones muy actuales sin ponerse solemne. En España figura en Filmin y en OUTtv Amazon Channel. Por qué importa: trabaja el romance lésbico desde el conflicto social, no desde la burbuja.

Rookie (2023)

Colegio católico, voleibol, una chica descolocada y otra que lo complica todo. Es de esas películas teen que parecen ligeras y luego dejan una sensación muy concreta: la de haberte acordado de lo rarísimo que era gustarte alguien cuando todavía no sabías ni cómo colocarte el cuerpo. Por qué importa: mete deporte y deseo en una historia adolescente que no se siente ni impostada ni blandita.

Blue Jean (2022)

Una profesora de gimnasia en la Inglaterra de 1988, viviendo partida en dos para que nadie le reviente la vida desde fuera. Hasta que la pillan en un bar de ambiente. Lo mejor de Blue Jean es que no convierte el armario en consigna: lo vuelve agotamiento, gesto contenido, miedo y rabia ordinaria. Y eso duele más. Por qué importa: es una de las mejores películas recientes sobre el coste íntimo de esconderse.

Petit Mal (2022)

Tres mujeres, una relación poliamorosa y el momento exacto en que la intimidad empieza a moverse de sitio. Nada de turismo moral ni exhibicionismo cool: Petit mal es pequeña, doméstica y bastante honesta en cómo observa el desequilibrio cuando una dinámica deja de ser estable. Por qué importa: amplía el mapa del deseo lésbico en pantalla sin ponerse a dar lecciones.

You Can Live Forever (2022)

Una adolescente es enviada a vivir dentro de una comunidad de Testigos de Jehová y allí se enamora de otra chica creyente. Ya con eso sabes que el golpe emocional va a estar servido, pero You can live forever funciona porque juega menos a la tragedia enfática y más a la contención. Es de esas que aprietan bajito y por eso te llegan más. Por qué importa: habla de fe, disciplina y deseo sin simplificar a nadie.

Girl Picture (Tytöt tytöt tytöt, 2022)

Tres chicas, tres viernes y ese caos tan específico de la adolescencia en el que amistad, sexo, amor y ganas de salir corriendo conviven en el mismo minuto. Tiene una energía bastante luminosa y, al mismo tiempo, mucha ternura hacia la confusión emocional. La tienes que ver. Por qué importa: es un coming of age queer que entiende a las chicas sin paternalismo.

So Damn Easy Going (Så jävla easy going, 2022)

Una chica intenta pagar su medicación para el TDAH mientras empieza a pillarse por su compañera de clase. La gracia está en que no romantiza el caos: lo deja estar ahí, pegado al deseo, al dinero y a la cabeza acelerada. En España no mostraba streaming activo a 5 de mayo de 2026. Por qué importa: mete neurodivergencia y romance sáfico en la misma historia con bastante naturalidad.

Looking for Her (2022)

Comedia navideña lésbica de fake dating, sí, pero con un encanto bastante agradecido cuando te apetece bajar revoluciones. No cambia la historia del cine, ni falta que hace: a veces una película funciona precisamente porque entiende su escala y no intenta hacerse importante por la fuerza. Por qué importa: demuestra que una romcom indie y sáfica también puede ser cómoda, amable y funcionar.

Nelly & Nadine (2022)

Aquí tenemos documental, amor e historia queer con mayúsculas: dos mujeres que se enamoraron en Ravensbrück y una relación que permaneció oculta durante años. La película emociona porque no convierte su historia en pieza de museo; la vuelve vida, deseo y tiempo robado. Por qué importa: rescata memoria lésbica real sin quitarle intimidad.

Las que siguen funcionando cuando quieres algo con más poso

My First Summer (2020)

Una chica aislada tras la muerte de su madre y la irrupción de otra que lo cambia todo. Tiene un aire de cuento veraniego, de refugio improvisado, de primer amor que parece llegar justo cuando no sabías ni cómo seguir respirando. Muy delicada, muy de tacto. Por qué importa: pocas películas teen recientes filman la vulnerabilidad con esta suavidad.

Ellie and Abbie (and Ellie’s Dead Aunt) (2020)

Una adolescente quiere invitar a salir a la chica que le gusta y recibe ayuda fantasmal de una tía lesbiana muerta en los años 80. Si escrito así te parece una idea estupenda, es porque lo es. Tiene humor, tono ligero y un punto generacional que le da gracia sin quitarle corazón. Por qué importa: conecta memoria queer y comedia romántica adolescente con bastante desparpajo.

Cocoon (Kokon, 2020)

Nora observa el mundo desde los márgenes: fiestas, piscina, azoteas, móviles, cuerpos ajenos, esa adolescencia que parece un zoo emocional. Y de pronto aparece el deseo. La película es silenciosa, física y muy atenta a cómo alguien cambia por dentro antes de saber explicarse. Por qué importa: retrata el despertar lésbico sin solemnidad ni ruido.

Tove (2020)

Biopic, sí, pero no de esos que te van marcando casillas de Wikipedia. Le interesa la vida creativa de la autora de los Mumins, sus relaciones y esa mezcla de libertad, hambre afectiva y trabajo que a veces acaba siendo la vida entera. Tiene elegancia sin volverse fría. Por qué importa: coloca el deseo entre mujeres dentro de una biografía artística sin convertirlo en nota secundaria.

The World to Come (2020)

Dos vecinas, dos matrimonios, granjas, invierno, aislamiento y una necesidad de ternura que acaba rompiendo el decorado entero. Es una peli lenta, sí, pero de las lentas que saben lo que están haciendo. Si te gustan los romances contenidos, el paisaje y las miradas que dicen mucho más de la cuenta, aquí hay comida. Todo el mundo la recomienda, y no es para menos. Por qué importa: es una historia de amor de época que no parece diseñada para vitrina.

Moonlit Winter (Yunhui-ege, 2019)

Carta, viaje, primer amor, nieve y una madre a la que el pasado le vuelve con una delicadeza tremenda. Tiene una calma muy particular, de película que no te arrastra sino que te acompaña. Y eso, en historias de amor entre mujeres, se agradece muchísimo. Por qué importa: ofrece una historia lésbica adulta y tardía sin castigarla con cinismo.

Two of Us (Deux, 2019)

Dos mujeres mayores enamoradas en secreto durante años y una película que empieza como historia íntima y acaba respirando casi como thriller doméstico. Esa mezcla le sienta de maravilla porque te mete en el miedo a ser desplazada de la vida de quien amas por no tener lugar reconocido. Por qué importa: pone el amor lésbico maduro en primer plano y le da nervio de suspense.

Carmen y Lola (2018)

Se ha citado mucho y aun así sigue mereciendo hueco porque hace algo nada menor: meter una historia de amor entre dos chicas gitanas dentro de un contexto muy concreto sin limarla para que resulte más cómoda. Es frontal, luminosa y con bastante verdad en los cuerpos y en el entorno. Por qué importa: abrió conversación en el cine español donde no había precisamente alfombra roja para ello.

Rafiki (2018)

Nairobi, campaña electoral, dos familias enfrentadas y dos chicas que se gustan en un entorno que les deja poco margen. Tiene color, deseo y una energía joven que hace que todavía entre muy bien. No es una rareza secreta, pero sí una de esas películas que conviene seguir recomendando. Por qué importa: fue clave para visibilizar una historia lésbica africana contemporánea en el circuito internacional.

Wild Nights with Emily (2018)

Esta es para cuando te apetece una biografía queer con mala leche, humor y ganas de desmontar el mito de la poeta recluida y asexual. Molly Shannon está estupenda y la película tiene la inteligencia de no pedir permiso para ser divertida. Por qué importa: rescata una lectura lésbica de Emily Dickinson desde la comedia, no desde el academicismo. Y es taaaaan divertida.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿Dónde puedo yo ver estas joyitas? No te vamos a engañar, la cosa está difícil (pero no imposible). Blue Jean, Polarized y Sangre en los labios están en Filmin. El resto… Polarized está en OUTtv (disponible desde Amazon), y poco más. Pero mientras haya internet, hay esperanza.

Domingo lésbico de confianza (IX)

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Hay domingos en los que una se sienta con el café y resulta que internet ha sido generoso. Esta semana hay una película que recomendar, un reencuentro que ha removido mucho sentimiento colectivo y, como siempre, la sensación de que el universo lésbico no para quieto ni en fin de semana.

La primera parada es Forbidden Fruits, y os la recomiendo porque tiene exactamente la energía que una necesita cuando quiere ver algo que no le exija demasiado pero tampoco la trate como si no tuviera dos dedos de frente. La premisa: una empleada de una tienda de ropa en un centro comercial dirige en secreto una secta de brujas en el sótano después del horario laboral junto a sus compañeras. Todo va bien hasta que aparece la chica nueva del puesto de pretzels y lo desestabiliza todo. Es una comedia de terror, está producida por Diablo Cody (la de Jennifer’s Body, que ya es una garantía de determinado tipo de caos femenino), y tiene a Lola Tung, Victoria Pedretti y Lili Reinhart en el reparto. La crítica la ha comparado con Mean Girls y The Craft mezcladas, que es básicamente decirle a alguien como yo que se siente y la ponga. No es una película perfecta, pero es divertida, tiene estética, y es de esas que funcionan igual de bien en el sofá de casa que en una fiesta de pijamas con alguien que aguante el gore y las bromas malas. Para una tarde de domingo, difícil pedir más.

Y la segunda cosa es este reencuentro. El 1 de mayo, Taylor Schilling, Laura Prepon y Dascha Polanco se reencontraron, y la foto circuló por todas partes con la velocidad que solo tienen las cosas que la gente llevaba tiempo esperando sin saber que las esperaba. Orange Is the New Black terminó en 2019, siete temporadas, y sin embargo hay algo en ver a Piper, Alex (y Taystee) juntas de nuevo que activa una nostalgia muy específica. La de una serie que llegó en 2013 y que, con todos sus defectos, puso en pantalla una relación entre dos mujeres en el centro de la historia, con peso, con historia detrás, con una boda en una capilla improvisada de máxima seguridad que nadie que la vio ha olvidado del todo. Vauseman sigue siendo Vauseman, da igual cuántos años pasen.

‘Gwarlarn’, una recomendación (atrasada) por el día del libro y el día de la visibilidad lésbica

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La semana pasada celebramos doblete, el día del libro y el día de la visibilidad lésbica, y aunque llego tarde a los dos (peeeerdón), en mi defensa diré que vengo con buenas cositas bajo el brazo. Más bien con una buena cosita bajo el brazo, porque ya se sabe que más vale calidad que cantidad.

Hoy os vengo a hablar de Gwarlar, lo ultimísimo de Vanesa Figal, guionista de aquellas croquetas con espadas que nos enamoraron hace dos años ya en Nebesta y de la que ya os hablamos en su día aquí y aquí. Gwarlar promete darnos también aventuras, fantasía y acción pero esta vez dejamos de un lado el mangañol de aventuras de corte más clasicote y nos adentramos en una historia más oscura cuyo apartado visual, de cuenta de Carlos Mercé, será lo primero que os llame la atención cuando lo tengáis en las manos. Mirad qué chulada.

Gwarlar sigue a Erola, una guerrera, y a Sirta, una druida, que son sorprendidas por una tormenta mientras cruzan una montaña. Las dos aventureras deberán hacer una parada inesperada en el camino y lo que inicialmente parecía una buena idea (chica, ¿qué puede pasar en un pueblo perdido en medio de la nada?), no lo va a ser tanto cuando una de las dos desaparezca (ups) y se tengan que enfrentar a unas adversidades no sólo meteorológicas.

(Otras) 20 películas lésbicas con final feliz

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(Y si te sabe a poco, échale un ojo también a los doce finales felices que nos alegraron la existencia y a otras nueve películas lésbicas con final feliz que ya recopilamos por aquí hace unos añitos. Hay más posts, r¡ebusca un poco en el archivo!)

Sabemos que en esto de que los guionistas no nos maten la cosa ha ido mejorando con el paso del tiempo, pero tampoco nos vengamos arriba: seguimos contando las pelis en las que acabamos enamoradas, bailando y sin un tiro en el pecho con los dedos de una mano. O de dos, siendo muy generosas. Por eso, cada cierto tiempo nos gusta volver a hacer recuento y homenajear a esas películas que sí nos permiten salir del cine (o apagar la tele) con una sonrisa bobalicona en la cara. Todo el post es, como os podéis imaginar, un espoiler del tamaño de Castilla (un beso a las castellanas, que ayer celebraron su día), así que procede con cuidado.

Imagine Me & You

No hay lista sáfica con final feliz que se precie sin ella, así que sentimos deciros que vamos a repetirnos respecto al post de los doce finales felices. Imagine Me & You es la reina madre del género y así la vamos a tratar. Lena Headey y Piper Perabo acurrucadas en un banco de Londres hablando del frío son, literalmente, el estándar contra el que se comparan todas las demás comedias románticas lésbicas. Aceptamos repetirnos como pulpo como animal de compañía.

The Incredibly True Adventure of Two Girls in Love

Año 1995, Estados Unidos, y una peli pequeñita con Laurel Holloman (sí, la futura Tina Kennard) y Nicole Ari Parker se saca de la manga una historia interracial y de clases cruzadas que termina con las dos protagonistas riéndose en una habitación de hotel después de haber dejado a medio mundo aporreando la puerta. Tiene ese encanto noventero de presupuesto cero que hoy se paga en oro, y el final es tan sencillo como esto: están juntas, y están bien.

Show Me Love

Lukas Moodysson consigue en 1998 hacer una de las películas adolescentes lésbicas más bonitas que existen, y ese final dentro del armario del instituto anunciando la salida del mismo armario con una frase imposible de olvidar sigue siendo de los finales más catárticos que nos han regalado nunca.

The Handmaiden

Vale, aquí me vais a decir que el final es feliz pero con matices, porque entre medias hay tortura, engaños y una escena con unas bolas chinas que todas recordamos con sentimientos encontrados. Pero Park Chan-wook, bendito sea, decide que Sook-hee y Hideko merecen escapar juntas, embarcar en un barco hacia Shanghái y pasar la última escena haciendo el amor con una serenidad luminosa que compensa todo lo anterior. Tras dos horas y media de intrigas barrocas, el final es un triunfo del placer femenino frente al patriarcado, y eso, amigas, es final feliz del bueno.

D.E.B.S.

La metemos también, porque hay películas que es imposible no citar en un recuento de finales felices. Amy y Lucy Diamond, la mala buena y la buena que quiere ser mala, se van juntas a la luz de la luna y conducen desde algún punto de Estados Unidos hasta Barcelona (en coche, sí, seguimos sin saber cómo lo hicieron). A nosotras nos sigue pareciendo una de las fantasías románticas más absurdas y perfectas jamás filmadas, y el post de los doce finales felices era, por supuesto, solo un pequeño calentamiento para volver a hablar de ellas.

Elena Undone

Elena Undone es esa película sobre la que, todas las que la hemos visto, no podemos dejar de mencionar el beso más largo rodado en la historia del cine en el momento de su estreno (minuto y pico, para quien lleve la cuenta). Peyton y Elena pertenecen a mundos aparentemente incompatibles (una pastora protestante, la otra escritora lesbiana declarada) y aun así el desenlace es reconciliador: después de la separación, el sacrificio y el regreso, acaban juntas. Es un melodrama de los que lloran a lágrima viva, pero termina bien. Punto para nosotras.

The Summer of Sangaile

Esta joya lituana de Alanté Kavaité es cine de autor con toda la fotografía preciosa y el pulso contemplativo que asociamos a ese tipo de títulos, y tiene un final feliz que se toma en serio el crecimiento personal de la protagonista. Sangailė supera su fobia y sus heridas autoinfligidas gracias a Austė, y aunque la peli no nos suelta un «y se casaron y fueron felices», sí nos deja claro que estas dos chicas tienen un futuro por delante. A veces la felicidad sáfica también es esto: poder respirar.

Princess Cyd

Stephen Cone es uno de esos directores que parecen genuinamente incapaces de hacerle daño a sus personajes gratuitamente, y Princess Cyd es la demostración. Cyd pasa un verano en casa de su tía en Chicago, conoce a Katie, se enamora, y todo fluye con una amabilidad que a ratos te deja descolocada porque estás esperando que alguien sufra una tragedia en el tercer acto y no llega. No llega nunca. La peli termina en una fiesta con poesía, comida y dos chicas cogidas de la mano. Fenomenal.

Below Her Mouth

No vamos a fingir que Below Her Mouth es una obra maestra del cine canadiense (spoiler: no lo es, y tiene unos problemas de guión del tamaño de Ontario), pero sí es una película dirigida íntegramente por mujeres, con escenas de sexo coreografiadas con cuidado y con un final razonablemente feliz para Dallas y Jasmine. Ella deja al novio, ella se queda con ella, y todas respiramos aliviadas porque el final alternativo habría sido el canon de toda la vida.

Elisa y Marcela

Isabel Coixet rescató la historia real de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, que en 1901 protagonizaron el primer matrimonio entre dos mujeres registrado en España (con una de ellas haciéndose pasar por hombre, porque no había otra manera). Es una peli dura, con persecuciones, cárcel y exilio, pero el hecho histórico es que estas dos mujeres consiguieron casarse y vivir juntas, y Coixet decide quedarse con esa parte de la historia. El final no es un happily ever after de comedia romántica, pero sí es un final (en la peli) en el que ellas, contra todo, siguen juntas.

Professor Marston and the Wonder Women

Una de esas películas que una no sabe que necesita hasta que la ve. La historia real (o así la cuenta Angela Robinson) del creador de Wonder Woman, su esposa Elizabeth y su amante Olive, que formaron un trío poliamoroso estable durante décadas. El final, con Elizabeth y Olive envejeciendo juntas después de la muerte del marido, es una de las escenas más tiernas del cine queer de los últimos años. Bonus track: saldremos de verla queriendo saber más sobre la historia real, y la historia real es todavía más guay que la peli.

Happiest Season

Sabemos que Happiest Season es polémica. Sabemos que media comunidad sáfica defiende que Abby debería haberse ido con Aubrey Plaza. Sabemos que la química entre Kristen Stewart y Mackenzie Davis es… ¿regulera? Pero es que Clea DuVall nos dio una comedia romántica lésbica navideña mainstream con presupuesto, con estrellas y con final feliz, y eso en el año 2020 no es poca cosa. Y si esperas una secuela, aquí te contamos lo último.

Black Mirror: San Junipero

Técnicamente es un episodio de antología, no una película, pero dura 61 minutos y todas lo hemos tratado como película desde el primer día, así que lo metemos, y adfemás me gutsa mucho y la quiero meter y ya está. Charlie Brooker nos dio, en 2016, el regalo de Yorkie y Kelly bailando Heaven Is a Place on Earth en un paraíso digital para siempre, y desde entonces cuando alguien nos pregunta qué es un final feliz, señalamos San Junípero y nos callamos. No hay más preguntas, señoría.

Ellie & Abbie (& Ellie’s Dead Aunt)

Comedia australiana que no ha tenido el cartel que merece y que, básicamente, cuenta la historia del primer amor de Ellie con la aparición estelar del fantasma de su tía lesbiana (muerta en los años 80), que aparece para ayudarla a salir del armario. El final es todo lo adolescente y redondo que puede ser: baile de fin de curso, beso, tía fantasma sonriendo satisfecha desde el más allá.

Booksmart

Vale, Booksmart no es estrictamente una peli lésbica, pero el arco de Amy (Kaitlyn Dever) a lo largo de la película es una de las subtramas lésbicas mejor construidas de una comedia adolescente mainstream en años. Se enrolla con la chica que le gusta, sobrevive a una noche legendaria y termina la peli habiendo tenido su primera experiencia lésbica sin ningún trauma asociado. Que el destino de una lesbiana adolescente en el cine sea «pasárselo regular en una fiesta y luego reírse de ello con su mejor amiga» es un avance civilizatorio.

When Night Is Falling

Patricia Rozema dirigió en 1995 esta peli canadiense sobre Camille, una profesora de una universidad cristiana comprometida con un hombre, que conoce a Petra, una artista de circo, y ya os imagináis por dónde va la cosa. Lo que no os imagináis es que la peli se atreva, en pleno 1995, a mandar a la protagonista directamente al circo con su amante en lugar de castigarla con una muerte trágica o una vuelta al redil heterosexual. Pues sí, se atreve. Es de las primeras veces que una película nos dice, sin tapujos, que elegir el amor y la libertad no tiene por qué salir mal.

A Secret Love

Este es un documental de Netflix dirigido por Chris Bolan, y es probablemente la entrada más emocionante de esta lista por una razón muy sencilla: Pat Henschel y Terry Donahue fueron pareja durante casi setenta años. Setenta. Se conocieron en los años cuarenta, cuando Terry jugaba en la liga profesional femenina de béisbol (sí, la de A league of their own), y mantuvieron su relación en secreto durante décadas por miedo a perderlo todo. El documental las acompaña en los últimos años de sus vidas, cuando por fin pueden ser abiertamente lo que siempre fueron. Llorarás mucho, pero llorarás bien: esto es lo más parecido a un final feliz que la vida real nos concede.

Crush

Otra peli adolescente, de Netflix esta vez, con Rowan Blanchard enamorada de una chica que resulta ser la gemela (lesbiana) de la chica que ella creía que le gustaba. Suena lioso y es lioso, pero la peli funciona, tiene buen rollo de principio a fin, los padres son geniales y Paige y AJ terminan juntas sin dramas ni muertes. Comedia romántica lésbica ligera para el domingo por la tarde.

The Wedding Banquet (2025)

El remake que Andrew Ahn hizo del clásico de Ang Lee convierte la historia original en una comedia de enredo con dos parejas queer, un matrimonio de conveniencia y una familia coreana que se presenta en el momento más inoportuno. El final, con todo el mundo saliendo ganando y con más bodas de las previstas, es de los que te mandan a casa contenta. Y además sale Joan Chen, que para nosotras ya es motivo suficiente.

Bottoms

Emma Seligman y Rachel Sennott hicieron una peli absurda sobre dos lesbianas feas (sus palabras, no las nuestras) que se inventan un club de lucha en el instituto para ligar con las animadoras. Es una sátira, es una locura, es sangrienta, y al final las protagonistas… ligan con las animadoras. Para una peli que arranca siendo una parodia deliberada del cine adolescente americano, que termine concediéndoles a sus heroínas lo que deseaban (chica y triunfo sobre el equipo de fútbol) es un gesto generoso que se agradece mucho. Es un poco WTF todo el rato, la verdad, pero hay que volver a ella.

Love Lies Bleeding

Rose Glass dirige a Kristen Stewart y Katy O’Brian en un thriller negro ambientado en el mundo del culturismo y las drogas en los años ochenta, y se las arregla para que, pese a toda la sangre, pese a los cadáveres, pese a los giros sobrenaturales, Lou y Jackie acaben juntas. No es un final feliz convencional, de hecho es de todo menos convencional, pero es un final en el que ellas dos son las últimas de pie, y eso en una peli negra lésbica es básicamente el equivalente a un baile de Bollywood.

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Domingo lésbico de confianza (VIII)

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Hay domingos en los que una acaba con la sensación de que han pasado pocas cosas y hay otros en los que, sin hacer demasiado ruido, se te juntan tres temas que apetece comentar. Esta semana me he quedado pensando en una película que ya tengo ganas de ver, en un momento televisivo que sigue dando conversación catorce años después y en una noticia que remueve bastante por todo lo que significa.

La primera parada es Tal vez, la ópera prima de Arima León, que ha sido seleccionada en la sección Canarias Cinema del LPA Film Festival y se estrena en cines el 10 de julio. La película parte de la relación entre Pinito del Oro y Natalia Sosa, y la verdad es que no necesito mucho más para estar interesada. Me atrae especialmente que se presente como una historia sobre identidad y libertad, pero también que lo haga desde dos figuras con tanta fuerza y tanta personalidad.

La segunda cosa que me ha hecho gracia esta semana es que Girls cumple catorce años y mucha gente está aprovechando para recordar el beso entre Marnie y Jessa. Y me parece fenomenal. Porque hay escenas que no fueron exactamente el centro de una serie, ni dieron lugar a una gran trama, pero se quedaron ahí, vibrando en algún rincón de internet y de nuestra memoria televisiva. Girls tenía esa capacidad de dejar momentos incómodos, caóticos, a veces hasta un poco irritantes, pero también muy comentables.

Y la tercera noticia es bastante más seria. El Gobierno prepara un acto de reparación para Dolores Vázquez, condenada injustamente por el asesinato de Rocío Wanninkhof. Es una de esas noticias que una recibe con una mezcla rara de alivio y rabia. Alivio porque por fin hay un reconocimiento público. Rabia porque llega después de todo lo que tuvo que soportar y después de tantos años en los que quedó claro hasta qué punto la lesbofobia condicionó la forma en que fue mirada, juzgada y convertida en sospechosa ideal. No borra el daño, claro que no. Pero al menos obliga a nombrarlo. Si no sabes de qué va la historia, escribimos en su día sobre ella.

Así que este domingo nos deja eso: una película a la que seguir la pista, un beso televisivo que sigue resistiendo el paso del tiempo y una reparación que llega tarde, pero llega. No está mal para una sola semana. Como bonus, que no sé dónde meterlo, aquí va la decoración del pasillo de Aitana Sánchez Gijón.

‘Happiest Season’ vuelve a dar señales de vida: Aubrey Plaza confirma que la secuela se mueve

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Han pasado aaaaaaños desde que los reyes magos nos trajeran Happiest Season y se convirtiera en una película de Navidad obligatoria para una buena parte de nosotras. Y fuera de Navidad también, porque cuando una ficción lésbica se cuela así en el imaginario colectivo ya no hay calendario que la saque. Ahora vuelve a abrirse esa puerta que llevaba demasiado tiempo entreabierta: la secuela está, al menos, en marcha.

La novedad viene de Aubrey Plaza, que en una entrevista reciente con TheWrap contó que tuvo una conversación creativa con Clea DuVall la semana pasada y que ambas están en ello. Plaza fue bastante directa: le preguntó a DuVall dónde estaba el final feliz de Riley, y la respuesta fue que sí, que vale, que se pone a ello. Cuando el medio insistió para confirmar si había movimiento real, Plaza soltó un sencillo y peligrosísimo «sí, hay algo de movimiento». No hay anuncio oficial, pero ya tampoco estamos hablando de fantasía colectiva en Twitter.

Lo mejor es que Plaza parece ser perfectamente consciente de lo que el fandom lleva años arrastrando. En la entrevista cuenta que coló una broma sobre Happiest Season 2: Riley’s Revenge en su nueva serie Kevin (va de un gato, nos gustará). La idea fue suya. El crear caos, que le pega mucho, también. El personaje de Riley se convirtió en un agravio emocional que media humanidad sáfica sigue cargando desde 2020, y el «justice for Riley» ha resistido mejor que muchos estrenos recientes. Porque todas sabemos que el verdadero final feliz estaba en otro lado.

Para quienes llevamos siguiendo este tema, la noticia no llega de la nada. En 2022 ya recogíamos aquí que Clea DuVall estaba muy por la labor, aunque entonces aclaraba que no había nada planeado todavía. Quería volver a ese universo, la experiencia había sido muy divertida. La intención estaba. Lo que faltaba era pasar del «me encantaría» al «estamos hablando de ello», y eso es precisamente lo que parece haber cambiado.

Dicho esto, nos centramos: no hay calendario, ni reparto nuevo confirmado, ni detalles de trama, ni estudio anunciando nada. Estamos en la fase en la que una frase alimenta a internet durante semanas. Lo que tenemos por ahora ya no es un simple deseo lanzado al aire. Hay conversaciones, hay ganas, y hay una Aubrey Plaza que no ha olvidado que media humanidad sáfica lleva desde 2020 esperando. Nosotras tampoco.

Y un bonus, ¿sabéis qué sería DIVERTIDÍSIMO? Que cierta compañera de Aubrey en una serie de Disney hiciera de contraparte. Mi reino por esta posibilidad.

Vía: The wrap

Domingo lésbico de confianza (VII)

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Hay domingos en los que una no viene con grandes revelaciones ni con la energía de quien acaba de descubrir algo que va a cambiar su vida. Viene simplemente a dejar por aquí tres cosas que esta semana han ocupado espacio en su cabeza y que, por una razón o por otra, merecen su pequeño altar croqueta. Esta vez tenemos un regreso que llevaba demasiado tiempo haciéndose esperar, un libro que todavía no he abierto pero que ya sé que me va a gustar, y un par de cosillas de Twitter que me han hecho gracia.

Empezamos con lo más urgente: ha vuelto Hacks. Ha vuelto a HBO y con eso ya hay motivos suficientes para que la semana tenga otro color. Por si alguien no la conoce todavía, Hacks es una de esas series que entran en el radar sáfico con bastante legitimidad, no porque sea un manifiesto, sino porque sabe exactamente lo que está haciendo. La relación entre Deborah Vance y Ava Daniels lleva temporadas acumulando una tensión que el guion maneja con una precisión… llamativa, de las que te hacen gritar al sofá. Ava es bisexual, eso está ahí desde el principio y la serie no lo trata como un detalle pintoresco sino como parte de quien es el personaje. Y luego están los guiños, los momentos croqueta que aparecen y desaparecen con esa elegancia calculada que hace que una se pregunte si los guionistas están bien o si simplemente disfrutan haciéndonos esto. El caso es que ha vuelto, y eso es una noticia buena en un panorama que no siempre nos da muchas.

La segunda cosa de esta semana es un libro que aún no he leído pero que ya ocupa sitio en mi cabeza, que es una manera bastante honesta de recomendar algo. Se llama Jones, es de Gerri Hill, y la sinopsis habla de seis amigas, una escapada anual a Port Aransas que termina con una de ellas muerta, y una detective llamada Quinn Stewart que acaba siendo mucho más que la persona que investiga el caso. Gerri Hill es de esas autoras en las que una ya sabe lo que va a encontrar antes de abrir la primera página: thrillers con protagonistas femeninas, tensión romántica bien construida y ese equilibrio entre intriga y sentimientos que cuando funciona funciona muy bien. No sé cuándo voy a leerlo, pero sé que voy a leerlo, porque Gerri ME FLIPA, es perfecta escribiendo tensión policial y sus libros caen como pipas.

Y, para terminar, un recordatorio de que Twitter, en ocasiones, sigue siendo lo mejor.