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Este fin de semana se estrenó Passion en Estados Unidos, la película que suponía el regreso de Brian De Palma a la gran pantalla y que prometía encuentros de alto voltaje entre Rachel McAdams y Noomi Rapace.  Teníamos muchas esperanzas puestas en ella, pero verla ha sido tan decepcionante que nos sentimos en la obligación de compartir nuestra opinión con vosotras.

Passion nos cuenta la historia de Christine (McAdams), una agresiva publicista que tiene a sus órdenes a Isabelle (Rapace), a quien le ha enseñado todo en la agencia donde ambas trabajan. La relación entre ellas es de plena confianza, trabajan mano a mano, se aprecian profesional y personalmente, hasta que un proyecto importante convierte a la pupila en maestra y entonces empieza la competitividad entre las dos mujeres.

De entrada, el planteamiento es bueno, parte de una interactuación interesante, la competitividad profesional que hay en muchas grandes empresas —especialmente entre mujeres— y los conflictos sentimentales que esto puede acarrear. El problema es que la película de Brian De Palma se convierte muy pronto en un ejercicio de onanismo masculino y acaba siendo un gran ejemplo de cómo hacer naufragar una buena idea, una gran inversión y un buen reparto.

La película sería infinitamente mejor si hubiera ahondado en el supuesto cariño que se tienen las protagonistas, pero hasta en esto cojea. Desde el minuto número uno hay tensión entre ellas. Nos intentan hacer creer que se quieren, pero lo único que vemos es el odio irracional que se profesan. Cualquiera puede entender la frustración que se siente cuando tu mentora, la persona de quien lo has aprendido todo en tu carrera profesional, te da una puñalada trapera en la espalda. Pero en Passion no hay evolución del amor al odio. Empiezan odiándose, siguen odiándose y acaban odiándose, y así es imposible conectar con los personajes. Dejan en manos del espectador la titánica tarea de intuir que se quieren, pero se acaba convirtiendo en un imposible acto de fe y por eso en ningún momento logramos empatizar con sus sentimientos.

En cuanto a la relación entre las protagonistas, es todo tan decepcionante que no sabría ni por dónde empezar. Rachel McAdams está mejor de lo que esperaba en su papel de jefa manipuladora y malvada, aunque sigo pensando que una actriz con más edad le hubiese dado más peso a su papel, y Noomi Rapace también cumple. Pero sus personajes son tan odiosos, tan psicópatas, que no te arrancan ninguna emoción y esto solo empeora al ver que la química entre las actrices brilla por su ausencia. Las pocas escenas lésbicas —poquísimas y, si me apuras, gratuitas— de la película te dejan con la sensación de no haber comprendido nada. ¿Por qué se besan? No lo sabemos ni nos lo explican. Y, francamente, llega un momento en el que tampoco nos importa. Es casi doloroso verlas juntas, de manera que sus interacciones en este sentido nos dejan frías, lo cual hace que se nos parta un poco el corazón porque, en lo personal, a algunas nos hacía ilusión ver a Rachel McAdams en un papel semilésbico. Sin embargo, la culpa no la tiene su interpretación. Si hay que apuntar con el dedo a alguien es a quien escribió un guión que parece sacado de las fantasías masculinas de lo que debe ser el erotismo lésbico. Pocas lesbianas (¿ninguna?) podrán conectar emocionalmente con esto.

Para rematar este despropósito, Passion cae en el “lesbiana feliz, lesbiana muerta”, esa obsesión que tienen los cineastas por cargarse a las mujeres homosexuales como colofón dramático. Que sea un thriller, ya nos dejaba entrever que iba a correr la sangre, pero siempre es decepcionante confirmarlo porque muchas lesbianas estamos cansadas de que a los personajes homosexuales se les niegue por sistema la felicidad en el séptimo arte.

Passion es, en resumidas cuentas, una película cuya única pasión está en el título. Lo único que se salva son las escenas en lencería de Rachel McAdams. Por lo demás, es fría como un témpano de hielo, nuestra vida no va a cambiar tras haberla visto y no es, ni mucho menos, una película lésbica. ¿Soy dura con la crítica? Sí, pero, de verdad, no esperes fuegos artificiales si te decides a verla. Advertida quedas.

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